Estos son mis colores

Carlos Delgado. Iniciativa Debate. 14.4.2012.

Para los amantes de la república en España, el 14 de abril no es una fecha más del calendario. Hoy se cumplen 81 años desde aquel histórico martes que alumbró la proclamación de la Segunda República Española. Tras la victoria de las listas republicanas en la mayoría de las grandes ciudades españolas en las elecciones municipales del domingo 12 de abril de 1931, la monarquía de Alfonso XIII tenía los días contados. Así lo reconoció el propio presidente Aznar (tío abuelo de Ánsar) en una frase que pasaría a la Historia: España se había acostado monárquica y se había levantado republicana. La transición fue rápida, incruenta y, sobre todo, festiva. En todo el país, el pueblo abarrotó las calles enarbolando una nueva enseña, símbolo de una nueva concepción del Estado: la bandera tricolor. Al rojo y gualdo del pabellón vigente hasta entonces se sumó otro color distinto, el morado, considerado –erróneamente– el color de los comuneros de Castilla.

A pesar de su más que discutible justificación histórica, los nuevos colores tuvieron un éxito fulgurante y fueron inmediatamente adoptados por el Gobierno provisional como bandera oficial del recién nacido régimen. Nunca antes en la historia de España se había producido un hecho semejante. Ni siquiera durante el breve paréntesis republicano de finales del XIX (1873-1874) se habían tocado los colores del emblema monárquico. La efímera Primera República se había limitado a suprimir la corona borbónica del escudo, pero respetando el rojo y el amarillo de la bandera tradicional. Fue, por tanto, la primera vez que el pueblo español, y no el rey o la reina, decidía su destino y sus colores.

Como es de sobra conocido, la nueva etapa no cuajó. Los militares rebeldes que se levantaron en el 36 contra la misma República a la que habían jurado fidelidad volvieron a imponer, por la gracia de las armas (o por la de Dios, según versiones) la enseña roja y gualda. Y como la historia la escriben siempre los vencedores, la tricolor desapareció no solo de la parafernalia oficial, sino también de los anales y los libros y, durante mucho tiempo, hasta de las conciencias. El morado fue enterrado junto con los muchos cadáveres que todavía hoy se hacinan en fosas comunes que tiñen de indignidad nuestro pasado y que muchos se obstinan en olvidar “para no reabrir viejas heridas”.

Pero la dictadura no solo condenó al olvido a la bandera tricolor, sino que creó un mito pueril, muy extendido aún hoy en día, según el cual el rojo y el amarillo –o gualdo– han sido los colores de la bandera española de toda la vida. La propaganda franquista configuró toda una imaginería oficial y falaz por la que la enseña rojigualda ahondaba sus raíces siglos atrás, en la noche de los tiempos que asistieron al origen de España. Así, no era raro encontrar en los folletines, en los libros de texto o en las películas en color de la etapa franquista a personajes históricos portando la gloriosa bandera mucho antes de que esta existiera. Con una falta de rigor que sonrojaría a cualquier historiador serio, la rojigualda aparecía en contextos históricos como la Guerra de la Independencia contra Napoleón, la España imperial de los Austrias, la conquista del Nuevo Mundo o la toma de Granada por los Reyes Católicos. Los más osados, incluso le colocaban la bicolor al Cid Campeador o a Don Pelayo.

La  verdad –en este caso la verdad histórica, rotunda e inapelable– es otra bien distinta. La bandera roja y gualda no fue adoptada como enseña nacional única para todas las unidades militares españolas hasta 1843, por un Real Decreto de Isabel II. Ya antes, en 1785, Carlos III había convocado un concurso para establecer unos nuevos colores para el pabellón de la Armada. Al rey le preocupaba la visibilidad de los barcos españoles en alta mar, dado que la bandera vigente hasta entonces (blanca, con una cruz de San Andrés encarnada en el centro)  podía, en palabras del propio rey, “equivocarse a largas distancias o con vientos calmosos con las de otras naciones”. Como resultado, la bandera que todos conocemos pasó a ondear desde el 28 de mayo de 1785 en todos los barcos de guerra españoles, y desde 1793, en los puertos y fuertes de la Marina.

