Moderados y extremistas

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¿Recortes? El pago de los intereses y el capital de la deuda pública “gozará de prioridad absoluta” (art. 135.3 CE). Es decir, por encima de cualquier principio o derecho consagrado en nuestra Constitución. ¿Puede explicitarse de un modo más claro que dichos principios han pasado a ser agua mojada?

Los pueblos europeos son lógicamente conscientes de la gradual pérdida de sus derechos y el deterioro de sus servicios públicos pero quizá no han interiorizado aún que la laminación del estado social no se detendrá; no puede detenerse de seguir por el mismo camino. ¿Debe reducirse el déficit a un ritmo más lento, o a costa del bienestar y la cohesión de cada país socio? ¿Es eso Europa? ¿Una gran operación financiera residente en la liquidación de sus sociedades? La pregunta a responder es si hay espacio para el ejercicio de una socialdemocracia real a la sombra de los actuales fundamentos europeos y de la mencionada reforma constitucional de 2011.

La Europa social, denominada del Bienestar, creció durante la segunda mitad del pasado siglo sobre unos pilares constitutivos esenciales: una cierta fiscalidad progresiva, contribución de grandes empresas y fortunas (además de los asalariados), derechos sociales, servicios públicos y una política económica keynesiana o expansiva. La denominada tercera vía de Tony Blair y Gerhard Schröder traicionó todos estos logros asegurando una nueva socialdemocracia bajo presupuestos neoliberales. Se iniciaba una lenta pero constante desregulación del estado social inoculada en Occidente a partir de Reagan y Thatcher en base a los postulados de Friedman y la Escuela de Chicago. Erosión aún sin finalizar.

Hoy ser patriota parece residir en cantar gol y sonreír al Eurogrupo. Compartiendo los grandes trazos económicos del conservadurismo, la socialdemocracia busca desde entonces perdurar distinguiéndose en lo sociológico (matrimonio homosexual, crucifijos sí o no en las escuelas, otros modos y formas…).  Al tiempo la estética política nos convierte en consumidores de imágenes, slogans, referentes imaginarios y temores. Una lógica primaria que se acompaña de la adulteración del lenguaje: “¿Somos partidarios de políticas moderadas, sensatas y de sentido común o por el contrario de planteamientos radicales y extremistas?”. Los parámetros sensatos y moderados de hace unas décadas se han convertido ahora en extremismo. Se han hecho también con el lenguaje.

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