Títeres Desde Abajo: “El Ayuntamiento defendió sus intereses sin importarle nuestros derechos”

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Entrevista a Raúl García y Alfonso Lázaro, integrantes de la compañía Títeres desde Abajo, que fueron detenidos el pasado febrero en el Carnaval de Madrid.

Miguel Muñoz | cuartopoder.es | 15/08/2016

Su caso ocupó portadas de periódicos, minutos de informativos y tertulias televisivas, opiniones políticas, etc. Durante la celebración de las fiestas de Carnaval en Madrid, esta compañía de títeres copó la atención durante prácticamente una semana. Tras realizar su obra, enmarcada dentro de la programación oficial del Ayuntamiento de Madrid en esas fechas, fueron detenidos por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo. Pasaron cinco días en la prisión de Soto del Real hasta que el juez los puso en libertad con cargos.

En su actuación se incluía una pequeña pancarta, portada por un títere, en la que se podía leer Gora Alka-ETA. Algo que, para el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno y para la Fiscalía, suponía un indicio suficiente del delito mencionado. Pasaron los meses y el mismo juez decidió archivar la causa y trasladarla a un tribunal ordinario. Raúl García y Alfonso Lázaro, los dos integrantes de Títeres desde Abajo, tienen aún una causa pendiente por incitación al odio. Ya más alejados del foco mediático, ambos responden conjuntamente a las preguntas decuartopoder.es para dar su visión sobre todo este asunto y contar su experiencia.

¿Cuál es el argumento de la obra La Bruja y Don Cristóbal que representaron en el Carnaval madrileño? ¿Ya la habían representado antes en otros espacios?

— Sí, la obra la habíamos estrenado una semana antes de ir al Carnaval de Madrid en un par de espacios en Granada. La obra cuenta la historia de una bruja y recupera el personaje tradicional del teatro de títeres de Don Cristóbal Polichinela. Utilizamos estos dos personajes del repertorio popular de los cuentos y el teatro de títeres para hablar de cosas que nos parecen importantes. Es una historia simple, como suelen ser las historias del género de teatro de títeres de cachiporra. Nuestra Bruja es una mujer que vive ocupando y no le queda más remedio que sufrir la violencia por parte de diferentes personajes que eran representados por Don Cristóbal. El primero es el propietario de la casa que la extorsiona y finalmente la agrede sexualmente. Tras un intento de aborto fallido, la Bruja tiene un bebé que sufre un intento de secuestro por una monja. A continuación la policía entra en la casa de la bruja, la detiene y coloca distintas pruebas falsas para imputarle un delito de brujería y de pertenencia a organización con fines terroristas. El juez con estas pruebas falsas la condena a la horca. A lo largo de la obra la Bruja consigue zafarse de todos estos Don Cristóbales y la historia termina con la huida de la Bruja cruzando la frontera donde, siendo perseguida por la policía, se encuentra con la muerte a la que también consigue burlar.

¿Qué enseñanzas, mensajes u objetivos políticos tiene esta representación?

— La obra tenía como objetivo reflexionar acerca de la violencia estructural que sufren las personas que deciden no obedecer y vivir su vida en libertad. Con el tema del montaje policial nos referíamos en concreto a las distintas operaciones policiales que han tenido lugar en los últimos años contra el movimiento libertario tratando de criminalizar bajo la forma de una supuesta organización internacional de carácter terrorista prácticas basadas en la autogestión, la solidaridad, el apoyo mutuo y la acción directa.

¿Qué quería representar la pancarta con el lema Gora Alka-ETA?

— Trataba de condensar lo que nos es vendido como el mal absoluto. Bajo nuestro punto de vista el Estado, el Capital y toda su maquinaria mediática, represiva y bélica provocan de forma muy estudiada una psicosis colectiva a través del miedo. En una sociedad dominada por el miedo es fácil justificar todo tipo de abusos de autoridad y de recortes de derechos y libertades. La pancarta es colocada por un policía a la Bruja, mientras ella está inconsciente, para incriminarla como terrorista y así poder encarcelarla. Esta pancarta sería suficiente para condenar a la Bruja y justificar cualquier tipo de represión que el juez quisiera adoptar. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Se publicó en varios medios que había una escena en la que se violaba a una monja y se ahorcaba a un juez. ¿Es así?

— En ningún momento se viola a ninguna monja. Es la Bruja, la protagonista de la obra, la que es violada por el propietario de la vivienda. La Bruja se defiende de la violación y el violador muere acuchillado con su propio cuchillo. El juez sí termina en la horca al tratar de explicarle su funcionamiento a la Bruja. La escena del juez ahorcado es una escena que viene de la tradición de títeres de cachiporra y es representada por numerosos titiriteros en diferentes países de Europa. En algunos casos es un juez el que termina ahorcado, en otros es un verdugo, en otros es la propia muerte.

¿La obra era para todos los públicos? ¿Se advirtió a los presentes de que podía tener escenas no apropiadas para niños?

