Pulsa "Enter" para saltar al contenido

¿Ocultan las oenegés el verdadero rostro de África?

Por Alberto Eisman. Antenamisionera. 28.3.2011

            Recuerdo la propaganda de una cierta congregación religiosa que recogía donativos para sus misiones de África. Estos religiosos y sus trípticos eran ya famosos en el mundillo misionero por su continuado afán de escoger las fotografías más impactantes y dramáticas, de manera que el destinatario de los mismos se viera con un verdadero cargo de conciencia y terminara el dilema moral rascándose el bolsillo en favor de aquellos niños legañosos y desamparados y de aquellos heroicos religiosos.

            Ya cada vez hay menos congregaciones que postulen con tales medios, su lugar ha sido ocupado en los últimos años por una miríada de oenegés que utilizan todos medios mucho más modernos que el del buzoneo para captar subscriptores y donantes. Hay que reconocer que, gracias a los códigos éticos de los departamentos de prensa de estas organizaciones, el tema de la pobreza y de la ética de las imágenes se trata de una manera mucho más profesional y menos tremendista que en el pasado (aunque siempre haya alguna que saque los pies del plato, qué se le va a hacer).

            Aunque haya ahora estas mejoras en la manera de presentar gráficamente los temas relacionados con la pobreza, me pregunto de verdad si es oro todo lo que reluce en este mundo. Esta duda ha sido aumentada aún más cuando he leído un artículo escrito por la periodista Karen Rothmyer en el cual viene a decir que a las oenegés no les gustan las buenas noticias procedentes de los países subdesarrollados donde trabajan. ¿La razón? Simple y llanamente porque “les quita negocio”, dan la impresión de que la situación está mejorando y por tanto se reduce tremendamente la presión para que los donantes sigan aportando a estos países. La autora dice: “Estas organizaciones [no gubernamentales y agencias de la ONU] comprensiblemente tienden a concentrarse no en lo que se ha conseguido sino en convencer a la gente de cuánto queda todavía por hacerse.” Hacer lo contrario supondría dejar al donante con la impresión de que ya no hace falta su aportación y esto es algo que las organizaciones evitan a toda costa, máxime cuando la crisis ha hecho que bajen los fondos públicos y privados disponibles para tales intervenciones humanitarias y de desarrollo.

            Además, el mercado se ha multiplicado y mucho, haciendo que crezca enormemente el número de estas organizaciones en el terreno. En un país donde a mitad de los años 70 había casi tantas oenegés internacionales como los dedos de la mano, ahora se pueden encontrar hasta 250, y muchas de ellas compitiendo por los fondos de los mismos donantes públicos o privados. Este contexto de competición hace que uno no se pueda dormir en los laureles. Ante la fiera lucha por conseguir fondos queda clara una cosa: No ser lo suficientemente negativo puede suponer que se corte el grifo de la financiación y se tengan que cerrar determinados programas… así que, cuidadito con las buenas noticias. Mejor decir lo que se puede decir y sobre todo lo que se TIENE que decir para que se mantenga en pie el chambao.

            Si los periodistas vienen a visitar una zona y no encuentran algo chocante: un dato impactante, un caso, una estadística extrema, una instantánea que atrape la vista… adiós financiación para el próximo proyecto. Ay de aquellos proyectos que hayan sido efectivos, que hayan cubierto algunas de las necesidades básicas de la población y por tanto hayan ayudado a luchar efectivamente contra la pobreza… ¿qué vamos a contar el año que viene si este pescado está ya vendido? Se pueden imaginar ustedes el dilema…

            Al hilo de esta actitud es sorprendente que ciertos adjetivos no hayan dejado de aparecer en las noticias que se reciben de África… lo tribal, lo atávico y lo morboso, hambrunas y enfermedades siguen siendo cantinela habitual de las historias que se cuentan del continente. Es casi seguro que nunca habrá cobertura para historias de superación, para los grupos o regiones que se alejan del umbral de la pobreza o para los éxitos en la lucha contra la pobreza. Esto queda para blogs alternativos de segunda regional… porque la cosa vende poco en los medios convencionales.

