No nos hemos equivocado nada cuando hemos afirmado y reafirmado que el sistema sanitario catalán, con su modelo mixto público-privado, es un gran nido de corrupción y opacidad

A raíz de las publicaciones de las conversaciones entre el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y el hasta hace poco director de la Oficina Antifrau de Catalunya (OAC), Daniel de Alfonso, se ha puesto de manifiesto cómo se pueden interpretar, manipular e instrumentalizar las noticias para sacar un provecho ya sea sacando un rendimiento o cargando contra otros.

Me refiero concretamente a la publicación del miércoles día 22 Junio cuando Público da a conocer unas conversaciones donde De Alfonso afirma a Fernández Díaz: “Les hemos dado en todos los morros con Ramon Bagó, les hemos destrozado el sistema sanitario”.

Ante todo, hay que recordar que lo más importante de todo lo que evoca esta noticia es que un señor con cargo de ministro utilice su nombramiento para iniciar una guerra sucia con una parte del territorio que legítimamente hace sus políticas, junto con el director de la OAC, paradojas de la vida, siendo este el representante máximo de un instrumento que debería ser útil para prevenir y luchar contra la corrupción y que acaba haciendo fraude él mismo.

Está claro que la primera lectura de lo que nos ha de escandalizar de la noticia ha debido pasar muy inadvertida viendo los resultados electorales de este 26J, que continúan premiando la labor de un absorbido PP por una corrupción generalizada.

En segundo lugar, la noticia debería disparar todas las alarmas porque en beneficio de sus cargos estos personajes han iniciado lo que se trataba y se trata de una conspiración de España en contra del proyecto de soberanía en marcha en Catalunya. Interpretación que mayoritariamente en territorio catalán ha generado una fuerte repulsión.

Pero de todas las posibles lecturas, la que más me ha sorprendido por enrevesada, partidista y, incluso, diría para intentar fugarse responsabilidades propias sobre una corrupción real que existe pero que intenta echar balones fuera, es acusar a los que precisamente han querido esclarecer los hechos de la corrupción sanitaria en los responsables de defender la guerra sucia de España.

Tanto la CUP de Reus en su escrito, como el diputado de Catalunya Sí que es Pot (CSQP) Albano Dante  en su artículo han tenido que apresurarse a hacer aclaración y desmentir para quién se trabaja cuando se trabaja para aclarar la corrupción, que es muy diferente con el fruto que se quiera sacar de destaparla.

Cuando se trabaja para destapar la corrupción se trabaja por el bien del conjunto de la ciudadanía, más aún cuando el objetivo del fraude es un derecho colectivo como la sanidad. Afirmar que contribuir a la transparencia, así como destapar la opacidad de los fraudes cometidos en la sanidad es ir en contra del proceso soberanista y en contra del país, no sólo me parece una tontería, sino que intencionadamente hay detrás una clara instrumentalización para intentar esconder las vergüenzas de un país que ha hecho demasiado habitual hacer unas políticas en beneficio sólo de unos pocos.

Por ello, las organizaciones pro de una Sanidad 100×100 Pública, así como los diferentes sindicatos y partidos políticos que nos hicieron eco de todo el entramado de corrupción sanitaria catalana, nos hemos sentido igualmente insultados como Albano Dante cuando una dirigente de CDC y diputada de Juns pel Sí da a entender que Albano Dante hacía de portavoz del director de la OAC porque investiga y saca a la luz lo que deberíamos estar obligados a saber todas y todos, sobre el que algunos están haciendo para beneficio propio con un derecho colectivo.

Siempre que hemos defendido la sanidad pública, venía implícito hacer una defensa acérrima de la transparencia en la gestión del sistema sanitario catalán, y a la luz de los hechos, no nos hemos equivocado nada cuando hemos afirmado y reafirmado que el sistema sanitario catalán, con el su modelo mixto público-privado, es un gran nido de corrupción y opacidad, tan grande o más que la cloaca de un ministro del Interior que utiliza el poder para beneficiarse particularmente.

Por ello, y como diría David Fernández: “Que la corrupción no tape la guerra sucia del estado, y que la guerra sucia del estado no tape la corrupción”.

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