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Superar las ideologías del pasado para crear una izquierda de futuro

Fernando Filon  6/8/2012

Vengo observando desde hace algún tiempo los variados intentos que desde diferentes organizaciones políticas y sociales se están realizando por la llamada unidad de la izquierda. Son múltiples los llamamientos a esa unidad de conciencias y conceptos a los que solemos llamar izquierda; Construyendo la Izquierda, Izquierda Abierta, Izquierda Unida, Izquierda Plural, Izquierda Republicana… cada cual abogando  por la creación de un frente amplio de izquierda, un frente social de izquierda, un frente popular de izquierda, todos con cierto reflujo histórico por cierto… pero yo me pregunto y esta es mi principal duda política, ¿de verdad existe una sola izquierda? ¿O será mejor hablar de izquierdas?, tal vez cada uno de nosotros sea una izquierda, como que cada español es un seleccionador nacional en potencia, es nuestra idiosincrasia. Es más, ¿de verdad existe hoy en día algo similar al concepto de izquierda que se forjó durante los siglos XIX y XX?, ¿un movimiento rupturista con el pasado, un pensamiento transformador de nuestro presente, un concepto revolucionario de la sociedad del futuro?  Yo me temo que no, las variadas izquierdas siguen inmersas en ideologías de masas, supeditadas bajo los contextos históricos en las que nacieron, y que poco o nada pueden aportar hoy a nuestro presente, donde la concienciación individual conforma los nuevos movimientos sociales.

Para mí esa izquierda esta enferma de ideología o mejor dicho, ha sufrido una sobredosis de ideologismo transformado en fanatismo doctrinario,  necesario en otras épocas pero que nunca supo evolucionar con los tiempos. Pero así como la izquierda enfermó, también la derecha, engordando con el neoliberalismo rampante, ha sufrido un ataque de apoplejía, entendida esta como suspensión súbita y completa de la acción cerebral, debida comúnmente al abuso del pensamiento único, monolítico e inamovible. Es decir una ha muerto por exceso y la otra por defecto. Decir que están muertas puede parecer un poco excesivo, tal vez sería más acertado hablar de que ambas concepciones del mundo están en coma, quizás irreversible, y espero que sea así por el bien de la humanidad, pues solo hay algo peor y que haya hecho más daño a lo largo de la historia que el fundamentalismo religioso, me refiero al fundamentalismo ideológico, tomado como dice Luis E. Iñigo Fernández en su “Breve historia de la Segunda República Española” como el intento de  “aferrarse sin pudor  a una actitud que no concede la más remota posibilidad de error en su propia visión del mundo ni de acierto en la del contrario”.

El ataque más contundente dirigido contra el pensamiento único neoliberal instalado desde hace décadas en las sociedades occidentales y fundamento básico de la derecha actual, no ha provenido de ninguna ideología de izquierdas sino del conocimiento científico, del descubrimiento por parte de la neurobiología de que “las personas somos seres sociales con tendencia a la cooperación” y que “la cooperación es un principio básico de la evolución” por encima de “la idea capitalista del ser humano, que opina que el egoísmo y la competencia están anclados en el genoma humano” –Christian Felber, “La economía del bien común”. –Este es un ataque directo a la línea de flotación de ese pensamiento monolítico instaurado desde hace doscientos cincuenta años por Adam Smith, el primer economista científico, de que el bien de todos se obtendría del comportamiento egoísta del individuo, cuando afirmó que “no es por la benevolencia del carnicero, del panadero o del cervecero que contamos con nuestra cena, sino por su propio interés”. Y aunque esto fuera valido en su momento, en pleno siglo XVIII del inicio capitalista, ahora ya no lo es, hoy el mundo ha cambiado, la sociedad ha cambiado, somos conscientes de los peligros que como especie podemos experimentar si seguimos legitimando un sistema donde la competencia estimula el egoísmo del individuo para su propio beneficio, ocasionando enormes daños colaterales a la sociedad y a nuestro entorno natural.

Puede que  la llamada derecha también sea variada, pero hay una diferencia sustancial, ellos están unidos en torno a su interés por el dinero, como el azúcar mantiene a las almendras amalgamadas en una tableta de un turrón duro. El capital es su pegamento para no perder el poder  ni sus privilegios de clase, y se trata de un pegamento muy fuerte, que permite estructuras rocosas y monolíticas, cual hormigón. En cambio ¿a la llamada izquierda que la une?, solo las ideas, las ideas son su pegamento, pero conforman un elemento gaseoso, inasible, inabarcable e incoloro como el oxigeno de nuestra atmósfera, y como él, también ellas son igual de necesarias para la vida del ser humano, uno da vida al cuerpo a través de los pulmones, las otras dan vida a nuestro espíritu a través del pensamiento. Y personalmente no puedo alimentarme con rocosas ruedas de molino, pero me encanta respirar aire puro.

Tal vez no haya que hacer un llamamiento a la unidad sino a la colaboración, no al establecimiento de una sola fuerza, sino por el desarrollo de esfuerzos comunes. Pero hasta que no encontremos nuevas ideas, diferentes, esperanzadoras y tal vez aun utópicas sobre la que unir esfuerzos no será posible. Necesitamos nuevas ideas con más fuerza de cohesión que el más fuerte pegamento, si encontramos esas ideas la llamada izquierda será una marea, y el progreso una tormenta capaz de erosionar cualquier estructura monolítica por muy resistente que esta sea, puede que tardemos años, incluso décadas, pero al final todos los muros caen bajo la fuerza de las ideas. Pero cuidado, si la derecha es hormigón la izquierda también puede ser la dinamita que haga saltar por los aires de manera violenta cualquier resistencia al cambio y al progreso humano si este se le deniega o se impide con medidas como las que venimos sufriendo desde la actual oligarquía.

