Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Bajo el asalto de los bárbaros

Camilo Alzate Iniciativa Debate 8/7/2012

El editorial del 5 de Julio del diario Le Monde[1], famoso periódico francés, alerta sobre una inestable situación en el norte de África, particularmente en Malí, donde milicias islamistas se han hecho con el poder encima de una extensa zona desértica con más de un millón de kilómetros cuadrados. La legendaria ciudad de Tombuctú, “perla del desierto”, se encuentra en poder de estas bandas armadas. Amenazan con destruir edificaciones, manuscritos y patrimonios históricos que guardan la memoria de varios siglos de cultura musulmana, declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. El diario no encuentra otro título posible para su editorial que esta odiosa declaración de eurocentrismo: “Tombuctú bajo el asalto de los bárbaros”.

Y me hierve en la cabeza una pregunta embarazosa: ¿Qué o quién es un bárbaro? ¿Cuál es el criterio para definir la barbarie en oposición al mundo civilizado?

Concepto inventado por la antigua Grecia para nombrar a todo quien no hablara su lengua, sin excepciones, posee una acepción excluyente con un sentido polisémico más amplio que bautiza “bárbaro” a todo quien no hiciera parte ni proviniera de la civilización helénica. Las invasiones de germanos y galos que amenazaron el imperio romano fueron “invasiones bárbaras”, muy a pesar que los franceses lectores de Le Monde se consideren en alguna medida descendientes de aquellos salvajes. Grecia hizo a Europa. Por paralelismo se concede el epíteto de “bárbaro” a todo el que no comparta la cultura común europea suspendida entre la tradición greco-latina y el judeocristianismo. A estas alturas se sabe suficiente lo que significa en la práctica la dicotomía entre barbarie y civilización: racismos, teorías sobre la supremacía blanca y europea para justificar despojos cometidos por siglos, crueles imposiciones coloniales, genocidios y una investidura del dudoso progreso industrial como máximo avance de la especie humana. Fueron bárbaros los indios americanos que construyeron ciudades diez veces más pobladas que las europeas de su tiempo, pero de ningún modo lo fue el bestial Hernán Cortés, aunque sus herederos demolerían gran parte del legado histórico de esos indios para convertirlo en cascajo de empedrar caminos o lo que es peor, en iglesias. Fueron bárbaros los árabes de la Edad Media, depositarios de innumerables conocimientos científicos rescatados de la antigüedad clásica, antes que Europa dejara de ser una sucesión de monasterios. Y los mismos árabes a su vez adoptaron un sentido particular del término: bereber, acepción que todavía hoy se aplica para referirse a tribus autóctonas norteafricanas con lenguas distintas a la del profeta, tribus oprimidas durante mil años, confinadas a las montañas del Magreb y no pocas veces en conflicto con el dominio hegemónico de las autoridades árabes o coloniales por igual. De estos últimos bárbaros parece que provienen los que están demoliendo monumentos en Tombuctú por considerarlos paganos, sin el permiso de las potencias occidentales.

Bárbaro no significa atrasado ni oscurantista, como pretende el editorial de Le Monde. Tampoco parece encarnar la contradicción entre una sociedad más inteligente y otra menos desarrollada si se mira por ejemplo, a la luz de lo que fue la conquista de América. Bárbaro viene a ser a los ojos de la discriminación eurocéntrica un término para referirse a lo distinto, diferente. Lo incomprensible. Los bárbaros que ahora asaltan Tombuctú realizan aquello que las civilizaciones europeas llevan haciendo dos mil años: demoler y saquear aquello que consideran ajeno a su cultura, sus valores y su tradición. Por eso enfurecen al editorialista, ya que de alguna manera perpetúan las cruzadas, esas campañas militares con las cuales la cristiandad intentó borrar de la tierra la civilización musulmana. Pero para no ir tan lejos, basta con acordarse que hará menos de diez años la “civilización occidental” abatió de manera programada y racionalizada un diluvio infernal de calamidad sobre Irak, la cuna de la civilización. Entonces el patrimonio histórico de la humanidad que quedó en cenizas tras los bombardeos no era tan importante, ya que entraban en juego unas armas de destrucción masiva que no existían y unas reservas de petróleo que son patrimonio, pero de las multinacionales. Le Monde no tuvo la decencia de llamar salvaje a Donald Rumsfeld, mucho menos al matón ignorante de Geroge Bush, que confunde la hoja de coca con el cacao y los cocoteros. Hay que reconocerlo, bárbaro tampoco es lo contrario de ilustrado ni de culto: la película 300, tergiversación histórica asquerosa que intenta emparentar a los antiguos persas con los pueblos musulmanes modernos y a los griegos espartanos con los defensores de la democracia (léase EE.UU.), exhibe a los primeros como una nación de salvajes malvados de piel morena y a los segundos como rubios blancos, justos e inteligentes guerreros. Pero sabemos que ni los griegos fueron rubios, ni los persas salvajes, ni los espartanos cultos. Como señala Samir Amin, de las películas de vaqueros que convierten en epopeya el exterminio de los pueblos indígenas a la doctrina pueril de “guerra contra el terror” hay un paso.

