¿Quién falta en la foto del envejecimiento activo?

TERCERA EDAD

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En los últimos años se viene usando la expresión ‘envejecimiento activo’ en la reflexión en torno a la idea de un buen envejecimiento y a la hora de hablar de políticas de intervención en el ámbito de la tercera edad. La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento activo como el “proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen”.

INSTITUTO SIGLO XXI

Rosa Jiménez | Diagonal | 26/07/16

Una búsqueda rápida de imágenes en Google a partir del término ‘envejecimiento activo’ nos devuelve un catálogo de representaciones de la vejez completamente libre de buena parte de los estereotipos negativos asociados a esta etapa final de la vida. Así, entre los primeros resultados de la búsqueda podemos encontrar varias bicicletas y un tándem, pero no vemos ni un solo bastón o andador.

Según los últimos datos del CSIC sobre discapacidad y dependencia (2008), casi el 60% de las personas mayores de 64 años declara sufrir alguna limitación a la hora de desempeñar tareas de la vida diaria como hacer la compra, ducharse o cocinar.

En España, al 40% de los hombres mayores en situación de dependencia los cuidan sus parejas femeninas, y aquellos cuya atención recae sobre Servicios Sociales no llegan al 1%. En el caso de las mujeres, estas cifras son del 12,5% y casi el 3%, respectivamente.

Casi el 60% de las personas mayores de 64 años declara sufrir alguna limitación a la hora de desempeñar tareas de la vida diaria

Con una presencia institucional tan escasa en la atención a las situaciones de vulnerabilidad, hablamos de vidas dedicadas al cuidado de otros.

Puestos estos datos sobre la mesa, habría que preguntarse si ese 60% de la población mayor de 64 años, y las personas que se hacen cargo de ellos, pueden en algún caso sentirse identificados con una imagen de la vejez en tándem, en la que no caben los procesos por los que atraviesan sus vidas.

Las circunstancias que pueden dejar a alguien fuera de la imagen del envejecimiento activo no tienen que ver exclusivamente con cuestiones de salud que se podrían tildar de individuales, sino también, y en mayor medida, con aquellos factores que determinan nuestra salud en un sentido más amplio.

Hay quien no sale en la foto sencillamente porque sufre problemas de movilidad y vive en un edificio sin ascensor. Hablamos de situaciones de soledad y abandono, de personas que dejan de sentirse –y ser consideradas– útiles o productivas una vez jubiladas, de pensiones que no sostienen una vida plena, de dotaciones públicas insuficientes o de una escasa oferta de ocio accesible y diverso.

Si con la creación del referente del envejecimiento activo se busca combatir una construcción social de la vejez que concibe a las personas mayores como individuos dependientes y ya inútiles para la sociedad, pintar un retrato de la vejez que borra todo rastro de dependencia puede no ser la mejor idea.

En el empeño por mejorar la imagen de la vejez, se ha dejado fuera a la vejez misma. La potencia transformadora de pensar acerca de qué sería un envejecimiento saludable y cómo sostenerlo depende de su capacidad para situar en el centro la fragilidad y la vulnerabilidad, así como de hacerlo desde un enfoque contrario al de la responsabilidad individual de envejecer bien.

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