Publicado el: Vie, abr 13th, 2012

Antes de la Bancarrota

Artículo de MariaDinamita.

A continuación os dejo una carta publicada hoy por el Presidente y Director de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández Latorre. Si bien no es santo de mi devoción por la tendencia a la manipulación informativa de estos últimos años de los falsimedia y haber sido el periódico más subvencionado por los gobiernos de turno, sus palabras son bastante certeras, aunque no las comparto en su totalidad. Supongo que a estos directores acostumbrados a sus poltronas y prebendas también les está llegando su San Martín, como a los cerdos. Un saludo,

MaríaDinamita.

Tras tantos años advirtiéndolo desde estas páginas ante la indiferencia de muchos, nadie duda ya de que España ha viajado sin remedio hacia el fondo del pozo. Hoy, cuando el país vive sus horas más amargas, acribillado por el mayor destrozo jamás visto en su economía, y prácticamente abandonado por quienes tenían que haber presentado batalla, la sociedad asiste entre la ira y la resignación a una catástrofe sin precedentes que mina su fe, agrede su dignidad y destroza su esperanza.

Haber alertado hasta la saciedad del peligro no ha evitado, por desgracia, que la situación empeorase hasta ver cómo España ha dejado de ser dueña de su destino, zarandeada día a día por el terrible rigor de la intervención financiera que alientan sus acreedores. Caer en esa red -si de algún modo no hemos caído ya- solo podrá traer más desgracia a los españoles y más descrédito a quienes, teniendo en sus manos los resortes políticos y económicos, han eludido flagrantemente sus obligaciones.

Las eludieron, en primer lugar, aquellos que no solo negaron la crisis, sino que exacerbaron sus pésimos efectos incrementando los desajustes y comportándose irresponsablemente, como hizo el anterior Gobierno en Madrid y el bipartito en Galicia, con una arrogancia y una temeridad impropias de gobernantes juiciosos. Y parecen también dispuestos a eludir sus obligaciones quienes, tras heredar la peor situación imaginable, responden con la única receta que practican, que es aquella que solo garantiza más pobreza y más padecimiento a la clase media.

Mientras la tenaza aprieta más y más, el sistema financiero recibe a manos llenas el dinero oficial, y en lugar de dedicarlo a reactivar la economía lo niega constantemente a la gente. No solo eso: también le expropia lo que es suyo, como les sucede a las miles de personas que en Galicia están atrapadas en un impresentable corralito.

Más de cinco millones de personas están pagando con su angustioso presente y su desesperanzado futuro haber ido a caer en las listas negras del desempleo. Miles de comerciantes y autónomos se ven forzados cada día a dar por fracasados sus esfuerzos y a peregrinar por las entidades financieras dando la cara para sobrellevar con presencia de ánimo su bancarrota.

Y no faltan, desde luego, los empresarios que, tras levantar grandes proyectos y dar sustento a decenas o a centenares de familias, tienen que liquidarlos o encogerlos porque ni las ventas ni la financiación ni la tan habitual traición a las reglas de la competencia les permiten mantenerlos en niveles solventes.

Este es el retrato que hoy se puede hacer de España y de Galicia si se mira a los ojos de la gente. Pero también se puede trazar otro no menos real ni menos desesperante si se observa el entorno esperpéntico de las instituciones que rigen su vida.

Diecisiete Gobiernos autónomos con sus diecisiete Parlamentos -muchos de ellos inventados en comunidades sin personalidad definida- han dado lugar a reinos de taifas, donde se instalan el despilfarro, el sinsentido y, en ciertos casos, la corrupción más obscena casi a la vista de todos. Cincuenta diputaciones que no tienen más objeto que repartir prebendas y favores entre los afines. Cuatro mil chiringuitos con sus gestores, plantillas y presupuestos sustraídos al control público. Numerosos defensores del pueblo mientras el pueblo permanece indefenso. Sindicatos, organizaciones empresariales y partidos políticos mantenidos a expensas del dinero público, conseguido a veces de forma irregular, que trabajan para cualquier cosa menos para el interés general. Cámaras inútiles como el Senado. Miles de ayuntamientos inflados de nóminas y concejalías, pero vacíos de recursos. Trece televisiones autonómicas que consumen cada año 1.650 millones de euros en presupuesto y suman una deuda conjunta semejante. Y clubes de fútbol convertidos en nidos de trapicheo y marrullería que deben a todos los españoles más de 700 millones de euros.

