La verdadera función de la policía

1270


La policía tal y como hoy se concibe, es decir, como fuerza armada civil encargada del mantenimiento del orden público y de la investigación criminal es un invento reciente, del siglo XIX, cuando la expansión desmedida de las ciudades y el auge del movimiento obrero como respuesta a la explotación capitalista hicieron necesario –para los poderosos– el desarrollo de métodos de control social más eficaces.

En tiempos anteriores ala Revolución Industrial el «orden» social lo mantenía el ejército, en particular unidades de tipo pretoriano (guardia real, mosqueteros, guardia suiza, etc.), bien armadas y encuadradas, que a menudo constituían la única fuerza militar permanente y que, aunque resulte paradójico, rara vez o nunca participaban en una guerra: su función era proteger al poder, cosa que a menudo reflejaban sus propias denominaciones (guardia pretoriana, guardia del rey…). Aparte de esto, en las zonas rurales podía haber desplegadas milicias más o menos organizadas que, con el pretexto de combatir el bandidismo, aseguraban la sumisión de las poblaciones campesinas a la autoridad central. Y eso era todo. No hacía falta investigación criminal porque, después de todo, tampoco había un servicio de administración de justicia propiamente dicho ni, en realidad, una verdadera administración pública: el Estado se limitaba a cobrar impuestos a campesinos y artesanos para mantener el nivel de vida de la aristocracia ociosa.

El triunfo de la burguesía, con sus concepciones de sociedad civil, derechos humanos, administración pública, pero también de capitalismo, industrialización e imperialismo, trajo consigo la aparición de la policía tal y como la entendemos hoy. Y con ella vino también la idea, muy asumida en el inconsciente colectivo, de que la sociedad no se puede mantener sin la presencia de una fuerza coercitiva que asegure una mínima convivencia. Este concepto del monopolio violento del Estado, que se refleja incluso en las relaciones familiares, ¿tiene alguna base real?

Lo cierto es que incluso en sociedades hipertrofiadas y desquiciadas como las actuales la mayor parte de la población no muestra una inclinación particular al «delito». Mientras la subsistencia está asegurada resulta obvio que, con policía o sin ella, la gran mayoría de la gente se comporta de forma tranquila, solidaria y respetuosa, sobre todo porque al ser humano corriente le agradan la calma y la rutina. La situación cambia, desde luego, cuando los medios de susbsistencia dejan de estar asegurados y la población vive un ambiente de incertidumbre respecto a su futuro. Estas situaciones pueden generar desórdenes que, no obstante, son resultado de la mala gestión de las clases dominantes, no de la supuesta «maldad intrínseca del ser humano» que alegan los poderosos para justificar los aparatos represivos, sobre todo en nuestros días. Por decirlo con brevedad, esa imagen tan querida por los guionistas apocalípticos de cine y televisión, de las turbas asaltando los comercios apenas se abre la mano, es sólo un tópico literario.

También es cierto que suceden multitud de pequeños delitos cotidianos a despecho de la policía y sin que su mayor o menor incidencia tenga que ver con el número de agentes, sino con otros condicionantes sociales como la pobreza, la mala calidad de la educación o unas pésimas expectativas de futuro. En este aspecto la policía es incapaz de prevenir la abrumadora mayoría de los pequeños delitos a priori y tampoco los resuelve a posteriori, salvo delación o confesión espontánea. La imagen del inspector deductivo y sesudo que a partir de un pelo encuentra al asesino de Manolete escondido debajo de una piedra es también una ficción novelesca. Sherlock Holmes o Bones no existen en el mundo real.

Hay además una delincuencia de alto nivel que la policía no puede afrontar. Las grandes organizaciones del crimen actúan a placer porque poseen medios, influencia y dinero más que suficientes para contrarrestar cualquier actuación política o policial, y esto es así incluso en el caso de que hubiera voluntad política de hacer algo al respecto. El caso de las mafias que gobiernan hoy día gran parte de Italia, de Colombia o la frontera norte de México son ejemplos de cómo la policía no puede cumplir la misión que, en teoría, le ha sido encomendada por la sociedad. En este terreno podríamos incluir la actividad combinada de grandes empresarios, banqueros, instituciones financieras internacionales, políticos corruptos y demás parásitos que conforman la élite dominante. Una actividad que, pese a su carácter dañino, es considerada legal y queda fuera de la jurisdicción de la policía. Si la policía no asegura el orden ni previene los delitos y apenas resuelve alguno, es precisamente aquí donde va quedando clara su verdadera función: proteger a los ricos y poderosos.

