Esta España nuestra

El documental 'Mi querida España', dirigido por Mercedes Moncada, construye una narración coral del régimen del 78 a partir de entrevistas realizadas por Jesús Quintero.

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Jose Durán Rodríguez | Diagonal | 03/08/16

Un libre retrato de España bajo el reinado de Juan Carlos I es lo que ofrece el documental Mi querida España, dirigido por Mercedes Moncada y estrenado en el Festival de San Sebastián en 2015. Su peculiaridad es que lo hace mediante fragmentos de entrevistas que durante más de treinta años ha realizado el periodista Jesús Quintero en distintos programas de radio y televisión.

Moncada y su equipo bucearon en las miles de horas grabadas por Quintero – “sus entrevistas nos devuelven un espejo más rico y complejo donde contemplarnos como país”, entiende la realizadora– para componer una narración coral que sobrecoge, aterroriza, emociona, hace llorar y reír.

“Quien narra quiénes somos y de qué estamos hechos nos acaba definiendo. El que controla el relato, controla el mundo. Por eso la palabra es protagonista en esta película”, considera Moncada.

Así, entre las muchas voces que se escuchan en la película están las de Alfonso Guerra, Albert Boadella, Susana Estrada, Mar Cambrollé (fundadora del movimiento gay en Sevilla), Jesús Gil, la abuela del Betis, Pilar Urbano, Julio Anguita, el rejoneador Rafael Peralta, la flamenca Rafaela Ortega, Mario Conde, el fascista Ricardo Sáenz de Ynestrillas o una “vaginera” que fue a la cárcel por llevar droga en su cuerpo y que recuerda que “los policías me decían: ¿por qué no se va usted a robar en lugar de hacer esto?”.

“El que controla el relato, controla el mundo. Por eso la palabra es protagonista de esta película”

También están muy presentes a lo largo del metraje otras voces que ofrecen el contrapunto a las versiones oficiales. Son las chirigotas del Carnaval de Cádiz, comparsas como La Escopeta Nacional, Los Superpop o Las Presas Ibéricas, con sus referencias a Blesa, Bárcenas y un verso que resume mucho: “Ya tenemos aquí a los dos españolitos, el que va de montería y el que va de montaditos”.

Lo que le dijeron a Quintero

La primera declaración es la de Adolfo Suárez en 1983, quien jura decir toda la verdad al ‘Loco de la colina’, con una matización: “Quizá no sea posible si el discurrir de la conversación roza algún punto que yo considere que todavía debe ser secreto de Estado”. Mientras suenan estas palabras, las imágenes muestran la organización de una cacería al amanecer, con el rezo de un Padre Nuestro.

Otro elemento que se repite en la película es un caballero andante, enfundado en su armadura, que camina por unas tierras –entre los Pirineos y Gibraltar– por las que es muy difícil transitar sin pisar propiedades del Ducado de Alba.

Encarnación (1988): “No me importa que lo sepan, soy comunista hasta el hueso. Soy del Sindicato Obrero del Campo, llamamos a las cosas por su nombre. No queremos las fincas, queremos luchar para que no falte el trabajo, para que todo el mundo pueda comer y vivir. Hemos tomado muchas tierras, de noche, lloviendo, con la Guardia Civil detrás de nosotros. No me da ningún miedo la Guardia Civil. Lo que me pregunto es de dónde le ha venido la tierra a quien la tiene”.

Felipe González (1982): “Hay que pensar en los años 90 y 2000, qué tipo de país vamos a dejar a quienes vienen detrás”.

Manuel Gutiérrez Mellado (1983), ministro de Defensa entre los años 81-83: “Al soldadito que nos escuche esta noche en su garita le diría que él es España, que cumpla su deber”.

José Ramón Gómez (1985), insumiso preso: “Mi enemigo es lo que representa el Ejército, el sistema que defiende: un reparto desigual de la riqueza, donde todo se hace bajo criterios económicos y no humanos. A la gente hay que defenderla del paro, de la miseria, de la adicción a las drogas, del machismo”.

Condesa Gunilla Von Bismarck: “Hay trabajo pero ¿quiere la gente trabajar de verdad? Me lo pregunto muchas veces, parece que no”.

Jon, el cojo manteca: “A ver si encuentro pronto un trabajo y cuando me lleguen los rollos del juicio éste le puedo decir al juez que tengo trabajo y que me dé una oportunidad”.

Lluís Llach: “Se me ocurrió demandar al PSOE por incumplimiento de palabra por la entrada en la OTAN. No lo hice por los 800.000 puestos de trabajo que prometieron porque me pareció obsceno que un burgués como yo lo hiciera. El juez me dijo en un escrito que yo tenía razón social pero que no había ninguna ley en el derecho español ni europeo que permitiera dar una razón jurídica a esto. Los intelectuales de izquierdas me dijeron que había querido montar un número para vender discos”.

José María Aznar (1993): “Lo que garantizo a los periodistas es que no habrá ningún intento de regulación en el Código Penal para que quien critique pueda sentirse presionado o agobiado”.

Juan Luis Cebrián (2004): “El director de El País ha contado cómo él mismo cambió un titular señalando a ETA porque el presidente del Gobierno en persona le llamó para decirle que había sido ETA”.

Felipe González (2002): “Hay una confusión buscada. Cuando Herri Batasuna habla de autodeterminación no sabe de qué está hablando”.

Jon Idígoras: “El precio de la paz, una paz sin vencedores ni vencidos, es que Jon Idígoras Gerrikabeitia pueda ser ciudadano vasco cuando la mayoría del pueblo vasco, por libre determinación, así lo decida”.

Melchor Miralles (1993): “Los GAL fueron una organización terrorista organizada y financiada por el Estado español para combatir a los terroristas de ETA utilizando el mismo lenguaje que utilizan ellos”.

Ana Botella (2005): “Creo que prefiero estar en el lado de Estados Unidos y Reino Unido que en el de Chávez, el de Venezuela, y Fidel Castro”.

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