— La obra contiene escenas con cierto grado de violencia como todas las obras de títeres de cachiporra y también como tantísimas series de televisión, juegos y canciones destinados a un público infantil. Existe un debate que hasta ahora ha permanecido en el ámbito pedagógico y nunca en lo penal sobre si este tipo de teatro es adecuado para un público infantil. Nosotros, por el trasfondo que tiene la obra, no la creamos pensando en un público infantil sino más bien en un público adulto. Cuando fuimos a Madrid, al suponer que la mayor parte del público por ser en la calle y a esas horas iba a ser familiar, decidimos hacer una advertencia antes de comenzar. Exactamente dijimos que era una obra antipedagógica y que los personajes cometían actos atroces y violentos. A partir de ahí, entendemos que es responsabilidad de las familias decidir que consideran apropiado para sus hijos e hijas.

Si la obra no era para todos los públicos, ¿por qué se programó en un lugar tan público y por la tarde?

— Como te decimos existe un debate sobre si este género teatral es o no para todos los públicos. Desde siempre se ha representado en la calle y ante un público familiar, aunque eso no quiere decir que su representación no genere polémica. La hora y el lugar de la representación la decidió el Ayuntamiento de Madrid. Entendemos que el criterio de los programadores era que al ser en la calle a quien no le guste tiene la libertad de irse y a quien sí le guste la de quedarse. A nadie se le obligaba a ver la obra.

¿Cómo recuerdan las reacciones tras representar la obra? ¿Hubo mucha gente que se quejó en el momento de lo que estaba viendo?

— Mientras estábamos en el teatrillo, un par de personas empezaron a gritar algunas cosas como “idos a Cuba” o “esto no pasa ni en Venezuela”. Una de estas personas intentó entrar al teatrillo y una persona de seguridad se lo impidió. Al generarse este ambiente hostil, aunque no fuese mayoritario, se dificultaba la comprensión de la obra por el resto de asistentes. Por eso había tanta confusión entre el público y versiones tan contradictorias. Mientras nos identificaban y la plaza se iba llenando de policía sí tuvimos ocasión de charlar con algunas madres que nos dijeron que no entendían por que se había interrumpido la función y que la presencia de tanta policía sí les resultaba violento para sus hijos.

¿Y el momento de la detención? ¿Cómo vivieron la llegada de la policía? ¿Qué les dijeron?

 

— Allí había policía municipal de paisano que nos identificó en cuanto salimos del teatrillo para hablar con los organizadores del Ayuntamiento. Al pedirles explicaciones, nos dijeron que era por la comisión de un posible delito. Entraron al teatrillo, comenzaron a hacer fotos y mirar el peligroso material que teníamos dentro. Tratamos de explicarles que la pancarta aparecía en un contexto, que antes de comenzar habíamos avisado del contenido violento del algunas escenas, pero se ve que no sentían mucha empatía con nosotros. Alguno nos decía “porque no he venido aquí con mis hijos, que si no…”. Al detenernos pensamos en el mal trago que iban a pasar nuestras familias y en que se arreglaría en cuanto nos llevasen a declarar ante un juez y pudiésemos explicar las cosas. No imaginábamos que fuesen a instrumentalizar el caso de la manera en que lo hicieron y mucho menos que nos enviarían a prisión.

¿Cómo fueron los días en la cárcel y el trato dentro de ella?

— Al ser pocos días los que estuvimos dentro, pudimos mantener la fortaleza y el humor. El mantenernos juntos dentro de la prisión nos lo facilitó. Aun así, sentíamos preocupación por nuestros seres queridos y desconocíamos lo que estaba pasando en la calle. Instituciones Penitenciarias nos aplicó el régimen F.I.E.S 3 para bandas armadas y nos restringieron e intervinieron las comunicaciones. Por lo demás, nos sentimos muy apoyados por el resto de presos que nos facilitaron bastante la vida esos días. También pudimos comprobar como las cárceles son centros cuya única misión es anular a los individuos y hacerlos enfermar física y psicológicamente.

¿Cómo valoran el papel del Ayuntamiento de Madrid en los momentos posteriores a su detención?

— El Ayuntamiento de Madrid actuó movido por el miedo sin interesarse por lo que realmente había pasado, sin importarles ni la justicia ni los derechos de dos personas que estaban siendo difamadas por cumplir con lo que se les había contratado y que posteriormente fueron encarceladas. Es decir, actuó como cabe esperar de toda la clase política, defendiendo sus intereses y su parcela de poder, a costa de pisar a los demás.

¿Se han puesto en contacto desde el Ayuntamiento en todo este tiempo? ¿Se interesaron por su situación?

— No se han puesto en contacto con nosotros en ningún momento. Sólo sabemos que cuando volvimos a actuar en Madrid en un festival autogestionado y por la autoorganización en los barrios, se pusieron en contacto con los colectivos que lo montaban para saber qué íbamos a representar. Se ve que tienen mucho miedo de lo que la gente pueda organizar por su cuenta, y de lo que la gente pueda expresar a través del teatro.

Por otro lado sí recibieron mucho apoyo de gente de la cultura, actores, actrices, etc. Se convocó una manifestación en Madrid. Alberto San Juan representó vuestra obra e incluso en los Premios Max, actores como Pepe Viyuela hicieron alusión a vuestro caso. ¿Cómo valoráis este apoyo?

— Estamos muy agradecidos y no sólo a la gente de la cultura. El único motivo por el que sólo permanecimos cinco días en prisión fue por la respuesta que hubo en la calle y que en primer lugar se organizó desde nuestros familiares y amigos y desde colectivos libertarios y antirrepresivos que llevan años al pie de cañón. En lo que se refiere al ámbito cultural, nos parece lógico que se hayan posicionado. Era un ataque directo contra nosotros pero también era un ataque contra la libertad de expresión y creación que puede todavía afectar muy negativamente al conjunto de la sociedad y más concretamente a todos aquellos que se dedican a cualquier forma de expresión artística. Aun así, nos parece valiente que algunas personas con notoriedad pública se hayan posicionado ya que por desgracia el día a día de los artistas se ve condicionado por las políticas públicas que deciden los políticos de turno. El caso concreto de volver a representar la obra no fue sólo valiente sino también inteligente, ya que colocó a la Fiscalía y al juez en una posición difícil de mantener.

Tras salir de prisión, seguían imputados por enaltecimiento del terrorismo y tenían que ir a la Audiencia Nacional cada 15 días. Luego, el mismo juez, meses después, decide cambiar su imputación y su sentencia sobre los hechos. ¿Por qué piensan que cambia de opinión?

— Al salir estuvimos todo un mes presentándonos a diario en los juzgados. Es la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional quien nos lo rebaja a un mes para Alfonso y quince días para Raúl. Hace aproximadamente un mes, el juez archivó de forma provisional el delito de enaltecimiento de terrorismo. Entendemos que no ha habido cambio de opinión, sino que simplemente la acusación no se sostenía desde el principio pero la mantuvieron hasta después de las elecciones, no con fin de hacer cumplir la ley sino de usarlo como arma contra el Ayuntamiento de Madrid y Podemos.

¿Qué piensan sobre esos cinco días en prisión, con todo el foco mediático encima, llenando informativos, etc, por un caso que meses después se demostró que no era tal como se había planteado? ¿Hay algún tipo de reparación en estos casos por las molestias causadas?

— Pensamos que este tipo de casos son inherentes al propio funcionamiento del estado y el sistema democrático. La ley en sí misma es violencia y es una herramienta para mantener los privilegios de las clases dominantes. Cuando ni su propia ley les vale, no tienen problema alguno en saltársela y utilizar sus instituciones represoras para defender sus intereses. No puede existir ningún tipo de reparación real para quien pasa por la cárcel, sea en cumplimiento de una condena o de forma preventiva. Es cierto que si después de todo el proceso conseguimos un archivo libre de las dos causas podríamos optar a algún tipo de indemnización económica que en ningún caso podría significar una reparación del daño a nosotros o a nuestros seres queridos. Para equilibrar el karma democrático, se nos ocurre que tal vez la fiscal Carmen Monfort y el juez Ismael Moreno deberían pasar unos días en el Módulo 5 de Soto del Real o quizás Manuela Carmena y Celia Mayer. Pero nosotros no creemos en el karma.

Ahora tienen pendiente una causa judicial ordinaria por incitación al odio. ¿Cómo afrontan esta nueva situación?

— Hemos recurrido el archivo provisional de enaltecimiento de terrorismo y el envío a otro juzgado del delito de incitación al odio. Hasta septiembre no sabremos como se resolverá nuestro recurso. Si finalmente acaba en un juzgado ordinario, tendrán que decidir si lo archivan directamente, si continúan con la instrucción o si nos envían a juicio.

A pesar de todo el revuelo han seguido actuando en varios lugares. ¿Cómo ha sido el recibimiento y qué proyectos tienen actualmente en marcha?

— Con el público hemos sentido mucho cariño y comprensión por lo que nos había pasado. Estamos intentando seguir con nuestra dinámica habitual antes de ser detenidos, es decir, actuar en pequeñas salas de teatro independiente, en festivales autogestionados, en centros sociales y en fiestas populares. No estamos llenando estadios y todavía no nos han llamado de Cuba o Venezuela para actuar. En cuanto a proyectos, durante estos meses hemos ido creando algunas piezas breves que hemos ido juntando en un formato que hemos llamado Cristobitas y seguimos con el repertorio habitual de la compañía, con las piezas infantiles y las de teatro popular. Para el futuro ya veremos, no queremos adquirir una responsabilidad como compañía por lo que nos ha pasado ni tan siquiera adquirir compromisos con nosotros mismos. La idea es sentir que nos apetece hacer y respetar nuestros ritmos y deseos.

¿Volverían a actuar contratados por una administración pública?

— De momento no hemos vuelto a actuar para ninguna administración pública, pero es parte de nuestro trabajo. Como decíamos antes, todo lo referente al ámbito cultural está muy vinculado a lo institucional y aunque nosotros tratamos de fortalecer otro tipo de circuitos culturales entendemos que nuestro trabajo también es susceptible de ser contratado por alguna administración pública. De hecho, hace no mucho actuamos con una obra infantil para un colegio religioso.

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