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La represión franquista contra la mujer: las rapadas

Loida Díez Jimenez. Cuartopoder. 9.2.2012

Poco se ha hablado acerca de la represión ejercida sobre las mujeres republicanas —específicamente sobre ellas— durante la Guerra Civil y la posguerra. Numerosos trabajos se han centrado en una especie de «limpieza sistemática» de los rojos durante la contienda y/o los vencidos en los años posteriores, pero pocos han abordado a fondo las características concretas de la persecución y humillación que las mujeres rojas sufrieron durante el franquismo. Y es que la Guerra Civil española, y la posguerra, pueden tener una lectura de género que, en la actualidad, nos parece de vital importancia. En efecto, las mujeres republicanas fueron víctimas de una serie de abusos «institucionalizados» que vale la pena analizar en profundidad.

La imagen de mujer que había comenzado a extenderse durante la Segunda República permitía un cierto «escape» respecto a la rigidez previa y, aun más, respecto  a lo que vino después. Si bien no habían cambiado ciertos estereotipos de feminidad, las mujeres durante la Segunda República sí pudieron encontrarse identificadas con un patrón de conducta que permitía la actividad, la decisión, la participación activa y necesaria que las requería —bien como madres, bien como milicianas cuando estalló la guerra— de una manera profundamente novedosa. Así, desde el 18 de julio de 1936, el modelo de mujer roja pasó a formar parte de una suerte de «demonización» de lo que debía ser una mujer. Es decir, el demonio pasó a ser la mujer roja.

Durante la Guerra Civil, la represión de la población fue convirtiéndose en la nota dominante y constante del avance del ejército sublevado. Según avanzaban las tropas franquistas y «liberaban» pueblos y ciudades, se instalaba en estos una particular forma represora que afectaba a hombres y mujeres —rojos todos, o supuestamente rojos— de diferente manera. Mientras ellos, los varones republicanos, habían caído en el frente, eran ejecutados o huían (algunos «se echaban» al monte) ante la llegada inminente de los militares sublevados, ellas permanecían en los pueblos, a cargo de sus familias, en la más absoluta miseria y sabiéndose perseguidas.

Así comenzó a extenderse el corte de pelo al rape y la ingesta de aceite de ricino como una manera de humillar, vejar y «marcar» a todas esas mujeres que, a fin de cuentas, venían a reflejar lo más recriminable de la feminidad desde el punto de vista de los sublevados y del orden que pretendían imponer y que, de hecho, impusieron. En efecto, las autoridades del pueblo (Falange, Guardia Civil, requetés…) detenían a las mujeres, les rapaban el pelo al cero —a veces les ponían una banderita roja colgada de un pequeño mechón en la frente o en la nuca—, las obligaban a beber aceite de ricino para provocarles diarreas y las «paseaban», mientras se cagaban encima a causa del purgante, por las principales calles de las poblaciones «liberadas», en ocasiones acompañadas por la banda de música del pueblo.

La historiadora francesa Maud Joly, en su trabajo titulado Las violencias sexuadas de la guerra civil española: paradigmas para una lectura cultural del conflicto (Historia Social, núm. 61, 2008), ha estudiado en profundidad el fenómeno del empleo del cuerpo de la mujer como frente de guerra en el que humillar y vencer definitivamente al enemigo. La práctica del rapado de pelo durante la Guerra Civil y la posguerra (la práctica reaparecerá más tarde en Francia con las mujeres acusadas de colaboracionistas durante la Segunda Guerra Mundial) tiene un componente de marcación de los cuerpos que adquiere un carácter de táctica deliberada de combate.

Ya no se trata tanto de apartar, perseguir o vencer al enemigo, sino, más bien, de exhibir a modo de espectáculo una especie de «deformidad monstruosa» que, desde el punto de vista de los sublevados, se había desarrollado durante la Segunda República. En tribunales militares, que más parecían una burla, se decidía que ciertas mujeres debían ser castigadas por haber contribuido al derrumbe de la moral católica, por haber enarbolado una bandera republicana durante el «dominio rojo», o por haber participado en el saqueo de la iglesia del pueblo. Y así, tras las pruebas «de oídas» de algunos testigos —muchos aprovechaban para vengarse por antiguas rencillas—, se decidía que una mujer debía ser ejecutada o encarcelada durante treinta años. Pero fueron muchas más a las que, sin necesidad de pasar por juicio alguno, raparon, purgaron y exhibieron en la plaza de sus pueblos para escarnio público.