A pesar de la literatura y de la imagen amable que el género policíaco ha ido creando, la policía es hoy, como ha sido siempre, un cuerpo pretoriano destinado a asegurar los privilegios de la pequeña clase que vive a costa del trabajo de la gran mayoría de la población. Constituye de hecho el primer escalón en la defensa de los privilegiados, que por si acaso, se reservan una segunda línea, mucho más expeditiva pero que rara vez hay que usar, en el ejército. Que la policía (como el propio ejército) esté integrada de forma abrumadora por personas de clase baja o media-baja confirma la esencia tradicional del pretoriano: el desclasamiento a cambio de la tranquilidad de un sueldo. En el caso español, la composición de los innumerables cuerpos policiales es muy significativa, aunque no es en lo fundamental diferente a cualquier otra policía de cualquier otro país: un pequeño grupo directivo formado por hijos de la élite dirigente y una masa de infantería compuesta casi en exclusiva por fugitivos de la clase trabajadora, gente con poca iniciativa, a menudo con pocos estudios o ninguno en absoluto, que accede a la única salida laboral que no sufre recortes y que no exige más requisito que obedecer órdenes sin reflexionar y estar dispuesto a hacer uso sobre la ciudadanía de las armas que le son confiadas.

En España, por añadidura, el alto mando policial acoge a un gran número de antiguos grises, agentes de la policía franquista que, con el paso de los años, han ido promocionando y se han encargado de entrenar en los más sólidos principios de la represión fascista a las nuevas generaciones de agentes. Dado que, además, la propia naturaleza del cuerpo atrae a personas de carácter muy especial (gusto por la uniformidad, por la obediencia al escalafón, por las armas) no debe resultar extraña la agresividad que los agentes antidisturbios despliegan en su tarea represiva. Por supuesto, la policía no es solo su unidad antidisturbios, pero esta es su misión más importante en la muy desordenada sociedad actual. Por otra parte, todos y cada uno de los agentes son antidisturbios en potencia, según necesidades.

Cabe preguntarse ante la imagen de los agentes acorazados: ¿es realmente necesaria tanta armadura y tanto armamento para enfrentarse a manifestaciones que por lo general son pacíficas? Pacíficas, sí, porque salvo en el caso de incidentes generados por provocadores (a menudo fascistas ajenos a las concentraciones, cuando no se trata de policías disfrazados de ciudadanos normales) está demostrado que los disturbios solo surgen cuando actúan los antidisturbios y son tanto más violentos cuanta mayor violencia despliegan las «fuerzas del orden». Esta brutalidad de los policías siempre sorprende, porque aparte de tratarse de una conducta indigna, genera un gran rechazo público y es frecuente que el ciudadano se pregunte el porqué de estas actuaciones que excitan el descontento de gran parte de la población.

Nada de esto es gratuito o casual. Los agentes de policía son peones que reparten porrazos (y tiros, si se lo ordenan) a placer, pero no dejan de ser la mano ciega de individuos más poderosos. Y así, en efecto, el uniforme de diseño amenazador, la armadura, la panoplia, la violencia y el ensañamiento son no ya necesarios, sino imprescindibles, porque en el retorcido ordenamiento social vigente forman parte de una puesta en escena con un objetivo muy concreto: crear miedo.

La policía existe para proteger a los ricos. Esa es su función primordial, el resto es subsidiario. Para asegurarse el mantenimiento de los privilegios, la casta dominante no conoce medio más eficaz e inmediato que el terror. Que en las sociedades regidas por sistemas de democracia burguesa este reparto del miedo no llegue a los extremos criminales de las dictaduras es sólo porque no es necesario pasarse de rosca, pero no hay que dudar de que, en caso de que las cosas se pongan difíciles, la policía abrirá fuego sobre la población, en Damasco, en Madrid o en París. Ya se ha hecho antes, y en el futuro, cercano o lejano, no será diferente.

Así pues, una revolución social bien encaminada debería asumir como premisa de partida el cuestionamiento de muchas «verdades» de esta sociedad tan desastrosa en que vivimos: el principio de autoridad, el culto al trabajo, la representatividad del voto y, por supuesto, la supuesta necesidad de una fuerza armada para mantener el orden.

Pero incluso admitiendo el argumento torticero de que hace falta una coerción, por mínima que sea, para mantener cierto orden en el caos de la hiperurbanización y el exceso demográfico, habría que reivindicar en todo caso una policía nueva que fuera:

-Realmente civil.

-Permanentemente identificada.

-Privada de armas.

-Por completo transparente.

-Depurada de fascistas, retrasados mentales, psicópatas y analfabetos funcionales.

-Sin espíritu de cuerpo.

