Los investigadores han comprobado que desde 1993 hasta la fecha, una zona equivalente a dos veces el área de Alaska (3.3 millones de km2)  ha desaparecido a causa de la actividad humana, lo cual califican como “extremadamente devastador” y una cifra “tremendamente grande”.

La selva amazónica representa casi un tercio de esta pérdida “catastrófica”, ya que grandes áreas de selva virgen se están destruyendo a pesar de que el gobierno brasileño ha bajado la tasa de deforestación en los últimos años. Otro 14% desapareció en África central, hogar de miles de especies, incluidos elefantes y chimpancés.

La pérdida de los últimos refugios intactos del mundo no sólo sería desastrosa para las especies en peligro sino también por los efectos en el clima, argumentan los autores del estudio, porque algunas de estas selvas almacenan grandes cantidades de carbono.

“Sin políticas de protección de estas áreas, la urbanización las irá arrasando. Probablemente tenemos una o dos décadas para revertir la situación”, afirma el director de la investigación, Dr. James Watson, de la Universidad de Queensland y la Wildlife Conservation Society.

El estudio define zona virgen como áreas “ecológicamente intactas” y “mayormente libres de la intervención humana”, aunque algunas tienen comunidades indígenas viviendo en ellas. El equipo consideró que un área ya no era virgen si contaba con ocho pruebas del paso del hombre, como carreteras, luces por la noche y agricultura.

El área virgen más extensa de la cuenca del Amazonas se redujo de 1,8 millones a 1,3 millones de km2, mientras que la selva baja de la región Ucayali al oeste del Amazonas, hogar de más de 600 especies de aves y primates incluido el tití emperador, se encuentra muy afectada. La tendencia destructiva en la selva tropical más grande del mundo es “especialmente preocupante”, advierten los autores, ya que está sucediendo aún con índices de deforestación a la baja.

El estudio concluyó que, en África, ninguno de los bosques de las zonas bajas de la cuenca del Congo occidental puede ser considerado un área virgen significativa a nivel mundial. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) cree que esa zona probablemente alberga más gorilas y chimpancés que ningún otro lugar del mundo.

Las políticas fracasan

El estudio asegura que las zonas vírgenes se pierden a una velocidad más rápida que la utilizada para crear áreas protegidas, con 3,3 millones de km2 contra 2,5 millones.

El profesor William Laurance de la Universidad James Cook señala: “Las políticas medioambientales están fracasando en lo que respecta a las zonas vírgenes del mundo. A pesar de ser baluartes de biodiversidad amenazada, de regular el clima local y de ser hogar de muchas comunidades indígenas, las zonas vírgenes están desapareciendo ante nuestros ojos”.

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El estudio indica que la razón es que estas zonas “se suponen libres de amenazas, y por eso no son una prioridad para los conservacionistas”.

Watson aclara que las consecuencias del daño a las zonas vírgenes que quedan es irreversible y de amplio espectro, tanto para la naturaleza como para los hombres.

“Hay cuatro razones por las que tenemos que proteger estas zonas. La primera es la biodiversidad, la segunda es el carbono, la tercera es que las poblaciones más pobres del mundo viven en ellas, y la cuarta es que son un referente natural de ambientes pre-humanos”, explica a The Guardian.

Las zonas vírgenes que quedan en el planeta son bastiones para muchos de los mamíferos terrestres en la lista de especies en peligro, que esta semana fue actualizada y reveló que cuatro de los seis simios más grandes del mundo están ahora en peligro de extinción.

Según el estudio, la desaparición de los bosques en estas zonas también podría afectar los esfuerzos gubernamentales por reducir el efecto invernadero y combatir el cambio climático, por la cantidad de carbono almacenado en árboles y plantas.

Los planes de resilvestración de los conservacionistas, similares a los esfuerzos para reintroducir en el Reino Unido lobos, linces y otras especies, también podrían verse afectados por la destrucción de zonas vírgenes, porque el mundo estaría perdiendo una imagen verdadera de cómo son ciertos ecosistemas.