Durante la posguerra se instaló en el país un absoluto control social con un sistema de «abajo arriba» que impedía la menor disensión. Todo el mundo estaba vigilado y cualquiera que hubiera colaborado con los vencidos podía ser detenido, acusado de rebelión militar y ejecutado. Las mujeres vivieron esta persecución constante de una manera especialmente dolorosa y cruel. Se extendieron las violaciones y vejaciones sexuales en comisarías, cuarteles y cárceles en un intento de cosificar y deshumanizar a quienes los vencedores consideraban el germen de la «maldad» republicana. Ahora ya de un modo institucionalizado. Gracias a los testimonios de supervivientes recogidos por Tomasa Cuevas en su obra Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas (Instituto de estudios altoaragoneses, 2009), podemos darnos cuenta de la profunda humillación —física y psíquica– que padecieron miles de mujeres durante los primeros años del franquismo. Pero no solo entonces; la práctica del rapado de pelo reapareció en España durante los primeros años sesenta como un método de represión sexuado ante las huelgas de la minería asturiana. Cabe preguntarse: ¿de dónde nace esa voluntad de marcar los cuerpos de las mujeres como una forma de castigo-dominio público?; ¿qué se oculta tras ese gesto arbitrario y exhibicionista que se sirve del cuerpo de la mujer como un territorio de combate para demostrar el poder de quienes lo ejercen?

De nuevo nos encontramos ante preguntas que enlazan directamente con una cuestión política, moral y de género en la que a la mujer siempre le ha tocado representar el papel de víctima. Por fortuna, el tema comienza a despuntar, y tanto historiadores como estudiosos/as de diversas disciplinas han comenzado a escuchar y a difundir los relatos y las voces de quienes históricamente han estado silenciadas. No hay mejor arma que la escucha. Y nuestro pasado reciente nos obliga a escuchar para evitar caer en el terreno trágico del olvido.

(*) Loida Díaz Jiménez es editora.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/invitados/la-represion-franquista-contra-la-mujer-las-rapadas/345

10 Comments

  1. Rosa
    Rosa 9 febrero, 2012

    Gracias por la divulgación de esta vergüenza cutre y mezquina que fueron capaces de hacer algunas personas en muchas ciudades y pueblos.La ignorancia y el embrutecimiento juntos son un peligro.

  2. ester
    ester 10 febrero, 2012

    gracias por el articulo. mi abuela fué una rapada. que su dolor quede recogido y reconocido es devolverles la dignidad.
    un saludo

  3. Indignado
    Indignado 10 febrero, 2012

    Cuando leí el libro de Paul Preston EL HOLOCAUSTO ESPAÑOL, no podía leer más que unas pocas hojas a la vez, son tantas las barbaridades que hicieron los rebeldes franquistas, que no las podía asimilar de golpe. Es un libro muy bien documentado y de más de 800 paginas de horror, con fechas y datos bien comprobados. Es espeluznante la represión a que fueron sometidas todas las personas que consideraban rojas, no hubo la más mínima compasión. Fue desmedido y atroz lo que hicieron con las victimas. Si hay un infierno es eso lo que hicieron. Por eso la preocupación de ocultar de esta historia.
    Quiero que sepan las victimas de… esto que lo siento mucho y que tienen mi sincero sentimiento.

  4. Carmen
    Carmen 10 febrero, 2012

    A mi abuela Maria la venían a rapar y también a la maestra del pueblo, se enteraron y con una inmensa dignidad se raparon ellas mismas , cuando llegaron los agresores no lles dieron esa satisfacción.

  5. Francho
    Francho 10 febrero, 2012

    Y se vuelve a repetir, parte de lo que desencadenó tal barbarie. Como la historía se cerró en falso, se cometen los mismos herrores. Las diferencias sociales y la necesidad, darán paso a los levantamientos sociales, los gbiernos justificarán sus cargas en defensa de los que provocan los desequilibrios. Las injusticias están servidas.
    Sí no hay que ver lo aleccionados que estan a la hora de ejercer justicia en España.
    Mientras un juez por escuchas ilegales contra la corrupción es condenado a 11 años de inabilitación. Totalmente arbitrario, porque seguro que no ha sido el único. También será juzgado por investigar los crímenes perpetrados desde el inicio de la guerra civíl.
    Mientras el heredero del trono se dedica a inaugurar una catedral en compañia del obispo que defiende en público (no el diario) la intervención y el golpe de estado perpetrado con el apoyo de parte del ejercito, buena parte de los caciques y ricachones, así como la iglesia y los sectores más conservadores. En un estado laico, el heredero se acompaña de un obispo defensor de la dictadura. Y el monarca dice que la justicia es igual para todos, el desde luego al no poder estar investigado por ley, estará bién reconocido y blindado, aunque cometiese algún delito.
    Está es la democracia heredada de unos dictadores que marcaban a todo el que quiso ser más libre y defendio una República que no beneficiaba a las clases dominantes y represoras.