-Y, sobre todo, sometida a un severo control público y a las mismas leyes que el resto de ciudadanos, sin el menor privilegio y sin el marchamo de héroes-funcionarios creado por las series de televisión y las películas.

Por último, conviene tener en cuenta que de nada sirve sacar las cosas de quicio: la policía es parte del problema, pero no es «el problema». Parte de su utilidad para los ricos es que la policía, con su brutalidad, atrae el odio de los trabajadores. A fin de cuentas, constituye la primera línea defensiva del enemigo, pero el enemigo es la clase dominante que explota el trabajo ajeno, esos «emprendedores» ansiosos y rapaces que suponen el auténtico peligro para el orden público e incluso para la supervivencia de la especie humana. Y son estos quienes tienen la policía a su servicio. Una policía que es solo el mensajero: la indignación ciudadana debería apuntar más alto, pues cuando caigan los poderosos, que son los creadores del desorden, la desigualdad y la injusticia, la policía ya no tendrá razón de ser.

Comentar con Facebook ()

Comentar (23)

23 Comentarios

  1. Hola, ante que nada, disculpen si no soy muy claro en lo que voy a expresar. Eh leído todo lo que se ha publicado y como siempre, se escuchan las campanas de la periferia del pueblo, la que le suena con un fuerte tono contra la policía y la otra que se defiende de lo que hace y porque lo hace. La policía es una herramienta, como el poder judicial y penitenciario dentro del control social formal. Lo que realmente debemos pensar y analizar, es cual es el rol que debe cumplir la policía, y cuando lo tengamos definió, aceptarlo. Acá no se trata de si la policía no puede con los mas ricos, interviene en manifestaciones, etc., para todo eso se basa en Derecho y Obligaciones, las cuales fueron legisladas, y en este punto empieza el problema. Los ciudadanos ejercen su derecho a la elección de sus representantes, conforme la propuesta e ideología política; estos trabajan y legislan según sus convicciones, en lo institucional, social, económico, organizacional, seguridad, etc., para bien o para mal del conjunto social. Entonces, esta mal que por orden judicial, por ley orgánica u otro factor legamente establecido se reprima una manifestación pacifica o no, TAL VEZ NO TENDRIA QUE SUCEDER, ni manifestarse y tampoco reprimirla. Si la ley lo permite, es acorde a Derecho, si esta bien o no será conforme al pensamiento político de cada individuo. Si hay mayoría que lo rechaza, consideren que se equivocaron al elegir a sus representantes, y tendrá que instrumentar acciones para pedir revisar las políticas actuales que no son del agrado conjunto social. A mi entender toda institución gubernamental o no gubernamental (policía, salud, educación, religión, ONG, etc.), tiene buenos y malos elementos, cada una de ellas se rige según sus leyes y reglamentos y especialmente para policía, las facultades y obligaciones que posee son dispuestas por Ley, proclamadas por los representantes elegidos por la sociedad. Sus propias leyes son de organización y control interno. Para mi gusto, se sigue echando la culpa a la policía de lo que hace o como lo hace, cuando el ciudadano tiene el poder de definirlo. La policía es, lo que las instituciones gubernamentales le dejan ser, y a su vez las Inst. gubernamentales son a lo que el ciudadano le permite ser. Acuérdense de leerlos 30 Art. De la declaración de los derechos humanos y principalmente analicen los últimos tres. Saludos

  2. Ya sé que llego como diez meses tarde. Pero, bueno, por si alguien lo lee…

    A laila, que ha acusado a José Manuel Lechado de hablar, en definitiva, sobre “lo que no sabe”, me gustaría decirle que, muy lejos de lo que ella afirma, el mencionado autor ha escrito, al menos, un libro de 500 paginillas de nada (y con una bibliografía acorde con la amplitud de la obra) sobre la Historia reciente de España que es, de lejos, uno de los mayores ejemplos de erudición con los que he tenido el gusto de encontrarme. O sea, que no es que sepa, sino que de hecho es un experto de enormísima categoría.

    Como contraposición, laila propone al autor (con absoluta falta de respeto a la par que una notabilísima candidez), que “se informe a través de periódicos y telediarios”. Lo cual, por sí mismo, debería ser muestra suficiente (para cualquier persona mínimamente inteligente y crítica, y que lea libros) de la seriedad, rigor e imparcialidad de sus fuentes, así como de la triste amplitud de los conocimientos de esta muchacha.

    Un saludo.

