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La corrupción daña a todo el mundo

Dioscórides Ortuño

Desde la aprobación de la Constitución Española hasta nuestros días, han sido numerosos los casos de corrupción política, como “abuso del poder mediante la función pública para beneficio personal”. De sus consecuencias penales, ni nos acordamos.

En la corrupción, esa lacra de dos rostros: quien corrompe y quien se deja corromper, se dan tres características básicas, el abuso de poder, el beneficio privado y el cumplimiento de la ley, cuyas prácticas ocasionan un grave perjuicio al bien común, algo inaceptable en una democracia representativa.

Con un funcionariado meritocrático, un organismo independiente y canal directo con la fiscalía, que controle las malas prácticas y uso fraudulento de fondos públicos en todas las administraciones, tanto estatales, autonómicas como locales, posiblemente los niveles de corrupción no serían tan escandalosos.

A la espera de mejores tiempos, Transparencia Internacional, la única ong a escala internacional, también con sede en España, dedicada a combatir la corrupción y que orienta sus esfuerzos en una perspectiva de prevención y la reforma de los sistemas, nos tiene informados de los índices de transparencia  en España,  así como los de corrupción internacionales.

Os dejo con esta entrevista  al mejicano Alejandro Salas, uno de sus directivos, que espero sea de vuestro interés.

Su definición de corrupción resulta más que familiar. En España, en parte debido a casos muy llamativos, es una palabra muy habitual. Sin embargo, esta claridad a la hora de hablar sobre la corrupción no siempre ha existido, ¿por qué?

Transparencia Internacional se origina en 1993 porque su fundador, Peter Eigen (un exfuncionario alemán de alto nivel en el Banco Mundial), se dio cuenta de que en los 80 y en los inicios de los 90 la corrupción era un tema sobre el cual no se hablaba. Era una cuestión tabú. Y cuando él quería abordarla, el discurso oficial era que el Banco Mundial no se centraba en temas políticos, sino en apoyar el desarrollo… Pero Peter y otros colegas suyos sabían que la corrupción es un elemento central a la hora de obstaculizar el desarrollo y la creación de riqueza, y que eso no podía obviarse. Así, constituyeron Transparencia Internacional.

A usted la corrupción le tocó de cerca en sus inicios en México, ¿es por eso por lo que hoy está en la organización?
Cuando trabajé en la campaña política de Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial del PRI, asesinado en 1994, era muy joven, pero trabajaba muy cerca de sus asesores y de una de sus manos derechas. Conocí a mucha gente, entre ellos, empresarios, congresistas y gobernadores, y pronto me di cuenta de la doble intención que tenían al reunirse con mis jefes: de los ofrecimientos que hacían, incluso a mí. Recuerdo que hubo un gobernador que hizo antesala conmigo y me invitó a Cancún un fin de semana: me mandaba el avión gubernamental, me invitaba a irnos de juerga… ¡Y yo era un chico recién salido de la universidad! A este gobernador, por cierto, unos años después lo vi en televisión cuando lo llevaban preso. No acepté su invitación por principios, pero a mí, un joven ilusionado que quería cambiar las cosas en México, me marcó enfrentarme a varios corruptos y a un asesinato político importante, y a toda la suciedad que había alrededor. De alguna manera, esa fue mi gran motivación para meterme en la lucha contra la corrupción.

Aunque se produzca en otro país, la corrupción ¿tiene un efecto dominó? ¿Afecta más de lo que parece?
Sí. La corrupción daña a todo el mundo. Es un fenómeno transnacional que atrapa a millones de personas en la pobreza y en la incertidumbre económica y política. Por ejemplo: si hay espacio para la corrupción en un país, las empresas extranjeras que participan en pagos de sobornos distorsionan los precios de mercado, porque están incluyendo el costo del soborno o entregando menor calidad que la comprometida. Otro ejemplo de ello es el país que acepta coches robados procedentes de otro y los legaliza, porque está promoviendo el robo de coches en los lugares de origen.

La corrupción va de la mano con la criminalidad…
Sí, y uno de sus efectos más interesantes es el que se produce en la cadena del narcotráfico. Desde el país del cultivo al del consumo hay muchas oportunidades para la corrupción. Ya sea porque se tuvo que sobornar a alguien para que un sembradío se mantuviera oculto o para pasar las mercancías. Crimen y corrupción se retroalimentan. Y cuando hablo de corrupción no hablo solamente de sobornos sino, también, de financiación de campañas políticas, nepotismo y otras prácticas. Así, si el narco financia una campaña a alguien y este alguien llega al poder, le van a cobrar el favor.