    Salud y revolución

  6. Manoli Alvarez Gonzalez
    Manoli Alvarez Gonzalez 10 febrero, 2012

    Mi abuela fue rapada , purgada con aceite de ricino, paseada detras de un camion al que abian adosado un campano de las vacas y despues arrojada viva junto con otras personas al pozo de la mina de Valdihuelo.Los asesinos continuaron viviendo en el pueblo con la complicidad del miedo y el silencio.

  7. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 12 febrero, 2012

    CAP 37. –ROMANCES,Y EL OTRO HEMICICLO.

    Cuando me vi. en la casa, me desmoralicé, porque estábamos todos cómo piojos en costura, cómo vulgarmente se dice, la casa no tenía nada más que dos ventanas en el diminuto comedor, y dos alcobas, sin ventanas, para todos. Un desastre.

    Mi hermana Lola, se puso a bordar en sedas, pues cómo había tanto falangista, y militar, se la ocurrió con un bastidor pequeñito que la hizo mi padre bordar yugos y flechas, y distintivos de los ciclistas, pues con lo de mi padre y hermano, no teníamos ni para empezar, y mi hermana Mercedes, que cosía cómo Versacce, (es un decir), no daba un palo al agua ni queriendo.

    Eso sí, Lola, tenía un novio, italiano, y Mercedes, con otro que era mensajero de la Motomitraglieri, de los que llevan los mensajes rápidos al frente pasando por las líneas de fuego, y se juegan la vida todos los días, en una moto Norton, que era una bala y no existían

    Los tecnicismos ni la tecnología de ahora. Era a base de valor y nada más..Yo alucinaba, de ver, cómo se enamoraban y desenamoraban con tanto afán. Pero veía y callaba; y tomaba nota.Se llamaba, José Berritieri.

    Un día, mi madre dijo, que no podía más, que así no podíamos vivir; sobre todo yo; que había que jugársela, y que íbamos a ir al comandante de la plaza, que era el que mandaba en todo, no cómo un comandante, sino cómo un general. El guardia Civil tuerto.

    Y dicho y hecho.. Nos arreglamos, y fuimos al Ayuntamiento, pues todavía no había Alcalde.Yo (Lo confieso) iba, con más miedo que vergüenza, pues se decían tantas cosas de el, que me hubiese ido a casa. Pero conocía muy bien a mi madre, y sabía que no lo dejaría, por nada. Y llegamos al Ayuntamiento. Tengo que decir, que cuando entraron en San Carlos, escudriñaron bien a enterarse de quién era, quién. Y no mataron a nadie, porque los que eran significados se marcharon a Francia, en cuanto vieron que el Ebro, estaba perdido; pero cómo no tenían hombres que fusilar., fueron a sus casas y a las mujeres, las cortaron el pelo al cero, y las hicieron tomar aceite de ricino, que era el castigo a las mujeres por sus ideas. Cuando entraron en el pueblo,, alguien le dijo, al comandante, que había una señora, que tenía una librería en el COC, que quiere decir “Torta” una especie de bizcocho, muy rico que hacen en Cataluña, ya que esta plaza, era redonda, y a ella la llamaba todo el mundo así .La Viuda de Ginata, o Jinata, nunca leí su apellido, porque ya es sabido, que en Cataluña, la G o la J, las nombran , cómo CH, suave. Lo cierto, es que era una Señora, y lo digo con mayúscula, porque lo era.. A mi siempre que me veía pegada a su escaparate, de libros pinturas, en fin, todo lo que tiene una buena librería, salía, y me daba , un cuento, o sacapuntas , o borradores, o lápices, etc., etc. y decía que yo la gustaba mucho, porque nunca veía a niños pegados al escaparate. Volviendo al asunto le dijeron que al empezar la guerra, habían ido, cuatro hombres a su casa, se habían llevado a su marido, y le habían fusilado en la carretera de Amposta, y allí estaba enterrado, con una cruz. DETALLE DEL PUERTO AHORA. MARY Y YO. AL FONDO LA NUEVA LONJA PESCADO.2006.

