Alejandro Lavquén | Rebelión | 30/07/2016

Uno de los mayores saqueos al patrimonio económico de los trabajadores chilenos, realizado durante la dictadura y validado por los gobiernos de la Concertación, fue la creación de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), que son instituciones financieras privadas que se encargan de administrar los ahorros previsionales de los trabajadores. Durante la dictadura, el economista José Piñera –hermano del ex presidente Sebastián Piñera- impulsó la creación de las AFP como un negocio fácil y sumamente lucrativo para los grupos empresariales, y más encima sin que éstos tuvieran que arriesgar ni un solo peso de sus bolsillos en el negocio. Para echar a andar la nueva pulpería tendrían a su disposición el dinero que durante años los trabajadores habían ahorrado para su jubilación.

Obviamente los trabajadores nunca fueron consultados si estaban de acuerdo con que un grupo de empresarios lucrara con sus ahorros, pagándose millonarios sueldos los accionistas, gerentes y directores de las AFP mientras ellos recibían pensiones miserables. Pues bien, este y no otro fue el origen ilegítimo de las famosas AFP.

Los empresarios de las AFP invierten en diferentes negocios y especulan en la bolsa con dinero ajeno, logrando millonarias ganancias cuyos beneficios jamás llegan a las arcas de los verdaderos dueños del capital; es decir, los trabajadores chilenos. Esta situación es tan aberrante como si en un barrio el directorio de la Junta de Vecinos, mediante el uso de las armas, como sucedió con las AFP, se auto designara administrador de los sueldos de los vecinos del sector. El origen de las AFP es completamente ilegítimo, se trata de piratería pura, y con eso basta y sobra para acabar con ellas. Y ni pensar en una AFP estatal; no, las AFP deben ser eliminadas tal como se eliminan las manzanas podridas.

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