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Desnudos

Manuel Vicent

En cualquier dictadura, si un ciudadano anónimo cae en una redada en manos de la brigada política, sin duda será conducido en un furgón a una comisaría y allí bastará una mínima sospecha o simplemente que su cara no le guste al comisario para verse encerrado en una celda por un tiempo indefinido. Antes se le ordenará que deje en una bolsa el cinturón, los cordones de los zapatos, el bolígrafo, el reloj y cualquier objeto punzante con el que podría suicidarse. En la celda este ciudadano tiene dos opciones: insultar al carcelero y dar patadas contra la pared o bajar la cerviz y aceptar su destino. Tal vez la angustia que le provoque sentirse a merced de un déspota, será suficiente para ablandarle. En los sótanos de la brigada política se practica una psicología burda o refinada según la catadura moral del torturador. Si el preso es un rebelde peligroso, el sistema tiene varios métodos para bajarle los humos. La más limpia y humillante forma de tortura consiste en interrogarlo bajo potentes focos completamente desnudo. No se necesita ejercer sobre él ninguna clase de violencia física. La mera desnudez corporal le destruirá al instante la autoestima. Puede que este ciudadano, si no es un héroe, esté dispuesto a firmar cualquier confesión a cambio de unos calzoncillos. En cierto modo esta profunda crisis económica ha actuado sobre el cuerpo social como un mecanismo represor idéntico a cualquier dictadura. Las persistentes noticias negativas han creado un clima corrosivo sobre la conciencia del ciudadano. Parece que todo ha sido programado para que el pesimismo ejerza un efecto demoledor con objeto de bajarle las defensas ante el azaroso futuro que le espera. Como en el sótano de una comisaría, el sistema le ha quitado al parado los cordones de los zapatos y el cinturón para que no se suicide y al que todavía tiene trabajo le obliga a contemplar su cuerpo desnudo ante un espejo y en lugar de interrogarlo alguien se limita a leerle la reforma laboral, como una condena. El comisario le felicita si la empresa le ha bajado el sueldo, porque esa es la señal de que no lo han echado a la calle todavía. Este ciudadano capturado en una redada social lo dará todo por bueno si el empresario le regala unos calzoncillos para taparse las vergüenzas.

Feunte: http://elpais.com/elpais/2012/02/18/opinion/1329584006_716363.html

4 Comments

  1. Joan Garcia
    Joan Garcia 20 febrero, 2012

    Puede que el comisario se de un día con un Nacho Vidal y se quede sin palabras

    • MariaDinamita
      MariaDinamita 20 febrero, 2012

      Ja, ja… muy ingenioso Joan. En fin, risas aparte. El artículo ha estado muy bien, un fiel reflejo de la realidad.

    • fergar
      fergar 20 febrero, 2012

      El comisario ya se encontró con un “Nacho Vidal”…
      Su nombre era y es Santiago Carrillo que fue desnudado, vejado y humillado en los calabozos de la antigua DGS actual sede del Gobierno autonómico madrileño.
      Por el contrario, en aquella época preconstitucional Felipito González entraba y salía de la Comisaría como Pedro por su casa.

  2. Harta
    Harta 20 febrero, 2012

    Es verdad. Tal cual. Han logrado que nos invada el pesimismo y los que todavía tenemos trabajo nos conformamos con tal de no perderlo. Gracias por este símil tan acertado. De todas formas, la indignación está creciendo y confío en que pronto digamos basta de una vez y bien fuerte. No podemos dejar que nos sigan manipulando de esta manera.

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