    Y se presentaron, en casa de la viuda. La dijeron, que querían los nombres de las familias de los que le habían matado; Y ella muy tranquila, les dijo, que ni lo soñaran, que a su marida, no se lo iba a devolver nadie, que ella, no creía en LA LEY DE TALIÓN, ni en las venganzas, a largo plazo. Que ella ya lo había asumido, y que lo suyo, no era, dejar a más niños huérfanos. Que fueran en paz.

    Y cómo no hubo denuncia, no hubo castigo, ¿Era o no una Señora? Siempre la admiré por ello.

    Después de este inciso, que creo que merece, unas líneas por mi parte, vuelvo al asunto de la casa. Cómo dije, estábamos en el Ayuntamiento, y nos salió un guardia, al paso, preguntando a mi madre,, qué quería. Y ella, muy humilde en su petición, le dijo, que era para pedirle al comandante de la plaza un favor muy importante, para una hija, que era yo, Nos miró, y dijo, que pasáramos a la antesala del despacho. Y nos sentamos.. El guardia entró y al poco salió, y nos dijo, que entrásemos. Y así lo hicimos.

    Y le vimos. Estaba sentado en la mesa grande de su despacho, y era delgado, muy serio, de unos cuarenta años, y era en verdad, tuerto del ojo izquierdo. Nos hizo una seña, para que nos sentáramos, Y miró a mi madre: ¿Qué es lo que desea usted, señora?

    Mi madre, no agachó la cabeza, y mirándole de frente, le dijo: señor, apelo a su bondad y comprensión, para pedirle una casa, sobre todo, para mi hija, pequeña; y le contó lo más deprisa que pudo todas las circunstancias de porque estábamos allí y todo lo que llevábamos pasado por mi enfermedad, desde hacía casi dos años. El la escuchó, sin interrumpirla, mi madre, acabó, y quedó callada. el, tomó un cuaderno, y una pluma, y la dijo, que le dijese cuantos éramos. Y mi madre. Le dijo que éramos siete,

    Y dijo el,, que le dijese uno por uno, cuantos hijos e hijas, y lo que hacía cada uno.Mi madre, sin inmutarse, le fue dando los datos de todos. Y el anotaba todo con mucho cuidado. Pero llegó lo temido: mi hermano Aníbal. Tengo un hijo, de 23 años luchando en el frente de Madrid. Y como movido por un resorte, se paró en seco; dejó la pluma en la mesa y se encaró con mi madre:

    ¿Y teniendo un hijo tirándonos tiritos en Madrid, Que sabe Dios a cuantos de los nuestros habrá matado, tiene el atrevimiento de pedirme, un piso para toda la familia, porque su hija está enferma? Y dando un golpe sobre la mesa, con la palma de la mano extendida, que levantó todo lo que había en la mesa incluidos, los papeles dijo! Váyase antes de que la corte el pelo y la dé el aceite de ricino!¿Sabe lo que me está pidiendo? Y ella muy digna, sin asustarse, o demostrar que estaba cómo un flan, le contestó Por favor señor, déjeme hablar: Mi hija, en este momento, está asustada, y mi hijo, no es ni rojo, ni azul; está en el frente por su quinta. Juró la bandera antes de empezar la guerra en el 36. Y sí señor está pegando tiros muy a su pesar, ya que el, quisiera estar trabajando tranquilo en mi casa y con su novia; a el le han llevado a la fuerza, porque en su corazón, no está el matar a nadie que no conoce, o que le maten a el;; y que sepa usted que el otro que tengo aquí que cumplirá este año, los diecisiete, si ustedes, lo necesitan se lo llevarán y tendré un hijo, en cada frente.

    Y el mayor que también está aquí, y cumplirá 33, y esta curando obreros o si lo necesitan, a ustedes también ¿me comprende señor?

    ¿O no? Y mi hija, necesita un piso en condiciones, para curarse, con más espacio Y ventilación. ¿O tiene usted algo contra ella? porque ella no es un soldado. ¿Tiene hijos? El, cómo yo no perdía comba; mirando a uno y a otra, parecía que estaba viendo un partido de Tenis le vi., que tuvo un momento de descuido. Se calló, e inmediatamente, la dijo: ¡Váyase señora váyase! ¡Lo que hay que oír!