  3. Hola, Montejb. Te agradezco tu respuesta. Estoy de acuerdo en algunas de las cosas que dices, en otras no, pero precisamente por eso ésta es una página de debate.
    En efecto, los polícias son seres humanos, como cualquiera. Por eso voy a insistir en que el artículo no va dirigido contra individuos, sino contra una institución, algo que a algunas personas, como hemos visto en este debate, les cuesta entender y toman cualquier opinión como un ataque personal.
    Te voy a agradecer sobre todo tu claridad al exponer tus puntos de vista, tu buena educación y, por supuesto, tus amables palabras.
    De las opiniones ajenas se aprende siempre, salvo aquéllos que ante un argumento que les disgusta no tienen más respuesta que la rabia y el insulto.
    Un cordial saludo, amigo.

    • Gracias José Manuel por contestar y tu sincero comentario que suscribo igualmente. Efectivamente la cuestión que planteas en tu artículo es sobre la institución y función de las fuerzas armadas y no la actitud y comportamiento de sus miembros como seres humanos. Entiendo subliminalmente por el artículo y los comentarios, que posiblemente el problema esté en las actitudes y comportamientos de las personas y no en las instituciones o las personas en sí. Sinceramente pienso que en general, las instituciones y las personas son buenas, dentro de un contexto puntual que suscita o justifica cuanto queramos. Aunque son muy tenaz y critico con el sistema impuesto a fuego, intento pensar en positivo, sin que ello suponga intención de ser condescendiente. El verbo es muy sufrido y, la intención o vicio oculto más. Lo fácil es soltar cuanto nos viene en mente sin reflexionar. Es mi convencimiento que lo reprobable son las actitudes y comportamientos, además de la intención oculta en perjuicio de los demás. Es nuestra responsabilidad y deber ético actuar contra cualquier manifestación en este sentido, procurando de buena fe, intentar ayudar en modificar estas actitudes sin calificativo.
      Gracias y un gran saludo amigo José Manuel.

  4. Felicidades José Manuel por tu excelente artículo y comentarios. Suscribo la mayor parte del argumento, si bien, no estoy seguro que en general y en la actualidad, las fuerzas de seguridad sean el escudo y defensa del injusto sistema que mantiene esclavizada a la sociedad por la clase dirigente. Sin duda en sus orígenes sí que lo era. Pienso que la sociedad actual ha evolucionado demasiado deprisa en los últimos 50 años gracias al progreso y la dispersión del conocimiento. Posiblemente, la imagen que siguen proyectando las fuerzas de seguridad sea como describes, además de por las aisladas actuaciones recientes aquí en España, por cuanto ha sucedido y sucede en los países árabes y otros. Hay más que evidencias, que las actuales fuerzas de seguridad, en definitiva seres humanos como todos, con innatas actitudes de sociabilidad y colaboración entre otras, actúan bajo la premisa de mantener el orden de las normas sociales que están en continua evolución.Como muy apuntas la civilización es un evento reciente de apenas 5.000 años que ha ido evolucionando y adaptándose despacio en el tiempo. La dispersión y la facilidad reciente al conocimiento ha ido incorporando una una ética y unas normas sociales que, sin duda, han ido modificando los comportamientos de los diferentes grupos sociales. Los ciudadanos estamos aprendiendo a controlar a nuestro mayor enemigo, que somos nosotros mismos, pues no nuestro comportamiento animal primitivo sigue rigiendo nuestro comportamiento inconsciente. A medida que aprendemos y adquirimos durante mayor tiempo consciencia, somos capaces de controlar nuestro comportamiento y percibir el entorno, el medio en que estamos y la inmensidad de limitaciones. En principio pudiera ser, que estábamos siendo domesticados por una cultura y normas sociales. Hoy pienso, que estamos en una etapa de transición, una más de las que hemos pasado, que nos llevará a un estadio superior de permanente consciencia para la inmensa mayoría. Cuando llegue ese momento, posiblemente daremos el salto y la multitud de condicionantes actuales de los seres humanos ya no existirán, aunque tendremos otros.
    Gracias por tu aportación y un gran saludo,

