La ley mordaza y la edad de oro de la edad del miedo

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Félix Población | Diario del Aire | 1 julio 2016

Ahora que el ministro del Interior en funciones tiene pendientes algunas cuestiones graves, relacionadas con las conspiraciones llevadas a cabo contra adversarios políticos desde su departamento -de las que es culpable y no víctima, y por las que debería responder en conciencia-, conviene recordar que hoy se cumple un año de la aprobación de la llamada Ley Mordaza. Cabe esperar que, aunque la ley siga vigente, Fernández Díaz no prosiga como titular de esa cartera en el venidero gobierno de derecha.

No parece que la casi coincidencia de este aniversario con la fecha electoral del pasado domingo haya repercutido en detrimento del Partido de la Gaviota. Antes bien se ha demostrado en las urnas, con el incremento de setecientos mil votos a favor del PP, lo que hoy me señala mi querida amiga María a través de la excelente viñeta de El Roto con una de esas frase de editorial periodístico que caracterizan al firmante: vivimos en la edad de oro de la edad del miedo, amiguitos:  

La Ley Mordaza fue rechazada tanto por la oposición, que acusó al gobierno de favorecer el Estado policial, como por organizaciones tales como Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras. Entre las 44 normas que establece la Ley de Seguridad Ciudadana establece como nuevas infracciones las manifestaciones ante el Congreso, el Senado o los parlamentos autonómicos, aunque en esas sedes nos estén reunidos los representantes públicos.

La Ley Mordaza sanciona “el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales” de policías “que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación”. También se aumentan las penas de cárcel para determinados delitos contra el orden público en y establece multas de hasta 600.000 euros para la organización de actos de protestas o manifestaciones no autorizadas. Con la misma ley se permite devolver a inmigrantes clandestinos que crucen la frontera sin darles tiempo a solicitar el asilo, especialmente en los enclaves españoles norafricanos de Ceuta y Melilla, sometidos a una fuerte presión migratoria.

Tenemos la probabilidad, por lo tanto, si la derecha prosperara en sus pactos, tal como cabe temer tras los resultados del 26J, de que la oposición en el Parlamento no pueda contar con la fuerza debida de la oposición en la calle, habida cuenta el Estado policial en marcha y la viñeta de El Roto.

Interior

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