    Y mi madre, se levantó, diciéndole: Perdone, por el tiempo que le he robado, y muchas gracias, por haberme escuchado Vamos hija. Llegamos a casa, lo contamos, y nos quedamos tristes Pero yo seguí viendo a mi madre como una heroína y una luchadora, por sus derechos y la quise aún más si cabe. Mis hermanos la dijeron que no se preocupase, que nos seguiríamos apañando, que peor sería que no tuviésemos nada. Y los amigos y vecinos: ¡Ya se lo decíamos María, que era un hombre que tiene muy mala idea!

    Yo, Cómo siempre; cómo somos los Libras, intentando ver, su otra cara, que no mostraba, pensaba, que a saber, lo que el sufría, por sus cosas, y cómo le había dejado la pérdida del ojo, y a quien odiaría por eso, y cómo sería su vida.. Yo de Hermana de la Caridad, por

    La vida…..A los tres días vino el guardia a casa, y cómo si le hubiese dado un aire, la dijo a mi madre: Señora, de parte del Comandante, que se pase usted mañana por el Ayuntamiento, para recoger las llaves del piso que le va a dar.

    Nos miramos todos, con los ojos, cómo el dos de oros, porque era la última cosa que esperábamos escuchar, y fuimos las dos, a por ellas. Mi madre cuando las tuvo en la mano, quiso entrar a darle las gracias, pero la dijeron que no recibía a nadie, y yo pensé en lo que el día antes había estado desmenuzando el mi mente, y me sentí casi cómo Freud, se debería sentir en un caso diagnosticado con éxito. Y eso que por aquéllos tiempos creo que nadie había oído hablar del psicoanálisis, ni de él. Y yo, menos. Lo cierto es que quizás no era tan malo, como hacía creer, o le habían matado a alguien o la valentía y humildad de mi madre y el que le diese las gracias con las cosas que la dijo, o que nadie es del todo malo ni bueno: Lo que sé es que después de ver lo que vi., y oír lo que oí, pienso que nunca conoces del todo a nadie, y por eso no se puede a veces, juzgar a nadie precipitadamente.

    Y nos preparamos para saber, cómo era nuestra quinta casa, en dos años. Más o menos. Así son las cosas.

    CAP 37. –ROMANCES,Y EL OTRO HEMICICLO.

    Cuando me vi. en la casa, me desmoralicé, porque estábamos todos cómo piojos en costura, cómo vulgarmente se dice, la casa no tenía nada más que dos ventanas en el diminuto comedor, y dos alcobas, sin ventanas, para todos. Un desastre.

    Mi hermana Lola, se puso a bordar en sedas, pues cómo había tanto falangista, y militar, se la ocurrió con un bastidor pequeñito que la hizo mi padre bordar yugos y flechas, y distintivos de los ciclistas, pues con lo de mi padre y hermano, no teníamos ni para empezar, y mi hermana Mercedes, que cosía cómo Versacce, (es un decir), no daba un palo al agua ni queriendo.

    Eso sí, Lola, tenía un novio, italiano, y Mercedes, con otro que era mensajero de la Motomitraglieri, de los que llevan los mensajes rápidos al frente pasando por las líneas de fuego, y se juegan la vida todos los días, en una moto Norton, que era una bala y no existían

    Los tecnicismos ni la tecnología de ahora. Era a base de valor y nada más..Yo alucinaba, de ver, cómo se enamoraban y desenamoraban con tanto afán. Pero veía y callaba; y tomaba nota.Se llamaba, José Berritieri.

    Un día, mi madre dijo, que no podía más, que así no podíamos vivir; sobre todo yo; que había que jugársela, y que íbamos a ir al comandante de la plaza, que era el que mandaba en todo, no cómo un comandante, sino cómo un general. El guardia Civil tuerto.

