Mercancía y mierda

NUESTRA RELACIÓN CON LOS RESIDUOS

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 En nuestra economía de lo efímero, es paradójico que el mismo afán de higiene que nos hace colocar un plástico sobre un producto alimenticio para protegerlo del contacto con el mundo, sea precisamente la causa de que ese mundo sea cada vez más sucio.

basura

Belén Quejigo, Germán Santiago | Diagonal | 27/07/16

Estas fotografías tomadas en Madrid, siguen el camino hecho desde nuestro domicilio hasta el lugar de trabajo en un solo trayecto de ida. Las fotografías, además de evidenciar las más que notables carencias higiénicas de una capital europea como Madrid, nos invitan también a una reflexión sobre lo durable y lo perecedero de las cosas, tanto en el tratamiento de basuras por parte del municipio como por parte de los ciudadanos que participamos de una economía consumista sin límites.

El crecimiento del consumo supera todas las expectativas de forma continua a través de la axiomática (n+1) que es la tendencia básica del capitalismo definido por Marx “como una inmensa acumulación de mercancías”. La cantidad de mercancías de cada época es mayor que la anterior. Cada vez hay mucho más que tirar a la papelera –espacio finito que se rellena–. No basta sólo con la concienciación ambiental y ecológica pues con ella, las calles estarán más limpias pero las papeleras cada vez más llenas, y eso no solucionaría el problema de la tendencia consumista de nuestra sociedad, reflexión que por repetitiva, se ha convertido ella misma también en basura.

Pero ¿Qué es la basura? ¿Por qué hay basura?¿Todas las sociedades tienen basura?

Hablando en general, la basura sólo es un punto en recorrido del valor desde que nace hasta que muere una mercancía. Y hablando en particular, lo que tiramos a la basura o la basura, como señala el catedrático José Luis Pardo en Nunca fue tan hermosa la basura, es aquello que no tiene lugar.

En nuestra economía de lo efímero, es paradójico que el mismo afán de higiene que nos hace colocar un plástico sobre un producto alimenticio para protegerlo del contacto con el mundo, sea precisamente la causa de que ese mundo sea cada vez más sucio. En ese mismo sentido “basura es síntoma de riqueza. Porque riqueza significa despilfarro, derroche, excedente”. Así todos los excedentes, es decir, toda la basura no es más que una ostentación del desprecio hacia las cosas (mercancías) algo que ocurre en mayor medida en los países desarrollados.

¿Podríamos hablar de un nuevo paisaje urbano como apunta Pardo o Rem Koolhaas en su concepto “espacio basura”? ¿Nuevas naturalezas muertas? El sistema capitalista no podía dejar pasar la oportunidad en una forma de creación de riqueza, de tal suerte que han surgido toda un nuevo sector industrial dedicado al tratamiento de los residuos de toda naturaleza.

Vamos algo más allá: la basura como concepto o fenómeno urbano tampoco ha pasado desapercibida y hay quien aprovecha para, añadiendo un concepto o significado al propio residuo, reinsertarlo dentro del circuito de mercancías.

Como vemos en la Galería Moisés Pérez de Albéniz que en colaboración con Basurama y PhotoEspaña nos proponen una reflexión llamada “Abundancia” en la que tras una aséptica reflexión nos invitan a comprar imágenes de basura a un precio medio de 2000 euros la imagen.

Esta metabasura no sólo es un contenido tautológico y no artístico sino que constitutye el más claro ejemplo de reutilización del contenido agotado la última posibilidad de aprovechamiento, es decir, el capital no renuncia ni en una sola de las fases de la existencia del material al aprovechamiento que realice este intercambio.

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