Así pues, la bandera a la que sustituyó en 1931 la tricolor republicana no tenía ni siquiera un siglo de antigüedad. De hecho, y a pesar de ser la enseña única del ejército español desde 1843, no fue obligatoria en todos los edificios públicos hasta 1908. Como se ha dicho, la bandera oficial de España hasta el Real Decreto de 1843 era blanca con una cruz de San Andrés –también llamada cruz de Borgoña– en el centro, y había sido adoptada en 1506 por Felipe el Hermoso. Antes de esa, la enseña oficial era el estandarte de los Reyes Católicos, que fue la bandera que Cristóbal Colón clavó en las Bahamas al poner pie en tierra americana. Lo demás son cuentos.

Ya en tiempos de la mal llamada transición democrática, la bandera bicolor y la monarquía fueron consideradas por la izquierda institucional como un precio razonable para superar la dictadura. Tanto es así, que el propio PCE recomendaba en 1976 a sus afiliados y simpatizantes que no portaran la tricolor, por considerarla “una provocación”. Increíble, pero cierto.

Afortunadamente, ya en el siglo XXI la bandera roja, amarilla y morada ha experimentado una revalorización como símbolo para la izquierda comprometida. Hoy por hoy, es el estandarte que mejor puede representarnos a quienes no creemos en el derecho de sangre recogido en la Constitución del 78 –o de las lentejas–. Sus colores son los únicos no monárquicos que ha conocido España. Por eso son mis colores y por eso ondean hoy, 14 de abril, en mi balcón. Feliz día de la República.

Imágenes: Wikipedia

23 comentarios sobre “Estos son mis colores

  1. Una Tercera República. No está mal la idea, aunque depende mucho de la sustancia, y no la forma. Pero creo que hay cosas más importantes. Por ejemplo, una reforma estatal completa (erradicar la duplicación de funciones estatales, y el pluriempleismo a cargo del estado), division de poderes (una justicia despolitizada). Una sola cámara parlamentaria. Nada de Senado.
    Claro que, el barrido sería tan tremendo que muchos políticos irían al paro. Como tiene que ser. España se está quedando pequeña en un mundo de monstruos nacionales como EEUU, Brasil o China. No podemos gastar lo que no tenemos, pero sí invertir mejor lo que sí tenemos.

    1. Nada de pseudorrepublicana, Esteban. El lapsus no es nuestro: fíjate y verás que ese escudo no es el monárquico. No tiene cruces, ni coronas borbónicas ni flores de lis. Es el escudo adoptado tras la Revolución de 1868 que derrocó a Isabel II, recuperado en 1931 como escudo oficial de la República Española.

      En cualquier texto de heráldica o vexilología españolas encontrarás más información.

      1. Si confirmo, SEUDOREPUBLICANA. Puede que no sea borbónica, pero ese escudo esta repleto de signos feudales MONARQUICOS. Por favor dejar de publicar banderas tricolor kmonarquicas como la de este artículo. Esa bandera no nos representa a los republicanos que sabemos algo de historia, nos ofende.
        Salud y República

      2. Personalmente, yo también prefiero la tricolor sin escudo. De ahí a pretender que ese escudo sea una ofensa (y no digamos ya a tomarnos por ignorantes a quienes no pensamos así) media un abismo, Jvrdmr.

        Ocurre que los símbolos, por mucho que se remonten a épocas feudales, pertenecen a los pueblos y no a los reyes. Los castillos almenados, los leones rampantes o las granadas representan hoy día a pueblos o territorios, no a dinastías. ¿O me vas a decir que la señera sigue siendo un símbolo monárquico porque eran los colores del Reino de Aragón?

