Prologuista de ruedas de prensa

687

Gregorio Morán | bez.es | 30/07/2016

Nuestro mundo editorial tiende a no desarrollar la imaginación. No se acerca a aquellas tradiciones, que fueron míticas en los años que siguieron al 68 parisino, pero que aún perviven en la Francia aguda y desvergonzada.

Respondan sinceramente. ¿Hay algo tan insólito, entre lo divertido y lo surrealista, como una rueda de prensa de Mariano Rajoy? No me refiero a los discursos redactados por plumillas plúmbeos y serviles. Hay que empezar por decir que los discursos de Rajoy no son de Rajoy sino del departamento de discursos. El sobrio Robert Musil escribió cosas muy agudas sobre los rituales discursivos del imperio de Kakania (Austrohúngaro).

Mariano Rajoy se expresa en austrohúngaro, pero como no sabe lo que es y además me temo que no figuraba en el temario de los registradores de la propiedad, no le da importancia. Tiene su aquel, porque consiste en el arte de expresarte para que nadie sepa a ciencia cierta qué quieres decir. El tópico asegura que eso son galleguismos. Solo la comparación entre el diálogo aristocrático del imperio de Francisco José y la gracia de Castelao tritura este mito para paletos.

Mariano Rajoy no ejerce de gallego. Esa es la costra de una persona muy apegada a su tierra y de una cultura sumarial, que jamás necesitó tener que ampliar. Con la que tiene le basta y le sobra para manejar el ganado humano que apacienta. Que nadie busque paralelos aviesos, a Franco le pasaba lo mismo, y a ciertos líderes también. Sin ninguna pretensión de ofender a Pablo Iglesias, el viejo, le ocurría otro tanto. ¿Pero quién haría un paralelo con Beiras, el gallego arrollador? Los tópicos gallegos son como los catalanes, asturianos, vascos y demás; solo sirven para justificar las ideas de las gentes simples.

Las ruedas de prensa de Rajoy

Pero las ruedas de prensa de Mariano Rajoy exigirían un libro. Apenas un folleto, con un prólogo de gente joven y aguda estilo Jabois, Buenafuente, Évole… periodistas brillantes que no le temen al sarcasmo. Escuchar a Mariano Rajoy cuando le hacen una pregunta que exige como mínimo un cierto nivel de respuesta, mientras se limita a expirar -Mariano, espira y aspira, como en los ejercicios gimnásticos de su infancia- pero responde con una perogrullada mayúscula, al estilo del alcalde de su pueblo. Un espectáculo que ayuda a entender las grandes artes de la oratoria. “Yo nunca digo nada trascendental. Por qué iba a hacerlo si la gente está más tranquila así y sobre todo están más cercanos a mis referencias de presentador de grandes dramas evitados, que a quien sueña con exponerlos”. Es la diferencia entre “estamos jodidos”, y “hay elementos para pensar que muy pronto se advertirán los esfuerzos que hemos hecho para llegar hasta aquí, y ser un modelo que envidian otros países” ¿Otra pregunta?

“Difícil e inteligente pregunta -responde a una periodista- pero nosotros nos hemos marcado un ritmo, cuyos resultados a usted misma, señorita, la sorprenderán”. Agotador. Estoy seguro que si alguien harto le mentara a la madre, o a la sagrada abuela, respondería igual. “Mire usted, la familia es una cosa muy seria. Se trata de unos seres queridos, sensibles e inteligentes, a los que debemos mucho y con los que debemos ser muy respetuosos”. ¿Siguiente pregunta?

Las ruedas de prensa de Mariano Rajoy son para gente de batalla, guerrilleros o guerrilleras suicidas. Ese personal que él no conoce y que le llevaría a romper el esquema de caballero para todos. Mientras los periodistas no consigan volver a Rajoy, al grosero arrogante y despreciativo que lleva dentro, estaremos vacilando y presenciaremos bailes de rigodón entre gente que no sabe bailar; ni periodistas, ni presidente.

Digámoslo con sinceridad, Rajoy es un político que se burla de nosotros tanto como de los suyos. Le importamos un carajo. Aún no conoce el miedo al ridículo, tratándose del personaje más vulgar de la política española desde la Transición. Por eso urge un folleto de sus ruedas de prensa, una variante hispana de los hermanos Marx, prologados por un comentarista joven que le pague con la misma moneda, recordándole sus trampas, su cinismo… Todo lo que de patán lleva dentro, seductor de personajes aún más mediocres que él.

Comentar con Facebook ()

Comentar (0)

DEJA UNA RESPUESTA