Iñigo Sáenz de Ugarte | El Diario | 10/09/2016

El muy polémico acuerdo de la Unión Europea con Turquía puede hacer pensar a la gente que el problema de la llegada de los refugiados sirios y de otras nacionalidades a las islas griegas se ha solucionado. Que el control de las costas turcas a cambio de 3.000 millones de euros ha hecho que ya no sigan llegando a territorio de la UE personas que huyen de la guerra de Siria.

No es cierto.

Los números no tienen nada que ver con lo que ocurrió hace un año, pero el flujo continúa y no parará mientras haya guerra en Siria y tantos refugiados sigan atrapados en Turquía sin un futuro que merezca ese nombre. En los cuatro primeros días de septiembre, llegaron a las islas griegas 432 personas desde Turquía, según datos de ACNUR. Una media de 108 cada día con un pico superior a 200 en algunos días.

Ese lento goteo que hace algún tiempo ha quedado fuera de nuestra atención sigue aumentando el número de refugiados atrapados en Grecia. Llegan vivos a ese país, lo que para esas personas supone un inmenso éxito, pero a partir de ese momento su futuro queda congelado dentro de un Estado que no recibe la ayuda suficiente de sus socios europeos ni tiene soluciones para afrontar ese éxodo humano.

El número de extranjeros en Grecia sin posibilidad de continuar su camino hacia otros países europeos ascendía a 59.675 el miércoles de esta semana, según datos del Gobierno griego. Cada día esa cifra aumenta. Lo que no cambia es la decisión de la Comisión Europea de que ninguno de ellos abandone Grecia. Hemos cerrado la puerta de salida del país, hemos pagado a los turcos para que cierren su puerta y hemos tirado la llave al mar. Tal y como se hacen las cosas en la UE, problema solucionado.

En realidad, el problema sigue ahí. La diferencia es que hemos dejado de mirar y –esto es aún más importante– no hemos cumplido las promesas que hicimos. Las cifras de refugiados acogidos en los países europeos son insultantemente bajas. No contamos aquí los centenares de miles que llegaron, sobre todo a Alemania, en el verano de 2015. Me refiero a los acogidos en Grecia e Italia y que deberían haber sido repartidos por otros países de la UE a través de un sistema de cuotas decidido en septiembre de 2015.

Desde el principio, quedó claro que los gobiernos de Europa del Este no aceptarían su parte. Pero los estados de Europa Occidental se comprometieron a cumplir y nunca lo hicieron. En total, sólo el 3% ha encontrado refugio en otros países (3.493 desde Grecia y algo más de mil desde Italia). ¿Cuántos han llegado a España? 147.

Durante mucho tiempo, la Comisión Europea y algunos gobiernos como el alemán se quejaron de que Atenas no estaba cumpliendo con lo que se le pedía, es decir, registrar todos los solicitantes de asilo, identificarlos y conocer su origen. Con ser ingente la tarea, era imprescindible por ser la única manera posible de organizar un sistema de acogida y reparto. Desde Bruselas, se decía que una vez más la Administración griega no estaba a la altura de la situación.

Pues bien, el 23 de agosto, el director de ACNUR en Grecia comunicó que ya se ha registrado a 27.592 refugiados y solicitantes de asilo en un periodo de dos meses, lo que supone un “récord mundial” en eficacia, según  Philippe Leclerc. Un 57% son hombres y un 43%, mujeres. Los menores de edad son el 46%. Un 54% son sirios, el 27%, afganos y el 13%, iraquíes. 

Las excusas se han acabado y el problema lentamente continúa creciendo para Grecia. Los centros de acogida en las islas del Egeo albergan a 12.671 personas –con datos del 7 de septiembre– cuando su capacidad máxima es de 7.450. Los centros en la Grecia continental aún cuentan con espacio –y allí van los que van llegando de las islas–, pero no por mucho tiempo, y no todas las instalaciones gozan de las condiciones más apropiadas

A finales de septiembre, los menores que están en esos campos –unos 22.000– comenzarán a ser integrados en el sistema escolar griego. Hasta los siete años, se les dará clases dentro de los propios campos. Los que tengan entre siete y 15 años acudirán a los colegios públicos más cercanos. A partir de los 16 años, podrán inscribirse en centros similares a los de la Formación Profesional. 

La UE acaba de anunciar una ayuda de 115 millones de euros a Grecia destinada a las organizaciones humanitarias para mejorar las condiciones de vida de los refugiados. Pero, con ser una aportación significativa, representa una forma de desentenderse del problema. Lo que necesita Grecia por encima de todo es que sus socios europeos cumplan de una vez sus compromisos y que la Comisión Europea demuestre la misma disposición de la que hace gala cuando se trata de imponer a los gobiernos decisiones económicas.  

En España, varias ciudades están preparadas para recibir a refugiados, pero no pueden hacer nada sin que el Gobierno central dé antes el paso de traerlos a España de forma coordinada con la UE y las autoridades griegas. La singular situación política española no es excusa para esta pasividad, porque se trata de aplicar decisiones que tomó el Gobierno de Rajoy mucho antes de entrar en funciones.

Un ejemplo de este vergonzante absentismo es que ni Rajoy ni la vicepresidenta se molestaron en acudir a la primera cumbre de países mediterráneos de la UE que se celebró en Atenas este viernes, y en la que por ejemplo estuvieron Hollande, Renzi y Tsipras. 

En vez de eso, lo que tenemos es una Comisión que se limita a implorar en sus discursos que los gobiernos europeos le hagan caso en esta crisis, a un presidente del Consejo Europeo –el polaco Donald Tusk– al que sólo le interesa cerrar las fronteras exteriores de la UE y acabar con la llegada de refugiados, y a un ministro alemán de Interior que periódicamente amenaza con devolver a extranjeros a Grecia para ganar apoyos entre los votantes xenófobos y euroescépticos.

Ese es el nivel de la importancia de los valores de solidaridad entre socios y el respeto a la legislación internacional sobre refugiados en la actual Unión Europea. 

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