        Lamento que te ofenda ese escudo y estoy seguro de que tenemos más puntos de vista en común que discrepancias, pero seguiré ilustrando mis artículos con las imágenes que estime apropiadas. Y lo haré, huelga decirlo, sin ánimo de ofender.

        Salud y República.

      3. Entonces ¿Para que dice la Ley de Memoria Histórica que elimimnemos los simbolos de la dictadura?. La verdadera Revolución, la Francesa, tuvo las ideas claras, ni flor de lis ni coronas, cambio la bandera e impuso la escarapela tricolor que los borbones rechazaron. La revolución burguesa de 1868 y de la que habria mucho que hablar no tenia las ideas tan claras pues reutilizo los simbolos monárquicos, es decir los del opresor. El castillo no es la casa del pueblo sino del Rey y que hoy sean patrimonio nacional es lo lógico aunque cuando hablamos de Patrimonio Nacional de hecho hablamos de una empresa todavia al servicio de la Corona. El uso que se quiera dar a la señera no es buscarle tres pies… es un analisis objetivo de una contradicción histórica del movimiento republicano catalán. Decir que esos símbolos representan a los pueblos es a mi entender una interpretación ahistoria y subjetiva,y decir que han dejado de ser feudales es una falacia imperdonable. Por el patrimonio debe ser disfrutado por los herederos de los pueblos oprimidos que los levantaron bajo el yugo feudal, faltaria mas,pero sin olvidar que representa ese pasado que no queremos que vuelva o que hoy dia nos sobra según se mire. Asumir el pasado si,como los franceses, sin escudos, un nuevo emblema la Escarapela tricolor y adios al rey.
        Lo del “escudo de Carlos” es una forma de hablar,ya se que no es tuyo. Disculpa el malentendido.

      4. Los símbolos franquistas deben eliminarse para ayudar a superar el franquismo. El feudalismo está más que superado. Otra cosa es que se haya sustituido por algo peor.

        La Revolución Francesa también fue una revolución burguesa, y sobre ella también habría mucho que hablar. Pero es un tema demasiado largo para abordarlo aquí. Y como me sigue pareciendo que tenemos puntos de vista razonablemente próximos, no alimentaré más polémicas. Aunque me encanta este debate, que por cierto, es bastante viejo. Simplificando algo, podría decirse que es la clásica dialéctica de la ortodoxia frente al pragmatismo, en la que yo siempre me he decantado por lo práctico. Por ejemplo:

        – Si la señera, a pesar de su origen feudal, ayuda a echar al Borbón, celebraré con un brindis la paradoja histórica, y hasta la haré ondear, a pesar de que no soy ni catalán, ni valenciano ni aragonés ni balear.

        – Si estoy en guerra y puedo hacerme con las armas de mi enemigo, no dudaré en usarlas contra él, sin pararme a pensar en la ofensa que pueda suponer el utilizar armas fabricadas para combatir a los de mi bando.

        – Si mañana llega un multimillonario burgués (o incluso feudal) y me ofrece dinero para financiar esta página, la aceptaré gustoso y pensaré en la cantidad de cosas que Iniciativa Debate podrá hacer con ese dinero, en lugar de sentirme ofendido por su origen.

        Entiendo tu postura, y créeme que la respeto, pero no puedo compartirla, porque creo que el purismo llevado al extremo nos impide avanzar (sin una aportación burguesa, obras como ‘El Capital’ jamás se habrían publicado). Aunque, eso sí: no tendré ningún problema en cambiar de colores si aparecen otros que nos unan a todos. Hasta entonces, mis colores siguen siendo el rojo, el amarillo y el morado. Con o sin escudo.

        Salud y hasta la Tercera.

    2. Esteban, sin ánimos de avivar polémica:
      ¿Es la svástica un símbolo nazi? Sería lógico decir que sí, y sin ir más allá ha habido un problema legal con este símbolo en prendas puestas a la venta en Israel por Zara…

      Pero lo cierto es que su origen es anterior al siglo V antes de Cristo… lo tienes en Wikipedia.

      Saludos, Jero.

