Aquí hace falta mucho jabón

De nuevo NESTLÉ intenta lavar su imagen con el respeto al medioambiente.

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Nestlé lanza una campaña en TV relacionada con varios de los productos de su marca: Eko Bebamos de la Naturaleza, Aventura en el Trópico de Bonka y Solís, Cultivando un Futuro Mejor. En los diferentes spots muestra una imagen de la empresa o de los productos que comercializa como sostenibles o respetuosos con el medioambiente y la sociedad. No obstante, como podremos ver en el informe, las prácticas empresariales de Nestlé distan mucho de ser respetuosas con el medio y por este motivo Ecologistas en Acción ha seleccionado a Nestlé como finalista en la categoría “Lavadora verde” de los Premios Sombra a la peor publicidad.

 Aquí hace falta mucho jabón
 Fragmento de un anuncio de Nestlé 

Gala Arias RubioComisión de Consumo de Ecologistas en Acción Madrid | El Salmón Contracorriente | 29 de julio de 2016

Es una tendencia cada vez más habitual que las multinacionales más depredadoras en sus prácticas empresariales busquen mejorar su imagen de cara a sus potenciales consumidores. Este año, Nestlé, con motivo de su 150 aniversario, ha puesto toda la carne en el asador con una serie de anuncios que alardean sobre sus valores ecológicos y su respeto al medioambiente.

El anuncio de Eko nos muestra a mujeres (parece ser que los hombres no beben Eko) «conectando» con la naturaleza, abrazando árboles en poses imposibles, hermanándose con prístinos campos de cereales con fondos de mariposas volando, bajo el eslogan: «cuando reconectas con la naturaleza te sientes bien, cuando bebes cereales, también».

Animamos a la multinacional suiza a que, usando su propio eslogan, no se «beba la naturaleza» y deje de añadir aceite de palma a sus productos como las masas de pizza Buitoni o la Pasta Oriental Maggi, con un porcentaje de grasas saturadas de hasta un 59 % en este último caso, según un informe de la OCU [1].

Este aceite, además de su reconocido efecto negativo en nuestra salud, tiene enormes impactos sociales y medioambientales allí donde se cultiva, con destrucción de selva tropical, quema de bosques y apropiación ilegal de tierras.

El anuncio Aventura en el Trópico de Bonka es todo un publirreportaje donde tres consumidoras de Bonka van a visitar los lugares paradisiacos donde se producen estos granos rojos. Como era de esperar, ninguno de los sitios que visitan muestra tipo alguno de problemática social o ecológica. Los campesinos son gente generosa (aunque atrasada, por supuesto, porque no tienen ducha) y sonriente, que muestran encantados sus plantaciones. El entorno es perfecto, completamente verde e inmaculado. No obstante, la realidad de los productores de café que venden a Nestlé es bien otra. La producción de café procede de pequeños campesinos, pero el precio que estos reciben por su producción dista mucho de ser justo. Entre el precio que se paga al productor y el que paga el consumidor final hay un abismo que genera que estos agricultores vivan en condiciones miserables frente a un sector cada vez más concentrado en grandes multinacionales como Sara Lee (Marcilla), Nestlé (Bonka) y Kraft/Philip Morris (Saimaza) [2].

Ecologistas en Acción presenta los finalistas de los Premios Sombra 2016

Y los peores anuncios publicitarios del año son…

premios sombra

Por El Salmón Contracorriente

Ecologistas en Acción presenta un año más los finalistas de sus Premios Sombra a la peor publicidad. Desde el año 2008, la asociación ecologista organiza este certamen para denunciar aquellos anuncios que han destacado por transmitir valores sexistas, xenófobos, insolidarios, consumistas, o por hacer pasar un producto como ecológico sin serlo.   más +

Por otro lado, el anuncio está totalmente desprovisto de datos sobre los países donde se cultiva el café que bebemos, ni tan siquiera un breve texto nos indica cuáles son los países que visitan estas consumidoras de Bonka en su periplo paradisiaco. Hubiera sido interesante que visitaran Chiapas (México) donde los precios del grano de arábica han bajado un 60 % desde 2011 y donde la epidemia de roya anaranjada amenaza la subsistencia de los campesinos cafeteros ante la pasividad de las administraciones. Una epidemia, además, que favorece mucho los intereses de Nestlé en dicho país, pues esta multinacional lanzó en 2010 el Plan Nescafé, para promocionar el cultivo de la variedad de grano robusta, variedad de baja calidad que utiliza para producir café soluble y es resistente a la epidemia de roya.

La sustitución del cultivo local de arábica por el de robusta supondría una gran ventaja para Nestlé, que tiene en México la planta procesadora de café soluble más grande del mundo y de esta manera no necesitaría importar grano del extranjero. No obstante, para los productores tendría unas consecuencias muy negativas al pagarse este grano aproximadamente a la mitad del precio del de arábica, por no hablar de los impactos medioambientales que causa este monocultivo.

La administración mexicana, por su parte, participa de manera activa en el Plan Nescafé y subvenciona el cultivo de robusta frente al de arábica [3].

Finalmente, en lo que respecta al anuncio de Solis, como ya hiciera Unilever el año pasado, la campaña publicitaria de Nestlé ha convertido el comer tomate frito de bote de su marca en una apuesta decidida por la defensa del medioambiente y la mejora de la sociedad. Para ello ha utilizado un recurso publicitario muy usual: los niños. Haciendo referencia a lugares comunes del ecologismo como cuidar del mundo que dejaremos a nuestros hijos, es decir, la solidaridad intergeneracional, Nestlé alardea de «cultivo local», «agricultura sostenible» y de ser «responsable con el medioambiente».

Tal vez Nestlé busque sacudirse la imagen de mata bebés [4] que le llevó a ser la empresa más boicoteada del mundo y ofrecer a la vez una cara amable y comprometida con el medioambiente y la sociedad. Consideramos que es muy positivo que cualquier productor intente reducir su impacto medioambiental limitando el gasto de agua, el uso de abonos químicos y de pesticidas, no obstante, los monocultivos altamente industrializados tienen unas innegables consecuencias ecológicas por lo que distan mucho de ser considerados «agricultura sostenible». Este eslogan resulta una especie de conjuro con mucha difusión y escaso contenido. Reivindicamos que la verdadera agricultura sostenible es la ecológica, que es la que realmente muestra responsabilidad con el medioambiente.

Notas

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