Manual de griego para países en vías de subdesarrollo. Lección 1: diga “όχι”

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Àngel Ferrero. SinPermiso. 28.5.2012

Alexis Tsipras, el presidente de SYRIZA, dio su conferencia de prensa a escasos metros del epicentro de poder en Alemania –el Reichstag y la Cancillería–, en la Haus der Bundespressekonferenz (BPK), uno de esos lugares en los que los periodistas se cuecen en su su propio jugo y que cuenta con una espaciosa y moderna sala de conferencias, amplios despachos y hasta un abrevadero propio donde los socios pueden sentarse a beber alcohol y hacer como que son periodistas (eso es lo que nos enseñan las películas, ¿no?). Un colega me comenta que la proximidad con respecto al Reichstag y la Cancillería obedece a una razón muy precisa: los lameculos tienen que estar cerca del culo. Piénsese lo que se quiera del lenguaje, pero razón no le falta: a Tsipras le preguntaron no una ni dos, sino hasta tres veces qué pensaba hacer cuando ganase las próximas elecciones del 17 de junio –las encuestas siguen dando a SYRIZA como ganadora, con porcentajes de hasta 30 puntos–[1] y Grecia saliera del euro como reza la propaganda oficial, a pesar de que una de las primeras cosas que dijo fue que nada estaba más lejos de la intención de la coalición que lidera, y exactamente lo mismo declaró el día anterior en París. La verdad es que daba igual, porque la noticia estaba redactada antes incluso de que bajase del avión. De hecho, la repercusión del viaje de Tsipras a París y Berlín en los medios alemanes fue más bien escasa. El Bild, el rotativo sensacionalista más leído de la República Federal Alemana, respondió a su manera y publicó un breve sobre Vicky Voulvoukeli, una desconocida político de “Griegos independientes”. [2] Pero esperen a que gane y entonces verán. Lo más bonito que se dirá de Tsipras será algo así como “el Hugo Chávez del Mar Jónico”. Según el diario Bild, Alexis Tsipras «simpatiza públicamente con los anarquistas violentos. Se le acusa de ser miembro [de uno de estos grupos] y de financiarlos.» [3]

A diferencia de París, donde contó con un numeroso público en la Asamblea Nacional,[4] la sala de prensa del BPK no se llenó. El clima reinante fue típicamente alemán, que es tanto como decir hostil, pero contenido. Tsipras había sido invitado por La Izquierda a exponer su programa en Berlín, como el día anterior lo había sido por el Front de Gauche en París, donde, por cierto, no fue recibido por François Hollande, un eco la negativa que recibió el propio Hollande por parte de Merkel cuando fue candidato a la presidencia francesa. El candidato de SYRIZA estuvo en todo momento flanqueado por Klaus Ernst y Gregor Gysi, que aprovechó la ocasión para reclamar al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) que rechace de manera clara el pacto fiscal y acepte los eurobonos, a lo que el SPD hizo, apelando como siempre a la “responsabilidad de estado” –esa instancia superior equivalente a Dios en Alemania–, oídos sordos.[5] Tsipras tomó la palabra y agradeció a La Izquierda su solidaridad (solidaridad que, dicho sea de paso, debe de haberle costado algún que otro punto porcentual en las encuestas de intención de voto). Qué amarga decepción debió suponer para los periodistas alemanes, ávidos de carnaza, cuando Tsipras declaró no sentirse protagonista de nada. «El pueblo griego es el protagonista», dijo, y recalcó, como lo hizo en París, que no había venido a presionar a nadie.

La casa común europea

El problema de Grecia, dijo Tsipras, es el problema de Europa. Que es tanto como decir: el problema del proyecto de unidad europea, caracterizado por sus desequilibrios internos y la ausencia de una política fiscal común. No se puede resolver, por lo tanto, el problema de Europa sin resolver el problema de Grecia. Tsipras reclamó solidaridad a los pueblos de Europa y recordó, si es que hacía alguna falta, que el programa de austeridad ha fracasado: Grecia entra en su quinto año de recesión, algo que no tiene precedentes en Europa en tiempos de paz, sólo, como bien recordó el presidente de SYRIZA, en Europa oriental, laboratorio de la terapia de choque neoliberal en los noventa tras la desintegración del bloque oriental. El consenso entre académicos y economistas de que estas medidas conducen a una situación desastrosa de pobreza y desempleo –que Tsipras no dudó en calificar de «catástrofe humanitaria»– es amplio. Las ayudas en nada contribuyen a mejorar el bienestar de los griegos, sólo sirven para rescatar a los bancos. Hay que plantear, añadió, un programa de recuperación económica para Grecia, frenar el brain drainingy evitar que el país se convierta, como sueñan los liberales alemanes del FDP, en un protectorado alemán dedicado al turismo, la producción de energía solar –canalizada a Alemania, se sobreentiende (sobre todo después del apagón nuclear que se vio obligado a tomar el gobierno de Merkel por presión popular)– y una agricultura poco competitiva.

