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Trabajar menos y vivir con menos: ¿te apuntas?

No soy una persona propensa a las crisis personales. Pero el 2001 lo pasé mal. Y todo por cambiar de domicilio. Me mudé y era incapaz de encontrar trabajo. Había llegado a tener 5 ofertas simultáneas en Madrid, y ahora en Jaén era incapaz de encontrar nada. Mi autoestima se resintió mucho, y creía que la situación ponía en cuestión mi capacidad. Habíamos tomado la decisión para tener niños y ganar calidad de vida. Mi mujer trabajaba. La situación no era holgada, pero tampoco asfixiante. Sin embargo aprendí dos cosas: 1.-La desesperación que deben sentir millones de personas que salen de sus casa todas las mañanas para encontrar un cartel en un escaparate pensado para ellas, y que  vuelven por las noches procurando no contagiar su desesperación en casa. 2.-La programación tan brutal que este sistema nos ha trasladado, que hace que un medio o una herramientas de vida, como es el trabajo, se haya convertido en un fin en sí mismo.

 Como ya hemos expuesto en otros posts, salir del círculo vicioso de paro y déficit en el que estamos no depende de la varita mágica de un “salvador”. Va a exigir medidas innovadoras. Seguir haciendo o valorando “lo de siempre” nos va a dar el resultado “de siempre”. Y optar por ampliar la edad de jubilación, trabajar más horas, o eliminar derechos laborales entra dentro de ese esquema, en el que con menos recursos, queremos seguir manteniendo el mismo esquema de siempre. Quizás tengamos que hacer el esfuerzo de salir de la “rueda de la rata”romper con ficciones auto-impuestas como el dinero o el tiempo, pensar en esquemas de compartir con otros, plantearnos nuestro papel individual para cambiar el estado de las cosas, o poner en práctica el sano ejercicio de decir “NO”.

 Como afirma un reciente estudio de NEF (The New Economics Foundation), ante esta profunda crisis socio-económica y ecológica es necesario revisar nuestra forma de entender el trabajo y las actividades humanas: existen otros fines distintos del crecimiento, y el ser humano tiene otros medios de expresarse además de la producción o el consumo.En este camino es importante avanzar hacia una nueva redistribución del tiempo y apostar de forma decidida por la reducción de la jornada laboral.

 A lo largo de varias décadas, modelos con un menor número de horas laborales han formado parte de la rutina de trabajo de muchas personas. No representan un alivio universal, pero las medidas que suponen un número de horas de trabajo menor, o más concentradas, resultan populares cuando se dan condiciones de estabilidad y las condiciones salariales son favorables. Podemos destacar experiencias como la «semana de tres días» en Reino unido en 1974, la «semana de 35 horas» de 2000 a 2008 en Francia, la «semana de cuatro días» de 2008 a 2009 en Utah (EE.UU.), y medidas de emergencia durante la recesión de 2009 en Reino Unido.

No se trata de reducir el número de días semanales de trabajo, sino de reducir el número de horas diarias de trabajo. De lo contrario se dejaría sin modificar la norma por la que la vida diaria se estructura en torno a las horas de trabajo remunerado, se adapta a sus demandas fundamentales, y se encuentra imbuida por valores asociados a esa estructura. Una semana laboral claramente inferior (como la de 21 horas), o su equivalente en horas distribuidas a lo largo de un mes o año, invalida ese escenario. Nos fuerza a considerar un conjunto diferente de relaciones entre tiempo, dinero y consumo, así como la forma en la que estas nuevas coordenadas podrían influir en la distribución de poder entre la gente y los grupos, en qué es lo que realmente importa para el bienestar de la humanidad, y en cómo podemos lograr un futuro sostenible.

 Trabajar menos horas al día modificaría el tempo de nuestras vidas reformaría nuestros hábitos y costumbres y alteraría radicalmente la cultura dominante de las sociedades occidentales. Contribuiría a la promoción de una justicia social, bienestar y buen vivir sostenibles, a salvaguardar los recursos naturales del planeta y a construir una economía robusta y próspera.

 Pero esto no debe hacerse de forma precipitada, como afirma el estudio, sino mediante un enfoque sistémico para hacer política basado en un entendimiento de la interacción entre economía, sociedad y medio ambiente. Un sistema de bienestar que sirva para el futuro no puede centrarse únicamente en la economía de mercado. Por el contrario, se debe valorar y nutrir otras dos economías que hasta el momento han sido pasadas por alto: la economía natural o los recursos del planeta , y los recursos humanos que componen y sostienen la vida social.