“Si no hay un trabajo conjunto por preservar las zonas vírgenes que quedan, se reducirá la capacidad de reparación ecológica a gran escala”, escriben los autores.

Watson dice que se están perdiendo ecosistemas únicos, y esto es irreversible. “Lo esencial de este estudio es comprender que una vez se han destruido estas zonas vírgenes, ya no vuelven, no se pueden reparar. Pueden volver en otra forma, pero ya no serán iguales”, afirma.

El estudio, publicado este jueves en la revista Current Biology, predice que si continúa la tendencia actual, podrían no quedar zonas vírgenes significantes “en menos de un siglo”.

Sin embargo, el ejercicio de mapeo reveló que aún quedan 30 millones de km2 de zonas vírgenes en todo el mundo, lo que equivale al 30% de toda la superficie terrestre del planeta. Algunos bastiones se encuentran en los bosques boreales del norte de Canadá, los desiertos y los bosques australianos, algunos bosques en zonas bajas de Asia y parte de África central.

“Estas son las joyas de la corona. Tenemos la obligación de proteger esas zonas igual que protegemos a las especies”, insiste Watson.

Para detener o ralentizar la pérdida de zonas vírgenes, los gobiernos deberían poner en práctica estrategias de puesta en valor a nivel nacional, argumentan los autores. Un programa brasileño que apoyó la creación de áreas protegidas para salvar el carbono y ayudar a los pueblos indígenas fue señalado por el estudio como el tipo de proyecto que podría ayudar a revertir el daño.

Pero los autores admiten que “hay muy pocos de estos ejemplos positivos, e insistimos en que hacen falta acciones inmediatas para proteger las zonas vírgenes que quedan en el mundo, también en lo que respecta a políticas a nivel mundial”.

Carlos Rittl, secretario ejecutivo del Observatorio Brasileño del Clima, señala: “Este estudio es un recordatorio del importante papel que tienen los bosques en el clima, y debe ser tenido en cuenta por los legisladores. A pesar de que el índice de deforestación ha caído en los últimos años, Brasil sigue siendo el país tropical que más zonas selváticas pierde cada año.

“El reclamo que hicimos en París sobre la deforestación es vergonzosamente débil. Nos conformamos sólo con detener la deforestación ilegal en el año 2030 y sólo en la Amazonia, y ni siquiera tenemos un plan para lograr ese mínimo. Brasil va a ratificar el acuerdo de París el próximo lunes. Si el gobierno se toma en serio las metas a largo plazo, debería estar hablando de deforestación cero”.

Mike Barrett, director de ciencia y políticas de la oficina de WWF en el Reino Unido, dice: “Las pérdida de grandes zonas vírgenes a escala global tiene un gran impacto. Mientras al parecer nos adentramos en el Antropoceno, este informe revela el profundo impacto que ha provocado el Hombre y sus efectos sobre la vida silvestre y la vida humana”.

Apuntó a la reciente actualización de la lista de especies en peligro, que señaló una mejora en la situación del panda gigante, pero aclaró: “aunque proteger a las especies principales de un hábitat es importante para combatir la crisis de biodiversidad, esto solo no soluciona el problema. Necesitamos cambios apreciables en la forma en que valoramos nuestro planeta, ya que en este momento estamos devastando océanos, ríos, bosques y zonas vírgenes”.

El estudio llega cuando los conservacionistas más importantes del mundo concluyen esta semana su Congreso Mundial en Hawái y definen las líneas para la protección de la vida silvestre, incluidas restricciones al comercio de pangolines, el animal más comercializado del mundo, y un llamado a los gobiernos a detener actividades dañinas, como la petrolífera, dentro de las zonas protegidas.

A fines de este mes, los gobiernos deben asistir a una conferencia mundial en Johannesburgo para discutir sobre el comercio legal de especies en peligro, donde entre otros temas se debatirá la actual prohibición mundial al comercio de marfil.

Traducción de Lucía Balducci

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