      1. Evidentemente la svástica no es un símbolo nazi, es un simbolo que se encuentra ya en el pueblo iranio(Iran, persas) y en la India. De hecho la palabra “iranio” en el trascurso de la historia se transformo en “ario” y un analfabeto con bigote no se porque razón absurda o surrealista los secuestro como símbolos de su régimen criminal, tal vez el mas sangriento de los que el lado egoista y sanguinario del hombre haya creado nunca. Pero esto es un caso de apropiación indebida por un asesino analfabeto y contradictorio pues resulta que la pureza dela raza “Aria” que pregonaba era la de los PERSAS que no son rubios y de ojos azules como el pregonaba. Pero en el escudo de Carlos, SI hay una corona MONÁRQUICA sea o no con flor de lis borbónica, y discrepo profundamente, el León rampante NO es del pueblo es de un señor Rey Feudal, los castillos pertenecen igualmenet a un señor Rey Feudal y mira Carlos el Aguila Imperialcomo su nombre indica: Imperial de Emperador= Rey de Reyes literalmente. Todo ello representa, son el residuo histórico de las monarquias feudales y mira tu otra gran contradicción de los pueblos: la señera que los republicanos independentistas catalanes reivindican como símbolo de su y libertad, les guste o no, SI es un símbolo MONÁRQUICO, no es del pueblo, es de la monarquía. Y lo demás …es historia. Esto es historia.
        Y me sigue ofendiendo esa tricolor con coronas monarquicas, castilos feudales, aguilas Imperiales, residuos del pasado como nuestra monárquia otro residuo impuesto por el fascismo que tanto daño hizo a los ciudadanos de esta tierray que late en mil rincones, en las mentes de la derecha reaccionaria PP. Residuos feudales que incoscientenmente hacemos nuestros cuando en verdad son símbolos de opresión para el pueblo. Rompamos las cadenas que atenazan nuestras neuronas, “llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones…”
        Salud mucha salud…menos residuos .

      2. Te aclaro, Jvrdmr, que el escudo de marras no es “el escudo de Carlos”. Ni es mío, ni lo quiero. Como ya he dicho, es el de la Revolución que derrocó a Isabel II y el que adoptó la II República que puso en fuga a Alfonso XIII. Eso también es historia.

        Los castillos de la actualidad (me refiero a los edificios que siguen en pie) pertenecen en su mayoría, desde hace ya mucho tiempo, al patrimonio nacional. Son públicos. De todos. Del mismo modo, su representación pertenece a los pueblos que los han hecho suyos. Lo mismo le pasa a los leones rampantes o a las franjas de la señera. Hoy por hoy, esos símbolos han dejado de ser feudales. Son, como bien dices, parte de nuestra historia. Una historia que, nos guste o no, hemos de asumir. Y una buena manera de asumirla –tal vez, no la mejor; o tal vez sí– es hacer nuestros los emblemas que antaño representaron a los opresores. En el siglo XXI, la señera se esgrime mayoritariamente como estandarte antimonárquico y anticentralista. Verlo al contrario me parece que es buscarle tres pies al gato y pretender ser más papista que el Papa. Esa es mi visión. La tuya, por supuesto, es igualmente respetable.

        Y si el águila te ofende, puedes estar tranquilo: en el escudo republicano del que hablamos no aparece por ningún sitio. Más parece que sea un residuo que ves de manera inconsciente y atenaza tus neuronas.

        Salud, y a por la Tercera.

    1. La fe en nuestra especie es un factor positivo, pero no tiene por qué impedirnos admitir nuestra propia realidad, Manuel. Las banderas y las fronteras existen; no hay más que acercarse a una aduana para comprobarlo. Si queremos eliminarlas, necesitamos un cambio radical, que exige a su vez unidad de criterios y de acción. El hombre es un animal social y precisa de elementos aglutinantes, de vínculos con los demás individuos.