Su organización publica anualmente el ya célebre Índice de Percepción de la Corrupción, que clasifica a países de acuerdo con las percepciones sobre el grado de corrupción de su sector público. ¿Por qué se centran en ese aspecto?
Las primeras actividades de Transparencia Internacional tenían que ver con el sector privado. Nos preguntábamos por qué las empresas suecas o finlandesas, por ejemplo, se comportan de manera distinta cuando están en países como Ecuador o Nigeria. Y la respuesta que encontramos fue que para hacer negocios allí has de actuar según a las reglas del lugar, porque si no, dejas de ser competitivo… Pero nuestro principio era proponer que las empresas exporten también los estándares que aplican en sus países de origen para que empiecen a cambiar los cosas.

¿A más burocracia, más corrupción?
Hay un vínculo, pero no una relación directa: Alemania es, según mi experiencia, un país muy burocrático, y nunca me atrevería a ofrecer un soborno a un funcionario alemán, porque la ley y las reglas en general allí sí se respetan. Pero es cierto que las oportunidades de corrupción crecen en la medida en que hay más interacción entre individuos. Por eso, los sistemas de gobierno electrónico tienen un efecto secundario bien interesante: hacen disminuir la corrupción. El que hoy en día se pueda hacer transacciones por computadora hace que se eviten las colas, las ventanillas, la posibilidad de que alguien te cobre para saltártela, que llegues allí y te pongan pegas… No se puede sobornar a una computadora.

¿La corrupción varía en función de las culturas e, incluso, de la religión? Porque los países de mayoría protestante, como Suecia y Noruega, quedan mejor parados en su índice.
Sí, es cierto, pero Chile, que es un país muy católico, también saca buena nota. El nivel de corrupción tiene algo que ver con el tipo de valores y creencias, pero lo principal es la fortaleza de las instituciones de un país. En la medida en que tienes un poder ejecutivo que está adecuadamente vigilado por el poder legislativo; una justicia que no permite la impunidad, con jueces de alta formación que han sido seleccionados de forma adecuada; una fiscalía que observa cómo se usa el dinero y, por supuesto, acceso a la información pública (algo que en España echamos en falta: el que cualquier ciudadano pueda comprobar cómo se gasta el dinero público). Cuando existe esta institucionalidad fuerte, democrática, con pesos y contrapesos, la percepción de corrupción de un país disminuye ostensiblemente.

Pero hay países con una larga tradición democrática, como Italia y Grecia, que suspenden en su último Índice de Percepción de la Corrupción (Italia, con un 3,9, y Grecia, con un 3,4). ¿A qué se debe?
La rama española de la organización ha publicado un decálogo dirigido a los partidos políticos para mejorar la transparencia del sector público. Entre las indicaciones, destaca la tramitación de una ley de acceso público a la información: explicar cómo se gasta el dinero en cualquier institución pública (algo que existe en muchos países europeos). También se recomienda excluir de las listas electorales a los procesados por corrupción y que los cargos públicos electos revelen su declaración de bienes e intereses. Para TI es asimismo urgente modificar la normativa de financiación de los partidos políticos españoles (denuncian importantes deficiencias en la transparencia en cuanto a sus fuentes de financiación y cuentas), eliminar la libre designación y el cese discrecional en la Administración y aprobar una ley para la protección del denunciante de prácticas corruptas.

TI España pide un pacto nacional contra la corrupción, aunque en su último índice, el país no suspende (la puntuación es de 6,2 sobre 10). Sin embargo, la sensación es que hay más corrupción de la que refleja su organización… ¿Cómo elaboran este índice?
Se hace compilando información de varias encuestas que hacen instituciones de prestigio, como The Economist y el Banco Mundial. En España son diez o doce fuentes diferentes las que nos dan la información. Pero este índice tiene un sesgo: son las opiniones de inversionistas, analistas y expertos sobre cómo perciben la corrupción en el sector público del país.

¿Y de casos emblemáticos como el de Iñaki Urdangarin?
Sí, también, y puedo prever que tendrá un efecto en el próximo índice de percepción en España, por su dimensión y el eco mediático del escándalo.