  5. Querida Laila, contesto aparte a tu observación subrayada respecto a que la policía “sólo está sujeta a la ley y a los jueces”. Te agradezco el dato, aunque no necesitaba que me informaras sobre esto, ya que es una obviedad (también podrías haber sugerido que está sujeta al juicio de Dios o a la fuerza del Destino, etc.). Por definición TODO en una sociedad está sujeto a la ley. Por ejemplo, el rey, que disfruta una legislación especial a su medida que le diferencia del resto de los ciudadanos y le deja prácticamente impune, haga lo que haga.
    Que haya una ley no quiere decir que esa ley sea justa. En el caso de la policía existe una legislación específica para sus actuaciones. Una ley aparte al resto de los ciudadanos y que les otorga unos privilegios concretos. Por ejemplo, los artículos 550 a 556 del Código Penal establecen el delito de “atentado contra la autoridad, sus agentes…”, que marca penas más graves al que agreda o insulte, por ejemplo, a un policía. Esto supone un privilegio contrario al espíritu del Derecho. Así, si en una discusión por una multa de tráfico me mofo del agente o le doy un empujón (un suponer: yo nunca haría tales cosas), se me aplicaría la misma legislación que si le hubiera atacado con un arma (cosa que tampoco haría nunca. Te señalo esto para evitar que pongas en mi boca palabras que no he dicho: ya he visto que pasas de lo general a lo particular con facilidad y que tiendes a adivinar cuestiones diversas de la vida ajena). Por otro lado, la pena en estos casos es más dura que si se agrede, digamos, a un taxista o a un frutero, lo cual es tan injusto como que el rey sea considerado irresponsable por la ley.
    Por cierto, a modo de apunte: un policía NO es una autoridad, sino un delegado de la misma. La autoridad, según el artículo 24 del Código Penal, es: “tendrán la consideración de autoridad los miembros del Congreso de los Diputados, del Senado, de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas y del Parlamento Europeo. Se
    reputará también autoridad a los funcionarios del Ministerio Fiscal.”
    Otra normativa injusta que otorga privilegios a la policia es la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que da valor probatorio a los informes periciales y a los interrogatorios de la policía (es decir, se da carácter de prueba en un juicio a lo que escribe un agente sobre hechos que en la mayor parte de los casos conoce sólo de oídas). La jurisprudencia, además, da valor probatorio a la declaración testifical de un agente (es decir, la palabra de un policía tiene más valor que la de otro ciudadano). (Es justo decir, no obstante, que algunos jueces no aplican esta jurisprudencia. Lo cual nos lleva a otro terreno dudoso: la interpretación de la ley. Pero esta es otra historia).
    Podría poner más ejemplos, pero entonces esto ya no sería una respuesta, sino otro artículo.
    En definitiva, y de esto iba el artículo original, la institución policial (no cada agente-individuo, que no era el tema) necesita como mínimo una reforma en profundidad para que ese cuerpo sirva para lo que dices: ayudar y proteger al ciudadano, no a los ricos y a los poderosos (que no son sólo los banqueros). Y en mi opinión lo ideal sería suprimir la coerción violenta del Estado mediante una reforma profunda del pensamiento, las ideas y la organización de una sociedad más que deficiente: la que sufrimos hoy.

  6. Querida Laila, tu tono iracundo y tus insultos lanzados como con un aspersor (no sólo contra mí, sino ya de paso contra los lectores de esta página, entre los que al parecer no te incluyes) dicen bastante más de ti que tu confuso discurso.
    Con todo, intentaré responderte, al menos las cuestiones que se entrevén o se entienden a medias entre el laberinto de tu cabreíllo.
    Yo hablo en general y tú me citas casos particulares. Yo hablo de la más que reprobable función represora de la institución policial, no de cada agente individual. No dudo del valor de los policías que arriesgan su vida y a veces la pierden tratando de ayudar a otras personas. No es el tema del artículo. Esto no quita para que yo pueda opinar, como hago, del comportamiento intolerable y sañudo de los funcionarios encargados de administrar la represión.
    Estoy bastante informado de los medios, procedimientos, legislación, etc. que atañen a los cuerpos policiales, puesto que yo, antes de hablar de ningún tema, me informo muy bien. No como tú, que me temo que no tienes más fuente que tu amigo policía (suponiendo que no seas tú misma el polícia, por supuesto).
    En tu perorata cometes errores de bulto notables. Por ejemplo, aludir a temas que no he citado en el artículo: yo no he hablado de ningún estudiante de Valencia ni de ningún otro sitio, eso te lo sacas tú de tu equipaje de prejuicios y tópicos rápidos.
    Opinar desde luego es gratis, como insultar. Respecto a tu amigo policía, si es que existe de verdad, sólo puedo lamentar que después de terminar Ingeniería Industrial y cinco años de escuela de idiomas no haya podido encontrar un trabajo mejor.
    Y ya que estamos, ¿cómo estás tan segura de que no escribí nada cuando ocurrió lo de Orzán? Tú que presumes de informarte tan bien, ¿has buscado al respecto o has puesto lo primero que se te ha ocurrido? (No respondas, ya lo sé: has puesto lo primero que se te ha ocurrido).
    En fin, no sé si he contestado a tus preguntas, porque resulta trabajoso comprender tu estilo embarullado (por la indignación que te abruma, imagino), aunque espero haber respondido a alguna.
    Gracias por leer mi artículo y por tus comentarios. Un cordial saludo.

