Published On: Vie, abr 13th, 2012
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Mi amigo Antonio

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Como cada mañana llegué al límite del parque y solté el mosquetón del collar de Rala justo en el bordillo del césped que hace esquina. Se quedó quieta y barrió con la mirada el horizonte del parque, inmóvil y al acecho de algún grupo de palomas para salir corriendo a robarle las migas de pan que las viejecitas solas y los abuelos con nietos les dejan al pie de los árboles. En el último segundo se fijó en un hombre sentado en un banco a la izquierda que nos observaba, lo miró fija un momento, luego empezó a caminar cansina, lentamente hacia él moviendo la cola y cabeceando en un gesto de abierta amistad, Rala sólo actúa así con los amigos. Era la primera vez que había visto a este hombre ¿Lo habría conocido ella antes alguna vez en su larga vida? Ésta es una de esas cosas extrañas de las que tienes la certeza que nunca sabrás.

Antonio me contó que tenía 44 años, que era de nacionalidad española pero nacido en Francia, volvió a España de adolescente con sus padres y luego, ya de adulto, regresó a Francia en busca de trabajo, se había dedicado allí a la hostelería pero hacía unos años que perdió su empleo por cierre del negocio, las cosas estaban muy mal y se fue a Barcelona a probar suerte, y tampoco le fue bien.

Todas las mañanas se repetía la misma imagen del principio, Rala llegaba a darle los buenos días a Antonio batiendo su musculosa cola de nutria y él la acariciaba y le rascaba el cuello.

“¿Todo bien? Bueno, no me puedo quejar.”
“Antonio, perdona si te molesta Rala, es muy mimosa”
“¡Qué va! Si a mi me encantan los perros!, Verás, yo tenía uno en Francia, mira, era como…”

Unos días después, supe que Antonio dormía en un banco del parque, me dio la impresión de que sólo tenía un chaquetón, Nos conocíamos ya de algo menos de un par de semanas y era un tiempo frío en el invierno del Sur, noches muy frías, algunas dejaban algún rastro de escarcha al amanecer. Me dijo que a veces llegaba la policía y le decían que no podía quedarse a dormir allí, que aquello era “mobiliario urbano” (¡T.L.C.!). Cuando llovía o hacía frío intenso, avisaba en la comisaría cercana de que se protegería en el portal de la casa abandonada, de donde antes alguna vez, ya le habían echado también de noche.

Antonio me dijo que más de una vez, cuando iba a avisarles para que le dejaran dormir en la casa abandonada se había reído de él.
“¡Vds. No se pueden reír de mi, soy un ciudadano!”

“La próxima, avisa y vamos juntos ¿Vale?”

Una mañana nos tomamos un café, le pregunté y me dijo que no tenía saco de dormir, le prometí uno. Resultó frustrante: no encontré ninguno en las grandes superficies de la zona. Le pedí uno a mi hija que me lo llevaría, Amtonio me comentó al día siguiente que ya no hacía falta, que se iba en un par de días a dormir a un albergue y que le habían dado una plaza en el comedor social.

Lo volví a ver con muy buen aspecto, el pelo corto y bien peinado, aseado y afeitado, las uñas limpias y cortas, calentándose el Sol en algún banco bien orientado como siempre. Tenía ya la tez bronceada.

Antonio era una persona respetuosa, educada y con buen nivel cultural pero la vida le había jugado mal la partida, malas cartas en algunas rondas seguidas. Su mujer falleció en Francia y él parece que se perdió en el laberinto de la vida.

Hace tiempo que no lo veo por el parque ¿Dónde habrá ido? ¿Cuántos Antonios habrá ahora durmiendo en un banco cualquiera de cualquier parque en cualquier ciudad? ¿A cuántos les habrá dado un vuelco así la vida? ¿Cuántos españoles, cuántos griegos… cuántos seres humanos? ¿Cuántos más correrán, correremos, ese mismo destino? ¿Hasta donde nos van a llevar estos días negros de nuestro absurdo presente en el que los sátrapas aseguran que la pobreza de hoy nos traerá la prosperidad de mañana…?

Personas que han perdido su pequeños ahorros, su alegría de ir cada mañana a trabajar, su salud, su casa, su familia… sus sueños ¿Se puede vivir sin sueños?

