Las pastillas de portarse bien (TDAH)

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La epidemia ha vuelto a las aulas. Cientos de niños en el País Vasco, más de 250.000 en España y millones en el mundo, están siendo tratados contra una enfermedad que no existe con un fármaco que puede causarles graves problemas de salud. La hiperactividad está siendo puesta en tela de juicio por un número creciente de profesionales sanitarios, que considera que se está dando una respuesta médica a lo que a menudo se trata sólo de un problema educativo. ¿Es un crío movido un enfermo o lo normal en los más pequeños es que salten, corran y se aburran en clase? Un demoledor informe del Departamento vasco de Sanidad, financiado también por el Gobierno central, aporta las claves para la atención adecuada de un problema sanitario y social que, según considera, ha tomado ya unas dimensiones “desproporcionadas”. 

El documento pone en entredicho la existencia misma de la hiperactividad (TDAH) como enfermedad y llama la atención sobre el “creciente” e “indiscriminado” uso que se está haciendo de los psicoestimulantes para su tratamiento.  Esta tendencia, alertan, “se ve apoyada y favorecida por la difusión de la hipótesis, cuestionable, de que la causa” de este trastorno, “es exclusivamente neurológica y determinada genéticamente”. El trabajo es concluyente. Ni existen pruebas diagnósticas para verificar la existencia del TDAH, ni la comunidad científica se pone de acuerdo sobre cuál es la mejor manera de abordarlo. En todo caso, alertan de que “en nuestro país no se están siguiendo las recomendaciones sanitarias más básicas y prudentes en cuanto a la prescripción del metilfenidato”, la droga que se prescribe contra la supuesta patología.  

La hiperactividad no es nueva. Comenzó a hablarse de ella a principios del siglo pasado, aunque ha sido en las últimas décadas cuando ha adquirido dimensiones epidémicas. Para muchos investigadores, como el neuropediatra estadounidense Fred Baughman, autor del superventas ‘El fraude del TDAH’, directamente no existe. Es sólo “un invento de la Psiquiatría” sin base científica alguna, que cuenta con el escudo protector de la industria. La mayoría de los profesionales de la salud lo considera como un síndrome de origen neurológico, que se controla con psicoestimulantes.  

Durante décadas, los defensores de esta idea, médicos de familia, pediatras y neuropediatras fundamentalmente, han buscado marcadores biológicos, pruebas de laboratorio como radiografías y escáneres que permitieran demostrar esta hipótesis. No los han logrado. “La Asociación Americana de Medicina llegó a afirmar en 1998 que el TDAH ‘es uno de los trastornos mejor investigados de la Medicina’. No deja de ser una afirmación pintoresca al referirse a un cuadro cuya base genética no se ha demostrado ni de lejos”, comenta el psiquiatra Jorge Tizón, fundador del Equipo de Prevención en Salud Mental de la Sanidad catalana.  

Sólo una excepción  

En medio de ambas corrientes, un tercer grupo, los defensores de la psicoterapia, considera que la hiperactividad, el déficit de atención y la impulsividad no pueden considerarse una enfermedad, sino “ocasionalmente” síntomas de un problema de salud más grave. Se refieren a los trastornos de la personalidad, patologías cercanas a la psicosis y la esquizofrenia, que requieren un abordaje terapéutico más amplio, basado fundamentalmente en la ayuda psicológica y el apoyo familiar y escolar. Figura entre ellos el psiquiatra infantil Alberto Lasa, coautor del informe del Gobierno vasco ‘Evaluación de la situación asistencial y recomendaciones terapéuticas en el TDAH’. “Se le atribuye una incidencia del 5% al 8% , y en determinados entornos hasta del 15% de la población infantil. No es así. Los niños hiperactivos son sólo una excepción”, aclara.  

La falta de consenso entre los profesionales sanitarios es total. Más allá de las dudas sobre su existencia, no hay acuerdo sobre qué es la hiperactividad, cómo debe diagnosticarse ni cómo se ha de tratar. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta si se trata de un trastorno infantil, como se decía hasta hace sólo unos años, o de una enfermedad crónica. “Los criterios van cambiando. La última moda es que se trata de una patología incurable que necesita terapia de por vida. La comparan con la necesidad de insulina para el diabético o las gafas para un miope”, critica Alberto Lasa.  

Los especialistas que la atribuyen a un fallo en el cerebro la diagnostican mediante el análisis de dos test que rellenan los profesores del niño, por un lado, y los padres, por otro. En ellos, plantean preguntas como si el niño es muy movido, contesta a sus padres, si desobedece y se le caen las cosas a menudo. “Se sabe muy poco del desarrollo del Sistema Nervioso Central de los niños» -añade Tizón- pero sí se sabe que se halla en continua evolución al menos hasta los 7 u 8 años. Después se enfrentará a la apoptosis neuronal masiva de la adolescencia. Cómo para introducir crónicamente anfetaminas en ese cerebro del que sabemos tan poco, salvo su dinámina y plasticidad”.  

Pero, ¿hasta qué punto son peligrosos los fármacos contra la hiperactividad? El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NHI) arranca su página de información ciudadana sobre el controvertido fármaco con una seria advertencia. “El metilfenidato -comercializado en España con los nombres de ‘Concerta’, ‘Medikinet’ y ‘Rubifen’- puede crear hábito. Si toma demasiado puede sentir que no controla sus síntomas y que necesita tomarlo en grandes cantidades. También es posible que experimente cambios inusuales en su comportamiento”. “Vender u obsequiarlo -añade la advertencia- puede causar daños a otras personas y constituye un delito”. En países como Francia y Suecia su uso es prácticamente nulo; y está limitado legalmente por tener la consideración de sustancia estupefaciente. Sus efectos secundarios “más frecuentes” son pérdida de apetito, disminución del peso y estatura, trastornos del sueño, irritabilidad y ansiedad. Estudios recientes apuntan al deterioro de la capacidad cognitiva, la aparición de psicosis paranoide, que desaparece con su supresión, y también efectos cardiovasculares y crisis epilépticas.  

Otra consecuencia “temible” y polémica sobre su toma es el riesgo de utilización abusiva y predisposición a conductas toxicómanas. El Ministerio de Sanidad admite en una nota a los profesionales sanitarios que “su mecanismo de acción no se conoce con precisión” y que “no se dispone de datos suficientes respecto a los posibles efectos a largo plazo”. La sanidad de EE UU añade algo más: “El metilfenidato puede causar muerte súbita en niños y adolescentes, especialmente en aquellos que tienen problemas cardíacos”. 

El peso de los laboratorios  

¿Cómo es posible entonces que se dé a los niños algo tan peligroso? “Calmar a un niño agitado facilita la vida a todo el mundo”, argumenta Juan Manzano, profesor de Psiquiatría infantil y juvenil en la Universidad de Ginebra. “A los padres les resulta más confortable oír que su niño estará bien con la toma de una pastilla que asumir, por ejemplo, un problema educativo. Y no olvidemos que toda industria, la que sea, tiende a vender su producto”. En el centro de la polémica quedan las empresas farmacéuticas.  

El informe del Gobierno vasco alerta de que la mayoría de las guías de práctica clínica del TDAH “fallan en aspectos tan importantes como la rigurosidad de la metodología utilizada” y están financiadas “por la industria”, que fabrica y comercializa la medicación. «La hiperactividad existe», concluye el reconocido psiquiatra francés Bernard Golse, “pero son muy pocos casos. Hablar de un 8% o un 10% de incidencia es una tontería muy triste, una falsedad difundida por los laboratorios farmacéuticos, que sólo quieren vender medicamentos”.

Fuente: http://ciencia.elcorreo.com/bichos-humanos/2012-02-27/pastillas-portarse-bien-20120227.html

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24 Comentarios

  1. Edison tenía TDAH…eso no le impidió ser un adulto competente. Ese exceso de energía, lo logró reconducir en atención y esfuerzo (a los 16 años tenía que sostenerse por sí mismo), pero esa misma energía le permitió ser ávidamente despierto. El que la educación institucional sea tan normativista no ayuda: sólo hay una forma de destacar, y esa es la horma por la que después se guía al adulto, aunque realmente los “exitosos” (en el sentido de poder, dinero y estabilidad) sean personas como Richard Branson, personas que difícilmente calificarías de estudiosas.

    Hay padres y madres desbordados por la realidad laboral, y luego por la exigencia que supone educar un niño, cuya mente siempre está en plena ebullición, y su cuerpo en crecimiento y necesidades cambiantes. Y si añadimos a esto a un entorno mediático sobreestimulante, pùes no me extraña nada esto.
    Pastillitas e ya. La cultura del Prozac y el Valium (desde los 80) vino para quedarse. No cambiamos el entorno ni las causas, simplemente suprimimos los síntomas.
    Con razón, un médico chino de acupuntura, que había venido a dar un curso específico en Tenerife (coincidía con una conferencia divulgativa de reishi a la que yo asistí), me comentaba que la medicina occidental piensa como una sierra mecánica: tala los árboles para ver el bosque.

  2. Yo no se que tengo que hacer, a mi las profesoras del colegio dicen que mi hijo tiene muchos problemas de atencion, el esta en 1er grado de primaria, ya sabe leer, escribir, sumar, restar entiende muy bien todo lo que se le dice y razona mejor creo yo que algunos mayores, mi pequeño tiene 6 años, aqui en casa es normal, en algunos parques donde lo he llevado esta bien, almenos que pelee con su hermana que tiene 8 años pero del resto me parece a mi una conducta normal con dias malos y otros mejores. Pero el problema es en el colegio, ya mas de una vez que me han dicho que hay que medicarlo y yo no lo creo, me le han puesto muy malas notas y aunque es el uno de los que mas sabe de la clase por su comportamiento le bajan toda la nota, en el primer corte se quedo muy triste y me dijo que no era justo que le hubieran puesto esas notas si el era el que mas sabia de la clase, yo le dije que era por su comportamiento pero a mi tambien me parece injusto. Lo que el hace en clase segun su profesora es que es el payaso y trabaja muy de prisa todo lo que le ponen hacer y despues hacer tonterias par que los compañeros se rian, yo no creo que deba medicarlo, pero de verdad que no quiero que lo suspendan y que le hagan repetir curso por esto

    • Maribel, muy cerca de mi hay un niño de la misma edad que tiene algo de ese problema. Te cuento lo que están haciendo sus padres:

      – Tiene un seguimiento “específico” en la escuela por la psicóloga del centro en coordinación con una psicóloga especializada de un centro oficial donde le controlan. Debes buscar en tu zona el centro sanitario que pueda supervisar el proceso.