            Recuerdo a principios de este blog cuando me hice eco de unos niños sudafricanos que, para ir a la escuela y porque se había roto el puente de lianas cercano a su poblado, tenían que cruzar a nado un río infectado de cocodrilos. Historias de tal heroicidad y arrojo nunca llegaron entonces a ser materia prima para un titular o un artículo de opinión (al hilo de “¿qué estudiante de la ESO valoraría tanto su educación que estaría dispuesto a cruzar a nado un río, máxime lleno de cocodrilos?”), mientras que las excentricidades de políticos y estadistas(incluidas las cuatro mujeres del presidente sudafricano Jacob Zuma) han aparecido hasta en el ¡HOLA!

            O sea, que entre unas organizaciones a las que no les interesa que se informe de logros y de informaciones positivas y unos medios a los que estos aspectos no les interesa en absoluto, estamos apañados con esta peculiar alianza de intereses que sin duda hará posible que África sigue condenada a ser la trastienda de lo negativo, lo miserable y lo morboso.
Ay Dios, ¡qué mundo…!

(En Clave de África)

Fuente:  http://antenamisionera.wordpress.com/2011/03/28/¿ocultan-las-oeneges-el-verdadero-rostro-de-africa

10 Comments

  1. dani...él
    dani...él 11 febrero, 2012

    Podría ser. A partir de cierto punto resulta perjudicial la existencia de individuos dedicados a atender la miseria. Parece que tengan como fin en el subconsciente paliarla pero no exterminarla no vaya a ser que se les termine su tarea en este mundo.

  2. Ricardo
    Ricardo 11 febrero, 2012

    Interesante este punto de vista, ya conocido por otro lado en círculos críticos de la cooperación y la solidaridad internacional. El tema es muy peliagudo, con muchas aristas. Indudablemente no se puede meter a todas las organizaciones en el mismo saco.

    No conozco el caso de África en profundidad, aunque sí conozco organizaciones y muchos compañeros/as que trabajan allá. Pero sí puedo dar testimonio sobre el trabajo realizado en los últimos 15 años en América Latina.

    Y SÍ puedo decir que la solidaridad de algunas organizaciones, bien posicionadas políticamente, ha permitido o ha contribuido a un cierto empoderamiento de las comunidades, de la población más desfavorecidas, especialmente en las periferias urbanas y en el campo. Y esto a su vez ha contribuido a la llegada de nuevos procesos de transformación, distintos en cada país y en cada región, en toda América Latina, pero similares en su afán por restaurar la equidad social y reconducir el desarrollo, un desarrollo económico y social, con sostenibilidad y respeto.

    Muchas organizaciones estamos de acuerdo en que nuestro impulso desde hace mucho tiempo, ha tenido su efecto. Y hoy toca luchar contra la pobreza luchando contra la riqueza, las causas que están en el origen de la pobreza. Y luchar contra esas causas ya no es tanto luchar allá sobre el terreno, sino hacerlo fundamentalmente aquí, justo donde se generan las injusticias.

    • Iniciativa
      Iniciativa 11 febrero, 2012

      Se trata de lo de siempre: responsabilidad. Hay que saber a quién ofreces tu ayuda (económica o física). Ocurre que muchas veces se utilizan las ONG’s como neo-confesionarios estupendos para limpiar la conciencia, sin mirar más allá. Es el signo de los tiempos.

    • Iniciativa
      Iniciativa 11 febrero, 2012

      Por si no ha quedado claro, hay Organizaciones, que más que importantes, son imprescindibles. Y gente en ellas que si hay cielo, ya lo han ganado.

      • Indignado
        Indignado 11 febrero, 2012

        Tienes razón no se puede generalizar, y es verdad que hay organizaciones que son imprescindibles y no hay que dejarse engañar por las apariencias. Esto tendría que haberlo puesto a continuación de mi comentario. Gracias. Y perdón.