Creo que intentar unir a las izquierdas es un ejercicio desgastador si no hay un proyecto coherente detrás, un modelo diferente e ilusionante para la mayoría de la sociedad. Creo que primero debemos reinventar ese concepto de izquierda, progresista, democrático, plural, rupturista y transformador del siglo XXI, en base a nuevas ideas y no tanto en ideas caducas, muchas veces convertidas en dogmáticas y doctrinarias, pues estas, las ideologías de la llamada izquierda son a veces solo rémoras de un pasado que no puede ni debe volver, “ismos” que muchas veces solo se invocan en beneficio de quienes los defienden. No podemos quedarnos mirándonos el ombligo recordando la historia que pasó y no pensar en la historia que será, miremos hacia delante, construyamos de nuevo la ilusión por un futuro mejor, un futuro que será posible solo con nuevas ideas y actitudes.

No es lo mismo tener ideología que tener ideas, pues la ideología por definición impide la nueva creación de ideas diferentes a las suyas, hay que superar las ideologías conformadas para volver a pensar, es por eso que me atrevo a gritar ¡las ideologías han muerto vivan las ideas¡ las nuevas ideas abren caminos nuevos al pensamiento, nos permiten abarcar diferentes posibilidades, inventar palabras nuevas para esta nueva realidad social humana y mundial que padecemos, nuevos conceptos como Economidad y Ecomunomía, o relación de equilibrio entre economía, conocimiento, ecología y humanidad, que será la base de un nuevo desarrollo global.

Entre nosotros puede haber rivales ideológicos pero no enemigos, nuestros enemigos comunes son los políticos corruptos, los economistas dogmáticos, los empresarios desalmados, los banqueros insaciables y los religiosos recalcitrantes. Nuestra concepción del mundo y de la sociedad del XXI debe ser capaz de doblegar al mercado,  de contrarrestar la contaminación mercantilista y la colonización del pensamiento neoliberal, que se ha instalado por doquier en todos los rincones de esta sociedad. Pero también debe ser capaz de superar la necesidad del estado como único pilar de la estructura social, política y económica.  Ni el Estado ni el Mercado están por encima de la Sociedad, están a su servicio, supeditados a ella.

Nos dirigen unas personas que no tienen, ni saben que es, humanidad, porque el concepto de especie humana no se puede contar ni medir con números, y así nos va. Los políticos y la política, la economía y los economistas, los banqueros y la banca deberían pensar primero y sobre las demás cuestiones, en el bienestar de la sociedad, en el respeto por el planeta y en el bien común de los ciudadanos, de cada individuo, de todos los seres humanos, ¿Por qué si no, que tipo de sociedad pretendemos?, ¿que clase de humanidad imaginamos para el futuro?

7 Comments

  1. Indignado
    Indignado 7 agosto, 2012

    Yo creo que hablar o sentir que uno es de izquierdas es por contra posición a la derecha que a la vez es símbolo del fascismo. Hay mucha confusión con el tema, porque el mero hecho de concebir la idea de izquierda, entra el concepto dual derecha. Y no caben en esa sencilla contraposición todo el significado real que tiene, pues igual es mala una dictadura de la riqueza que una dictadura del proletariado.
    Se agradecen esté articulo que nos aclara las ideas.
    Gracias por la aclaración Fernando Filon.

    Yo he firmado ya, os paso la idea y el enlace.

    PETICIÓN DE LUJO A BALTASAR GARZÓN

    http://www.change.org/es/peticiones/baltasar-garzon-creaci%C3%B3n-de-un-partido-pol%C3%ADtico-con-su-candidatura-como-presidente

    GRACIAS!!!

  2. Antonio Ferrer Taratiel
    Antonio Ferrer Taratiel 8 agosto, 2012

    De acuerdo en todo el contenido del articulo.Solo un pero. No creo que se trate de inventar palabras nuevas, si no de darles el valor de su significado, que le a sido sustraido.

  3. José Miguel
    José Miguel 12 agosto, 2012

    De acuerdo en todo. Pero las ideas son muy simples y están contenidas en la declaración de los derechos humanos y, sin ir mas lejos, eliminando los candados oxidados que la atenazan, en la propia constitución.
    Lo de libertad, igualdad y fraternidad tiene muchos años y la retórica como pantalla de la política interesada viene de los griegos. Vamos, que no hay nada nuevo bajo el sol. La actitud ha de ser tan simple como la aplicación de los derechos fundamentales en cualquier planteamiento politico que quiera combatir la desigualdad, con todo lo que ello significa, y un régimen de control anticorrupción muy duro y de inmediata ejecución. Y el pragmatismo en la acción política, que ha de realizarse sin complejos, sacudiéndonos todos esos “ismos” y llamando las cosas por su nombre. No se puede olvidar a Aristóteles: en el término medio está la virtud.

  4. olito
    olito 18 agosto, 2012

    No aporta nada porque se limita a repetir el lugar común, muy util al pensamiento neoliberal, de que “las ideas de la izquierdas son caducas y que hay que sustentar la lucha sobre nuevos planteamientos”.

    Mientras buscamos esas nuevas ideas resulta que las oligarquias nos vuelven a cargar de cadenas y nos ponen en el siglo XV mientras debatimos pacificamente sobre cuáles son nuestros valores.

    Yo lo tengo muy claro soy hijo del socialismo y nieto de la ilustración. El socialismo y los valores de la ilustración francesa son el camino que hay que explorar para encontrar los nuevos enfoques todo lo que se aparte de ese camino tarde o temprano acabará en una versión .como del fascismo.

    Lamento que se le de tanta cobertura a discursos llenos de buenas intenciones pero huecos y que no aportan nada pero que atacan los pocos parapetos que tenemos frente a las oligarquias.

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