¿Saben los periodistas y los expertos constitucionalistas leer?

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Supongo que los profesionales a los que refiero en el título deben tener fundados motivos para aceptar cargar con la condición de estúpidos. De otra forma no se entiende que se muestren tan obtusos, de no ser que sirva de excusa válida, también en su caso, el que sean naturales de uno de los países peor clasificados mundialmente en comprensión lectora. Pero no cuela.

Algo debe haber que se nos escapa, porque o bien de repente me he convertido en un superdotado y veo fácil lo extraordinariamente difícil, o sigo siendo un tipo corriente y el significado del siguiente artículo de la Constitución también sigue siendo evidente:

Artículo 99

1. Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

No hay nada que descifrar: el rey, una vez cumplido el deber de reunirse con los partidos con representación parlamentaria, tiene la obligación constitucional de ofrecer un nombre al Congreso a través del presidente de esa Cámara. Y esta vez ha cumplido con su obligación (la experiencia es un grado) sin permitir licencias. Ya hay un primer candidato: Mariano Rajoy ha sido propuesto por Felipe VI el preparado.

Me he cansado de leer la auténtica burrada de que el ‘candidato ha aceptado la propuesta’. ¿De qué hostias de aceptación hablan? El candidato –por su condición previa como tal al presentarse a las elecciones– no tiene nada que aceptar más allá de mostrarse protocolariamente honrado, porque en ese contexto –futuro de indicativo y cuarta acepción del término… a ver si más de uno quiere enterarse–, propuesta equivale a designación. En el texto del artículo no dice en ningún momento que se le propondrá nada a ningún candidato para que este pueda aceptarlo o no, sino que él (el rey) propondrá un candidato para que sea el Parlamento el que decida por votación si lo convierte en presidente del Gobierno o no. Pero es hasta absurdo tener que comentarlo: el artículo lo dice bien claro. De verdad que es de locos. Y ahora, queridos panfleteros, si queréis seguid diciendo que Rajoy ha aceptado no se sabe qué y qué no. O lo pintáis de azul y rojo y decís que no es ni un pájaro ni un avión: que es Supermán. Pero en el mundo que no pertenece a vuestra psicodelia mental ahora solo tiene dos opciones: presentarse en el Parlamento para ver si consigue gobernar o abandonar ipso facto la política institucional (y por el inmenso ridículo, casi que también el planeta).

A partir de la que hubiera debido ser una innecesaria aclaración, hay que decir que se abre un escenario surrealista. Y es que ahora viene lo bueno, porque la pelota está sobre el tejado de la actual presidenta del Congreso (y no de Mariano que puede decir misa), tal y como señala el ya citado y ‘analizado’ artículo 99.1. Pero ni la propia Constitución en su Título IV ni tampoco el reglamento del Congreso establecen plazos para la celebración del Pleno. Aunque este último reglamento (con carácter de Ley) en su artículo 170 sí indica condición de inmediatez en la secuencia de trámites:

Artículo 170

En cumplimiento de las previsiones establecidas en el artículo 99 de la Constitución, y una vez recibida en el Congreso la propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno, el Presidente de la Cámara convocará el Pleno.

La presidenta del Congreso ya ha recibido la preceptiva propuesta desde Zarzuela: ¿intentará también Ana Pastor dilatar el proceso de forma fraudulenta para favorecer a su íntimo amigo Mariano el rebelde? ¿O dejarán por fin los peperos de cagarse en las leyes y cumplirán con su obligación según su imagen de partido de orden?

A saber, aunque principalmente dependerá de los grandes medios de comunicación; de esos mismos medios puestos a su servicio (al de los ‘partidos constitucionalistas’) por el poder financiero. Porque, sinceramente, no me imagino una manifestación multitudinaria por esto (aunque para la gente que aún crea en el sistema hay motivo más que de sobra). Pero como hay conflicto de intereses y se está humillando también a la Corona, diría que en el PP rajoyesco están jugando con fuego. El caso es que con este panorama político, y sabiendo que acabarán gobernando los del régimen, me da un poco igual si se soluciona o no, porque con un Gobierno en funciones se hacen menos barbaridades y quizá corremos menos riesgos. Y además, no puedo pensar en otra cosa, porque lo que de verdad me empieza a preocupar es que los peperos y yo coincidamos en algo. Ahora resulta que ellos también se ciscan en la monarquía y se descojonan al leer la Constitución. Como sigan así habrá que hacerles hueco en algún colectivo revolucionario. Aunque sea en el de los neoliberales subversivos.

Carpe diem.

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