  3. Ricardo
    Ricardo 11 febrero, 2012

    Yo tuve una experiencia similar a la del autor de este texto, y es que cuando llegaba la llamada “operación kilo” de la iglesia católica, solían hablar de aquella palabreja que me costaba trabajo pronunciar: “solidaridad”. Una vez leí en un cartel de la parroquia en el portal de mi casa, en un barrio obrero, esa palabra extraña con una frase muy de la iglesia católica: “SolidariDAD y se os dará”. Me llamó mucho la atención, y colaboré en aquella campaña.
    Hoy recuerdo con cierta gracia aquello, pero no puedo dejar de pensar el daño que la iglesia y muchas organizaciones asistencialistas y de caridad han hecho al verdadero significado de la SOLIDARIDAD, precisamente confundiendo “solidaridad” con “dar”, es decir, con la donación. Como nos recordaba Galeano, en África hay un refrán que dice que la mano del que recibe siempre está debajo de la que da…
    Tuve un profesor, muy comprometido, que me enseñó que las organizaciones de solidaridad tienen un espíritu suicida, pues fueron creadas únicamente para contribuir a resolver determinado problema. Si ese problema desaparece, debe desaparecer también la organización… (o reconvertirse). Es lógico, los fines de cada asociación o fundación determinan su existencia.
    Se prodigaron organizaciones que no buscaban transformación realmente, cuyo lema era el de “cambiar las cosas para que nada cambie”. Pero no todas las organizaciones tienen el mismo proceder ni los mismos fines. Algunas proceden de los comités de solidaridad que desde principios de los años 80 fueron creándose en todo el país, para denunciar las atrocidades de las dictaduras impuestas en Sudamérica (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, etc.), y en Centroamérica (con los movimientos del FSLN en Nicaragua, FMLN en El Salvador, URNG en Guatemala). Estas organizaciones y sus sucesoras reconvertidas en ONG de desarrollo y cooperación, sí mantenían un espíritu crítico y de transformación real, incluso algunas desde la propia iglesia de base. Y fueron muchos los simpatizantes de estas organizaciones las que llegaron a Latinoamérica como brigadistas (no como cooperantes, que esto vendría mucho más tarde, con la explosión del 0’7%, después de 1994, que hoy está en plena decadencia).

    Ric.
    F. Hijos del Maíz.

  4. Indignado
    Indignado 11 febrero, 2012

    ¿Cuanto dinero donado ha llegado verdaderamente a los necesitados?.
    Yo por ejemplo se que cuando era el día de la cruz roja o la lucha contra el cáncer, he visto y se de gente que ese dinero se utilizaba para llenar algunos bolsillos y organizar galas.
    La verdad es que no me fío ni un pelo.

    • Ricardo
      Ricardo 11 febrero, 2012

      Estás en tu derecho de no fiarte ni un pelo. Pero para eso está la información, y las organizaciones deben informarte. Ahora bien, es bastante elemental pensar que para la realización de las actividades y proyectos de desarrollo se destine un porcentaje para garantizar la gestión y la calidad en la ejecución, así como el seguimiento, y la evaluación. Gastos que siempre se estiman.

      Sólo recibir fondos o especie requiere recursos. Y enviarlos aún más (por ejemplo, los bancos siempre cobran por cualquier movimiento, incluso en las peores catástrofes como el Mitch de Centroamérica y muchos otros casos).

      En cuanto a las ayudas asistenciales, “a los necesitados” como dices, éstos no generan más gastos de gestión que la de hacer llegar el dinero o los alimentos, medicinas o lo que sea que se quiera hacer llegar como ayuda humanitaria.

      En general todas las organizaciones informan bien sobre las aportaciones ciudadanas, y en general la ciudadanía realiza estas aportaciones con un gesto de generosidad y de confianza.

      Más preocupante es, en cambio, las ayudas que prometen los gobiernos de los países más desarrollados (ayudas que proceden de los impuestos de la ciudadanía), especialmente en los casos más graves, como el pasado terremoto de Haití, y que nunca llegan, poniendo en este caso a este país en una vulnerabilidad aún mayor, cayendo en la complicidad del desastre epidemias, totalmente evitables con aquella ayuda que nunca llegó) posterior a la catástrofe (el terremoto que no era evitable).

  5. Maria
    Maria 12 febrero, 2012

    No me ha gustado este artículo, como presidenta de una ONG, Forkids, lamento estos comentarios generalistas, cuando para tantas entidades es una alegría inmensa cada triunfo, cada mejora que conseguimos y poder compartirla con nuestros padrinos, en este caso. No será que es la prensa, donde tantas veces se priorizan las malas noticias, donde los telediarios se convierten en “El Caso”, dándonos listas completas de asesinatos y desastres… Me parece que en este artículo han tirado la flecha a una diana equivocada.