 Examinamos a continuación los potenciales beneficios de una semana laboral mucho más corta:

1.-Protección de los recursos naturales del planeta: la sostenibilidad medioambiental es primordial, por tres razones fundamentales:

a) Consumir menos y de forma diferente ayudaría a que la gente saliera de la rueda del consumo.

b) Tiempo para vivir de forma más sostenible: muchas de nuestras elecciones como consumidores son en nombre de la conveniencia. Compramos comida procesada, platos precocinados, verduras preparadas y empaquetadas, vehículos de motor, billetes de avión, y una serie de aparatos eléctricos porque en principio parece que nos ahorran tiempo, con un elevado gasto de energía, carbono, y materiales de desecho.

c) Una huella menor: Una reducción de las horas de empleo remunerado, un menor poder adquisitivo para quienes tienen los ingresos más altos, más tiempo para vivir de forma sostenible, y un cambio hacia valores no materialistas ayudará a reducir las emisiones de carbono y salvaguardar los recursos naturales.

 

2.-Justicia social y bienestar para todos, y ello en base a las siguientes razones:

a) Bienestar mejorado para los desempleados y quienes tienen exceso de trabajo.

b) Cambiando las fuentes de control: una importante reducción de las horas de trabajo a todos los niveles establecería oportunidades para cambiar la forma en que la gente controla sus vidas.

 c) Reparto más justo entre mujeres y hombres: una semana laboral mucho más corta podría ayudar a distribuir el trabajo no remunerado de forma más equitativa entre mujeres y hombres

d) Un mejor reparto para padres e hijos permitiría pasar mucho menos tiempo en el trabajo remunerado y dejar a los padres con mucho más tiempo para pasar con sus hijos.

e) Una mejor tercera edad: si todo el mundo pasase menos horas trabajando, la transición más adelante del «trabajo» a la «jubilación» sería muy diferente.

f) Más tiempo para los cuidados: una semana laboral mucho más corta dejaría más tiempo libre para cuidar de otras personas (familiares, amigos y vecinos). Se trata tanto de hacer la vida más fácil para aquellas personas que ya son cuidadoras, como de compartir más los cuidados.

g) Más tiempo para ser ciudadanos activos: ser un ciudadano activo lleva tiempo (unirse y participar en actividades locales y organizaciones, conocer a los vecinos, realizar tareas de voluntariado). La democracia lleva tiempo (aprender sobre cuestiones políticas, involucrarse en la toma de decisiones, unirse y apoyar a partidos políticos, hacer campañas y votar). Quizás esta sea una de las cuestiones que a “los de arriba” no les haga mucha “gracia”, pero que es clave en la crisis actual de las democracias.

h) Haciendo crecer la «economía vital»: el Estado de Bienestar ha crecido de manera exponencial. Su crecimiento ha dependido siempre de un crecimiento económico continuo que, a través de los impuestos, produjese más beneficios para pagar mayor y mejores servicios públicos. Quizás debemos prepararnos para no crecer, con todo lo que ello implica para el Estado del Bienestar. En cualquier caso, el endeudamiento de los gobiernos en la crisis actual “parece” obligar a realizar recortes a lo largo y ancho de los servicios públicos. Si queremos seguir ofreciendo educación, salud y cuidados sociales, transporte público, guarderías, ayudas a la renta, pensiones y todo el resto de cosas ofrecidas por el Estado y de las que todo el mundo se puede beneficiar sin importar sus medios, entonces deberíamos explotar nuevos recursos. Hemos identificado tres economías que deben funcionar juntas para una justicia social sostenible. Hemos visto que no podemos hacer crecer la economía de mercado. Tampoco la economía natural, sino más bien esperar salvarla de un fracaso catastrófico. Podemos, sin embargo, hacer crecer la economía «vital», que está hecha de los abundantes e inestimables activos contenidos en la vida diaria de las personas (tiempo, energía, sabiduría, experiencia, conocimientos y habilidades) y en las relaciones entre ellos (amor, empatía, atención, cuidado, reciprocidad, enseñanza y aprendizaje). Si son ignorados, se debilitarán y reducirán.

i) Co-produciendo bienestar: la co-producción es un mecanismo clave para el crecimiento del núcleo central de la economía. El pasar mucho menos tiempo en el trabajo, nos permitiría emplearlo en coproducir bienestar para nosotros mismos y los que nos rodean

j) Más tiempo para el tiempo de ocio: todos necesitamos tiempo que emplear en actividades cotidianas, más allá del básico cuidado personal. Confiere textura, espacio e individualidad a la experiencia humana, y apuntala nuestro sentido de autonomía.

3.-Una economía robusta y próspera

El objetivo no es adaptar la sociedad las necesidades de la economía de mercado, lo cual ha sido la pauta hasta ahora; sino adaptar la economía a las necesidades de la sociedad y del medio ambiente. Ello supone los siguientes beneficios potenciales:

a) Beneficios para los negocios: redistribuir el tiempo pagado y el no pagado más equitativamente, especialmente entre hombres y mujeres, ofrece importantes ventajas para los negocios. La integración del empleo retribuido con los ritmos e intereses de la vida domestica, posibilitará así una gestión menos estresante de ambas esferas . Es sabido que la inteligencia emocional y vidas mejor equilibradas redundan en unos mejores resultados en el trabajo

b) Contribuyendo al fin del crecimiento alimentado del crédito. La crisis crediticia ha sido, en buena medida, consecuencia del aumento descontrolado de la deuda domestica. Lo que se necesita es una reforma en las prioridades de la gestión de la economía, que hasta ahora ha privilegiado abrumadoramente el crecimiento financiado. Puede ser razonable mantener la productividad laboral, al menos en los sectores clave de la importación y la exportación, pero en ese caso la única forma de mantener constante la producción

es rebajar el número total de horas trabajadas. Normalmente, esto significaría un aumento del desempleo. pero aquí surge otra posibilidad: reducir las horas de trabajo, una semana laboral más corta y un incremento del tiempo de ocio, compartiendo el trabajo disponible.

c) Una economía más flexible y adaptable: si a una mayor redistribución del tiempo de trabajo remunerado le acompañara una mejor retribución horaria para los peor pagados, esto contribuiría a la reducción de las

desigualdades sociales y económicas

d) Salvaguardando los recursos públicos: como apuntamos más arriba, liberar tiempo de trabajo para el crecimiento del núcleo central de la economía y posibilitar a la gente que sea copartícipe de su propio bienestar contribuirá a la transformación de los servicios públicos, previene el malestar y produce mejores resultados. Esto hará los servicios más eficientes en términos de coste y por lo mismo más flexibles en épocas en que los fondos públicos escasean.

Como dijo en 1971, Nicholas Georgescu-Roegen «El verdadero producto del proceso [económico] es un flujo inmaterial: el placer de la vida». Quizás otras cosas nos tienen distraídos de esa realidad y debamos darnos cuenta de ello.

12 Comments

  1. Indignado
    Indignado 26 junio, 2012

    Yo di ese paso hace unos pocos años, dejar de tener coche aunque creía que no podía pasar sin el, ahora miro atrás y me doy cuenta que tener un coche era una manera de hacerte esclavo, seguro, reparaciones, combustible e impuestos. Después cambie de ser un trabajador asalariado y hacerme autónomo, desde que tome la decisión el volumen de libros leídos ha ido en aumento. Mi afición a la astronomía la tengo saciada. He comprendido lo que es vender mi tiempo a cambio de dinero, pues ahora veo que lo más valioso que puede perder una persona es el tiempo.
    Puedo decir que el poder disponer de más tiempo para mi, es algo que nunca debí de hacer. Hace tiempo cuando mi gran pasión era la montaña, conocí a un compañero escalador que se llamaba Henri, tenía un doctorado en filología Inglesa, el caso es que hacía la traducciones justas, para poder sobrevivir dos o tres meses y dedicar todo el tiempo para escalar, leer y vivir en la montaña, decía: “Yo no voy a venderme, perder mi tiempo por dinero me parece una herejía, pero trabajo lo justo y ya tienen bastante, no voy a dejar que me exploten”. Tenía muchas ofertas de trabajo pero el no si iba a traicionar, solo lo justo.
    Desde el cambio a ser yo mi propio jefe, valoro más el tiempo que el liarme con más trabajos, y ahora dentro de mi libertad una de las cosas que sí quiero hacer, es contribuir y estudiar para luchar con lo que pueda aportar para apoyar la idea que comparto con Iniciativa Debate Publico de empezar el proyecto del “referente” Julio Anguita, cosa que haré con ilusión para que todos tengamos una sociedad mejor, cuando termine el periodo de baja laboral.
    Esta claro que soy de los que pienso que la educación deber tener por objetivo formar a las personas y no para “fabricar” elementos o engranajes para el abuso del capital, primero ante todo somos personas, y la educación física y cultural son instrumentos para que las personas crezcan y sean auto criticas y libres.
    Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
    Saludos amigos.

  2. Damaso
    Damaso 27 junio, 2012

    Me podéis informar de organizaciones donde haya trabajos que te permitan una mejor calidad de vida……? ESPERO VUESTRA RESPUESTA………

  3. constanza baquero
    constanza baquero 1 julio, 2012

    Yo siempre me apunto a la gente normal, y vosotros lo sois, se que cuesta trabajo al principio por el guión con los hijos, pero òr experiencia propia os comento que vale la pena. Yo a mis 64 años sigo labrando la tierra despues de apearme de la ciudad, y sus embrujos. Los he encontrado enese cielo, esa tierra, esos olores y sobre todo saber que lo que cuido y quiero, siempre es reciproco. “Esa es mi naturaleza, mis nietos, mis animales, mi huerto, en fin somos todos uno. Si no no vale, por lo menos para mi.

  4. Raquel
    Raquel 12 diciembre, 2014

    Uffff!! No esperaba encontrarme esto, pero… es lo que llevo un año practicando con mi pareja. En realidad… todavia trabajamos mucho los dos, pero esperamos dentro de un tiempo poder recuperar todo ese tiempo que hemos perdido y que creemos que nos pertenece y que tambien nos merecemos. Me alegro de que existan más personas que piensen como nosotros.
    Un saludo.

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