Para juzgar sus propias atrocidades la prensa occidental habla de “encrucijada de civilizaciones”, puesto que se llevan a cabo enarbolando la bandera de los santos valores intocables de nuestra sociedad: el capital y el individualismo. “Bagdad bajo el asalto de la barbarie civilizada” podría ser la crónica de aquella noche funesta el 20 de marzo. No constituyen un acto de salvajismo los métodos sucios de la colonización francesa en Argelia, con la generalización de la tortura y la ejecución sumaria; por el contrario, la conmemoración de los 50 años de la revolución argelina ha estado sellada en la prensa francófila por los relatos de colonos europeos expulsados o asesinados durante las revueltas, que devienen así en víctimas falsas de lo que supuso un holocausto para el pueblo argelino: algunos historiadores hablan de un genocidio cercano al millón de muertos. Un millón de muertos que Le Monde prefiere cómodamente desconocer, de la misma manera que al referirse a la barbarie del 11 de septiembre para la prensa occidental sólo existen tres mil muertos en Nueva York mientras los cientos de miles asesinados por las tropas americanas en Oriente Medio caen en el olvido: sería incómodo y desventajoso para occidente pesar todas las víctimas en la misma balanza.

¿Quiénes son los bárbaros? Siempre que los valores de la opresión y el dominio de las clases opulentas de occidente se sienten amenazados hablan de defender la civilización, sin que medie argumentación clara ni contundente, con el mismo fanatismo con el que los yihadistas invocan la guerra santa para defender el Islam. La “cruzada” de Francisco Franco en España se recubrió de una teología que implicaba crear un enemigo ajeno, distante del “espíritu nacional”: el “bolchevismo judío-masón” equiparable con los salvajes, aunque resulte poco menos que insensato ubicar judíos, masones y bolcheviques dentro de una misma categoría. Por eso, para preservar el “espíritu nacional”, el franquismo erradicó con la civilizada bayoneta una generación de poetas y artistas ilustrados representantes de la “disolución”, del “caos”, que a la postre resultarían ser lo más lúcido que la literatura en lengua española había producido en varios siglos. El ilustrado Franco enterrado con honores y el bárbaro García Lorca fusilado en una cuneta es uno de esos progresos ambiguos de la civilización occidental.

No trato de justificar ni mucho menos de celebrar la destrucción del patrimonio cultural en Tombuctú, sino de cuestionar la doble moral e hipocresía de las potencias occidentales, dispuestas a instrumentalizar cuanto sirva a sus intereses. Bastante improbable será que los editorialistas de Le Monde se hallen afligidos por la destrucción de los vestigios de la tradición centenaria del islamismo erudito en el Magreb. De la misma manera a Washington y París les importan un comino los Derechos Humanos con los que se llenan las fauces para bombardear países. Le Monde remata con la demanda de salvar Tombuctú de la barbarie naufragándola en otra catástrofe, la ruina civilizadora: “Los países occidentales y árabes que participaron en la intervención de Libia no pueden contemplar con los ojos cerrados esta ofensiva. Es la consecuencia indirecta del flujo de armas en la región provocado por la guerra en Libia, que atrae ahora extremistas de todas las fronteras. La preservación de Tombuctú y de sus símbolos es una responsabilidad de todos”. Lo que bien traducido del francés napoleónico que habla hoy la diplomacia francesa significa invadir otro país soberano con el pretexto de proteger unas ruinas, o también, fingir una mascarada para intervenir militarmente asegurando necesidades geopolíticas.

Quienes desataron la borrasca en Libia y el caos en el norte de África no fueron precisamente unos tuareg mal armados que andan en camellos y camionetas destartaladas. El chorro de armas, dinero e inestabilidad cayó como una catarata sobre la región con los bombardeos que la OTAN realizó encabezada nada menos que por Francia. La patria de la liberté, la fraternité y los croissants. Elegir entre el fundamentalismo religioso y el fundamentalismo del mercado es tomar parte de una dicotomía falsa que entraña en el fondo la misma decisión: opresión y barbarie. Preferiblemente, con croissants y misiles teledirigidos, que hacen más impersonal la destrucción del patrimonio histórico y de los humanos que habiten ahí cerca, como sucedió en la antigua Yugoeslavia bajo el fuego implacable de los Estados Unidos.

Porque en este punto del drama deberíamos advertir un último significado para el concepto griego: el que refleja un orden humano maniobrado por las dinámicas de la vida salvaje, atroz y violenta, no por la razón, la justicia y la cooperación entre iguales. Y esa resulta la mejor pintura de nuestra sociedad, en la que poderes fácticos se imponen a las mayorías por la fuerza de las armas o la economía, dónde mandan los intereses del más poderoso (o más apto, o más hábil, o más emprendedor, o mejor dotado…) mientras la responsabilidad colectiva se derrite en millones de actos individuales nocivos, necios e irracionales, que sumados entre sí constituyen una réplica con rascacielos de cualquier entorno selvático. Mirada individualmente la sociedad posee una carga de híper-racionalidad que llega a sofisticar hasta el más mínimo aspecto de la vida diaria. Mirada colectivamente en cambio, opera como una jungla donde la ley del más fuerte domina el devenir global. La barbarie civilizatoria echaría al piso las pirámides de Egipto si debajo hubiera petróleo. Es la barbarie que permite apostar en las finanzas alemanas por la salud de los ancianos: si mueren más rápido el inversionista ganará mayores dividendos en la bolsa. O por el futuro precario -no me resisto al ejemplo- de los trabajadores griegos y españoles. Al fin de cuentas, los que apuestan en bolsa son, o más inteligentes que nosotros, o sin duda más poderosos.

Las potencias europeas, que acarrean el honor de haber arrojado la humanidad a la peor confrontación bélica de la historia, no una sino dos veces, no tienen ninguna autoridad moral para hablar de barbarie. Tombuctú, la villa que impresionó a León el Africano, continuará bajo el asalto del salvajismo, independientemente que sus captores porten turbantes o bombarderos Mirage. Al tanto la hipocresía de la prensa francesa, envilecida hasta el ridículo, hará el papel que los ideólogos del eurocentrismo racista desempeñan hace dos milenios: justificar a nombre de conceptos cada vez más imprecisos y vagos la dominación de un conjunto de élites rapaces sobre el resto del globo, o en otras palabras, la sofisticación violenta y globalizada del salvajismo.

 


[1] Disponible en: http://www.lemonde.fr/idees/article/2012/07/05/tombouctou-sous-l-assaut-des-barbares_1729598_3232.html

6 Comments

  1. David Sempau
    David Sempau 7 julio, 2012

    Excelente exposición sobre la desvergüenza del doble rasero con que Occidente mira al resto del mundo. ¡Gracias Camilo y enhorabuena!

    ¡Un abrazo para tod@s!

  2. constanza baquero
    constanza baquero 8 julio, 2012

    Camilo,¡¡¡MAGNIFICO¡¡. El día que Occidente deje de creerse el ombligo del mundo, a lo mejor otro gallo cantara.

  3. maría
    maría 8 julio, 2012

    “….justificar a nombre de conceptos cada vez más imprecisos y vagos la dominación de un conjunto de élites rapaces sobre el resto del globo, o en otras palabras, la sofisticación violenta y globalizada del salvajismo.”

    Salvajismo o barbarie se perciben como sinónimos de actitues completamente irrespetuosas con los demás,hasta de su vida misma. Que el sufrimiento ajeno no detiene. Que ignora absolutamente al “prójimo” (otra palabra que está desapareciendo del lenguaje cotidiano) Actitudes propias del ego ambicioso, ensalzadas como nunca sobre todo concepto de comunidad, bien común o compartido. Cada vez más aceptadas.

    “Way of life” que se ha extendido como nunca de arriba a abajo, lo qe consituye la victoria esencial de la “élite rapaz” en la configuración de la sociedad.

    El artículo,excelente.

  4. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 9 julio, 2012

    ¡¡Gracias Camilo!! No has pòdido retratar la Historia Antígua y Contemporánea, mejor.Has puesto las cosas en su sitio, cómo son, no cómo quieren cada uno que sean. He mirado hacia adentro, en mi cabeza y mi alma, y no puede ser más exacto el retrato que has hecho, de todos y cada uno, de los períodos que yo he leído y los que he vivido.Estas cosas son buenas, para recordar muchos momentos, que la gente no quiere volver a pensar en ellos. Pero están ahí, y de vez en cuando es muy bueno acordarse, de que todos, han ido en la misma dirección: El atropello, y la violencia, contra los más desfavorecidos, por los que se han tenido por cultos y Justicieros.Y lo peor, es que a más información, más desinformación, porque en esta batalla desde siglos atrás, en aras de la justicia, y la verdad, todos, han sido con sus religiones y colores, los más embusteros y falaces con sus estandartes Gloriosos, y sus guerras Santas.Tú lo has dicho todo, pero cómo verás, seguimos igual. Nosotros fuímos invasores sin pìedad. Íbamos a Evangelizar, cómo quereía Isabel, pero les quitamos el oro después de traicionar a los llamados ahora Inmigrantes, que a su vez, nos robaban los ingleses, por el pirata Fracis Blake, a la que la Reina hizo SIR por ello. Los anglosajones, invadieron, Norteamérica, matando sin piedad, a sus verdaderos dueños, los indios, esquilmándolos, e imponiéndoles sus Leyes, y llevándolos a la muerte, tanto en la segunda guerra Mundial, cómo a luchar contra Japón, y después, a que los frieran en Vietnam, sin pena ni gloria, para acabar perdiendo.Y aquí Franco, matando moros en África, sacrificando españoles, y cortando la cabeza sin escalofríos, a quien pudiese,haciuéndolos luego su Guardia de Honor, luego la guerra Civil donde en nombre de Dios, bombardeó y fusiló en masa a gente indiscriminadamente, durante 12 años y últimamente poco antes de morir, a los 5 últimos, más los que murieron en Stalingrado, prestados a su amigo Adolfo, el asesino alemán, mientras el, combatía la conspiración Judeomasónica, con el brazo incorrupto de Santa Teresa en su alcoba. ¿Cometeria actos deshonestos delante de la Santa? Y luego iba bajo palio.Cómo tu dices, en la guerra de Los Balcanes. Bombardearon los Americanos `por donde pudiesen, buscando pasillos aéreos, por lo cual, mataban a gente a mogollón, pero eso, eran DAÑOS COLATERALES, y en Irak cómo tu dices Bush, Blair, y nuestro prohombre del bigotito a lo FÜRER, hicieron otro tanto. De los Ingleses ni hablo en África, pues ya, con el ÁFRIKA KORPS de Hitler tampoco se quedaron mancos. En fin, que Todas, absolutamente todas las guerras Santas, y Cruzadas de todos los tiempos, (Incluída la Italia de Mussolini, y La Francia de Petáin y los que siguieron, con África, todas absolutamente no han hecho más, que engordar el bolsillo, de los que rigen y ordenan con las Cacerías, y las minas de Esmeraldas y Diamantes, y ahora el Coltán. INCH ALLAH; cómo decía ADAMO: Dios lo quiere. Amen.

  5. ignasi
    ignasi 19 julio, 2012

    Demoledor artículo de introspección para cualquier sociedad que quiera escribir CON LA VERDAD su história.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *