La corrupción cambia de letra

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Víctor Arrogante | Rebelión | 02/09/2016

Si pensábamos que habíamos visto todo sobre corrupción política y económica, estábamos equivocados. El partido en el Gobierno en funciones y el partido pactón –que pacta con diestra y siniestra por un sillón–, han decidido modificar el concepto de corrupción, para que sus intereses quepan en sus demagógicos acuerdos. Que PP y Ciudadanos cambien el concepto de corrupción política, es el mayor grado de corrupción política que puede darse.

Ojo al dato. Ya no es corrupción política para Ciudadanos: malversación, tráfico de influencias, abusos en el ejercicio de su función, prevaricación (sin enriquecimiento), infidelidad en la custodia de documentos, violación de secretos, fraudes y exacciones ilegales, negociaciones y actividades prohibidas a los funcionarios. Dicen que el poder corrompe y el poder absoluto, absolutamente. «No es fácil llegar a un poder absoluto sin prácticas poco recomendables y corruptas. Se precisan excusas, colaboradores necesarios ­e interesados, cómplices y mayorías silenciosas; ese caldo de cultivo necesario que permite ejercer el poder no para la mayoría, sino para unos pocos», dice la abogada Clara Fernández. En su opinión, la corrupción es «el poder en su esencia antidemocrático, elitista, subvertido, el poder que como una mancha de aceite se extiende y va ensuciando a las instituciones que lo deberían vigilar y limitar». El poder avanza por la impunidad, desde el poder injusto, al poder absoluto.

Cuatro delitos de corrupción quedan fuera del pacto PP–Ciudadanos. El compromiso de que los imputados por corrupción deben abandonar sus cargos públicos, únicamente afectará a quienes obtengan un enriquecimiento personal o financien irregularmente a su partido. De esta forma quedan fuera el cohecho, la negociación prohibida a funcionarios, la prevaricación y algunos supuestos de la malversación de caudales públicos. Los negociadores rebajan sus exigencias a la hora de determinar a quién afecta y qué delitos pueden considerarse corrupción política, dejando fuera a los consejeros de las comunidades autónomas y a los concejales municipales.

La malversación es un delito por el uso indebido del dinero público, pero PP y Ciudadanos no lo incluyen dentro de su definición de corrupción política. «No es lo mismo robar que equivocarse o cometer un error de gestión», declara Fernando de Páramo. Tampoco tienen en cuenta en el pacto anticorrupción, el delito de prevaricación administrativa, que consiste en que un funcionario público, es consciente de estar dictando resoluciones injustas, no perseguir y castigar a un delincuente, o dictar resoluciones arbitrarias. Otro de los delitos de corrupción que quedan fuera del pacto, son los casos en los que un funcionario o dirigente político, que «debiendo intervenir por razón de su cargo en cualquier clase de contrato, asunto, operación o actividad, se aprovechen de tal circunstancia para forzar o facilitarse cualquier forma de participación, directa o por persona interpuesta, en tales negocios o actuaciones».

La corrupción ha dejado a las cuentas del Estado echas unos zorros y a la economía de la mayoría de la gente en estado calamitoso, por lo que si no fuera por la gravedad de la situación, sería para tomárselo a broma. Valoro lo que se podría haber hecho con todo lo esquilmado, robado y estafado en este tiempo y Soto del Real es poco castigo. Queda demostrando que el PP y Ciudadanos trabajan juntos por cambiar todo, algo así como «hoy digo esto y mañana lo cambio». Un partido imputado y otro que quería regenerar la democracia, se limitan a cambiar las definiciones. Para Iñigo Errejón, la gran medida anticorrupción de PP–C’s es recortar el significado de corrupción; de esta forma Bárcenas, prevaricación y malversación desaparecen. Rajoy está encantado con el cambio de postura de C’s y ha exigido incluir una coletilla: «y si no, pues tampoco pasa nada», puesto que la corrupción «es la corrupción salvo alguna cosa».

El siguiente paso a dar por Ciudadanos, para complacer al PP, será pedir a la RAE la redefinición del concepto de corrupción. La corrupción política es el abuso de poder, mediante la función pública para beneficio personal o de terceros. También lo es la mala conducta por dejación. Corrupción es la acción y efecto de corromper. Para la Real Academia, corrupción es «En las organizaciones , especialmente en las públicas , utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho , económico o de otra índole , de sus gestores» . La corrupción es la práctica del abuso de poder, de funciones o de medios, para sacar un provecho económico o de otra índole. Corrupción política es hacer mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima contra el pueblo.