“Queridos Reyes Magos… y un caballo de cartón…”

Siempre estaba sonriente y era muy agradable y cortés. Jamás le escuché un comentario de desaliento a pesar de que su vida era en esos días abiertamente amarga. Nunca le oí quejarse de su mala suerte y siempre tenía una sonrisa pícara para nosotros cuando Rala le daba los buenos días.

Por la mañana cuando me despierto y remoloneo antes de levantarme, aquel otro que está algo más despierto que yo, me dice al oido:

“¡Anda, maxo, pa k te kejes…  alguien ta regalao un día más!”

Un abrazo, Antonio, donde quiera que estés.

Jero.

 Imagen tomada de Google Images

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Mostrando 6 Comentarios
Tu opinión
  1. historia preciosa, que pone de manifiesto una vez mas la deshumanización que padece esta sociedad que lo mide todo simplemente por las apariencias, pero afortunadamente ahí estaba rala para abrirnos el corazón a un sin techo. gracias,un abrazo para tí y otro para rala.

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  2. La Mercedica dice:

    No estoy de acuerdo, Jero. Todos los perros no son así. Las mías son bastante torpes, son capaces de fiarse del ser más abyecto, y a lo mejor se asustan de uno que quiere mimarlas. Mira que las quiero, pero tengo que estar defendiéndolas todo el tiempo, es como tener dos bebés….
    Por lo demás, preciosa historia. Pero Rala va con ventaja, las educan muy bien en la Once, y suelen escoger perros muy listos.
    Aún así, adoro a mis torponas.

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  3. Muy bonito lo que cuentas Jero. Debes de querer mucho a Rala, y no me extraña, porque los animales, a esos que se les dice tan absurdamente, irracionales, cuando en realidad, los irracionales somos las personas, el Homo Sapiens, ese Homo Sapiens, que los ahorca, cuando ya no les hace ganar dinero, los apalean, y los abandonan a su triste suerte, cuando se vienen del veraneo, a los que cómo yo, me quedaba en octubre, en Santiago de la Ribera, cuando mi esposo, iba a tomar medida, a los cadetes de la Academia del Aire, en San Javier, y después me llevaba comida, de la pensión, para darles, cuando allí, ya no quedaba nadie, y andaban tristes y desconcertados por la playa. Y me esperaban. Y Antonio, el símbolo de a lo que nos han llevado los ansiosos de poder y de dinero,es el retrato de los muchos que hay así, sin merecerlo, y que en cualquier momento cómo tu dices, podemos ser cualquiera, sobre todo los jovenes, y los niños del futuro, si no se pone pronto remedio a esta situación. situación que ha provocado ese Homo Sapiens, que de Sapiens, sólo tiene la idea de cómo dejar a un pueblo en la miseria. Claro está, que todos no somos así, y la prueba está en que a Rala, la ha educado y tratado, un Homo Sapiens Bueno, cómo tú eres. Y esto, no es peloteo. ¿Vale?

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    • Jerónimo dice:

      Alguna vez lo he contado aquí pero reconozco que me encanta volver a hacerlo una vez más: Aurora yo no eduqué a Rala. Rala cumplirá en Julio 12 años, la adopté en la Organización Perro Guía de la ONCE, la jubilaron después de diez años de trabajo guiando personas invidentes. No es mi perro, es mi cómplice, y sí, sí que la quiero mucho.

      Un abrazo, Jero.

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  4. maría dice:

    Qué lección,Jero.De humanidad y valentía.Cuántas veces pasamos ante personas como Antonio sin atrevernos a preguntarle por su vida,su situación,su historia.

    Menos mal de Rala!! de todas las Ralas de este mundo.Los ves a veces acompañados de su perro,cuyo afecto es el único que reciben ,porque de sus “semejantes” solo desprecio…(para que luego alguien se extrañe de que algunos valoren más a sus perros que a sus congéneres…)

    Otra revolución sería no ignorarlos ( en un pueblo pequeño-coincido en esto con Félix Rodrigo y su valoración del mundo rural,pérdido-esto no pasaría-todavia!-)

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    • Jerónimo dice:

      Yo no me acerqué a Antonio (no es su nombre real), “nos presentó Rala” porque le gustó como ser humano. Te aseguro que cuando tu animal elige a alguien puedes tener toda la confianza del mundo, ellos no se equivocan jamas.

      Gracias, María, un abrazo, Jero.

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