    • Ricardo
      Ricardo 12 febrero, 2012

      Bueno, yo soy también presidente de una organización de solidaridad y cooperación, Fundación Hijos del Maíz; he comenzado como brigadista y voluntario en otros comités de solidaridad desde 1989, y he trabajado en otras organizaciones como OSPAAAL y Yolocamba Solidaridad (de esta última fui fundador).

      Este artículo no me parece mal, lo cual no quiere decir que esté de acuerdo en todo y menos que en nuestra organización os identifiquemos en absoluto con ese perfil que diseña de ONG sensacionalista y negativista. Es decir, no nos sentimos aludidos, no sé ustedes.

      Me parece una llamada de atención, ante la situación real que se está dando, en la que en la actualidad se ha reducido drásticamente la ayuda oficial al desarrollo o se ha eliminado en una parte significativa de la cooperación descentralizada, mientras hay una cantidad elevada de organizaciones no gubernamentales, con compromisos y proyectos en marcha, para los que deben buscar cofinanciación. Es la ley del mercado, que no es otra cosa lo que hay en este sector; hay poca demanda y mucha oferta. Y en consecuencia se produce una competencia entre los actores de este mercado, que se traduce (entre otras cosas que podríamos señalar), en un endurecimiento del mensaje, porque éste va dirigido no tanto a las instituciones y organismos familiarizados con los procesos de desarrollo y ayuda humanitaria (con un enfoque más profesional y técnico), sino a un público que se puede mostrar más o menos sensible con una causa u otra.

      Dudo mucho que organizaciones que dependen de la sensibilidad de las personas, cuenten con una base social muy amplia con una conciencia política de justicia y solidaridad; o de un conocimiento mínimo sobre los procesos de desarrollo, marco lógico, objetivos, resultados y verificadores… Más bien son personas a las que se le conquista por su sensibilidad. Y por lo tanto las campaña están dirigidas a su “corazón” (para entendernos). Vamos, se busca el IMPACTO.

      En fin, yo no sé usted qué experiencia tiene, pero yo sí escucho a menudo mensajes publicitarios de las organizaciones muy duros para captar fondos. De la prensa, pues claro, evidentemente, eso ya lo sabemos desde hace muchísimo tiempo (exactamente igual que utilizan un lenguaje sexista o criminalizador de los/las migrantes), no es ninguna novedad; no sólo los periodistas de informativos, sino en general profesionales de los medios de comunicación, incluso de ocio, como cine, televisión, etc.

      Con la pasada situación de emergencia y desastre de Haití se vio bien claro. Campañas con un mensaje tremendista, como “este niño… se muere… ayuda a XXX organización”… O “esta familia no tiene agua… se muere de sed”… O “Si no le ayudamos pronto, esta mujer padecerá una enfermedad incurable”

      Claro que las organizaciones federadas estamos sometidas a un código de conducta específico en comunicación (tal y como expone el artículo), desarrollado en el capítulo 5 de este Código de Conducta, “Pautas comunicativas, publicidad y uso de imágenes”.

      En general, se respeta esta cuestión al menos entre las ONGD federadas (pertenecientes a las coordinadoras estatal o autonómicas, que están obligadas a ello). Uno de los casos en que no se cumplía era ANESVAD, que por esa razón (y por otras que recordamos), tuvo que abandonar la coordinadora.

      Pero hay excepciones, que podrían aumentar, teniendo en cuenta las características de este, llamémoslo así, “mercado en crisis”.
      No quiero citar casos demasiado concretos, sino tan solo los que son muy evidentes, como ese de ANESVAD, u otro de “Save de Congo” (una “charity” inglesa), algunos anuncios en emisoras de radio como la SER y otras.
      También hay otras formas de hacer publicidad para captar fondos, sin tener que recurrir al catastrofismo o a una visión estereotipada del mal llamado “Tercer Mundo”, como la campaña de MSF de “Pastillas contra el dolor ajeno”, alguna de “Save the Children”, etc.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *