Politólogos suecos atribuyen la victoria de Rajoy al “incidente del cucurucho”

“La gente vio algo ahí”, explican

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Redacción/Rokambol/28.06.16

Alguien que se come así un cucurucho de vainilla no está realmente tomándose un helado sino transmitiendo un mensaje subliminal muy claro, sencillo y potente a los ciudadanos, según el análisis de más de un centenar de politólogos de la Universidad de Uppsala que han estado examinando, durante diecisiete horas, la fotografía del presidente en funciones atacando un cucurucho de helado ante las cámaras.

Los casi ocho millones de votantes del Partido Popular no son tontos, según desvelan en el informe, y han interpretado exactamente lo que Rajoy quería decirles con esa manera tan personal de asir un cornet: Empleo, ahorros, vacaciones, coche nuevo, piscina, sexo, chalet y seguridad. Según los expertos suecos, estas ocho promesas fueron perfectamente recibidas por los votantes sin que mediase palabra alguna del presidente. Es más, la forma cónica del cucurucho se comportó como una peculiar campana de Faraday, muy eficaz para repeler cualquier imagen de corrupción, de franquismo o de ineptitud que a Rajoy se le hubiera podido escurrir entre sus dedos.

Por otra parte, el físico alemán Max Plank ya incluyó un breve pero jugoso apunte en sus imprescindibles y formidables investigaciones en torno a la teoría cuántica. “Toda grabación entre un ministro de Interior atormentado y un esbirro sinvergüenza se transforma en helado de vainilla a medida que la boca de un presidente en funciones se aproxima al vórtice de un cucurucho”, glosó Plank junto a una mancha de absenta.

El incidente del cucurucho abre, pues, un nuevo camino al diseño y la estrategia de las campañas electorales, pero también anticipa una verdadera revolución en el campo de las telecomunicaciones, la tragicomedia y el lenguaje entre el universo de los invertebrados.

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