      – El niño va dos días por semana a un centro donde aplican un método japonés llamado KUMON para la concentración y el desarrollo de las propias capacidades. En ese centro, el niño es tratado individualmente según sus características y sus necesidades.

      – La medicación, si puedes evitarla, mucho mejor. Busca en internet la información que necesitas; habla con la profesora de su colegio e insiste en que tenga supervisión de la psicóloga, INSISTE en ese tema hasta que te dejen por imposible. Los padres de este niño del que te hablo lo hicieron así y consiguieron algunos resultados.

      Es un tema complicado y difícil, pero si sigues insistiendo conseguirás ayudas y recursos. Es un problema complejo para los educadores porque se ven desbordados y con pocos recursos, pero hay maestras/os muy conscientes del problema y con muchas ganas de ayudar a los padres.

      No desistas y no te vengas abajo, ESO ES PRIMORDIAL para que puedas seguir adelante.

      Un saludo cordial.

  3. Amig@s:

    Dado la gravedad del tema, del creciente número de niñ@s afectad@s,y de que hay estudios suficientes y suficientemente serios que apuntan a la INTOXICACIÓN crónica POR METALES (p.ej. MERCURIO y ALUMINIO QUE, además de otros múltiples usos, forman parte de las vacunas…) como una de las posibles causas del problema NEUROLÓGICO, Y NO NECESARIAMENTE PSICOLÓGICO, os adjunto un link que puede daros algunas pistas para seguir buscando información al respecto

    http://drcubrias.com/category/autismoasperger-tdha

    Y MÁS, por si os animáis a leer sobre el negocio de la INMUNIDAD

    Mi grave alergia al TIMEROSAL me ha obligado a visitar los Servicios Sanitarios de Urgencia en innumerables ocasiones para que me admninistraran otras tantas dosis de corticoides para evitar mi paso a mejor vida que la que me permiten los TÓXICOS albergados durante décadas en mi organismo: MERCURIO, ALUMINIO, PLOMO, ARSÉNICO… …

    Os aseguro que sé de lo que hablo, que hay técnicas terapéuticas para intentar mejorar la calidad de vida de LAS PERSONAS NEUROINTOXICADAS Y QUE NO SON PSICOFÁRMACOS

    La Denuncia De Robert F. Kennedy Jr
    LA SAGA DEL ARTÍCULO “INMUNIDAD MORTAL” (Deadly Immunity)
    Núria Homedes, Emilio Cermignani, Martín Cañas

    Robert F. Kennedy Jr, sobrino del ex-Presidente John F Kennedy e hijo del Senador Robert F Kennedy, abogado de gran prestigio que se ha dedicado a denunciar el impacto para la salud de la destrucción del medio ambiente, escribió un artículo titulado Deadly Immunity (Inmunidad Mortal) que se publicó el 16 de junio de 2005 en Salon.com. Este artículo ha generado controversia y respuestas tanto de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) como del Instituto de Medicina de EE.UU. (IOM).

    En esta nota queremos resaltar el contenido del artículo original e integrar detalles adicionales que han surgido a partir de las críticas.

    Robert Kennedy empieza su artículo relatando una reunión que tuvo lugar en Simpsonwood, Georgia en junio de 2000. La reunión fue convocada por el CDC y tuvo lugar en este centro de retiros metodista, al lado del río Chattahoochee, para asegurarse la máxima confidencialidad. El CDC no hizo ningún comunicado público de la sesión, tan sólo entregó invitaciones privadas a 52 asistentes. Entre ellos había funcionarios de alto nivel del CDC y de la FDA, el especialista en vacunas más destacado de la OMS de Ginebra, y representantes de los principales productores de vacunas, como GlaxoSmithKline, Merck, Wyeth y Aventis Pasteur.

    Según Kennedy, los funcionarios del CDC insistieron repetidas veces en que la información científica debatida estaría estrictamente “embargada”; es más en el documento principal, escrito por Verstraeten, había un mensaje que decía “No haga fotocopias ni lo reproduzca”, y los participantes no podían llevárselo consigo al finalizar la reunión. Daniel Kirchheimer no está de acuerdo con la versión de Kennedy y dice que sólo se limitaron a solicitar que la información se considerase embargada hasta que fuera divulgada oficialmente el 21 y 22 de junio. A efectos prácticos es lo mismo porque parece ser que nunca se llegó a emitir un comunicado oficial.

    La reunión tenía como objetivo tratar una inquietante investigación que había suscitado dudas sobre la seguridad de una gran cantidad de vacunas administradas a bebés y niños pequeños. Según Tom Verstraeten, un epidemiólogo del CDC que había analizado la enorme base de datos con los historiales médicos de 100.000 niños, un conservante con mercurio incorporado a las vacunas -el timerosal- parecía ser el responsable de un aumento espectacular de los casos de autismo y de un gran número de otros trastornos neurológicos en los niños.
    Según Kennedy, Verstraeten dijo: “Me quedé realmente atónito con lo que vi”, al tiempo que mencionaba la gran cantidad de estudios anteriores cuyos resultados mostraban una relación del timerosal con retrasos en el habla, trastornos por déficit de atención, hiperactividad y autismo.

    El artículo continua diciendo “Desde que en el año 1991 el CDC y la FDA aconsejaron administrar tres vacunas adicionales con el conservante a bebés sumamente pequeños -en un caso, a las pocas horas de nacer- la cifra aproximada de casos de autismo se había multiplicado por quince, pasando de uno por cada 2.500 niños a uno por cada 166. ‘Pueden darle todas las vueltas que quieran al asunto’, les dijo el Dr. Bill Weil, un especialista de la Academia Americana de Pediatría, los resultados ‘son estadísticamente significativos’. El Dr. Richard Johnston, inmunólogo y pediatra de la Universidad de Colorado cuyo nieto había nacido a primera hora de la mañana del primer día de reunión, todavía estaba más alarmado. ‘¿Mi presentimiento?’, preguntó. ‘Disculpen este comentario personal, pero no quiero que mi nieto reciba una vacuna con timerosal hasta que no sepamos mejor qué ocurre”.

    Daniel Kirchheimer, en una carta criticando a Kennedy, dice que Verstraeten no llegó a establecer una relación estadísticamente significativa entre el timerosal y el autismo. Kennedy niega que su artículo afirme que Verstraeten había demostrado significancia estadística y afirma que se limitó a decir que hay una conexión. Para reforzar su argumento cita un correo electrónico de Verstraeten a sus compañeros en el CDC en el que refiere que ha documentado que los niños después de recibir su primera dosis de hepatitis B tienen una incidencia 7,62 veces superior de autismo; y que a los tres meses, los niños que tenían sus vacunas en regla habían recibido 62,5 microgramos de timerosal y su riesgo relativo de padecer autismo era de 2,48; lo que desde el punto de vista legal sí se considera significativo.

    Un punto importante de la crítica de Kennedy es que los funcionarios y ejecutivos de Simpsonwood, en lugar de tomar medidas para alertar al público y eliminar el suministro de timerosal en las vacunas, invirtieron mucho tiempo debatiendo cómo ocultarían la información perjudicial. Muchos de los presentes en la reunión estaban preocupados por cómo las revelaciones sobre los problemas del timerosal podían afectar al futuro de las empresas fabricantes de vacunas. Daniel Kirchheimer también expresa su desacuerdo con esta afirmación. Obviamente, las apreciaciones sobre el tiempo que requiere la discusión de cada tema son subjetivas y, sin leer las transcripciones de la reunión, es imposible juzgar quién tiene la razón.

    A juzgar por los comentarios que según Kennedy hicieron algunos participantes de la reunión, lo que es evidente es que el secretismo podría responder al miedo del gobierno y de las industrias a recibir una avalancha de denuncias y juicios. “No nos encontramos en una posición favorable para defender ningún juicio, comentaba el Dr. Robert Brent, pediatra del Hospital infantil Alfred I. DuPont de Delaware. Será un recurso para nuestros abogados.

    El Dr. Bob Chen, jefe del área de la seguridad de las vacunas para el CDC, puso de relieve que ‘dada la confidencialidad de la información, hemos sido capaces de mantenerla al margen de, por ejemplo, gente menos responsable”. Lo que también parece indicar que a los participantes en la reunión también les preocupaban las consecuencias para la salud colectiva de que un número elevado de padres optase por no vacunar a sus hijos, al menos hasta que consiguieran ofrecer vacunas sin timerosal.

    Según Kennedy, “el gobierno ha demostrado ser mucho más hábil ocupándose de los daños y perjuicios que protegiendo la salud de los niños. El CDC pagó al Instituto de Medicina (IOM) para que llevara a cabo una nueva investigación para encubrir los riesgos del timerosal, exigiendo a los investigadores que ‘descartaran’ su vínculo químico con el autismo. El Instituto ocultó las conclusiones de Verstraeten, a pesar de que se había programado que se publicarían inmediatamente, y les dijo a los otros científicos que sus datos originales se habían ‘perdido’ y que no podían repetirse. Además, para engañar a la Ley de Libertad de Información, entregó su enorme base de datos de la vacuna a una empresa privada, declarando que estaban fuera del alcance de los investigadores. Cuando finalmente Verstraeten publicó su estudio en 2003, ya había empezado a trabajar para GlaxoSmithKline y había modificado su información de manera que el enlace entre el timerosal y el autismo quedara oculto”.

