Cuando la mafia controla la política todo puede ser un negocio, también la vida de los niños

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Piensa por un momento que eres un político. Imagina que has decidido implicarte en la administración de lo público porque tienes vocación de servicio. Imagina que tienes que ocuparte de una problemática como la de los niños en adopción o acogida; niños y niñas que por diferentes circunstancias, ya sea por orfandad, por ser refugiados, por los problemas económicos o de desestructuración de sus familias, por malos tratos o perversión en sus círculos cercanos, etc., y ya sea de forma permanente o temporal, necesitan ser atendidos y protegidos por unas instituciones y mecanismos de los que ahora eres responsable.

Seguro que establecerías medidas para que se estudiase cada caso individualmente de forma pormenorizada y sensible, y que a la hora de decidir harías que siempre primara el bienestar del menor. En unos casos quizá bastara con el apoyo económico suficiente a las familias que por la coyuntura que otros políticos han generado hoy carecen de recursos; en otros casos no sería tan sencillo, aunque siempre que fuera posible y pertinente se intentara mediar para que no se rompieran los lazos familiares. También llegarías a la conclusión de que cuando la realidad dicta que no hay más salida que la protección, tampoco el problema se simplifica en exceso; nunca bastará con elaborar los mejores procesos posibles de selección de familias adoptivas o de acogida o con mejorar todo lo posible una red de centros públicos en los que procurar afecto, sustento y educación a esos lienzos en blanco que son los niños, porque hablamos de algo de incalculable valor: existencias humanas. Pero está claro que lo harías lo mejor que supieras.

Ahora imagina otra vez que eres un político, pero de otro estilo y en un escenario que fomenta otro tipo de prácticas. Imagina que has llegado a la política gracias a tus relaciones y tu propensión al egoísmo patológico y que los que te han hecho ascender son grandes empresarios, banqueros y la alta jerarquía católica (que son ambas cosas: banqueros y grandes empresarios). Imagina que te ha tocado en suerte ocuparte de estos menores.

La cartera de servicios sociales, o particularmente la del menor, no parece la posición ideal para medrar y hacer buenos, lucrativos y corruptos negocios, pero eso siempre depende del grado de mezquindad de su responsable y de sus partenaires. Si ese grado es superlativo, en el sector de los cuidados, incluyendo al de la sanidad, quizá se encuentren los mejores filones de todo el sector público. Hay que ser muy hijo de puta para percibirlos, es verdad, pero tú lo eres y lo llevas con mucho orgullo.

Siendo así, hay todo un mundo de posibilidades. Primero necesitas materia prima que poder rentabilizar, en este caso menores: niños y niñas de cualquier edad. De cero a dieciocho años. Lo siguiente sería ‘externalizar’ (privatizar) los centros de acogida y suavizar los controles. Estos centros de acogida serían creados por accionistas sin ninguna relación preexistente con el ‘negocio’. Un arzobispo por aquí, un fabricante de coches por allá, bancos, y hasta políticos influyentes pero poco mediáticos.

Si ya hemos creado la red de centros ‘externalizados’, para nutrirlos de ‘necesitados’ solo hace falta establecer que la única solución para proteger el bienestar de los menores sea su ingreso en estos centros. Si con los huérfanos y los casos más urgentes no tenemos suficientes, basta con ampliar las causas y circunstancias que permitan al Estado hacerse con la tutela de más menores.

Una vez los tengamos llenos lo demás es menos perturbador. Se trata de establecer financiación con ingentes cantidades de dinero público. Por ejemplo entre los 2000 y los 4000 euros al mes por niño. Pero para que no se nos vea demasiado el plumero, también permitiremos que algunas familias solidarias acojan una pequeña cantidad de menores, pero en este caso se les ayudará con una media de 300 euros por niño.

En cualquier caso, si no consideramos suficientemente próspero el nuevo negocio, no todo acaba ahí, porque el maná se puede extender a los centros de internamiento de menores ‘concertados’, donde hay más para repartir y simplemente aplicando el mismo modus operandi y los mismos repugnantes preceptos que en el caso de los centros de acogida.

Y ahora dejemos de imaginar, porque esto es exactamente lo que denunciaba Isabel Serra, una diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid.

En este caso de los reformatorios incluso uno de los redactores de la Ley que ha permitido estas ‘externalizaciones’ (privatizaciones), el fiscal Félix Pantoja, expresaba con una ingenuidad impropia lo siguiente:

“La idea inicial no era permitir que se privatizaran los reformatorios. Incluimos una disposición para que algunas asociaciones de barrio colaboraran en medidas como los trabajos en beneficio de la comunidad o la libertad vigilada, pero no imaginamos que se iba a utilizar para delegar la ejecución de la privación de libertad”.

La cuestión, al margen de quiénes sean los inductores o los primeros responsables de estas aberraciones, es que ya no queda nada que no pueda ser un negocio. Un negocio sucio, inhumano, despreciable… y legal. Lo deprimente es que ha calado la idea de que todo era privatizable, incluso educación, sanidad y protección, junto con esa otra idea liberal de que el Estado es una rémora y lo público una ruina. Y más deprimente si cabe es que los que han puesto todo su empeño en convencer y han acabado convenciendo a una buena parte del resto de la población, hayan sido precisamente los mismos mercenarios, mercaderes y ladrones que han sido una rémora y una ruina para el país. Los mismos sinvergüenzas que han ‘rescatado’ con dinero público a bancos y empresas privadas empeñándonos a todos hasta las cejas.

Volvamos a imaginar. Hazlo ahora pensando que vives en el peor de los mundos posibles. Cierra los ojos e imagina que sufres un país en el que la gente elige a este tipo de políticos para que administren lo común y promuevan leyes. Imagina que los elegidos no han conseguido engañar a sus votantes porque sean grandes actores o personas que arrastren a la irracionalidad colectiva con su arrollador carisma. Y no los abras más, porque es mucho más llevadero pensar que todo es fruto de tu imaginación que abrirlos y tener que admitir que todo esto no es una pesadilla.

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2 Comentarios

  1. Eso es lo que tenemos, una mafia con lso nacionalistas y el bipartidismo. Joder, no hay forma de mandarlos a tomar por culo y como Unidos Podemos no se espabilen con la calle nos van a dar a los demás tb.

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