Tiene delito que se aplauda al delincuente pero es lo que ocurre secularmente en nuestro país, se aplaude a un evasor como Messi  y casi ocho millones de personas aplauden con su voto a un partido que chapotea en la corrupción.

Peor que ser un país de ladrones es que además somos un país de tontos que aclaman a los pícaros que les estafan.

Javier Gallego | El Diario | 12/07/2016

Así que a Messi le declaran culpable de defraudar a Hacienda una millonada y al Barça no se le ocurre nada mejor que salir en su defensa con un comunicado de apoyo y una campaña en redes en la que pide a los aficionados que se solidaricen con el defraudador porque dicen que toda la culpa es de su padre. Se va casi de rositas con una pena de sólo 21 meses después de evadir 4 millones de euros a la caja de todos y todavía hay que hacerle la ola para consolar a la criatura.

Tiene delito que se aplauda al delincuente pero es lo que ocurre secularmente en nuestro país, de Madrid a Barcelona, sin ir más lejos las pasadas elecciones, en las que casi ocho millones de personas aplaudieron con su voto a un partido que chapotea en la corrupción. No hay que olvidar que somos el país de la picaresca. De aquí es ese género literario, único en el mundo, dedicado a contar las pillerías, bravuconadas y travesuras de los vivillos.

Se desprecia la inteligencia y se premia a los listillos, se hace burla al que cumple con sus obligaciones y se celebra a quien se las salta. Es tradición nacional reírle las gracias al pícaro, al que se libra de pagar, engaña al ingenuo y al honrado, sisa unos folios por aquí o inventa un trapicheo para pagar menos por allá. Y ahora el club de fútbol más exitoso del país, referente en todo el mundo, pide a su parroquia que abrace a un evasor multimillonario que nos ha intentado robar a todos y a los forofos sólo les ha faltado darle un euro como si fuera Lola Flores.

Luego nos quejamos de que pagamos muchos impuestos, los ricos pagan poco, los políticos nos roban y nos gobiernan ladrones, pero hay gente a la que se le olvida cuando va a las urnas o al campo de fútbol con la banderita de su equipo, nación o partido. No tenemos dinero para servicios públicos básicos ni para las pensiones pero gana las elecciones el partido de Bárcenas, Soria, la financiación ilegal y la amnistía fiscal a los grandes evasores como Messi. Quizá si la gente supiese que cada uno de nosotros pagamos entre 800 y 1000 euros más de impuestos al año para compensar lo que otros defraudan, se les quitaban las ganas de aplaudirles y votarles.

También si supieran que la mayor parte de los recortes de la crisis -que han provocado tanto dolor, incluso muerte- se podrían haber evitado si se atajara el fraude de las grandes fortunas, dejarían de reírles las gracias. Si empezaran a pensar lo que les cuesta a su propio bolsillo o a su propia vida, a lo mejor ya no iban a jalear a Messi a la puerta del juzgado o a Rajoy al balcón de Génova. Peor que ser un país de ladrones es que además somos un país de tontos que aplauden a los pícaros les estafan. Infumable.

Como el Lazarillo de Tormes, algunos se creen muy listos porque se comen las uvas de dos en dos, pero el ciego se las come de tres en tres mientras ellos callan. Muy pícaros pero muy pánfilos. Aclaman al multimillonario que les roba. Eligen al político que les engaña. Sufren síndrome de Estocolmo. En este país, hay secuestrados que adoran a sus secuestradores.

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