  7. ¿y por qué no escribiste algo cuando tres policías murieron en la playa de Orzán para salvar la vida de un estudiante que se había metido en el agua? ¿Te parece que esos ´policías carecían de iniciativa? ¿que estaban salvaguardando los intereses de algún banquero, quizás? Seguramente, si el estudiante que intentaron salvar fuese un familiar tuyo o un amigo, tu opinión sobre la policia cambiaría bastante. ¿tú lo harías? ¿Arriesgarías tu vida por salvar a otro? Cuesta menos escribir aquí en un blog que leen cuatro descerebrados que, como opinar es gratis, opinan de lo que no conocen. Y el caso de Orzan fue un caso extremo, pero te puedo decir que, hoy en dia, los servicios humanitarios ocupan el 50% del trabajo policial en este país y el resto es investigación de delitos que afectan exclusivamente al ciudadano de a pie. Y, para tu información, la policía SOLO ESTA SUJETA A LA LEY Y A LOS JUECES, actúa según y conforme a la ley y esa ley se forma por representantes elegidos por los ciudadanos y a ellos, en definitiva, obedece y sirve la policía. Creo que, antes de hablar de la institución mejor valorada en este país, deberías informarte un poquito más y en vez de hacer alegorías a una historia que no conoces para nada, busca el tipo de servicios que hace la policía, los encontrarás en los periódicos y en los telediarios, y luego miras a ver a quien van dirigidos: detención de atracadores, traficantes de droga, violadores, etc. cuyas víctimas son ciudadanos. Además, si te informaras un poco y conocieras algo del tema del que hablas, sabrías que los “inofensivos estudiantes” de Valencia son en realidad grupos de radicales que solo han pisado un aula para ir de paseo y probablemente no hayan abierto un libro en su vida.

    • Y, por cierto, me faltaba decirte que este blog lo he visitado, no porque yo lo lea, por supuesto, pero es que ha llegado a mi correo tu artículo, procedente un amigo (policia), que además tiene la carrera de ingenieria industrial y cinco años de la escuela de idiomas, en el cual me lo envia como anecdota bajo el lema de “blog de un descerebrado”. Yo, como no tengo nada que ver en el asunto, y me indignó sobremanera, me tomé la molestia de perder diez minutos leyendo y contestando tus tonterías; por supuesto, ningún policía (ni mi amigo, ni otro lo hará) porque están ocupados patrullando la calle de noche (son las 23:25 horas) por si a algun ciudadano le roban, se cae, o le ocurre cualquier otra cosa. Los banqueros y demás, están en su casa durmiendo a estas horas.

      • Pues para no leerlo ya te hemos leído a ti varias veces. Y sí, le puedes decir a tu amigo que es una página de más de 10.000 descerebrados diarios. En la que por cierto, se tiene mucho más respeto del que tú demuestras.

        Por cierto, lo que faltaba es que denegaran el auxilio a alguien… yo sin ser policía también me hubiera lanzado al agua. Pero los demás no vamos golpeando a nuestros vecinos por dinero.

    • ¿Así que la policía “actúa según y conforme a la ley”? ¿Y qué hay de la ley que les obliga a actuar con su identificación bien visible? “Si te informaras un poco y conocieras algo del tema”, sabrías que esa ley también la han votado los “representantes elegidos por los ciudadanos”. Y también sabrías que existe una ley para proteger a los menores. Incluso si son radicales o han cometido presuntamente algún delito.

      Por cierto: ¿Cómo has llegado a la conclusión de que los “inofensivos estudiantes” son “un grupo de radicales”? ¿En qué pruebas te basas? ¿Tu teoría es fruto de la investigación o lo sabes por ciencia infusa?

      En una cosa tienes razón: es un conflicto de radicales contra descerebrados; pero confundes los papeles.

    • Mira Laila, yo si que escribire algo de Orzán, pero no lo haré yo , sino que copiare un post de alguien que dió en su día un cursillo de socorrista:
      ” No se lo merecían, pero digo yo que todo policía ha dado nociones básicas de salvamento como para saber que lo máximo que podían hacer era llamar a salvamento marítimo que para eso están y tienen el equipo necesario.

      Porque vamos una de las cosas básicas que te enseñan es que mejor que se ahogue o la palme uno que no dos y que por encima de la vida del otro está la tuya si la situación no es segura. Que queda muy bonito cagarse en los dos borrachos y lamentar la perdida de tres heroicos policías, pero no sé quienes fueron más inconscientes, si los dos borrachos o los tres policías en plenas facultades y entrenados para saber que hacer en la situación.”
      “Si habrá sido muy honorable, y para nada me alegro de lo sucedido y es muy loable lo que hicieron; pero hasta a un socorrista de piscina se le enseña que no debe intentar cosas que sabe que son peligrosas por muy duro que sea ver al otro ahogarse y morir; sobre todo cuando hay agua de por medio que hasta estando el mar tranquilo hacer una aproximación a una persona que se esta ahogando es muy peligroso.

      Esta gente está entrenada para saber lo que hacer en estos casos, si lo hubiera hecho un civil cualquiera no diría lo que digo. Es un hecho que por desgracia todos tenemos que lamentar pero que fue una irresponsabilidad, un acto muy honorable pero descerebrado. Yo como socorrista te digo que por alguien conocido me tiro y arriesgo la vida lo que haga falta, pero por alguien que no conozco de nada, si me han enseñado que hacer no me tiro cuando se me ha enseñado a pararme un momento pensar y medir la situación. Es obvio que todos somos humanos, y en esa situación tendría que verme porque por fortuna nunca he tenido que arriesgar mi vida por nada ni nadie, pero tenían entrenamiento para saber que no debían hacerlo.”

      Y esto si que lo digo yo ahora: sin duda hay dos españas, y tú estas en la de la acera de enfrente. Saludos a tus amigos policias, pero a los que lo són por vocación, a los que se hicieron del cuerpo para tener pistola y pegarle a la gente de manera legal les pueden dar bien por el culo.

  8. Come era aquello?……..A, sí, DE GRIS, DE AZUL O DE MARRON, UN CABRÓN ES UN CABRÓN.Lo demás son tonterias, son mercenarios al servicio del poder, al cual van a defender siempre.

  9. “… En este terreno podríamos incluir la actividad combinada de grandes empresarios, banqueros, instituciones financieras internacionales, políticos corruptos y demás parásitos que conforman la élite dominante. Una actividad que, pese a su carácter dañino, es considerada legal y queda fuera de la jurisdicción de la policía. Si la policía no asegura el orden ni previene los delitos y apenas resuelve alguno, es precisamente aquí donde va quedando clara su verdadera función: proteger a los ricos y poderosos….”

    Como dice Isabel Álvarez de Toledo ,en realidad lo que se practica no es el arte de esclarecer crímenes,sino de ocultarlos.

    A pesar de la literatura y de la imagen amable que el género policíaco ha ido creando, la policía es hoy, como ha sido siempre, un cuerpo pretoriano destinado a asegurar los privilegios de la pequeña clase que vive a costa del trabajo de la gran mayoría de la población

  10. Kike, sigo pensando que te equivocas (o quizá eres más extremista que yo). La humanidad tiene un millón de años de edad aproximadamente, de los que sólo los últimos cinco mil corresponden a la “civilización”. Así pues, no es “desde siempre”, puesto que durante la mayor parte de su historia el ser humano ha vivido ajustado al medio y no se ha autodestruido.
    En todo caso podría decirse que la civilización es autodestructiva, pero no por motivos genéticos “intrínsecos”, sino por una mala gestión y una mala adaptación al medio. Es el típico problema que tiene solución. Compleja, pero la tiene. Incluso puede que tenga varias soluciones.
    Y una solución, por cierto, no es la expansión a otros planetas, puesto que hoy por hoy no existe ningún otro planeta al que ir, ni medios para hacer el viaje (la ciencia-ficción es más ficción que ciencia). No es que a largo plazo no sea una opción interesante, pero hay que pensar otro arreglo más realista a corto plazo. En todo caso, con la mentalidad actual lo único que haríamos sería trasladar nuestra miseria a otro solar.
    En cuanto al consumo, no es en sí autodestructivo, sino destructivo a secas. Es obviamente una parte grave del problema, junto al exceso demográfico, pero no responde a una supuesta voluntad de autodestrucción intrínseca al ser humano. Creo que tu pesimismo nace precisamente de este error de concepto: por naturaleza ningún ser vivo es autodestructivo, sino todo lo contrario (el instinto de conservación prevalece). Otra cosa es que la humanidad lleve algunos milenios haciendo el idiota…
    En resumen, lo que quiero decirte es que la policía puede suprimirse si se suprime el concepto de autoridad y se suprime a “los poderosos”. La humanidad ha funcionado cientos de miles de años sin autoridades, y le fue bien, no es una utopía. Por supuesto, si nos rendimos de antemano, nada cambiará. Hace un siglo el descanso del fin de semana o simplemente el emparejarte con quien te diera la gana era una utopía. Sin embargo, estoy seguro de que tu pareja actual no la han elegido tus padres, cosa que a tus bisabuelos les habría sorprendido mucho.
    Vamos, que las cosas pueden cambiar si hay voluntad y determinación. De esto va el artículo.