    Y dicho y hecho.. Nos arreglamos, y fuimos al Ayuntamiento, pues todavía no había Alcalde.Yo (Lo confieso) iba, con más miedo que vergüenza, pues se decían tantas cosas de el, que me hubiese ido a casa. Pero conocía muy bien a mi madre, y sabía que no lo dejaría, por nada. Y llegamos al Ayuntamiento. Tengo que decir, que cuando entraron en San Carlos, escudriñaron bien a enterarse de quién era, quién. Y no mataron a nadie, porque los que eran significados se marcharon a Francia, en cuanto vieron que el Ebro, estaba perdido; pero cómo no tenían hombres que fusilar., fueron a sus casas y a las mujeres, las cortaron el pelo al cero, y las hicieron tomar aceite de ricino, que era el castigo a las mujeres por sus ideas. Cuando entraron en el pueblo,, alguien le dijo, al comandante, que había una señora, que tenía una librería en el COC, que quiere decir “Torta” una especie de bizcocho, muy rico que hacen en Cataluña, ya que esta plaza, era redonda, y a ella la llamaba todo el mundo así .La Viuda de Ginata, o Jinata, nunca leí su apellido, porque ya es sabido, que en Cataluña, la G o la J, las nombran , cómo CH, suave. Lo cierto, es que era una Señora, y lo digo con mayúscula, porque lo era.. A mi siempre que me veía pegada a su escaparate, de libros pinturas, en fin, todo lo que tiene una buena librería, salía, y me daba , un cuento, o sacapuntas , o borradores, o lápices, etc., etc. y decía que yo la gustaba mucho, porque nunca veía a niños pegados al escaparate. Volviendo al asunto le dijeron que al empezar la guerra, habían ido, cuatro hombres a su casa, se habían llevado a su marido, y le habían fusilado en la carretera de Amposta, y allí estaba enterrado, con una cruz. DETALLE DEL PUERTO AHORA. MARY Y YO. AL FONDO LA NUEVA LONJA PESCADO.2006.

    Y se presentaron, en casa de la viuda. La dijeron, que querían los nombres de las familias de los que le habían matado; Y ella muy tranquila, les dijo, que ni lo soñaran, que a su marida, no se lo iba a devolver nadie, que ella, no creía en LA LEY DE TALIÓN, ni en las venganzas, a largo plazo. Que ella ya lo había asumido, y que lo suyo, no era, dejar a más niños huérfanos. Que fueran en paz.

    Y cómo no hubo denuncia, no hubo castigo, ¿Era o no una Señora? Siempre la admiré por ello.

    Después de este inciso, que creo que merece, unas líneas por mi parte, vuelvo al asunto de la casa. Cómo dije, estábamos en el Ayuntamiento, y nos salió un guardia, al paso, preguntando a mi madre,, qué quería. Y ella, muy humilde en su petición, le dijo, que era para pedirle al comandante de la plaza un favor muy importante, para una hija, que era yo, Nos miró, y dijo, que pasáramos a la antesala del despacho. Y nos sentamos.. El guardia entró y al poco salió, y nos dijo, que entrásemos. Y así lo hicimos.

    Y le vimos. Estaba sentado en la mesa grande de su despacho, y era delgado, muy serio, de unos cuarenta años, y era en verdad, tuerto del ojo izquierdo. Nos hizo una seña, para que nos sentáramos, Y miró a mi madre: ¿Qué es lo que desea usted, señora?

    Mi madre, no agachó la cabeza, y mirándole de frente, le dijo: señor, apelo a su bondad y comprensión, para pedirle una casa, sobre todo, para mi hija, pequeña; y le contó lo más deprisa que pudo todas las circunstancias de porque estábamos allí y todo lo que llevábamos pasado por mi enfermedad, desde hacía casi dos años. El la escuchó, sin interrumpirla, mi madre, acabó, y quedó callada. el, tomó un cuaderno, y una pluma, y la dijo, que le dijese cuantos éramos. Y mi madre. Le dijo que éramos siete,

    Y dijo el,, que le dijese uno por uno, cuantos hijos e hijas, y lo que hacía cada uno.Mi madre, sin inmutarse, le fue dando los datos de todos. Y el anotaba todo con mucho cuidado. Pero llegó lo temido: mi hermano Aníbal. Tengo un hijo, de 23 años luchando en el frente de Madrid. Y como movido por un resorte, se paró en seco; dejó la pluma en la mesa y se encaró con mi madre:

