Sobre mi asistente: los datos y algunos apuntes

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Pablo Echenique | 27/07/2016

Ante las últimas noticias sobre mi asistente personal y mi relación económica (ya extinguida) con él, primero los datos:

– Mi salario: 2246€ netos en 14 pagas como diputado autonómico (el exceso de este salario, incluyendo dietas, es donado a Podemos). En el Parlamento Europeo, ingresaba lo mismo.

– Mi salario como científico del CSIC era de 2464€ netos en 12 pagas, más 2 pagas extra algo menores.

– Este salario + la cantidad en el siguiente punto + una modesta pensión de mi madre, son los únicos ingresos en mi hogar de 3 personas.

– Ingreso además 337€ al mes por la ley de dependencia en concepto de atención en el entorno familiar. Mi asistente familiar es hoy mi mujer y antes lo fue mi madre. Ambas con una elevada carga personal y de trabajo.

– Con esta subvención y con mi nivel de dependencia, incluso con mi sueldo, es absolutamente imposible tener una vida autónoma: estimo el coste de la asistencia que necesito para llevar a cabo las tareas de la vida cotidiana (levantarme, cambiarme, ducharme, etc.) en unos 2000€ al mes. Nuestro sistema obliga, por tanto, a que yo y cientos de miles de dependientes como yo, tengan que ser obligatoriamente asistidos por sus familiares, sin derechos y esencialmente gratis. Lo único que puede evitar esta situación es que la dependencia sea muy leve o que la familia del dependiente sea rica.

– Con el objetivo de aligerar, aunque sólo sea un poquito, la carga a mi familia, conté durante años con los servicios de un asistente que siempre hizo muy bien su trabajo.

– Contaba con él como mucho una hora al día (de un modo esporádico: no en verano, no cuando viví en Bruselas, no cuando así lo decidíamos con mi familia, etc.). Nunca más de 30 horas al mes.

– Al principió conté con él a través de una empresa, la cual le pagaba el sueldo. Cuando la empresa le despidió, seguí contando con él en régimen de autónomo y le pagaba lo mismo que yo le pagaba a la empresa y más o menos el doble de lo que la empresa le pagaba a él (más o menos el doble de lo que se suele pagar en el sector). El objetivo: que él pudiese afrontar el pago de la cuota de autónomos sin perder derechos laborales.

– En un momento dado, su situación se precariza y él decide unilateralmente que ya no puede pagar la cuota. En ese momento, decido seguir pagándole (lo mismo), básicamente porque le tengo mucho aprecio y no quiero dejarle tirado. Mientras tanto, le insisto en buscar vías para intentar regularizar la situación.

– Cuando la situación se alarga, tomo la difícil decisión de dejar de contar con sus servicios.

– En todo momento pensé que yo no estaba cometiendo una irregularidad y que la obligación de estar al corriente con la hacienda pública era de mi asistente. Error mío el no consultarlo legalmente en ese momento.

– En todo caso, el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. Por eso, estoy ahora consultando el tema con abogados y, si he cometido alguna infracción, no tendré ningún problema en asumir la sanción correspondiente.

– Más allá de lo legal y si olvidamos los motivos que me movieron, creo que es obligación de los cargos públicos tener un comportamiento ejemplar y que, por ello, no tengo ningún problema en admitir también mi error en no encontrar una manera de regularizar la situación de mi asistente a la vez que no lo dejaba tirado. La nueva política es también saber decir “me equivoqué” y tampoco tengo ningún problema con eso.

——

Dicho todo esto, algunos apuntes respecto de lo leído, visto y escuchado estos días en la esfera pública:

– En primer lugar, creo que es mi obligación dar todas las explicaciones pertinentes y así lo he hecho desde el día cero (a diferencia de lo que suelen hacer los representantes de la vieja política). Expliqué al periodista que hizo la primera pieza todo lo que quiso saber, salí el día siguiente en rueda de prensa y contesté a todas las preguntas que se me hicieron, esta misma mañana me sometí voluntariamente a un exhaustivo y profesional interrogatorio por parte de Cristina Pardo en La Sexta y esta misma noche estaré en la radio.

– Así las cosas, supongo que los que me siguen pidiendo explicaciones o es que no han hecho los deberes o es que las piden a modo de espasmo o de tic nervioso. En cualquier caso, vaya también para ellos este documento.

– Cabe asimismo destacar la preocupante cantidad de opinadores desinformados que se han lanzado desde el primer minuto a hacer valoraciones sin los datos en la mano, sin contrastar, confundiendo el tocino con la velocidad y al mejor estilo pollo descabezado. Es labor de todos y de todas no permitir que el cuñadismo mate al periodismo y espero que esta compilación de datos y de hechos contribuya también a ese noble fin.

– Por último, tengo que decir que hay algo muy positivo que sale de todo esto: La oportunidad que nos brinda el tema de hablar de la dependencia y denunciar la injusta y dolorosa situación a la que una clase política al servicio de los privilegiados ha condenado a millones de dependientes y sus familias en nuestro país.

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