¿Deberíamos enseñar el clítoris en las escuelas?

Los franceses acaban de quitar la capucha al clítoris, reproducirlo en una impresora 3-D y mostrárselo a los chavales y chavalas, explicando su función, en las escuelas. Ir con el clítoris 3-D a la escuela y dejar que los niños y las niñas los toquen y los estudien, no significa educarles en la promiscuidad (cada ser humano, debidamente formado, ya encontrará su propia brújula).

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JAVIER CORTINES | El Salmón Contracorriente | 4 de septiembre de 2016

Esta pregunta, que a algunos puede parecer una provocación, es muy importante y deberíamos responderla con seriedad, sin complejos, pues trata de una cuestión de vital importancia: La educación sexual, la exploración y descubrimiento de nuestra geografía y su celebración.

Hay personas que se las dan de trotamundos y que hacen alarde de sus viajes y de sus conocimientos enciclopédicos. Que te dejan embobado cuando hablan de las pirámides de Egipto y las cataratas del Niágara y que, sin embargo, jamás han visto un clítoris y, por ende, nunca lo han palpado.

Escribo estas líneas después de haber leído varios artículos sobre la genialidad que han tenido los franceses de quitar la capucha al clítoris, reproducirlo en una impresora 3-D y mostrárselo a los chavales y chavalas, explicando su función, en las escuelas.

El redescubrimiento del clítoris y su inclusión, con fines pedagógicos, en las aulas, -tras dos milenios de condena al ostracismo por parte de la secta católica-, es una excelente noticia. Es como si nos dijeran que, gracias a Obama, las mujeres ya pueden sacar el carné de conducir en Arabia Saudí.

La costumbre general es hablar a los nenes y a las nenas como si fueran estúpidos

La mayoría de los niños y niñas nacen con una inteligencia inmensa que, si no la amarrásemos a banderas, a falsas alas y a bolas con grilletes, las nuevas generaciones podrían romper con todo lo que empequeñece, ata o mata, y darnos una visión (no monetaria) de lo que podríamos ser.

La costumbre general es hablar a los nenes y a las nenas como si fueran estúpidos e indicarles, con el índice del sistema dominante, el camino de Panurgo para que sólo vean lo que debe ser visto, oigan lo que debe ser oído y hagan lo que debe ser hecho.

Ir con el clítoris 3-D a la escuela y dejar que los niños y las niñas los toquen y los estudien, no significa educarles en la promiscuidad (cada ser humano, debidamente formado, ya encontrará su propia brújula). Se trata de ampliar miras, conocimientos, de aprender que no solamente el alma es sagrada, sino también el cuerpo.

Hay muchos enemigos del clítoris en Falolandia, lo que tiene su contrapeso en las mujeres que heredaron la chispa de la transgresora y genial Anaïs Nin y pusieron de moda, por ejemplo, (acelerando el palpitar de los púlpitos, no confundir esta palabra con pulpitos), el tatuaje y la joyería genital.

El ser humano debe intentar, por encima de todo, ser feliz (lo que no es posible sin hacer feliz al otro), y toda mutilación, intelectual o física, es un crimen contra la humanidad. Los franceses siempre nos han llevado unos pasos por delante: su Revolución, el Mayo del 68 y ahora el Clítoris 3-D.

Dicen que el imperio español estuvo marcado por la religión (otro gallo nos hubiera cantado si en vez de gastar tanto dinero en catedrales lo hubiéramos invertido en universidades); el imperio francés dio importancia, además de saquear (como todos) a la cultura, y el inglés, priorizó el comercio. Todos fueron alquimistas: transmutaron sangre en oro.

Cierro esta crónica con otra pregunta, más ceñida a nuestra idiosincrasia, ¿Llegarán los clítoris 3-D a las escuelas íberas? No lo sé, en España casi todo viene de rebote. Todavía aquí hay mucho simio, doctorado en la Academia de Kafka, que piensa que la zona sur, es territorio comanche.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para denunciar la invasión fálica y apoyar la lucha por la liberación del clítoris, esa gran desconocido (referente de la literatura de la ciencia ficción y la novela negra) que ha iniciado un lindo viaje en busca del tiempo perdido.

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1 Comentario

  1. Y yo me pregunto: ¿Qué tiene esa parte del cuerpo que no tengan el resto? No es acaso una más. Así, sin dar rodeos.
    ¿Y por qué no?
    Muchas frustraciones se evitarían si dejáramos ya esos prejuicios y a nuestros jóvenes les mostráramos la vida tal y como es. Sin tapujos.
    Hacer lo contrario no es más que sinónimo de no querer ver la realidad, pero la realidad en la que vivimos hombres y mujeres
    Carla Mila

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