      Estamos en guerra, y los poderosos emplean mucho tiempo y esfuerzo para que no nos demos cuenta. Esto es una lucha de clases en la que, de momento, estamos siendo barridos. Es una guerra desigual y encubierta, en la que las armas principales de nuestro enemigo son las leyes injustas e insolidarias (disfrazadas de directivas europeas), los mercados financieros y la poderosa maquinaria propagandística que nos mantiene aletargados.

      Las banderas importan, y mucho. ¿Por qué, si no, se tomó tantas molestias el franquismo en enterrar la tricolor y en crear el mito de la eterna y gloriosa rojigualda?

      No caigamos en el error del pasotismo idealista. Sería una ingenuidad, además de una irresponsabilidad histórica con las generaciones que vienen detrás. La lucha continúa y es cada vez más patente. Si llegara el momento de tomar las armas de verdad, espero que todos tengamos claro cuál es nuestra bandera. O, si lo prefieres, nuestro bando.

      Un saludo.

      1. Estoy convencido de que las banderas y las fronteras existen, las veo y las cruzo, pero no me dicen nada. Hay otras muchas cosas que también existen y que tampoco me dicen nada. Si el franquismo se tomó tantas molestias, peor para ellos, porque en mí no influyeron lo más mínimo y, querido Carlos, te puedo asegurar que yo no caigo en pasotismos, ingenuidades y mucho menos irresponsabilidades, o al menos lo intento. A mis hijos y a mis nietos he procurado, y procuro, transmitirles que lo realmente importante en este mundo somos los seres que en él habitamos.
        También me gustaría que aceptaras que, próximo a cumplir setenta años, sé cuál es mi “bando” con bastante certeza.
        Saludos

      2. Si de verdad queremos romper con esta monárquia parlamentaria que NO es democracia, recordar siempre que es monárquia no democracia si no podemos elegir al “Jefe del Estado” sino que nos vino impuesto por un dictador fascista con las manos teñidas de sangre libertaria,si de verdad queremos romper pero necesitamos banderas, sea, pero rompamos con el pasado feudal, tiremos a la basura esos residuos de escudos feudales y creemos uno nuevo, porque no, seamos valientes, libres e imaginativos. No repitamos los errores del pasado.
        Salud

      3. Querido Manuel:

        Acepto sin reservas que sepas cuál es tu bando. Discúlpame si te ha parecido lo contrario. Pero quiero insistir en que las banderas importan, aunque a ti no te digan nada. Y hasta me atrevo a pensar que la insistencia del franquismo en el fraude de la bandera sí que te ha influido, aunque solo sea para conseguir que las banderas no te digan nada. Tal vez fuera eso lo que pretendían.

        Un saludo muy cordial.

  2. También son mis colores, por respeto a los que defendieron la Libertad y en nombre de la dignidad.

    Viva la República, fuera la monarquía feudal.

    Jero.

  3. Bueno…pero yendo más allá,a los intentos del Estado por imponerse y constituirse como tal ,pasando por encima y destruyendo casi siempre las auténticas organizaciones populares (asamblearias siempre,según este defensor a ultranza del mundo rural) no está de más oir voces “disidentes de la disidencia” .Aunque lo que dice sea “bastante” radical (cosas como que la república era una opción de recambio del capitalismo a la desgastada monarquía) y desde luego muy osado,tiene mérito (y parte de razón)

    Para descalificar a Bueñuel y a Lorca como ” señoritos de la burguesía al servicio de la modernidad estatal capitalista” hay que atreverse…

    Félix Rodrigo Mora

    http://www.ivoox.com/14-abril-la-ii-republica-espanola-audios-mp3_rf_1155916_1.html

    No se puede negar que la CNT “que no admitió tampoco el capitalismo republicano” fue erradicada de la faz de la piel de toro.

  4. Por respeto a los que lucharon por acabar con la recurrencia monárquica en este país. Y porque no cabe otra interpretación si se cree en la democracia, esos son también mis colores.

    Si hay rey no hay democracia: ¡viva la república!

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