Funcionarios, esa especie en extinción.

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Sí, es cierto, los funcionarios van a ser, a poco que nos descuidemos, una especie en extinción.

Las Administraciones públicas, como cualquier empresa, precisan de personas que impulsen y desarrollen su actividad. Estas personas a las que comúnmente llamamos funcionarios forman un colectivo heterogéneo compuesto por funcionarios de carrera (quienes tienen encomendadas las tareas que implican ejercicio de autoridad y prestación de servicio público), interinos, laborales y eventuales.

La existencia de cuerpos de funcionarios no es un capricho. Nuestro modelo de función pública (y nótese que hablo de los funcionarios y no de la pléyade de eventuales nombrados a dedo por el político de turno, responsables de la mayor parte del descrédito y desafecto con que la ciudadanía trata al funcionario) es fruto de una evolución histórica que, con las constituyentes de Cádiz rompió con la compraventa de cargos públicos y sentó las bases, desarrolladas por el Estatuto de Bravo Murillo, de la organización burocrática española, que es el fundamento mismo de la seguridad jurídica, de que la Administración no va a someterse a los caprichos políticos de turno.

Quienes sirven a la Administración, sean archiveros,  agentes forestales,  conservadores de museos,   inspectores de hacienda,  profesores,  médicos, orientadores de empleo o  quienes día tras día aseguran que las contrataciones se celebren de acuerdo con la legalidad, son profesionales que han accedido tras rigurosas pruebas selectivas y gozan de estabilidad en el puesto de trabajo como garantía de su independencia respecto de quien gobierne en cada momento; ello nos asegura a los ciudadanos, que van a tomar sus decisiones de acuerdo con los criterios de legalidad, imparcialidad y justicia , con sometimiento pleno al a ley y al derecho. Porque esa misma estabilidad en el empleo implica que a un funcionario no se le puede despedir por no cumplir con los mandatos de su superior político si dichos mandatos contradicen la legalidad vigente.

¿Qué mejor garantía puede tener un Estado democrático que la seguridad de que sus servidores públicos no están al albur del interés político de quien gobierna?

¿Quién sino un funcionario con garantía de que seguirá siéndolo puede poner impedimentos a una decisión injusta?

¿Quién se atreve a llevar la contraria a su jefe en la empresa privada y más después de la última reforma laboral?

Esa y no otra es la ventaja real de los funcionarios públicos, su patrón no puede despedirles si le contradicen o contrarían; sí puede, y de hecho hay quien lo hace y cada vez mas descaradamente, rebajarles el sueldo, vilipendiarles, moverles de puesto de trabajo (ya que la estabilidad no implica inamovilidad) , desprestigiarles de mil maneras, decirle a la sociedad que no es justo que tengan trabajo estable, que son muchos (bastantes menos que en Francia o los países nórdicos por cierto) que sería mejor que fuesen contratados  como en la empresa privada, decir hasta la extenuación que no son eficientes ni eficaces, que son más costosos, que lo privado es más barato… pueden hacerlo y lo están haciendo. Por supuesto que con un objetivo: si se acaba con  los funcionarios se acaba con la única posibilidad de asegurar el correcto funcionamiento de la Administración y su sometimiento a los principios de legalidad, imparcialidad y justicia.

Los funcionarios que han accedido a sus puestos con vocación de servicio público (ya sabe todo el mundo que si uno quiere hacerse rico justo esa no es la opción) deben, por mandato constitucional, servir con OBJETIVIDAD LOS INTERESES GENERALES (y no los particulares de su temporal patrón) y cumplir la ley y  formalizan ese juramento cuando acceden a su puesto.

Pensad, si esos funcionarios pudiesen  ser contratados a dedo por el político de turno ¿Qué seguridad tendríamos de que las cosas se realizarían conforme a la legalidad?

Que contentos se pondrían algunos políticos si cada vez que fuesen elegidos pudiesen nombrar a todos los miembros de la Administración ¿imagináis las redes clientelares? Si ya las hay amplísimas por causa de esos eventuales que no son sino amigos nombrados a dedo, que no sería si se tratase de toda la Administración. Ese es el objetivo, no otro.

