Resignados a que no hay más alternativa a Rajoy que unas terceras elecciones, todos quieren verlo investido cuanto antes, pero que sean otros quienes lo apoyen.

Isaac Rosa | El Diario | 30/06/2016

Ante la amenaza de que nos tengan el verano entero con reuniones, ruedas de prensa, consultas al rey y sesiones fallidas de investidura; y para que los tertulianos y articulistas podamos bajar la persiana en agosto; ahí va mi modesta proposición para desatascar el asunto: que la votación para presidente se haga en secreto. Con urna y papelito, guardando el anonimato del diputado. Y si el reglamento no lo permite, que lo modifiquen en la primera sesión.

Si se hiciese así, en secreto, ya les digo yo que Rajoy sacaba la mayoría absoluta en primera votación. Y con la ventaja de no saber quién se la ha dado. Qué digo absoluta, absolutísima. Podría incluso hacer pleno: 350 votos a favor de su investidura. Y es que todos los grupos están locos porque Rajoy sea reelegido presidente. No es que de golpe se hayan hecho rajoyistas: es que todos necesitan que de una puñetera vez salgamos del bloqueo, eche a correr la legislatura y pasemos a otra cosa.

Unos, para así ganar el tiempo que necesitan para reconstruirse, cosa que no pueden hacer mientras siga encendido el pactómetro y se mantenga la amenaza de repetición electoral. Otros, porque en la oposición se está calentito, y más con un gobierno débil como será el del PP con 137 diputados, y una legislatura que se promete corta. Los hay también que creen que la mayoritaria oposición tendrá margen para sacar adelante leyes e imponérselas al débil gobierno (como le pasa a Cifuentes en Madrid). E imagino que no faltará quien piense que contra Rajoy vivíamos mejor, y que un gobierno de derecha en Madrid es la mejor gasolina para procesos políticos que hoy andan flojos de combustible.

Por un motivo u otro, todos querrían pasar cuanto antes la página de la investidura. Pero ninguno quiere comerse el marrón de quedar ante los ciudadanos como el culpable de que Rajoy siga siendo presidente. Tras tanto jurar y rejurar que jamás de los jamases permitirían la continuidad del presidente de los recortes y la corrupción, ahora el sapo a tragar es tamaño jabalí.

Por ahora, todos insisten en que no lo harán, aunque cada vez con la boca más chica. Y esperan que otro dé el primer paso. Ciudadanos, que el PSOE se abstenga, o que se sume al deseado trío. El PSOE le hace a Rajoy la cuenta de la lechera y fantasea con que hasta el PNV lo apoye, ese PNV que tiene elecciones en casa dentro de unos meses. Y Podemos, todavía bajo el shock del 26J, pone una vela a que el PSOE se abstenga al menos, y así reclamar el lugar de la auténtica oposición.

Todos saben que la única salida a día de hoy es que Rajoy sea presidente. Todos (votantes incluidos) nos resignamos a que Rajoy no se va a retirar tras ganar el 26J: que es una calamidad, pero esa calamidad ha sumado más votos y escaños; y además no hay alternativa posible: si PSOE+Podemos+Ciudadanos no salió en marzo, menos va a salir ahora. Ningún partido lo reconocerá en público, pero todos prefieren a Rajoy (un Rajoy débil, insisto) antes que unas catastróficas terceras elecciones. El problema es que todos desean que sea otro quien afloje los votos que faltan.

Al final apañarán algo, se comerán el sapo-jabalí entre unos cuantos, a cambio de concesiones y por responsabilidad de Estado. Pero si no encuentran la manera, ahí dejo mi propuesta: votación secreta. Con la luz apagada, si hace falta. Y en agosto, para que nos enteremos menos.

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