La regeneración que decía traer Ciudadanos, esa de «nosotros no estamos aquí para que sigan gobernando los mismos y no apoyaremos a Rajoy», ha ido mutando en regeneración lingüística. Rivera no ha podido separar la corrupción de la seña de identidad del PP. Quienes venían a cambiar las cosas, se rinden en su cruzada contra la corrupción. La malversación y la prevaricación ya no son motivo para dimitir, a diferencia de sus exigencias en el caso de Chaves y Griñán. Pretender que cualquier imputado tenga que ser apartado de su cargo es «demagogia pura y dura», afirman, bajando el listón de la corrupción política a únicamente los casos en los que ha habido enriquecimiento ilícito «No es lo mismo meter la mano que meter la pata», dicen ahora.

Mientras el Código Penal considera delitos determinados actos, la política tiene que actuar en consecuencia, penalizar el tráfico de influencias, el uso de información privilegiada y el pago de comisiones ilegales, para conseguir negocios y beneficios, que sin el delito, no hubieran podido alcanzarse. El soborno, la extorsión, el fraude, la malversación, la prevaricación, el cohecho, el contrabando, el blanqueo y la evasión de capitales o el delito fiscal. La financiación ilegal de los partidos políticos es un delito y el PP es una organización procesada, como autor de presuntos delitos en el caso del borrado de ordenadores, como partícipe lucrativo en Gürtel Época I y en Boadilla del Monte y como responsable civil subsidiario en los papeles de Bárcenas, también en el caso Taula, por blanqueo de capitales en el Ayuntamiento de Valencia.

Los jueces valoran como insuficientes las medidas de corrupción y el listón que ha colocado Ciudadanos para la investidura de Rajoy. La idea de limitar la definición de corrupción únicamente a aquellos que metan la mano en la caja es una visión muy reduccionista para la Asociación Profesional de la Magistratura. Consideran que es necesario ampliar el espectro que ha marcado el partido de Rivera al entender que son muchas las infracciones sinónimo de corrupción. Si no se aumentase dicho listón, no se estaría realizando una lucha «verdaderamente ejemplar contra la corrupción».

Mientras unos se lucran, otros pagamos en su beneficio. Los corruptos abanderan las políticas de austeridad, desmantelando los servicios públicos con las privatizaciones; son quienes propugnan que el Estado no preste servicios asistenciales, ni pague pensiones, ni subsidios, mientras que ellos llenan sus arcas de forma ilegal y sin castigo. La corrupción ha quebrado el funcionamiento de las instituciones, y ha conseguido alejar a la ciudadanía de la cosa pública. ¿Cómo va a haber dinero, si se lo están llevando a manos llenas? Y en nuestra cara.

Tan corrupto es el que utiliza los bienes públicos en su propio beneficio, como quien no lo impide pudiendo. Es necesaria una reforma del Código Penal, que penalice con más dureza las prácticas corruptas. Las leyes castigan más el robo de una gallina para comer, que los fraudes y desfalcos de los poderosos. La corrupción está ligada a la indecencia. Es indecente el que aprovechándose de circunstancias personales, familiares o de poder, por activa o pasiva, actúa haciendo, callando, diciendo, robando, estafando, apoderándose de lo ajeno, prevaricando, cometiendo delitos de cohecho, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, evasión fiscal, blanqueo de capitales, para su propio beneficio, en contra del interés general. El que legisla para sus amigos, votando leyes injustas socialmente. Los que dictan desahucio provocando suicidios. Los indecentes corruptos indeseables, despreciables y quienes los sostienen, son menos de lo que parece, pero son suficientes como para amargar la existencia a la mayoría.

Para el 43,4% de la población, la corrupción y el fraude es el segundo problema que tiene España, por detrás del paro y parece que no son éstas las preocupaciones de los dirigentes políticos, que por acción u omisión, han corrompido la democracia y permitido que la corrupción y el nepotismo se instalen en el Sistema. Algunos venían para regenerar y han sucumbido a los aromas de la corrupción.

Lo que queda claro es que el pacto PP–Ciudadanos, es engañoso, no tiene recorrido, carece de contenido social, no propician las políticas de progreso que España necesita y no pretende combatir la corrupción, en todo caso blanquearla. Contra corrupción, más democracia, más participación y transparencia. Es necesario un cambio político e institucional, que permita combatir la corrupción y depurar responsabilidades políticas y penales. Para ello hay que evitar que ni Rajoy ni el PP vuelvan a gobernar.

Permítanme en mi osadía, con perdón, que finalice parafraseando a Galileo Galilei, en su «Eppur si muove» (y sin embargo se mueve); a pesar de todo y pese a lo que han acordado, sin embargo es corrupción.

@caval100

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