Tsipras no renunció en ningún momento a su programa íntegro y pasó rápidamente al contraataque: son los otros quienes abandonaron sus programas, ¿qué hicieron, sino, el PASOK y Nueva Democracia? Cuando un periodista alemán sacó a relucir los problemas del estado griego, Tsipras respondió que Grecia tiene, efectivamente, problemas, y que las reformas son necesarias, pero que bajo ningún concepto pueden vincularse a la propaganda que asegura que se trata de un rasgo cultural. El problema no es el sector público, dijo, éste a lo sumo puede reestructurarse para su mejor funcionamiento, pero en ningún caso recortarse. SYRIZA quiere contribuir a la estabilidad de Europa y en ningún caso quiere su destrucción, sino su regeneración democrática. Quien parece empecinada en terminar con la idea de Europa es Angela Merkel. Ya lo dijo hace meses Oskar Lafontaine (que ese mismo día anunció, por cierto, que retiraba su candidatura a la presidencia de La Izquierda para dejar paso a las nuevas generaciones): «Merkel está ahí para destruir Europa.» [6]

Alexis Tsipras demostró también una poco conocida habilidad retórica, sin estridencias, para reutilizar las metáforas de las élites políticas europeas: así, no es posible aumentar las dosis del medicamento de austeridad, pues no sólo matará al paciente griego, sino que contagiará al resto de Europa. Cuando la medicina falla, continuó Tsipras, la culpa no es del enfermo, sino de la receta. Y la receta la hicieron los doctores de Berlín y Bruselas. Grecia, siguió, es parte de una gran familia europea. Preguntado si su formación conduciría desde el gobierno al abandono de Grecia de la eurozona –o peor aún: a su expulsión, una amenaza presente, pero que no se menciona– recordó que la eurozona no es ninguna casa que tenga un propietario y en la que el resto sean meros inquilinos, sino que todos son inquilinos en la casa común europea.

Terminó Tsipras la rueda de prensa con una seria advertencia: estamos en una situación comparable en ciertos aspectos a la década de los treinta. Debemos encontrar una solución común antes de que sea demasiado tarde. La guerra, señaló Tsipras, no tiene lugar entre naciones, sino entre el pueblo y los trabajadores, por un lado, y los capitalistas por el otro. Ya va siendo hora de que en el Reino de España los súbditos comiencen a ser ciudadanos y empiecen a hablar “griego”. Pueden empezar por aquí: “no” se dice όχι.

NOTAS: [1] Umfrage sieht Syriza-Partei in Griechenland vorne“, Spiegel, 24 de mayo de 2012. [2] Diese schöne Griechin will 70 Mrd. Euro “Kriegschulden” von Deutschland“, Bild, 23 de mayo de 2012. [3] “Griechenland: Kommunisten, Judenhasser, Halb-Kriminelle: Regieren diese Radikalen bald Griechenland?“,Bild, 12 de febrero de 2012. [4] Tsipras: ‘Debemos refundar Europa y derrota al poder financiero’“, El País, 21 de mayo de 2012. [5] El SPD alemán y Los Verdes se suman a Merkel en el rechazo a los eurobonos“, El País, 24 de mayo de 2012. [6] “Oskar Lafontaine: ‘Merkel ist dabei, Europa zu zerstören’“,Spiegel, 16 de febrero de 2012.

Fuente: SinPermiso

Imagen de portada: Wikipedia

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1 Comentario

  1. Interesante. Me gustaría saber hasta qué punto Syriza tiene un plan de reforma estatal, cómo va a encauzar el presupuesto del Estado. Yo les sugiero destinar (cambiar) todo ese tremendo gasto militar que tienen a asegurar programas de fomento a la industria local, a la agricultura y a los medios de susbsistencia para asegurar una producción interna, y lo que es más importante, paliar el parón laboral que sufren, al estilo New Deal. Hay que reforzar (re-pensar, examinar) la estructura social, porque una vez rota no es fácil de reconstruir. Es importante remarcar (dependiendo de que si se salen del euro o no) que van a carecer del crédito un buen tiempo, y tendrán que hacer un esfuerzo muy grande desde dentro. Pongo un ejemplo: el Japón de la era Meiji hizo un esfuerzo colosal por asegurar una economia e industria local potente, antes poder decir que eran un estado moderno equivalente a los europeos de su tiempo. Para eso hizo falta una fuerte ética nacional del esfuerzo, y unos objetivos claros y definidos. Es sólo un ejemplo, no necesariamente idóneo (los japoneses lo consiguieron gracias a reglas sociales férreas muy restrictivas, heredadas del periodo Bakumatsu, y que en cierto modo, siguen en la psique colectiva), pero ahí queda. Los griegos no dudo de que saldran adelante a su modo, pero conviene que examinen la Historia, y saquen conclusiones para decidirse de una vez. Lo cierto, es que al consumismo desmadrado no volverán.

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