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La caza es una forma accesoria de demencia humana

Paco Bello Iniciativa Debate 16/4/2012

Con todo este affaire del rey, se abre de nuevo, aunque no de manera directa, el debate sobre la “caza deportiva”. Y no me sentiría bien si no lo aprovechase.

Siento no ser conciliador, pero ante ciertas actitudes hay que tomar posición aunque te cueste la antipatía de algunos. En cualquier caso voy a intentar razonar mi postura al respecto sin intentar convencer a nadie, pues estos argumentos, que quizá sean válidos para unos, seguro no lo serán para otros.

Haré una clara diferenciación entre lo que supone la actitud y las especiales connotaciones de ésta en el más alto representante del Estado español, y la variante únicamente psicológica y sociológica de los individuos y el colectivo aficionado a la caza deportiva.

Empezando con el caso del monarca y lo que representa, me haré eco de las declaraciones de mi nada apreciado Durán i Lleida, que muy en su línea liberal, hacía la diferenciación de valor entre si ese safari se lo había pagado él (refiriéndose a Juan Carlos I), o había salido del erario público. Señalaba que si había sido sufragado con dinero público, le parecería una actitud inapropiada.

El muy monárquico presunto independentista (¿o eso ya pasó a la historia?), defendía así la libertad del ámbito privado (cuestión que jamás desaprovecha, como tampoco lo hace para demostrar su clara convicción en las bondades de la diferencia social por aptitud entre humanos. Darwinista social en estado puro). Parece que este hombre que tanto se quiere (y que a mí me parece un personaje bastante limitado), olvidaba la contradicción ideológica que supone declararse liberal y salir en defensa activa o pasiva de un rey, pero bueno, lo que es verdaderamente preocupante es obviar la crítica hacia alguien que es más institución que persona, pues ese es el sustento de la monarquía.

Podía haber dicho que no es ético que con la coyuntura actual el Jefe del Estado se dé ciertos homenajes, o que debería relajar esa actitud anárquico/festiva de la que viene haciendo gala desde su juventud, pues no es propia del cargo que ocupa (como bien ha recordado Tomás Gómez). Podía haber hecho hincapié en la disparidad de criterio entre las declaraciones de la Casa Real y el gobierno en cuanto a la comunicación de actividades (de obligación legal) entre instituciones. O podía haber hecho una clara diferenciación entre privacidad e intimidad tratándose de la figura del Borbón. El caso es que no ha hecho nada de esto, y no ha sido el único en callar, la mayoría de políticos y partidos lo secundan.

Dicho esto, hay que destacar el revuelo que se ha armado en lo que no es otra cosa que una anécdota si se conoce someramente lo que se ha publicado sobre el comportamiento “privado” del campechano. Algún día se sabrá quién es ese personaje que (según quién) debía ser ejemplo para toda una nación. Desde sus siempre presuntos líos de faldas (que se intuyen mucho más escabrosos de lo que pudiera parecer, como en el caso de Sandra Mozarowsky y otros), hasta sus amistades peligrosas en España, sus negocios y sus viajes privados al mundo árabe.

Esperemos que este suceso “traumatológico” pueda ser aprovechable para abrir el debate del modelo de Estado, pero sin olvidar que todos los políticos hasta el día de hoy, han callado en mayor o menor medida sobre lo que era vox populi en ciertos círculos, y que no es otra cosa que el encubrimiento de las vergonzosas actividades de Juan Carlos I. ¿Los deja eso en una posición que merezca nuestra confianza? Que cada cual decida.

Pero ahora que ya hemos diferenciado las particularidades que por cargo afectaban al caso. Quiero decir lo que pienso sobre aquellos que disfrutan matando, sean reyes o plebeyos.

La caza
Por muy obvio que sea, no quiero dejar de hacer una clara diferenciación entre cazadores “deportivos” y de subsistencia. E incluso entre los que cazan por “deporte” y después se alimentan de las piezas abatidas, y los que cazan por necesidad. A los cazadores de trofeos los dejo como categoría aparte.

En la caza de subsistencia no hablamos solo de tribus voluntaria o involuntariamente aisladas o sin acceso a los avances de la sociedad técnicamente desarrollada, sino de algunos colectivos que mantienen tradiciones ancestrales pese a estar parcial o totalmente integrados en la sociedad moderna. Por mi parte no tengo nada que decir sobre sus prácticas, excepto que normalmente están rodeadas de un respeto casi místico por las piezas cobradas. Por norma no disfrutan de la caza en el sentido de eliminar a un individuo.

Se trata para mí de una cuestión de actitud y sentimiento. Puede que aquí no impere la razón, pero no me gustan las personas “civilizadas” que encuentra diversión cazando. No puedo entender que se sienta placer sabiendo que nuestras acciones causarán dolor y muerte. No puedo entender estas actividades como un pasatiempo, y es por esto que pese a que se aprovechen las piezas cazadas, diferencie entre aquellos que lo hacen como objetivo secundario o primario. Si es secundario, considero que esta afición implica algún desorden intelectual/cultural o afectivo/empático.

Pero los que me producen auténtico rechazo, hasta el punto del desprecio más directo, son los cazadores de trofeos.

No puede ser considerado normal el disfrutar eliminando animales, máxime cuando incluso se está dispuesto a pagar cantidades exorbitantes por hacerlo. Hay que carecer de sentimientos y tener graves trastornos afectivos para gozar al atravesar órganos vitales de un ser, imponente o no, por el mero hecho de hacerlo, de matarlo, de abatirlo de la forma más cobarde posible. ¿Qué se puede esperar de personas con semejante aislamiento sentimental? Esa tendencia a apagar vidas por por afición, debiera estar considerada suficiente motivo como para merecer una vigilancia psiquiátrica, porque personas así no pueden ser inofensivas. Existe en ellos sin duda un problema psicológico, que sería raro que no repercutiera en otros seres diferentes de los animales. O eso, o se trata simplemente de personas indeseables, egocéntricas, arrogantes y malnacidas, que merecerían sentir lo que provocan.

«La caza no es más que una fina figura retórica para encubrir el cobarde asesinato de una criatura que no tiene posibilidades de defenderse. La caza es una forma accesoria de demencia humana»

 Theodor Heuss ex presidente de Alemania

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