  11. Desde siempre el ser humano ha decidido invadir y destruir, no sólo su entorno, sino también pueblos y ciudades enteras para satisfacer sus ambiciones. Es intrínseco en la naturaleza humana (a mayor desarrollo intelectual, mayor “necesidad” de autodestrucción). El ser humano no se ha extinguido básicamente porque ha tenido suficiente espacio para desplazarse y crear nuevos asentamientos, y desarrollar una nueva cultura o civilización (esto está cambiando, y la extinción de la especie humana ya es planteada por bastantes expertos en el tema; de ahí esta necesidad imperiosa de colonizar el espacio). No me considero, de manera individual autodestructivo, pero cuando consumo algún bien que directa o indirectamente viene de la agricultura o de la ganadería (causante de la deforestación), o algún producto tecnológico (no hace falta hacer referencia a la explotación laboral), en ese momento no sólo yo, sino todos, somos autodestructivos de manera colectiva.
    Los ejércitos y los agentes de la autoridad siempre han estado presentes en cualquier cultura, y sí, como tú dices, son el brazo ciego de los poderosos. Ha sido, es, y lo seguirá siendo. Si no me equivoco en la interpretación de tu artículo, tu propuesta es “humanizar” los agentes de policía (hasta aquí, de acuerdo), pero si tu propuesta es eliminar ese agente (como sería eliminar el ejército), es una utopía tan brillante como inviable.

  12. Kike, lo primero quiero agradecer tu lectura de mi artículo y tu comentario. Debo decirte, no obstante, que nada es “porque sí”, y que todo requiere algún argumento para justificarlo.
    Tu idea de que el ser humano es autodestructivo y corrupto por naturaleza es errónea, si bien es la hipótesis clásica de Hobbes, que usa precisamente la derecha para justificar el aparato coercitivo del Estado. No es un argumento válido, puesto que si el ser humano fuera autodestructivo por naturaleza, se habría extinguido hace mucho tiempo.
    En cuanto a la corrupción, tampoco puede ser “por naturaleza”, puesto que la corrupción no viene inscrita en el ADN. En todo caso la corrupción es fruto de una forma errónea de civilización. Y entre los errores de esa forma de civilización está la supuesta necesidad de una coerción violenta.
    En todo caso, es posible que si te consideras a ti mismo autodetructivo y corrupto, sí sea necesario controlarte por medios de fuerza.
    ¿Mi visión es extrema? Sin duda lo es, como lo es la situación que nos lleva a escribir artículos así. Debo decir, no obstante, que la crítica se refiere a la institución policial, no a cada policía individual, entre los cuales, sin duda, habrá de todo.
    Saludos.

  13. Tu visión de agentes de seguridad es tan extrema, como aquella que reza: “to protect and to serve”. El ser humano tiende a la autodestrucción y a la corrupción, y necesita constantemente un agente que lo corrija. En nuestros tiempos está la policía o el ejército mismo. No necesito irme muy lejos para enseñarlo: la quema de iglesias en Noruega. No hace falta argumentar las razones, sencillamente un grupo cuyas necesidades básicas estaban cubiertas, cometen una serie de crímenes “porque sí” (la excusa es lo de menos). En un Estado idílico, donde todos están con un nivel de riqueza aceptable, seguramente hará falta un agente controlador, porque esa comunidad estará formada por humanos. Esa es nuestra naturaleza.

    • Si empiezas tu discurso con el epíteto “extrema” referido a la opinión de otra persona, la argumentación no solo es necesaria; es imprescindible.

      ¿En qué quedamos? ¿Somos autodestructivos, corruptos, o simplemente cometemos crímenes “porque sí”? Lo pregunto porque la historia de la Humanidad está plagada de atropellos, crímenes y barbaries que se justificaron con la frase “no hace falta argumentar las razones”. Y no es necesario ir a Noruega para encontrar ejemplos.

      Por otra parte, ¿de verdad consideras que lo que hacen los policías en las manifestaciones tiene algo que ver con el verbo “corregir”?

      Me da la sensación, Kike, de que confundes igualdad y solidaridad con “un nivel de riqueza aceptable”. Y eres muy dueño de defender esa postura. Pero déjanos a los demás que decidamos cuál es “nuestra naturaleza”. O al menos, razona tus axiomas. Menos dogmas y más reflexión crítica.

  14. –Me han llamado del instituto y me han dicho que has pegado a un chico. ¿Por qué lo has hecho?

    –Es que él se metió conmigo.

    –Ya, cariño: pero tú tienes 35 años y eres policía…

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here