Pero en el fondo, casos como este refuerzan el sistema, porque se ha llegado a imputar a un miembro de la familia real española…
Sí, y habla muy bien de la autoridades de la justicia, pero lo que hay que ver es qué permitió que esa persona se metiera en estos negocios, y estudiar qué se debe cambiar para que no vuelva a suceder.

¿La inhabilitación del juez Garzón supone un retroceso importante en la lucha contra la corrupción en España?
Es una pregunta compleja porque, por un lado, Garzón es un icono en materia de defensa de los derechos humanos e innovación desde la judicatura. Pero, por otro, ha sido siempre un magistrado controvertido. A su fallida incursión en la política se suman las críticas de quienes sostienen que no ha sido un juez eficiente y responsable. Pero los temas que motivaron su inhabilitación (como las escuchas a abogados de detenidos) parecen excesos que tal vez merecían una sanción disciplinaria, pero menos grave, como una suspensión temporal. En todo caso, no creo que la lucha contra la corrupción en España dependa de un solo juez. Hay muchos fiscales y jueces comprometidos en este esfuerzo, por lo que no creo que lo ocurrido con Garzón sea un retroceso significativo.

¿La corrupción genera un recelo ciudadano hacia las instituciones en general?
Sí. Y en especial, hacia la política. En gran medida se ha encargado de destruir y de desprestigiar una profesión que debería ser respetable. Y esta desconfianza se puede trasladar a vecinos, personas, estamentos pequeños… Hay un ambiente de crispación que tiene que ver mucho con la cuestión de la impunidad, con no ver castigados a los corruptos de forma efectiva.

Observando su índice del 2011, es un poco desalentador ver qué pocos países no son corruptos. Desde que lo iniciaron, en 1993, ¿la corrupción ha aumentado o descendido en el mundo?
Esto hay que verlo al nivel de cada país: los escandinavos se mantienen muy bien, mientras que otros, como Italia y Grecia, llaman la atención. En Latinoamérica, Colombia y Brasil han hecho progresos. Por otro lado, puede ocurrir que en países como Estados Unidos, Brasil o México, que están muy descentralizados, el gobierno central esté haciendo grandes esfuerzos para evitar la corrupción, pero en las provincias o los estados siguen existiendo prácticas como del viejo Oeste: caciques, compra de votos… Son dos o tres mundos que conviven en un mismo país.

En España están el gobierno central, los autonómicos y los locales…
Sí, y creo que esta realidad va a ser muy interesante para ustedes en el momento de buscar soluciones. Porque para combatir la corrupción hay que entender primero qué es lo que está pasando más allá de la noticia, del escándalo del día. Este es el principio de Transparencia Internacional: no hacemos investigaciones concretas, lo que nos interesa es que los sistemas se refuercen para que no sea necesario estar con la incertidumbre de si el siguiente ministro o alcalde va a ser bueno o malo. Si existen unas instituciones fuertes, no importará quién está en el poder. Eso es lo que hay que conseguir.

¿La crisis económica va a hacer que aumente la corrupción?
Puede que sí, en el sentido en que ahora hay menos oportunidades de hacer dinero de manera legítima, por lo cual aumentan los incentivos para buscar la trampa para hacer fortuna. Pero también hay muchos políticos, empresarios y ciudadanos que son honestos. Por eso creo que la crisis debería ser una oportunidad de endurecer los controles: si las cosas están difíciles, esforcémonos por hacerlas bien.

¿La naturaleza masculina es más corruptible que la femenina?
Depende del lente analítico con que lo contemples: el rol tradicional de proveer que las sociedades asignan al hombre hace que esté más presionado para conseguir recursos, para sacar adelante el hogar. Pero, por otro lado, está el marketing que hace que la imagen del hombre de éxito implique tener autos deportivos, relojes de alta gama…

… Trajes…
En general, el rol de la mujer en la sociedad tiene que ver más con otros aspectos que con el dinero. Y además, los puestos clave en el gobierno, la justicia, las empresas privadas, etcétera, siguen estando muy dominados por hombres y por ese motivo ellos están más expuestos a formar parte de los esquemas de la corrupción.

Fuentes:

http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/cnt_id/8318

http://www.transparencia.org.es/

Imagen de portada: google images

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