Una ruta por el lado oscuro de las rebajas

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La organización Setem trabaja en coordinación con asociaciones laborales y sindicatos en países manufactureros, como India, Camboya o Marruecos. Esta acción es parte de la campaña Roba Neta (Ropa Limpia, en catalán) para visibilizar el trabajo semiesclavo.

Una ruta por el lado oscuro de las rebajas

 | La Marea | 25 julio 2016

BARCELONA // “La vida es una ilusión”. La inscripción, trazada a rotulador en la pared entre dos conocidas tiendas de Portal del Àngel, una de las principales arterias comerciales de Barcelona, cobra más sentido que nunca. Más aún en esta calle y en época de rebajas. Carteles que anuncian camisetas a 2,99 euros se pierden en una mezcla de colores, movimiento de familias y grupos de turistas cargados de bolsas que salen y entran de manera incesante de los establecimientos.

Es en ese escenario donde la organización Setem ha decidido realizar su acción de protesta y sensibilización. Y lo ha hecho precisamente mimetizándose con el entorno. Vestidas de azafatas, las activistas han preparado varias visitas guiadas por algunos de los comercios de la calle para denunciar las condiciones de precariedad extrema de los trabajadores en los países manufactureros. Una de ellas comienza la ruta dando la bienvenida a un grupo al que pronto se unen curiosos. “Sé que venís con muchas ganas de comprar ropa en rebajas”, afirma sonriente, y comienza su marcha, banderola naranja en ristre.

La expedición tiene música de fondo: una banda callejera toca ritmos caribeños. Suena La vida es un carnaval, de Celia Cruz. La estampa es idílica. La primera parada, el H&M. Allí espera otra activista, también vestida de azafata, quien denuncia de manera irónica los accidentes en fábricas como la de Rana Plaza, en Bangladesh, donde el derrumbe de una fábrica causó más de un millar de muertos.

La guía avanza hacia un Zara, donde toma la palabra una compañera: “En Inditex tenemos el honor de ser el grupo más importante de todo el mundo. En esta calle hay establecimientos de Zara, Oysho, Stradivarius, Pull and Bear, Massimo Dutti… Más que Portal del Àngel debería llamarse Portal de Amancio”, se presenta, en referencia a Amancio Ortega. La activista denuncia la subcontratación, sobre todo de mano de obra femenina y en condiciones de seguridad precarias. “Producimos en países donde no se respeta la libertad sindical ni de asociación”, recuerda. “¡Pero bueno, eso no es responsabilidad nuestra!”, añade.

El próximo en la lista es Mango. “Nos esforzamos por ofrecer el mejor precio a la mejor calidad, y lo logramos porque producimos en países como China, donde las mujeres son muy hábiles y trabajan por cuatro duros”, espeta la “azafata” de este establecimiento. “Pagamos el salario mínimo, no el salario digno. Pero claro, entended que si el salario mínimo fuera ese ya nos habríamos ido del país”, razona. “En la India incluso generamos trabajo desde casa, permitimos que las mujeres compatibilicen su trabajo doméstico con la fabricación de zapatillas en su hogar, a 10 o 15 céntimos cada par”, informa.

La organización Setem trabaja en coordinación con asociaciones laborales y sindicatos en países manufactureros, como India, Camboya o Marruecos y a lo largo del recorrido las activistas van explicando algunos de los casos que les hacen llegar. Esta acción es parte de la campaña Roba Neta (Ropa Limpia, en catalán) para visibilizar el trabajo semiesclavo, algo que, aseguran, es muy difícil. “Es muy complejo hacer una conexión entre lo que pasa en los países productores y lo que pasa aquí y no conseguimos que los medios grandes se hagan eco de acciones como ésta”, lamenta Laura Muixi, responsable de la campaña. Por eso las rebajas también son un buen momento para la denuncia.

La ruta acaba con Desigual y El Corte Inglés. Las imputaciones son similares a las de los negocios vecinos: nula transparencia de las condiciones laborales, poco cuidado ambiental, de salud, trabajo infantil, jornadas laborales extenuantes a cambio de un sueldo que no da para cubrir las necesidades básicas… “Las condiciones de las trabajadoras de Barcelona se acercan cada vez más a la de los países manufactureros”; ironiza la azafata situada frente al establecimiento de Desigual. Y acaba con un eslogan publicitario transformado en denuncia: “Desigual es el mundo, el mundo es desigual”.

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