    Obviamente el IOM se ha defendido de estas acusaciones y ha dicho que el CDC les encargó el estudio pero no impuso ninguna condición, y que las recomendaciones que emanan de los estudios del IOM están siempre basadas en la evidencia y son revisadas por expertos independientes. Según el Dr. Fineberg, el IOM investigó el problema del timerosal en el 2001 y el comité concluyó que aunque los datos no demostraban que hubiera un vínculo entre el timerosal y los problemas del desarrollo del sistema nervioso central y el autismo, tampoco había suficiente información como para descartar la conexión. En ese momento el IOM y la Academia Americana de Pediatría solicitaron que se retirase el timerosal de las vacunas. En otro estudio realizado en el 2004, el IOM concluyó que ni la vacuna del sarampión, paperas y rubéola, ni el timerosal se asociaban al incremento de los casos de autismo, y recomendó que se invirtieran más recursos estudiando el origen real del autismo y se monitoreara la incidencia de autismo ahora que ya se ha retirado el timerosal de las vacunas más frecuentes.

    Dice Keendy que “los fabricantes de vacunas han ido retirando paulatinamente el timerosal de las inyecciones administradas a los bebés americanos, pero siguieron vendiendo suministros con mercurio hasta el año pasado. El CDC y la FDA les echaron una mano y les compraron las vacunas contaminadas para exportarlas a los países en desarrollo, y permitieron que las empresas farmacéuticas continuaran utilizando el conservante en algunas vacunas americanas, incluyendo varias inyecciones para la gripe y dosis de refuerzo del tétano, administradas rutinariamente a los niños de 11 años”. Hay quién dice que ya no hay timerosal en la vacuna de la gripe, ojala así sea. Lo que no nos parece aceptable es que se exporte a los países en desarrollo lo que se descarta en los países del norte. No tenemos información sobre el costo adicional de las vacunas sin timerosal pero creemos que América Latina tiene los recursos para utilizar vacunas que no pongan en riesgo la salud de los niños. La información disponible indica que si bien a nivel de población las vacunas que llevan timerosal se consideran seguras, también es cierto que hay niños que han sufrido daño neurológico -incluyendo autismo- a causa de estas vacunas, y todo parece indicar que esos casos se hubieran podido prevenir simplemente aplicando vacunas sin timerosal.

    Kennedy dice que “En EE.UU. algunos legisladores han defendido a la industria farmacéutica frente a las demandas de la población. El líder de la mayoría del Senado, Bill Frist, que recibió US$873.000 en contribuciones de la industria farmacéutica, ha intentado que se concediera la inmunidad a los fabricantes de vacunas de su responsabilidad por los 4.200 pleitos presentados por los padres de los niños afectados. En cinco ocasiones diferentes, Frist ha intentado sellar todos los documentos del gobierno relacionados con las vacunas -incluyendo las transcripciones de Simpsonwood- y proteger a Eli Lilly, la empresa que desarrolló el timerosal, de las citaciones a comparecencia. En el 2002, el día después de que Frist incluyera discretamente una cláusula adicional conocida como la ‘Ley de protección de Eli Lilly’ a un proyecto de ley (Ley de la seguridad de la patria), la empresa hizo una aportación de US$20.000 a la campaña del senador y compró 5.000 copias de su libro sobre el bioterrorismo. El congreso revocó la medida en 2003, pero a principios de este año, Frist incluyó otra disposición en un proyecto de ley antiterrorista que habría negado una compensación a los niños que sufren de los trastornos cerebrales relacionados con las vacunas. ‘Los pleitos son de una envergadura tal que podrían llegar a dejar sin trabajo a los productores de vacunas y a limitar nuestra capacidad de resolver un ataque biológico realizado por terroristas’, declaró Andy Olsen, un ayudante legislativo de Frist”. [ N.E.: ver la nota “EE.UU.: El Congreso hace inmune a los laboratorios a las demandas por daños de vacunas” en la Sección Ética y Derecho de esta edición del Boletín Fármacos]

    “Incluso hay muchos conservadores que están sorprendidos por el esfuerzo del gobierno para ocultar los peligros del timerosal. El representante Dan Burton, un republicano de Indiana, supervisó una investigación de tres años sobre el timerosal después de que a su nieto le diagnosticaran autismo. ‘El timerosal usado como conservante en las vacunas está directamente relacionado con la epidemia del autismo’, concluyó en su informe final el Comité de reformas del gobierno. ‘Con toda probabilidad, esta epidemia se hubiera podido evitar o reducir si la FDA no hubiera sido tan negligente en la obtención de información sobre la seguridad de inyectar timerosal, una neurotoxina conocida’. El comité añadió que la FDA y otros organismos de salud pública no actuaron como era de esperar y cometieron un ‘acto ilícito institucional para su propia protección’ y por proteger a la industria farmacéutica”.

    “La historia de cómo los organismos sanitarios del gobierno se confabularon con Big Pharma para esconder a la ciudadanía los riesgos del timerosal es un estudio escalofriante que delata la arrogancia, el poder y la codicia institucionales. Kennedy, siendo abogado y ecologista, y habiendo pasado varios años trabajando en asuntos de la toxicidad del mercurio, se había encontrado frecuentemente con madres de niños autistas que estaban totalmente convencidas de que sus hijos habían sido afectados por las vacunas. Personalmente, era escéptico con respecto a ello. Dudaba que el autismo pudiese ser culpa de una sola fuente y entendía perfectamente la necesidad del gobierno de asegurar a los padres que las vacunas eran seguras; la erradicación de las enfermedades infantiles mortales depende de ellas. Se inclinaba a estar de acuerdo con escépticos como el representante Henry Waxman, un demócrata de California que criticó a sus colegas del Comité de reformas del gobierno por precipitarse a sacar conclusiones sobre el autismo y las vacunas”.

    “Sólo después de leer las transcripciones de Simpsonwood, de analizar la investigación científica de mayor relevancia y de hablar con muchas de las autoridades más preeminentes del país especializadas en mercurio, Kennedy se convenció de que el vínculo entre el timerosal y la epidemia de los trastornos neurológicos infantiles es cierto. Cinco de sus hijos pertenecen a la Generación del timerosal, es decir, a la de los que nacieron entre el 1983 y el 2003 y que recibieron fuertes dosis de mercurio con las vacunas. ‘En los cursos de primaria, hay infinidad de niños que tienen síntomas de daños neurológicos o en el sistema inmunológico’, declaró Patti White, una enfermera de escuela, al Comité de reformas del gobierno en el año 1999. ‘Se supone que las vacunas están hechas para estar más sanos; sin embargo, en los 25 años que llevo trabajando de enfermera, nunca había visto niños tan perjudicados y enfermos. A nuestros niños les está pasando algo muy, muy malo’. Actualmente, más de 500.000 niños sufren de autismo, y los pediatras diagnostican anualmente más de 40.000 casos nuevos. La enfermedad era desconocida hasta que se identificó en 1943 y se diagnosticó en 11 niños nacidos meses después de que el timerosal se añadiera, por primera vez, a las vacunas infantiles en 1931”.

    “Algunos escépticos cuestionan si el aumento de autismo se debe o no a las vacunas contaminadas con timerosal. Sostienen que el incremento es el resultado de mejores diagnósticos, una teoría que, como mucho, parece discutible, dado que la mayoría de los nuevos casos de autismo se concentran en una sola generación de niños. ‘Si la epidemia es ciertamente un artefacto de diagnósticos pobres’, comenta a modo de burla el Dr. Boyd Haly, una de las autoridades mundiales especializadas en la toxicidad del mercurio, ‘entonces, ¿dónde están todos los autistas de 20 años de edad?’. Otros investigadores señalan que los americanos están expuestos a una ‘cantidad’ acumulativa de mercurio más elevada que nunca, por causas que van desde el consumo de pescado contaminado hasta los empastes dentales, e indica que el timerosal en las vacunas podría ser sólo una parte de un problema mucho mayor. Es un asunto que, ciertamente, merece mucha más atención de la que ha recibido, pero pasa por alto el hecho de que las concentraciones de mercurio en las vacunas eclipsan otras fuentes de exposición de nuestros hijos”.

    “Lo que resulta más sorprendente es que muchos de los investigadores más destacados hayan estado tanto tiempo ignorando, y ocultando, las pruebas en contra del timerosal. Desde el primer momento, los argumentos científicos en contra del aditivo de mercurio han sido claramente mayoritarios. El conservante, utilizado para frenar el crecimiento de los hongos y de las bacterias en las vacunas, contiene etilmercurio, una fuerte neurotoxina. Numerosos estudios han mostrado que el mercurio tiende a acumularse en los cerebros de los primates y de otros animales después de haberles inyectado una vacuna, y, también, que los cerebros en desarrollo de los bebés son especialmente susceptibles. En 1977, un estudio ruso descubrió que los adultos expuestos a concentraciones de etilmercurio mucho menores a las que recibían los niños americanos seguían sufriendo daños cerebrales años después. Rusia prohibió el timerosal en las vacunas infantiles hace veinte años, y Dinamarca, Austria, Japón, el Reino Unido y todos los países escandinavos han seguido su ejemplo”.

    ‘No se podría realizar ningún estudio que mostrara que el timerosal es seguro’, afirma Haley, jefe del departamento de química de la Universidad de Kentucky. ‘Es sencillamente tóxico en exceso. Si se inyecta timerosal a un animal, su cerebro enferma. Si se aplica a un tejido vivo, la célula muere. Si se introduce a una cápsula de Petri, el cultivo muere. Sabiendo todo esto, sería increíble que, inyectándolo a un bebé, no le causara ningún daño’.

    Kennedy dice que “Documentos internos revelan que Eli Lilly, la primera empresa que fabricó el timerosal, ya sabía desde un principio que su producto podría causar daños, e incluso la muerte, tanto en animales como en humanos. En 1930, la empresa probó el timerosal administrándolo a 22 pacientes con meningitis terminal, quienes murieron semanas después de haber sido inyectados, un hecho que Lilly no se molestó en informar en su estudio donde declara que el timerosal es seguro.
    En 1935, investigadores de otro fabricante de vacunas, el Pittman-Moore, advirtieron a Lilly que sus afirmaciones sobre la seguridad del timerosal ‘no coinciden con las nuestras’. La mitad de los perros a los que Pittman inyectó vacunas con timerosal enfermaron, con lo cuál los investigadores pudieron declarar el conservante insatisfactorio como suero para usar en perros.

    “En las décadas posteriores, las pruebas en contra del timerosal continuaron creciendo. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el departamento de defensa utilizó el conservante en las vacunas de los soldados, le exigió a Lilly que lo etiquetara como ‘veneno’. En 1967, un estudio en Microbiología Aplicada descubrió que el timerosal había matado ratones cuando lo añadieron a las vacunas inyectadas. Cuatro años más tarde, en los propios estudios de Lilly se apreciaba que el timerosal era ‘tóxico para las células de tejido’ en concentraciones tan bajas como una parte por millón -100 veces más débil que la concentración en una vacuna común-. Aun así, la empresa continuó promoviendo el timerosal como ‘no tóxico’ y también lo incorporó en los desinfectantes de uso tópico. En 1977, diez bebés del hospital de Toronto murieron después de haber frotado sus cordones umbilicales con un antiséptico conservado con timerosal”. “En el año 1982, la FDA propuso prohibir los productos disponibles sin receta médica que contuvieran timerosal, y en 1991 la empresa se planteó prohibirlo de las vacunas para animales. Pero desgraciadamente, ese mismo año, el CDC recomendó que los bebés recibieran con una serie de vacunas con mercurio. Los recién nacidos serían vacunados contra la hepatitis B a las 24 horas de nacer, y los niños de dos meses de edad serían inmunizados contra el Haemophilus influenzae B y contra la difteria, tétanos y tos ferina”.

    “La industria farmacéutica sabía que las vacunas adicionales representaban un peligro. El mismo año que el CDC aprobaba las nuevas vacunas, el Dr. Maurice Hilleman, uno de los promotores de los programas de vacunas de Merck, advirtió a la empresa que los niños de 6 meses de edad a quienes se les administraban las inyecciones sufrirían exposiciones peligrosas al mercurio. Él aconsejó que el timerosal fuera discontinuado, ‘especialmente cuando se aplicaba a los bebés y niños’, observando que la empresa conocía las alternativas no tóxicas existentes. “La mejor forma de continuar”, añadió, “es dispensar las mismas vacunas, pero sin añadir conservantes”.

    “Para Merck y otras empresas farmacéuticas el obstáculo era el dinero. El timerosal permite a la industria farmacéutica empaquetar vacunas en frascos que contienen dosis múltiples, lo cual requiere una protección adicional, ya que es más fácil que resulten contaminadas por las múltiples entradas de agujas. Los frascos más grandes son la mitad de caros de producir que los frascos pequeños y de dosis únicas, por lo tanto, para las empresas internacionales, resultan más baratos de distribuir a las regiones empobrecidas que están en riesgo de epidemia. Frente al factor precio, Merck hizo caso omiso a las advertencias de Hilleman, y los funcionarios del gobierno siguieron recomendando cada vez más vacunas con timerosal para los niños”. Antes del 1989, los niños americanos de preescolar solamente recibían varias dosis de tres vacunas -contra la polio, la difteria, el tétanos y la tosferina, y contra el sarampión, paperas y rubéola-. Una década más tarde, gracias a las recomendaciones del gobierno federal, los niños ya habían recibido un total de 22 inmunizaciones al llegar al primer curso escolar.

    “A medida que la cantidad de vacunas aumentaba, se disparaba el índice de autismo entre los niños. Durante la década de los noventa, a 40 millones de niños se les inyectaron vacunas con timerosal, provocando que recibieran niveles de mercurio sin precedentes durante un periodo muy importante para el desarrollo del cerebro. A pesar de la buena documentación acerca de los peligros del timerosal, parece ser que nadie se molestó en considerar como se acumulaban las dosis de mercurio que los niños recibirían al administrárseles todas las vacunas requeridas. ‘¿Qué hizo que la FDA tardara tanto tiempo en hacer los cálculos?’ Preguntó en el año 1999 Peter Patriarca en un e-mail dirigido al CDC. ‘¿Por qué el CDC y los cuerpos consultivos no realizaron estos cálculos cuando desarrollaron rápidamente el programa de inmunización infantil?”

    “Pero para entonces, el daño ya estaba hecho. Los bebés que, a los 6 meses de edad, habían recibido todas las vacunas, más las dosis de refuerzo, se les habían inyectado niveles de etilmercurio 40% más elevados que el límite que la EPA establece para la exposición diaria a metilmercurio, una neurotoxina relacionada [Nota, en la primera versión decía 187 veces superior pero Kennedy reconoció la equivocación, son 40% superior o 187 microgramos]. Aunque la empresa de las vacunas insiste en que el etilmercurio supone poco peligro al ser descompuesto y eliminado rápidamente, varios estudios, incluyendo uno publicado en abril por los Institutos Nacionales de la Salud, indican que el etilmercurio es, de hecho, más tóxico para los cerebros en desarrollo y que permanece en el cerebro más tiempo que el metilmercurio”.

    “Los funcionarios del gobierno responsables de las inmunizaciones infantiles insisten en que las vacunas adicionales eran necesarias para proteger a los bebés, y que el timerosal todavía es básico en los países en desarrollo, quienes, como reivindican a menudo, no se pueden permitir los frascos de dosis única que no necesitan conservante. El Dr. Paul Offit, uno de los asesores en vacunas más destacados del CDC, le dijo a Kennedy, ‘Pienso que si de verdad tenemos una pandemia de gripe -y seguro que la tendremos en los próximos 20 años, pues siempre la tenemos-, no hay forma en el mundo que nos permita inmunizar a 280 millones de personas con frascos de dosis única. Tienen que haber frascos de dosis múltiples”.

    No obstante, “mientras los funcionarios de salud pública han demostrado tener buenos propósitos, muchos de los miembros del comité consultivo del CDC, que respaldaron la decisión de las vacunas adicionales, tenían fuertes vínculos con la industria. El Dr. Sam Katz, presidente del comité, fue un consultor remunerado por la mayoría de los fabricantes de vacunas y comparte una patente de la vacuna del sarampión con Merck, quien también fabrica la vacuna contra la hepatitis B. El Dr. Halsey, otro miembro del comité, trabajó como investigador para las empresas de vacunas y recibió un doctorado Honoris Causa de parte de los laboratorios Abbott por su investigación de la vacuna contra la hepatitis B”. “Estos conflictos de intereses son corrientes dentro del círculo cerrado de científicos. El representante Burton afirma que el CDC ‘permite, de forma rutinaria, a los científicos con conflictos de interés claros, que sean miembros de los comités consultivos científicos, quienes hacen recomendaciones sobre las nuevas vacunas’, a pesar de que tengan ‘intereses en los productos y en las empresas sobre quienes se supone que deben proporcionar una opinión objetiva’.

    El Comité de reformas del gobierno descubrió que cuatro de los ocho consultores del CDC que habían aprobado las pautas para una vacuna con timerosal contra el rotavirus ‘tenían relaciones financieras con empresas farmacéuticas que estaban desarrollando versiones diferentes de la vacuna.”
    “Offit, que comparte una patente de la vacuna, admitió que él ‘se beneficiaría económicamente’ si su voto de aprobación finalmente llevaba a un producto comercializable. Aun así, descartó la insinuación que le hizo Kennedy de que sus intereses financieros directos podían haber influenciado su voto. ‘No me supone ningún conflicto’, insiste. ‘A mí sencillamente se me ha informado mediante el proceso, no me han sobornado. Cuando me senté alrededor de aquella mesa, mi único propósito era hacer las recomendaciones más beneficiosas para los niños de este país. Es insultante que digan que los médicos y los responsables de la salud pública están en el bolsillo de la industria y que, por tanto, toman decisiones que saben que no son seguras para los niños. Simplemente, no es así como funciona esto”.

    Según Kennedy “Otros especialistas en vacunas y reguladores también se consideran defensores progresistas de la salud infantil, orgullosos de su ‘asociación’ con las empresas farmacéuticas, inmunes a las tentaciones de sacar provecho personal y asediados por activistas irracionales cuyos movimientos antivacunas están poniendo en peligro la salud de los niños. A menudo, se sienten ofendidos cuando les preguntan. ‘La ciencia’, dice Offit, ‘mejor dejarla para los científicos’. De todos modos, “algunos funcionarios del gobierno se inquietaron por los aparentes conflictos de interés que había. En un e-mail dirigido a los administradores del CDC el año 1999, Paul Patriarca, de la FDA, arremetió contra los reguladores nacionales por no haber inspeccionado adecuadamente el peligro que representaba la substancia añadida en las vacunas para bebés.

    ‘No estoy seguro de que haya una forma fácil de evitar que se tenga la percepción de que la FDA, el CDC y los que determinan las políticas de inmunización hayan estado distraídos por lo respecta al timerosal hasta ahora’, escribió Patriarca. Los fuertes vínculos entre los funcionarios reguladores y la industria farmacéutica continúan, ‘también se plantearán dudas acerca de varios cuerpos consultivos, en lo que refiere a las agresivas recomendaciones de uso’ de timerosal en las vacunas infantiles”. En una encuesta reciente, solo el 10% de los técnicos de la FDA declararon no tener ningún conflicto de interés con la industria.

    Según Kennedy, “Si los reguladores nacionales y los científicos del gobierno, con los años, no supieron ver los riesgos potenciales del timerosal, nadie podía alegar su ignorancia después de la reunión secreta de Simpsonwood. Sin embargo, en lugar de llevar a cabo más estudios para probar el vínculo del timerosal con el autismo y con otro tipo de trastornos cerebrales, el CDC le dio prioridad a la política por encima de la ciencia.

    El organismo entregó su base de datos sobre las vacunas infantiles -que, en gran parte, se habían desarrollado a cuenta del contribuyente- a un organismo privado, el America’s Health Insurance Plans, asegurándose de que no se utilizaría para investigaciones adicionales. El CDC ordenó al IOM, una organización consultiva que forma parte de la National Academy of Sciences, que realizara un estudio desacreditando el vínculo entre el timerosal y los trastornos cerebrales.

    El CDC ‘quiere que declaremos que estas cosas son bastante seguras,’ comentó la Dra. Marie McCormick, que presidió el Comité de revisión sobre la seguridad de la inmunización del IOM, a sus compañeros de investigación cuando se reunieron por primera vez en enero de 2001. ‘Nosotros nunca vamos a manifestar que [el autismo] sea un verdadero efecto secundario’ de la exposición al timerosal. Según las transcripciones de la sesión, la presidenta del comité, Kathleen Stratton, previno que el IOM llegaría a la conclusión de que las pruebas eran ‘insuficientes para aceptar o rechazar una relación causal’ entre el timerosal y el autismo.
    Esto, añadió, era el resultado ‘que Walt quería’ -haciendo referencia al Dr. Walter Orenstein, director del Programa Nacional de Inmunización para el CDC”. Tal como hemos mencionado antes, el Dr. Fineberg, de IOM, desmiente estas acusaciones pero el CDC no ha querido dar a conocer el contrato, a pesar de que la ley de Libertad de Información le obliga a hacerlo y, a pesar de que ha habido muchas solicitudes, tampoco ha permitido que investigadores independientes tengan acceso a la base de datos de 6 millones de niños que recibieron vacunas.
    “Para todos aquellos que han dedicado sus vidas a promover la vacunación, las revelaciones sobre el timerosal suponían una amenaza que debilitaba todos sus esfuerzos. ‘Hemos tenido un dragón cogido por la cola, aquí’, dijo el Dr. Michael Kaback, otro miembro del comité. ‘Cuanto más negativa sea nuestra presentación, menos gente estará a favor de recurrir a la vacunación; y ya sabemos que es lo que esto ocasionaría. Nos encontramos como atrapados. Nuestra responsabilidad es, creo, saber cómo podemos salir de esta trampa”.
    “Los funcionarios nacionales, incluso en público, dejaron claro que su principal objetivo en el estudio del timerosal era disipar las dudas que había sobre las vacunas. ‘Actualmente, se están llevando a cabo cuatro estudios para descartar el vínculo presentado entre el autismo y timerosal’, garantizó el Dr. Gordon Douglas, el entonces director de planificación estratégica para la investigación de la vacuna en el Instituto Nacional de la Salud, en una reunión a la Universidad de Princenton en mayo de 2001. ‘Para poder reparar los efectos perjudiciales de la investigación, que reclamaba relacionar la vacuna [del sarampión] con un riesgo elevado de autismo, debemos realizar y hacer públicos estudios adicionales para garantizar la seguridad a los padres’. Anteriormente, Douglas había trabajado como director de vacunaciones para Merck, donde hizo caso omiso de las advertencias acerca de los riesgos del timerosal”.

    “En mayo del año pasado, el IOM publicó su informe final, cuya conclusión fue que no había ningún vínculo comprobado entre el autismo y el timerosal en las vacunas. En lugar de revisar los grandes volúmenes de literatura que describen la toxicidad del timerosal, según Kennedy el informe confiaba en cuatro estudios epidemiológicos llenos de imperfecciones que analizaban países europeos donde los niños habían recibido dosis de timerosal mucho menores que los americanos. También mencionaba una versión nueva del estudio de Verstraeten, publicada en la revista Pediatrics, que había sido adaptada para reducir la relación entre el timerosal y el autismo. El nuevo estudio incluía niños demasiado pequeños para ser diagnosticados con autismo y pasaba por alto otros que mostraban síntomas de la enfermedad. El IOM declaró que el caso estaba cerrado y aconsejó que no se realizaran más investigaciones, una postura sorprendente viniendo de un órgano científico”.

    El Dr. Fineberg, de IOM, no está de acuerdo con Kennedy, ha defendido la metodología del estudio y dice que sus datos estaban apoyados en 215 referencias, pero admite que se recomendó dejar de estudiar el vínculo entre las vacunas y el autismo, y centrar la investigación en otras hipótesis que pudieran dar resultados más convincentes. Kenney dice que “Tal vez el informe había satisfecho al CDC, pero no convenció a nadie. El representante David Weldon, un médico republicano de Florida que trabajaba en el Comité de reformas del gobierno, atacó al IOM diciendo que se basaba en unos cuantos estudios que eran ‘mortalmente imperfectos’, que estaban ‘mal diseñados’ y que no representaban ‘toda la investigación científica y médica que había disponible’. A los funcionarios del CDC no les interesa una búsqueda honrada de la verdad, me comentó Weldon, porque ‘una asociación entre las vacunas y el autismo les obligaría a admitir que sus políticas han dañado irreparablemente a miles de niños.

    ¿Quién querría llegar a esta conclusión sobre uno mismo?”. “Presionado por el Congreso, por los padres y por algunos miembros de su propio equipo, el IOM convocó, a regañadientes, un segundo equipo para que revisara las conclusiones del primero. En febrero, el nuevo equipo, compuesto por varios científicos, criticó al primero por su falta de transparencia y le instó al CDC a que pusiera a disposición del público su base de datos de la vacuna. No obstante, hasta el momento, solamente dos científicos han logrado tener acceso.

    El Dr. Mark Geier, director del Centro de Genética de América, y su hijo, David; ambos estuvieron años luchando por conseguir los documentos médicos del CDC. Desde agosto de 2002, cuando miembros del Congreso presionaron al organismo para que entregara la información, los Geier habían completado seis estudios que demuestran una fuerte correlación entre el timerosal y el daño neurológico en los niños.
    Un estudio, que compara la dosis acumulativa de mercurio que recibieron niños nacidos entre 1981 y 1985 con aquellos que nacieron entre 1990 y 1996, descubrió una ‘relación muy significativa’ entre el autismo y las vacunas.
    Otro estudio sobre el rendimiento educativo halló que los niños que habían recibido dosis mayores de timerosal en las vacunas tenían casi el triple de posibilidades de que les diagnosticaran autismo y más del triple de que padecieran trastornos del habla y deficiencia mental.
    Otro estudio que está a punto de publicarse muestra que los índices de autismo están en declive desde la reciente eliminación del timerosal de la mayoría de vacunas”. “Mientras el gobierno nacional trabajaba para impedir que los científicos estudiasen las vacunas, otros intervinieron para estudiar el vínculo con el autismo.

    En abril, Dan Olmsted, un periodista de la UPI (United Press International), emprendió por su cuenta uno de los estudios más interesantes sobre el asunto. En busca de niños que no se habían expuesto al mercurio a través de las vacunas -la clase de población que los científicos suelen utilizar como ‘control’ en sus experimentos- Olmsted investigó a la comunidad Amish del condado de Lancaster, en Pensilvania, quienes se niegan a inmunizar a sus hijos. Dados los índices nacionales de autismo, Olmsted calculó que debería haber 130 autistas entre los Amish, pero sólo encontró cuatro. Uno de ellos había estado expuesto a niveles elevados de mercurio procedentes de una central eléctrica. Los otros tres, incluyendo un niño adoptado de fuera de la comunidad Amish, habían recibido sus vacunas”. Aun teniendo en cuenta que entre los Amish pueden haber un infradiagnostico de casos de leves de autismo, la diferencia entre los casos esperados y los reales es demasiado grande e indica que debe responder a un problema real.

    “En el ámbito estatal, ha habido muchos funcionarios que también han realizado estudios exhaustivos del timerosal. Mientras el IOM estaba ocupado encubriendo los riesgos, la legislación de Iowa rebuscaba detenidamente entre toda la información científica y biológica disponible. ‘Tras tres años de estudio, acabé convenciéndome de que había suficientes investigaciones creíbles para demostrar un vínculo entre el mercurio y las crecientes incidencias en autismo’, comenta el senador Ken Veenstra, un republicano que supervisó la investigación. Ya sólo el hecho de que el incremento del 700% de casos de autismo en Iowa comenzara en los años 90, justo después de haber añadido muchas más vacunas a los programas de vacunación infantil, resulta una prueba bien sólida. El año pasado, Iowa fue el primer estado que prohibió el mercurio en las vacunas, seguido de California. Actualmente, 32 estados más están estudiando la posibilidad de aplicar prohibiciones parecidas”.

    Aun así, en lugar de seguir su ejemplo, según Kennedy “la FDA sigue permitiendo a los fabricantes que incluyan timerosal en muchos medicamentos disponibles sin receta médica, así como esteroides y colágeno inyectado.
    Y lo que es más preocupante, el gobierno continúa enviando vacunas con timerosal a los países en vías de desarrollo – algunos de los cuales están experimentado una explosión inesperada en los índices de autismo.

    En China, donde la enfermedad era prácticamente desconocida antes de la introducción del timerosal por los fabricantes de fármacos estadounidenses en 1999, los informes muestran que, actualmente, hay más de 1.8 millones de autistas.

    Aunque resulta difícil de conseguir datos fidedignos, los trastornos autísticos también parecen estar aumentando en India, Argentina, Nicaragua y otros países en desarrollo que ahora utilizan vacunas con timerosal. La OMS sigue insistiendo en que el timerosal es seguro, pero promete continuar ‘estudiando’ la posibilidad de que esté vinculado a trastornos neurológicos”.

    Kennedy ha dedicado tiempo a estudiar este asunto porque piensa que “es una crisis moral que debe abordarse”. Nosotros estamos de acuerdo. La mayoría de países industrializados están eliminado el timerosal de las vacunas para evitar el efecto del mercurio en los niños. La OMS sigue diciendo que las vacunas con timerosal son seguras y eficaces para los países en desarrollo. En muchos de estos países hay limitaciones logísticas y económicas que impiden la utilización de vacunas en dosis unitarias y si no se permitiese el uso de vacunas con conservantes la morbilidad y mortalidad por enfermedades inmunoprevenibles aumentaría. Creemos que este no es el caso de América Latina, donde la mayoría de países podrían aplicar vacunas sin timerosal.
    Por otra parte, lo que este caso demuestra es que cuando los asuntos de interés público se manejan con secretismo las consecuencias, sobre todo a largo plazo, son muy negativas. El secretismo siempre levanta sospechas, y siempre hay alguien que al sentir que se está violando el derecho a la información, acaba descubriendo el secreto. Dependiendo de la pericia del investigador, la información que se divulgue será más o menos acertada, y en cualquier caso dañara la reputación del gobierno que oculta información que los ciudadanos tienen derecho a saber. El gobierno no solo tendrá que aclarar la cadena de eventos y justificar su proceder, sino que deberá corregir los errores en la información y, después del descrédito, no es tarea fácil. Cuando eventos como estos afectan a un área tan sensible como el de las inmunizaciones las consecuencias para el individuo y la comunidad pueden ser devastadoras, y pueden durar generaciones. Basta con recordar los eventos recientes en Nigeria donde la población no quería recibir la vacuna de la polio y que desencadenó un brote de polio que atravesó fronteras y afectó a varios países en África occidental.
    Algo parecido está sucediendo con la industria farmacéutica en EE.UU. donde ha habido denuncias de que la industria farmacéutica ha ocultado datos sobre la seguridad de sus productos y la FDA no ha actuado adecuadamente, con frecuencia porque criterios políticos y conflictos de interés afectan la calidad de su toma de decisiones. En este contexto no es de extrañar que los consumidores desconfíen de la información oficial, y busquen fuentes alternativas de información y de tratamiento. Nosotros pensamos que el gobierno y las entidades reguladoras tienen la obligación de ser transparentes y mantener a los ciudadanos informados. Es tarea de todos exigir que se cumpla con este deber básico.

    Saludos y SALUD para tod@s

  4. hola estoi echa un lio ya no se que hacer mi hijo yeva un mes tomando pastillas pal tdah (straterra) y de momento yo lo veo mas centrado y la verdad ke yo creo k le an venido bien pero de repente hay gente k me dice que son malísimas esas pastillas y me quedo mal no se si estoy haciendo bien o mal dándoselas…y otro problema que tengo es k conmigo se toma las pastillas todos los días pero cuando va con su papa noooo, el papa se niega rotundamente a dárselas ..quisiera saber k problemas puede ocasionarle el tomar las pastillas y de repente no….graciasss

    • No se si te puede servir de algo, pero ahí va. Conocí a unos vecinos que tenían un hijo con hiperactividad. Estuvo en mi casa, y te aseguro que no había manera de que parará. Creo que tenía seis años, su madre trabajaba en ALCAMPO lo que es ahora CARREFOUR de administrativa. Les aconseje que lo llevaran hacer deporte, lo apuntaron a una escuela de Futbol, poco a poco fue mejorando y ahora, bueno hace unos años vi a su madre y me dijo que su hijo estaba en la universidad, que es un chico normal y que saca buenas notas.
      Mi consejo es que no le des pastillas, que haga deporte y que tengas paciencia, pues seguro que será una persona inquieta y saludable. Inquieta en el buen sentido de la palabra, personas que se hacen preguntas y que siempre tienen algo que hacer, y si ese algo se centra en aprender, viajar, música, deportes, ect. ect. puede ser maravilloso, pero ten cuidado de que esa inquietud no derive en que interese por malos hábitos, y que te preocupes por los amigos/as que tenga, y que puedan influir en los malos hábitos, sobre todo en esos primeros años tan importantes para toda persona.
      Deporte, creo que ahí está parte de la solución.
      Espero que mis consejos te sean de utilidad.
      Un saludo.

      • Además de la idónea orientación que te ofrece el compañero Indignado, te sugiero que busques apoyo psicológico para ti y de orientación para tu hijo. Procura que ese recurso psicológico no esté basado en la medicación, porque muchas veces no es necesaria, basta con una buena orientación familiar y, muy importante, escolar-educativa en su propio colegio.

        Salud.

      • Que después del colegio se pegue una buena paliza, corriendo, o en un tatami, haciendo Karate, Judo o taekondo, atletismo, ect. luego una buena ducha, y verás como se queda después de cenar.
        Además el cuerpo está diseñado para eso, lo anti- natural es no hacer nada. Siempre que haya una persona detrás que sea profesional y entendida. Hay que tener en cuenta que esta creciendo y hay por ahí mucha gente que no está preparada. Un análisis médico previo también es importante.
        Subir montañas para ver el paisaje desde arriba, hacer rutas a pie o en bicicleta. Creo que lo peor para una persona hiperactiva o no, es estar encerrada. Hay que ver el hecho de la hiperactividad como un don, en vez de un problema, y en ese sentido hay que verlo. Tomar ventaja de tus habilidades y condiciones, ver los problemas como un reto a superar, y aprender de ellos. Natación el deporte más completo, por ejemplo. Que haga atletismo, se apunte a las carreras escolares y tener un éxito, puede ser todo un estimulo, como el de meter un gol. Depende del carácter, pueden venir bien deportes de equipo o solitarios. Poner la imaginación en marcha para transcender la aburrida e impuesta realidad, puede abrir mil caminos.

    • Entiendo tu confusión, Laury. Es algo natural porque la información es poca, y muchas veces, contradictoria, como bien ilustra tu caso. Antes de nada, déjame recomendarte que contrastes cualquier consejo o dato que podamos darte en este foro con la opinión de un profesional. Aquí podemos ofrecerte experiencias, ánimo y mucho apoyo, pero no un diagnóstico ni un tratamiento.

      Imagino que ya habrás preguntado tanto al especialista que se lo prescribió (explicártelo en un lenguaje accesible forma parte de su trabajo) como al padre que dices que se niega a administrárselo (que debería apoyar su decisión en un diagnóstico médico discrepante). Si eso no ha servido, aquí van algunos datos sobre el Strattera:

      La atomoxetina (el Strattera de tu hijo) y el metilfenidato (Ritalin, Concerta o Rubifen, el medicamento del que habla el artículo) son los fármacos de referencia para el tratamiento de la hiperactividad, que es una enfermedad muy sobredimensionada, pero real. Por su mecanismo de acción, ambas drogas comparten clasificación con otros estimulantes como las anfetaminas, el éxtasis, la cocaína, la cafeína o la nicotina. El Strattera, mucho más reciente, aún tiene patente en vigor, por lo que es bastante más caro. Como todas las drogas, tiene efectos deseables e indeseables. Los efectos indeseables del Strattera son muchos y muy frecuentes (y la lista quizá no esté completa aún, dada la‘juventud’de su principio activo). En EE UU, el prospecto de este medicamento está obligado a mostrar un recuadro de advertencia bien visible (como las esquelas de nuestras cajetillas de tabaco, aunque algo más discreto) en el que se lee en mayúsculas y en negrita: “AVISO: PENSAMIENTOS SUICIDAS EN NIÑOS Y ADOLESCENTES”. No conozco los detalles, pero cuando un gigante como Eli Lilly and Company (fabricante del Strattera, multinacional con unos ingresos anuales de cerca de 18.000 millones de euros y líder mundial indiscutible del segmento de fármacos psiquiátricos) tiene que tragarse ese sapo, es porque hay estudios clínicos que le han obligado a hacerlo.

      Te invito a que vuelvas a visitar al médico de tu hijo con el prospecto en la mano y le pidas que te aclare los pros y los contras. Si no te fías de él/ella, cambia de médico. Y aunque te fíes, consulta a otros que puedan confirmar el diagnóstico (es fácil confundir ciertos síntomas, sobre todo cuando el menor está sometido a la tensión de una separación). Si no ves claro lo del medicamento, prueba otras terapias. No soy médico, pero soy padre, y creo que ninguna decisión que tomes será la buena a menos que la consensúes con el padre del niño.

      Un saludo, y suerte.

  5. Cómo a estas alturas ponen en entredicho que el TDAH como enfermedad no existe? Que es producto de la educación y entorno del niño? Por favor, simplemente comentar que si mi hijo no hubiese recibido medicación con 13 años, no sé que sería de él ni de mi ahora. Deberíamos tomar conciencia todos, sobre todo el enseñante, grupos educativos, orientación de cada centro, acceder a una formación, de todos los trastornos padecidos por los niños y adolescentes. Por favor, no más etiquetas: Es un golfo, un gamberro. Les aseguro que fui yo quien se dió cuenta que el cerebro de mi hijo no funcionaba correctamente. Decirles que se sufre mucho. Hoy día, mi hijo es un ser maravilloso, no es la pastilla del milagro, con medicación, hacerle cambiar su conducta…. Saben con qué? Con amor, demostrando día a día lo grande que es. Para mi las personas que niegan la existencia de este trastorno, son unos verdaderos ignorantes.

  6. Creo que no es bueno generalizar ni ser extremista. Yo tengo un hijo con TDAH y estoy segura de que no es un problema de mala educación ni de no haberle prestado la atención necesaria. Suficiente duro es convivir con un persona con TDAH y los problemas que esto ocasiona en la relación familiar como para encima tener que cargar con el sentimiento de culpa por no saber educar a tu hijo. A veces es fácil hablar cuando no se ha vivido el problema. He visto como mi hijo ha sido etiquetado, como se le ha marginado y como se le ha ignorado cuando ha repetido hasta la saciedad que el no había organizado un “altercado en clase”, pagando siempre los platos rotos de todo lo que sucedía. Eso provocaba que no tuviese ningún reparo a la hora de organizar alguna “trastada”, total igualmente le iban a acusar a él. A los 5 años me dijeron que estaba en el límite de la hiperactividad pero no llegaba a serlo, a los 14 le diagnosticaron TDAH y empezaron a medicarle, a mi modo de ver demasiado tarde, ya estaba suficientemente etiquetado. Pero al cumplir los 16 años decidió dejar de tomar las pastillas porque le dejaban apático, al gual que decidió dejar de ir a terapia. Las pastllas no le han creado ninguna dependencia y siempre tendré la duda de que si las hubiese tomado desde un principio quizá hoy habría acabado sus estudios y no seguiría dando tumbos sin saber que hacer con su vida profesional. Afortunadamente, me siento orgullosa de haberle sabido educar para que haya adquirido otros hábitos que hubiesen podido tener consecuencias fatales y sigue intentando labrarse un futuro. Os aseguro que no ha sido nada fácil y que he tenido que invertir mucho tiempo y renunciar a muchas cosas para conseguirlo.

  7. Está claro, la industria farmaceutica intenta hacerse millonaria a costa de la salud de la pobre gente, los psicólogos sacan el dinero a la misma pobre gente tratando problemas que no existen, y está claro que el problema del niño es 100% debido de la mala educación de los padres. A ver si lo entiendo bien: Simplemente con una buena educación se acaba el problema… Impresionante. Mientras se resuelve el problema de la educación (siempre y cuando éste sea el origen), es mejor que un niño (o adolescente) no tome psicoestimulantes que podrían afectarle de por vida… Es mejor que siga pensando que es un vago, gandul, que es menos inteligente que los demás, menos capaz, y que siga teniendo la autoestima por los suelos (ya hemos dicho que eso se resuelve con educación y que los padres son unos gañanes). Es mucho mejor que compense esas carencias con buenas sesiones de botellón (algo muy habitual entre nuestros jóvenes, pero de eso no vamos a quejarnos) con consumo de otras drogas cuya composición y dosis me gustaría conocer, o con otras conductas de riesgo que le sirvan para evadirse de su triste miseria, por no hablar de los pensamientos suicidas que le puedan abordar de forma intermitente a causa de su desesperanza. Pero claro, todo esto se puede resolver con buena educación… ¿habrá algún padre/madre que no sea un gañán egoísta y que verdaderamente se preocupe de la educación de sus hijos?, y si es así y su hijo sigue teniendo los problemas que comento ¿qué tiene que hacer? ¿acudir a un psicólogo que solo le va a dejar la cartera pelada (recordemos que NO existe este problema)?, ¿Acudir a un psiquiatra para tratar el problema que no existe con pastillas que no sirven y que van a provocar secuelas catastróficas en la mente del chaval?, ah, perdón, que todo esto se soluciona con buena educación, autoestima y yoga… Ya. Por favor, ¿Alguno de vosotros puede ayudarme a dar solución a mi problema sin recurrir a fármacos?. Agradecería que alguien aportara SOLUCIONES a estos problemas (y si alguien me dice que trate de educarlo bien que caigan cien mil rayos sobre él).

  8. La unica diferencia entre una droga y un medicamento es la legalidad del segundo. Los intereses que hacen que una droga pase a ser considerada un medicamento o farmaco son muy diversos y no siempre estan en las manos mas idoneas para decidirlo (cuando se trata de un negocio, como es el caso de las farmaceuticas, lo mas probable es que los beneficios que predominen sean los economicos y no las mejoras en salud).
    Hay que tener en cuenta que, en el campo de la psiquiatria es donde mas pueden experimentar con farmacos sin eficacia probada por tratarse de patologias, en su mayor parte, todavia en estudio (cientifico me refiero): no se conoce ni etiologia ni patogenia o los estudios que hay no son concluyentes….no se si me explico, es el campo perfecto porque la desesperacion de pacientes que no saben por que enferman (y si sera posible curarse) o de sus familiares los hace susceptibles a cualquier remedio con ‘algun’ precedente de mejoria. No obstante, los efectos secundarios, como digo, suelen ser desastrosos y mas aun, ¿como se puede intentar curar cualquier enfermedad con un determinado remedio si no se sabe (ni se estudian) las verdaderas causas que la producen?
    Alguien ha oido hablar por ejemplo, de las implicaciones del ritmo de vida de esta sociedad asi como de la television en las mentes de las personas (preferentemente de l@s mas peques, quienes todavia no tienen su aparato cognitivo formado y con defensas suficientes)? Seguramente no, porque como es bien sabido, buscar las posibles causas para aplicar las soluciones correctas no es lo que interesa (no da dinero) es mucho mas eficiente a corto plazo atiborrar con drogas. ¿Las consecuencias? ya se estan viendo: cada vez mas patologia psiquiatrica ‘de novo’ y mas cocteles farmacologicos para tratarlas, a largo plazo comenzaran a aparecer todos esos efectos secundarios indeseables y con ellos: mas patologia, mas medicacion….
    Un saludo

  9. Las recetas de psicofármacos a menores están aumentando de forma alarmante. ¿Hasta qué punto están justificadas todas ellas? ¿Qué consecuencias pueden tener esos medicamentos en cerebros aún en formación? La polémica está servida.

    Todo parece normal en la vida de Vicente Bueno, de 13 años, el menor de tres hermanos. El ambiente de su casa, en una urbanización en el sureste de Madrid, es el esperable a las siete de la tarde en una familia de clase media, con el típico desorden de mochilas y zapatillas de deporte en el salón. Todo es normal… hasta que echas un vistazo al botiquín, repleto de medicamentos. Una mirada experta vería enseguida que la mayoría tiene indicaciones psiquiátricas.

    Aunque ninguno ha sido debidamente testado en menores (pocos fármacos lo están), son el pan de cada día para Vicente. Según nos explican sus padres, toma sertralina (un antidepresivo), para la ansiedad; metilfenidato (un derivado de las anfetaminas), para su trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH); el anticonvulsivo valproato (empleado en la epilepsia), para sus cambios agudos de humor, y clonidina (un antihipertensivo/antimigrañoso), para inducirle el sueño. En los últimos tres años, Vicente ha tomado más de 25 fármacos psiquiátricos diferentes por prescripción médica.

    «Cuando veo todo lo que se mete mi hijo, me siento como si lo estuviera drogando», confiesa Teresa, la madre. «Sin embargo, sé cómo era antes, y el cambio que veo me tranquiliza. Creo que, sin los medicamentos, mi hijo no avanzaría en la vida. Dicen que muchos de estos fármacos tienen efectos secundarios. Espero que los beneficios a largo plazo superen a los riesgos.»

    El de Vicente no es un caso anecdótico. Según el registro internacional de datos IMS MIDAs, España ocupa el tercer lugar del mundo (por detrás de EE.UU. y Canadá) en número de recetas de antidepresivos, ansiolíticos, estimulantes, antipsicóticos… extendidas a menores. La situación ha provocado un encendido debate, tanto entre padres y educadores como entre los propios profesionales de la medicina. ¿Son necesarias todas esas recetas? ¿Qué efectos secundarios puede tener el consumo crónico de fármacos psicoactivos en cerebros aún en formación? ¿Cómo se permite extender recetas de psicofármacos a menores, pero no se estudian sus efectos en ellos? ¿Cómo integrar el puzle de intereses industriales, comodidad para padres y profesores y beneficio real para los niños?

    Algunos expertos lo tienen claro. «La mayoría de los niños españoles tratados con fármacos para el TDAH no están enfermos en realidad; han sido víctimas de un exceso en el diagnóstico, cometido por los psiquiatras, pediatras, neurólogos o pedagogos que los trataron y por sus propios padres, que demandan la pastilla mágica que acabe con los problemas», declara sin titubeos la psiquiatra Eglée Iciarte, colaboradora clínica docente de la Universidad Autónoma de Madrid. Iciarte no tiene reparo en denunciar «el empleo indiscriminado que algunos profesionales hacen de los psicofármacos en menores, un error que nace de la trivialización de los diagnósticos, por tratar un síntoma a nivel de enfermedad».

    De momento, las voces de alarma no parecen calar hondo. Un informe publicado en la revista Archives of Disease in Childhood, que ha analizado la situación en España, Alemania, Francia, Argentina, Brasil, México, Canadá y EE.UU., indica un aumento de hasta el 70 por ciento anual en las prescripciones de psicofármacos a menores. Según sus autores, «el aumento no sólo se debe a un mejor diagnóstico; también a las grandes campañas de marketing de los laboratorios, que están relegando el recurso a tratamientos no farmacológicos, como la psicoterapia».

    Jaime tiene 11 años, cursa sexto deprimaria y toma a diario metilfenidato para poder avanzar en sus estudios y en la vida. Tranquilo, con un coeficiente intelectual alto «y algo soñador», hace dos décadas ningún médico en su sano juicio le hubiera recetado un psicofármaco estimulante. Hoy es sólo uno de los miles de niños españoles tratados de déficit de atención, en su caso sin síntomas de hiperactividad (lo que se conoce como TDA). Trastorno casi desconocido hasta los años 90 –antes hubieran catalogado a estos niños como despistados, vagos o incapaces de llegar a nada–, hoy el diagnóstico de TDA y TDAH es uno de los de mayor crecimiento en Occidente. «Parte del aumento debe a que nuestra sociedad se ha vuelto intolerante a la diversidad», declara el pediatra Lawrence Diller, autor del éxito de ventas The last normal child (El último niño normal), con 20 años de experiencia en el tratamiento de problemas de comportamiento en niños. «Los padres de hoy quieren tener hijos no conflictivos y que se ajusten a un modelo preestablecido», añade. «Cuando no es así, algunos buscan un diagnóstico de TDAH y una pastilla; tienen poco tiempo para educar, ayudar a sus hijos a desarrollar habilidades de conducta, relación, eficacia funcional… De hecho, cada vez veo más padres que traen a hijos cada vez más pequeños por problemas cada vez más triviales.»

    No habla por hablar. Uno de cada 25 niños está siendo tratado de TDAH en su país. A nivel mundial, la venta de fármacos para este trastorno se ha multiplicado por más de tres. «El drama en nuestro país no es el exceso de diagnóstico, sino todos los niños que mejorarían con tratamiento y no lo reciben», sostiene por su parte el doctor César Soutullo, consultor clínico de la Unidad de Psiquiatría de la Clínica Universitaria de Navarra. «La media de retraso diagnóstico del TDAH en España es de unos cinco años y apenas el 50 por ciento de los afectados está diagnosticado; es un tiempo perdido valiosísimo, porque son los años donde se concentra el máximo de aprendizaje», afirma. «El diagnóstico riguroso es absolutamente esencial, y éste sólo puede hacerlo un psiquiatra, un pediatra o un neurólogo con experiencia dilatada. No hay que confundir déficit intelectual o cognitivo con TDAH y no se puede tratar con estimulantes un problema que no lo requiere.»

    En el medio de la polémica, Mercedes y Alfredo, padres de Jaime, hablan de resultados: «La pastilla que toma (metilfenidato de liberación lenta) ha supuesto un antes y un después en la vida de Jaime. Con el tratamiento –y los resultados se vieron en una semana–, nuestro hijo no sólo ha ganado en capacidad para gestionar su trabajo y su tiempo o en sentido del orden…, sino que su autoestima y su carácter han mejorado». Las notas también son mejores, pero es lo que menos les importa. «Lo peor era la infelicidad del chaval al ver que no podía desarrollar sus capacidades, no sólo en el colegio, sino en todas las facetas de su vida», aclara Mercedes. Ella y su marido saben que el tratamiento no está libre de efectos secundarios, como insomnio, pérdida de apetito, menores tasas de crecimiento…, «y de hecho nos costó dar nuestro consentimiento», pero el médico les ha explicado que, en el caso de Jaime, «los beneficios son superiores a los riesgos».

    «Otros lo tienen peor –comenta Mercedes–. Cuando el trastorno de déficit de atención conlleva hiperactividad o trastorno de oposición desafiante (con sentimientos de hostilidad, ira, desafío…), es mucho más difícil de sobrellevar.»

    Clara y Alberto saben de qué habla. Desde pequeño, su hijo Gonzalo, ahora con diez años, tenía ataques de ira y desobedecía por sistema. Juguetes destrozados, irritabilidad y comportamientos de riesgo –como clavar las tijeras a su hermana de tres años, por suerte en un muslo– eran rutina en Gonzalo. «El tratamiento (una pastilla diaria de metilfenidato junto con otra de un antidepresivo, una más de un antipsicótico y sesiones de psicoterapia) nos ha traído la paz a todos», apunta Clara. «No sabemos cuánto tiempo deberá seguirlo. Nos han dicho que, en la mitad de los casos, la hiperactividad se resuelve con los años; creen que el resto de los problemas los irá superando. Por suerte han quedado descartados daños orgánicos en el cerebro. En cuanto a los efectos secundarios, esperemos que sean lo más leves posible.»
    Según datos de la Comisión Europea, entre el 50 y el 90 por ciento de los medicamentos nunca ha sido ensayado en menores. No es sólo desinterés. Los menores son considerados «vulnerables» y los comités que evalúan los ensayos son más rigurosos en ellos. En España, quienes investigan con chavales deben, además, informar a la Fiscalía de Menores. Mientras cambia la normativa, miles de pequeños siguen tomando fármacos jamás experimentados para su edad. Afortunadamente, hay indicios de cambio. La Agencia Europea del Medicamento está coordinando iniciativas para la investigación de fármacos en menores.

    De momento, lo que sabemos ya invita a la prudencia. Una revisión de estudios con antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) indicaba mayor riesgo de pensamientos y actos suicidas en menores que los tomaban que en los que ingerían placebo (el mayor riesgo parece concentrarse en los primeros meses de tratamiento, porque el niño recupera la energía antes de que se resuelva la depresión). Otro estudio, éste con animales, indica que esa misma familia de antidepresivos puede afectar al desarrollo del cerebro en edades tempranas y aumentar el riesgo de depresión. En febrero pasado, las autoridades sanitarias norteamericanas (FDA) emplazaban a los fabricantes de fármacos empleados en el TDAH a que crearan guías para pacientes con las que alertaran de los posibles riesgos cardiovasculares y de los síntomas psiquiátricos (ansiedad, manía, alucinaciones…) derivados de su consumo. «Un niño no es un adulto en miniatura –declara María Jesús Mardomingo, jefe de Psiquiatría y Psicología Infantil del hospital Gregorio Marañón de Madrid y presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil (Aepij)–. Sin investigación no podemos saber qué fármacos son eficaces en menores y cómo hay que prescribirlos. Por otro lado, dejar a los niños huérfanos de tratamientos no es protegerlos, sino todo lo contrario. De momento, la regla de oro es el rigor y la experiencia del médico», aunque en España no existe la especialidad de Psiquiatría Infantil, «el único país de la UE, junto con Letonia», explica.

    Otro gran interrogante son las consecuencias de los cócteles de psicofármacos que se recetan hoy a los niños. Según un estudio encargado por The New York Times, más de millón y medio de menores norteamericanos toman al menos dos fármacos psiquiátricos conjuntamente. De ellos, más de medio millón consume al menos tres. Más de 160.000 ingieren cuatro a la vez. Algunos grupos, como la Regional Humanista Europea, ya se están movilizando para frenar el tsunami de recetas `triviales´ que se prevé a este lado del Atlántico. Giorgio Schultze, portavoz del grupo, se declara preocupado por que muchos menores estén siendo tratados con psicofármacos «debido a que los padres temen que, de no hacerlo, expulsen a sus hijos del colegio». «Antes de importar tendencias, deberíamos informarnos bien», dice Schultze. Casos como el ocurrido en diciembre pasado en Boston podrían animarnos a ello. Ese día, la Policía encontró a Rebecca, de cuatro años, muerta en la habitación de sus padres, junto con su osito de peluche. El fiscal acusó a los padres de haber intoxicado a la niña con sobredosis de psicofármacos que la pequeña tomaba desde los dos años de edad, cuando le diagnosticaron trastorno bipolar y TDAH. El caso ha conmocionado a la opinión pública, porque las autoridades ya estaban investigándolo, pero seguían enzarzadas en discusiones estériles con el psiquiatra que trataba a la niña, en vez de proteger a la menor. En la resaca del caso, muchos psiquiatras y neurólogos empiezan a pensar si no habría que recetar psicofármacos a menores sólo a la luz de evidencias científicas y después de haber probado con otros métodos no farmacológicos. «No se pueden recetar psicofármacos para resolver problemas existenciales o para que un niño se porte bien», concluye la doctora Mardomingo. Los psicofármacos tratan problemas psiquiátricos; y éstos sólo puede diagnosticarlos un profesional de la medicina con experiencia. En cuanto al consumo indiscriminado, no existe ninguna evidencia que demuestre que la combinación de fármacos psiquiátricos en niños o adultos sea eficaz y ni siquiera apropiada.»

    Marisol Guisasola

    http://xlsemanal.finanzas.com/web/articulo.php?id=20957&id_edicion=2447

    Os dejo un vídeo de Ken Robinson: http://www.youtube.com/watch?v=nPB-41q97zg&feature=player_embedded#!

    Un cordial saludo para tod@s

  10. Realmente me indigna que se diga que el trastorno del TDAH NO EXISTA, es facil hablar por hablar porque no viven el dia a dia el problema pero Yo que soy una adulta que siempre he tenido TDAH y que tengo un hijo con el mismo problema nos quieran ignorar y minimizar, señoras y señores este es un problema real y cierto y hay estudios serios neurologicos que lo prueban y tambien se lo que es tomar la pastilla y creanme que no causa ni adicción y todas esas reacciones que se mencionan, mi hijo la ha tomado por la inhatencion y no lo hace mas quieto pero si mas atento desgraciadamente despues de un tiempo ha dejado de hacerle efecto peroyo tengo la esperanza de que pronto sea aprobada la nueva medicación y no porque yo quiera desobligarme de mi deber como madre en custion de normas y educación sino porque al ver los niños que retienen mejor la atención y la memoria con la pastilla se vuelven mas seguros y estableces en todos los entornos “casa, escuela y sociales”.

  11. Os dejo aqui un enlace:
    Es de un anuncio sobre etiquetas psiquiatricas en la niñez y adolescencia…su uso y abuso….basta ya!
    Dura minuto y medio, muy real y emotivo.

    Vivimos en una sociedad que ha perdido totalmente el contacto con la realidad, enferma y que hace enfermar a sus peques en pos de una supuesta normalidad que no es tal. Que es normal y que no? o, por que se mide a una persona en base a determinadas capacidades menospreciandose e infravalorando otras?

    Muy interesante el articulo, Alberto Lasa fue profe mio, si teneis oportunidad os recomiendo leer algo de el o acudir a alguna de sus conferencias.

    Un saludo

  12. ¿Y los comportamientos de los niños por la verdadera falta de atención, pero de los padres?. Mama y papa trabajando y cuando llegan a casa, me dejas que estoy cansado ves y se lo dices a tu madre…si es niño, o “al verres” si es niña. Muchas veces se debe a la despreocupación de los propios padres. Además de nada sirve querer que niños de 3 años los obliguen a aprender a escribir o cosas que cuando son más mayores las aprende en un momento, cuando a esas edades están más para explorar, moverse, jugar y los quieren quietos, cuando lo natural es que salten se rían y jueguen.
    Los laboratorios de farmacia se creen que todos somos unas cobayas o ratones, cuando lo que les motiva es el beneficio puro y duro. Manda más el director ejecutivo de un laboratorio que los médicos investigadores y como hay que trabajar para comer y comprase un audi8, pues firmo lo que me pongan por delante… solo se acuerdan del juramento “hipocresiatico avariciosus”.

  13. Yo también tengo una sobrina que ha sido tratada. No ha habido manera de convencer a sus sumisos papá y mamá, de que su hija era una niña normal. Ahora es una adulta de 7 años, con la misma capacidad de aprendizaje anterior al tratamiento. Me repatea el hígado tanto la mezquindad de las mafiacéuticas, como la peligrosa y triste ignorancia de los padres.

  14. Me parece un artículo muy interesante. Tengo un sobrino de 10 años que está siendo tratado de TDHA y realmente ha cambiado mucho tanto psíquica como físicamente. Ya no es el niño que era (travieso, protestón…) por la medicación que toma. Me resulta anti-natural todo este despropósito sobre medicar a niños que tienen un problema de atención y comparto cien por cien que son un producto de la educación y su entorno.

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