Con la crisis, de nuevo la excusa, una nueva ofensiva,  pero a esta tarea del descrédito llevan muchos neoliberales de mullido sueldo y sillón público, muchos años dedicados.

Hay que denunciarlo, no hay que parar de hacerlo  y  hacer una defensa a ultranza de lo público, y de los trabajadores de lo público, porque lo público es de todos.

http://ysivolaramos.blogspot.com.es/2012/06/funcionarios-esa-especie-en-extincion.html

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6 Comentarios

  1. Cierto todo lo que expone. Soy funcionaria del grupo A2 (antes B) desde el año 1984. Debo decir que por cumplir con mi obligación (no cometer ilegalidades) oponiéndome a cumplir con las órdenes del político de turno, estuve 5 años apartada de mi cargo. cuando las cosas se pusieron mal, volvieron a pnerme para que arreglara los desperfectos……

  2. Totalmente de acuerdo y se agradece el que se puedan oir voces en este sentido y cuantas más haya mejor, pues creo que es necesario que defendamos entre todos lo público.
    Yo veo un gran problema en la existencia de las empresas “privadas” con dinero público, mal llamadas empresas públicas, que aparte de convertirse en administrración paralela, creo que es la fórmula para privatizar de forma socarrona la Administración por la vía de no convocar oposiciones, no cubrir las plazas que quedan vancantes por jubilaciones y con este sistema además de procurarse un clientelismo asegurado, se consigue una mano de obra mucho más barata, unos pseudo-funcionarios que no puedan plantar cara y además unas muy buenas prebendas para los gerentes (amiguetes) de turno.

  3. Estoy de acuerdo con el artículo. Soy empleada pública. Hay compañeros/as q. no llegan a los 800€. En mi centro de trabajo los q. se pasan haciendo trampas son los q. acupan puestos nombrados a dedo.

  4. A mi lo que más me molesta de este Via Crucis de los Funcionarios, es en este aciago momento, y aunque me duela en el alma lo que les están haciendo, pues tengo familiares funcionarios, porqué meten a todo tipo de trabajos en el Funcionariado. Debo de ser muy borrica, ya que no entiendo, que tiene que ver, el trabajo de un oficinista del Ayuntamiento, pongamos por caso, con un Policía y sobre todo, con un Bombero, para que a todos y cada uno, los ninguneen, les reduzcan un 20& el sueldo, y les quiten la paga de Navidad, ya que el bombero, tenía que tener un plus de peligrosidad, por el trabajo que realizan. Y que conste, que en mi familia no hay ningún Bombero.Pero es, de sentido común.Esta gente, no cavila el daño que hace a la gente. A ellos, todos les importamos un comino. No creo, que los funcionarios, sean personas, que les sobre el dinero. No, a los que yo conozco,De todas formas, cuando te pones a pensar, te dan ganas de hacer cosas, que nunca pensaste. El cotarro, está entre Políticos Banqueros,y los grandes Holdings, nosotros sómos los Epsilones de la Pátria. Tengo muchas ganas de que esto dé un giro de 180 grados, o nos vamos a poner, más cabras, de lo que ya, estamos. Es una opinión.Un abrazo.

  5. Ingreso como funcionario en 1966 tras duras oposiciones. He visto tantas arbitrariedades y tantos disparates, sobre todo a partir de 1982, por parte de los partidos gobernantes hacia los funcionarios, que estoy escribiendo un libro reivindicativo con multitud de casos reales.

  6. No podría estar más de acuerdo. La mayoría de la gente confunde funcionarios con dirigentes políticos y demás personal nombrado a dedo por éstos, los cuales están haciendo un excelente trabajo ninguneando a todos los empleados públicos y creando una imagen de total descrédito hacia los empleados públicos a los que llaman comunmente “funcionarios”.
    Ya lo he hecho en otras ocasiones y de nuevo lo pone muy clarito en este artículo, no todos los empleados públicos son funcionarios. Ni que decir tiene que quienes dirigen la actividad del país son los politicuchos de turno por lo que la responsabilidad de dicha gestión recae directamente sobre ellos. Algún día se sentarán (en el banquillo de los acusados). Es mi sueño recurrente y se va a realizar.
    Abrazos.

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