Nada de esto es nuevo ni se dice por primera vez en este diario. Pero su sola enumeración una vez más debiera sobrecoger, porque muestra la punta del iceberg de un Estado insostenible. Y revela, sobre todo, la falta de valentía de quienes, por haber sido elegidos con los votos de los que sufren la crisis, están obligados de forma imperativa a acabar con semejante desatino.

Si además de valientes -algo todavía no probado- fuesen sabios, habrían entendido hace tiempo que las debilidades de España no se arreglan únicamente con medidas que solo conducen a un empobrecimiento general de la sociedad, ni con encarecer nuestra sanidad y nuestra educación, sino que es preciso emplear con rigor la cirugía justamente donde se ha desarrollado el cáncer del despilfarro, la burocracia y la corrupción. Es ahí donde se pueden ahorrar -no un año, sino siempre- esos puntos del PIB que nos exigen para ser un país fuerte y respetado.

Para ello no solo es preciso el coraje -si lo tuviese- del que gobierna. También es necesario el concurso de la oposición y de cuantos se sienten demócratas y comprometidos con su país. Si fue posible en tiempos de bonanza firmar el Pacto de Toledo, también debiera serlo ahora afrontar la reforma más constructiva que requiere el país.

Y debiera ser ya. Rápido. Antes de la bancarrota. Porque no hay tiempo que perder. Del mismo modo que sobró determinación para cambiar la Carta Magna prácticamente en minutos por imperativo de Europa, debería haber arrojo para llevar a cabo este reto nacional por primordial necesidad ciudadana. Se trata de no sangrar más a las personas mientras rezuman despilfarro las estructuras.

Porque si, pese a todo, lo que tiene en mente el Gobierno es dedicar las próximas semanas a castigar más la cartera y los derechos de los ciudadanos con recortes hasta ahora inimaginables, solo va a lograr sumar más desafección y poner en riesgo su continuidad con un abandono masivo de votantes, por cierto, casi en vísperas de las elecciones gallegas. Y aun más que eso: a la vista está que por este camino incluso ha entrado en riesgo la pervivencia del propio sistema y de la paz social.

España no quiere ni debe seguir la suerte de los desdichados griegos. Está en la mano de sus gobernantes evitarlo. Y en la de los ciudadanos, exigirles responsabilidades.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2012/04/12/bancarrota/0003_201204G12P17996.htm

 Imagen tomada de Google Images

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Tu opinión
  1. Yo, después de todo lo que he leído, he deducido, varias cosas, que me demuestran que estamos en un momento muy amargo. Porque hasta acepto, (Que no debería) el hambre que he pasado en, y después de una guerra feroz entre hermanos. Lo que no acepto a ningún precio, es que en tiempos que deberían ser, de paz y bonanza, estemos pasando otra vez por la piedra, de estas injusticias. El pasado histórico, debería servir para enseñarnos algo ¿No? Pues sólo ha enseñado más inteligencia para la opresión y el robo al descubierto, saltándose todas las reglas de la ética, y aplicando, el: Todo vale. Y digo esto, porque leo, que España no debe seguir los pasos de la desgraciada Grecia, y los ciudadanos, exigir responsabilidades. Y digo yo: ¿ Cómo vamos a exigir nada los ciudadanos, si cada día, nos anuncian castigos de criminales, con las leyes que se sacan de la manga, y las aplican, sin temblarles la mano ? Yo y muchísimas personas, iríamos a pedir Justicia ante tanta insensatez y tanto Decretazo, o cambio de la Ley Orgánica que se construyó, y de las leyes Judiciales, pero precisamente por los cambios que están incluyendo, no podemos los parados Pensionistas, obreros o funconarios hacer nada, ni decir nada, porque ya están preparadaa por ellos las órdenes pertinentes, para que al menor indicio de protesta pacífica se líen a darte por todos los sitios, y ponen cualquier protesta justificada, o la quema de un contenedor, como un delito de Terrorismo. O sea, que un grito de súplica mas alto de lo normal en una manifestación, o Huelga, equivale a matar a una persona saliendo de su casa, y caer al suelo tiroteado, o poner una bomba en una gran Superficie, muriendo niños, y todo el que tenga la desgracia de estar allí en ese día. ¿Que cabeza pensante puede igualar las dos cosas? Y el dinero que consiguen, es para los mas ricos, mientras los mas necesitados se mueren de escasez, y a los mayores, nos dicen que vivimos muchos años, cuando hemos cotizado en nuestro trabajo, hasta la edad requerida, para una vejez tranquila. Hasta el cumplir años, es un delito, aunque tengas perfectas tus facultades. Y el dinero venido de todo tipo de trapicheos y exceso de ministerios, y tráfico de armas,e influencias, ese, no les duele, y encima lo blanquean.¿Eso no es delito, ni es castigable? Yo quisiera, que alguien me dijese, que no hay que manifestarse, que está mal, pero cómo sé que no es así, lo único que pregunto, es: ¿Que hay que hacer, para pedir tus derechos, y que no te traten cómo un terrorista? Eso, y el porqué , el señor Rajoy, ha mentido al Pueblo deliberadamente, prometiendo cosas imposibles, y no sólo no se las da, si no, que cómo siempre, le echa toda las culpas al anterior Gobierno. Es, igual que un hertmano mayor, taimado, que hace la travesura, y le echa la culpa al pequeño, que aún no habla? Eso es ser artero y falaz. Y pasando a otra cosa: ¿Que hace el Rey, a estas alturas, cazando elefantes en África? Esto es, un mundo de locos. Un abrazo.

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  2. galdo-fonte dice:

    EN CAÍDA LIBRE
    Xosemanuel Galdo-Fonte
    La clase política al margen del código de barras de sus respectivas siglas, la única función que desempeñan, es dar maquillaje de legitimidad a una democracia falseada

    Como modelo predecesor y soporte de la organización de nuestro esquema de producción y consumo; la economía de libre mercado, sustentada en las fluctuaciones de la oferta y la demanda y la intervención puntual del Estado en el papel de garante de la libertad de competencia, con el paso del tiempo, por anómala sucesión derivó en un nuevo formato organizativo, caracterizado, por el predominio de un régimen empresarial de solidez simulada, que asistido por la ingeniería financiera, marcó el protagonismo de los mercados tomando por único objetivo las operaciones de alto riesgo como acceso a cuantiosos y rápidos beneficios, sin existencia de otro valor añadido que el meramente especulativo.

    Obviamente con semejante deriva por exponente; más que sorpresiva, la extensa e intensa crisis que se avecinaba no resultaba ser un clamor sino un estruendo, que tan solo la simulada torpeza de sus progenitores por interesada o la pasividad de los políticos por escolta, parece que conjuntamente no quisieron detectar con la anticipación debida sus demoledoras consecuencias.
    Así fue, como la economía de libre mercado sucumbió ante la agresión inmisericorde de la élite financiera y la colaboración necesaria del entramado político, dejando vía libre, a la autocracia de los mercados como sistema de remplazo, cuyas secuelas además de los perjuicios netamente economicistas, desencadenó un receso del desarrollo sostenible precedente, que trajo implícito la escisión de las políticas de evolución social y la evasión del reparto equitativo de la riqueza.

    Por tanto en la historia de esta crisis económica, están identificados con absoluta precisión los verdaderos artífices del descalabro, que para nada se corresponden con el empresario sumido en la ruina, ni el enfermo recortado de atenciones, ni mucho menos con el alumno al que intentan esquilmarle la docencia.
    Esas son las victimas propiciatorias, los sujetos inocentes, que padecen la causa del efecto, aspecto indicativo de que esta crisis no solo es económica sino total y extensiva , máxime, cuando los autores efectivos de la quiebra colectiva, después de sumirnos en la noche de los tiempos, ahora, como si tal cosa fuera, prosiguen su rutina de despropósitos erigiéndose en redentores, de sus propias incompetencias. Esto es inconcebible, resultando cuando menos inaudito sean los propios demonios quien se oferten a liberarnos del infierno.

    Por más representación de soberanía que intente proyectar, la clase política al margen del código de barras de sus respectivas siglas , la única función que desempeñan en la actualidad, es la de dar maquillaje de legitimidad a una democracia falseada, pues haciendo dejación de las atribuciones de su condición de depositarios de la soberanía popular que les confieren las urnas, increíblemente, otorgaron plenas competencias a los mercados, para que sean estos, quienes regulen en exclusiva y dirijan unilateralmente el proceso económico a su antojo, mientras ellos mantienen como única reserva el papel ejecutor al dictado de las apetencias sin límite de los ordenantes económicos. Pero este déficit democrático tiene un historial de veinte años de entrega; coincidente temporalidad con la que Hans Tietmeyer, Presidente del Bundesbank diese la alternativa a la dictadura de los mercados, con aquel sublevado pronunciamiento, “Ustedes, señores políticos, tienen que acostumbrarse a obedecer a los dictados de los mercados”, proclama, que se trasformó en el lema de la máxima institución europea.

    Pero si el panorama pinta oscuro desde una óptica general, visto desde el patio de butacas del Estado, la escena se agrava, al comprobar que el referente en materia, resulta ser un hibrido, definición apropiada para distinguir la doble condición de Luis de Guindos, pues el hoy político, Ministro de Economía era la cabeza visible de para España, en la época en que esta entidad entró en quiebra por las hipotecas subprime que condujeron a la fractura de la economía mundial, con el agravante de administrar posteriormente la liquidación de la propia Lehman en la bancarrota a través de Pricewaterhouse Coopers, curriculum que para nada le aportan las condiciones de neutralidad e independencia que debieran presidir su función como ejecutivo de Estado.

    No hay duda que el actual modelo económico, es el desencadenante del clima de inestabilidad y elevada exposición de riesgo que estamos padeciendo. Si la clase política quiere evitar ser menos responsable de la debacle económica que los propios mercados, no tiene otro remedio que reconducir la situación, que obligatoriamente, pasa por reconquistar la jerarquía, democratizar la economía y sus estructuras institucionales. Supuesto contrario, seguiremos cabalgando a la grupa de una prima de riesgo desbocada, o deslizándonos por un permanente tobogán bolsista, etc., etc.; y de ser así, a los políticos de todo signo, se les acabó el pretexto de seguir derivando su culpabilidad a los mercados.

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  3. Tengo por costumbre repasar no sólo las noticias de casi todos los medios (desde Kaosenlared hasta La Gaceta), sino sus comentarios. Esto de los comentarios en las noticias es maravilloso, me parecen un microscopio social acojonante.

    El caso es que andaba hoy husmeando sobre estos temas y, en un artículo de El Mundo (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/13/economia/1334310630.html#comentarios) he encontrado un comentario (el 203) que me ha hecho muchísima gracia.

    Eso de “mandamos un inutil a casa en noviembre y nos hemos quedado con otro más inútil y encima pasmao, y lo jodido que lo único que ha servido es para joderle la vida a todos los trabjadores de este país”, me parece un puto misil.

    No puedo confirmarlo, pero por el tono y lo que dice, a mí me suena como a un votante del PP desencantado.
    Y cada día encuentro más.

    La verdad es que Marianico creo que incluso deseaba, secretamente, que se le conociera como Mariano I el Recortador, pero con el excelente trabajo que están haciendo, me parece que le acabarán llamando Mariano I el Pasmao. Su capacidad de cagarla o hacer el ridículo tres veces cada semana es sorprendente hasta para los que confiábamos poco en el creador de “vivan los chiringuitos” y “viva el vino”.

    Se nos va el mundo a la mierda, pero asumiendo la vida con un poco de humor negro, hay que reconocer que este gobierno está brindando gags inolvidables. Si no fueran tan crudos…

    Sólo echo de menos a González Pons. Ese sería la joya de la corona.

    A ver si resultará que hasta el PP puede perder tres o cuatro millones de votos…

    PD: gracias por el video Enia, el Sala éste es otro tío que me desconcierta. Muy bueno.

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