    ¿Y teniendo un hijo tirándonos tiritos en Madrid, Que sabe Dios a cuantos de los nuestros habrá matado, tiene el atrevimiento de pedirme, un piso para toda la familia, porque su hija está enferma? Y dando un golpe sobre la mesa, con la palma de la mano extendida, que levantó todo lo que había en la mesa incluidos, los papeles dijo! Váyase antes de que la corte el pelo y la dé el aceite de ricino!¿Sabe lo que me está pidiendo? Y ella muy digna, sin asustarse, o demostrar que estaba cómo un flan, le contestó Por favor señor, déjeme hablar: Mi hija, en este momento, está asustada, y mi hijo, no es ni rojo, ni azul; está en el frente por su quinta. Juró la bandera antes de empezar la guerra en el 36. Y sí señor está pegando tiros muy a su pesar, ya que el, quisiera estar trabajando tranquilo en mi casa y con su novia; a el le han llevado a la fuerza, porque en su corazón, no está el matar a nadie que no conoce, o que le maten a el;; y que sepa usted que el otro que tengo aquí que cumplirá este año, los diecisiete, si ustedes, lo necesitan se lo llevarán y tendré un hijo, en cada frente.

    Y el mayor que también está aquí, y cumplirá 33, y esta curando obreros o si lo necesitan, a ustedes también ¿me comprende señor?

    ¿O no? Y mi hija, necesita un piso en condiciones, para curarse, con más espacio Y ventilación. ¿O tiene usted algo contra ella? porque ella no es un soldado. ¿Tiene hijos? El, cómo yo no perdía comba; mirando a uno y a otra, parecía que estaba viendo un partido de Tenis le vi., que tuvo un momento de descuido. Se calló, e inmediatamente, la dijo: ¡Váyase señora váyase! ¡Lo que hay que oír!

    Y mi madre, se levantó, diciéndole: Perdone, por el tiempo que le he robado, y muchas gracias, por haberme escuchado Vamos hija. Llegamos a casa, lo contamos, y nos quedamos tristes Pero yo seguí viendo a mi madre como una heroína y una luchadora, por sus derechos y la quise aún más si cabe. Mis hermanos la dijeron que no se preocupase, que nos seguiríamos apañando, que peor sería que no tuviésemos nada. Y los amigos y vecinos: ¡Ya se lo decíamos María, que era un hombre que tiene muy mala idea!

    Yo, Cómo siempre; cómo somos los Libras, intentando ver, su otra cara, que no mostraba, pensaba, que a saber, lo que el sufría, por sus cosas, y cómo le había dejado la pérdida del ojo, y a quien odiaría por eso, y cómo sería su vida.. Yo de Hermana de la Caridad, por

    La vida…..A los tres días vino el guardia a casa, y cómo si le hubiese dado un aire, la dijo a mi madre: Señora, de parte del Comandante, que se pase usted mañana por el Ayuntamiento, para recoger las llaves del piso que le va a dar.

    Nos miramos todos, con los ojos, cómo el dos de oros, porque era la última cosa que esperábamos escuchar, y fuimos las dos, a por ellas. Mi madre cuando las tuvo en la mano, quiso entrar a darle las gracias, pero la dijeron que no recibía a nadie, y yo pensé en lo que el día antes había estado desmenuzando el mi mente, y me sentí casi cómo Freud, se debería sentir en un caso diagnosticado con éxito. Y eso que por aquéllos tiempos creo que nadie había oído hablar del psicoanálisis, ni de él. Y yo, menos. Lo cierto es que quizás no era tan malo, como hacía creer, o le habían matado a alguien o la valentía y humildad de mi madre y el que le diese las gracias con las cosas que la dijo, o que nadie es del todo malo ni bueno: Lo que sé es que después de ver lo que vi., y oír lo que oí, pienso que nunca conoces del todo a nadie, y por eso no se puede a veces, juzgar a nadie precipitadamente.

    Y nos preparamos para saber, cómo era nuestra quinta casa, en dos años. Más o menos. Así son las cosas.

    ESTA PÄGINA ES DE MIS MEMORIAS: LA HE PUESTO AQUÏ; PARA QUE VEAN; QUE ES VERDAD; LO DEL PELO; Y EL ACEITE DE RICINO; ERA EN 1938. Yo tenía 11 años.

  8. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 12 febrero, 2012

    Os pido perdón por que haya salido repetido. Esto me ha pasado varias veces, pero lo he podido arreglar a tiempo. Pero me dijo que era error mío, que no lo había enviado…..y el resultado, es que ha salido dos veces. Lo siento.Abrazos.

  9. Francesc Punsola
    Francesc Punsola 29 abril, 2013

    Yo conocí a uno de esos hijos de puta franquistas que alardeaba en un club de tennis de heber hecho ingerir a los «rojos» aceite de ricino.

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