Endeudarse o no: esa parece ser la cuestión

Familia de 3 hijos

Desde que estalló la crisis, ha habido muchos que no han parado de repetir un mantra sermoneador que pretenden universal: “Es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Pues la verdad, depende de quién. Que se lo pregunten a los cientos de miles que ya iban a los comedores de Cáritas hace años, o a tantas y tantas familias en paro. Quizás más de uno de los que vivían por encima de sus posibilidades, ha sido causante de la situación en la que estamos, y encima lo han ascendido en su multinacional, banco o partido político. O al menos no está entre rejas, como debería.

Otro de los mantras que no paran de martillearnos mañana, tarde, noche y madrugada es el siguiente: “como en una familia, nadie puede gastar más de lo que ingresa”. Como principio general, me parece bien. Pero admite tantas excepciones, que deja de ser un principio general. Yo añadiría: “depende de para qué”. Si tu familia no ingresa lo suficiente, pero hay un gasto importante, como puede ser una operación en el extranjero, el arreglo del coche para ir a trabajar, o cambiar de frigorífico porque se ha estropeado el anterior, por supuesto que no sólo no es criticable, sino incluso necesario el endeudamiento. La clave, pues, es saber para qué nos endeudamos. Y precisamente ahí es donde se han cometido los excesos. Y muchos de ellos precisamente por parte de los que ahora nos piden que nos apretemos el cinturón y que nos olvidemos de endeudarnos.

Desde las familias y ciudadanos no hemos estado ajenos a este problema, y conozco a muchas personas que, “gracias” a su banco, se han embarcado en faraónicas casas o palacetes, en su segundo o tercer coche, en un yatecito….todo ello sin un respaldo real en sus ingresos. Ha sido el gran lema de estos años de boom: “Tenga un adosado, y sea la envidia de su cuñado”. Su endeudamiento les hacía aparecer ante sus amigos y familiares como potentados, en un curioso delirio de grandeza colectivo. Los pocos que se han resistido a ser coherentes con su realidad, han sido los que ahora luchan por seguir a flote.

Creo que el “para qué” es la clave de todo. Trabajo actualmente como técnico asesor de emprendedores y empresarios. Y el 95% de las personas que nos consultan lo hacen para ver si tienen derecho a pedir una subvención. Yo ya he dejado de creer en ellas hace mucho tiempo. Precisamente porque la mayoría venía “por la pasta” simple y llanamente, sin un verdadero enfoque viable para sus potenciales negocios. Incluso me he encontrado con proyectos perfectamente viables, en el momento y lugar adecuados, que han modificado sus planes iniciales con tal de poder optar a los requisitos de la subvención de turno. Ésta llegaba tarde y mal, y a muchos de esos proyectos ya “se les había pasado el arroz”u otro había ocupado su cuota de mercado. No se tenía nada claro el “para qué”

Deuda o endeudarse, no tiene, pues, por qué ser malo o negativo, siempre que tenga un sentido común y un respaldo en nuestra realidad y economía. Endeudarse para irse de juerga todas las noches, o hacerlo sin ganar lo suficiente para devolver el préstamo sí lo es. El gran problema es que el mecanismo de endeudarse es precisamente el que sustenta el lucrativo mercado del dinero. Dinero es deuda. Según varias estimaciones, el volumen de dinero en circulación procedente de los Bancos Centrales es ridículo en relación al total en circulación. El resto es dinero creado por los bancos privados al pedirles nosotros un préstamo. Y lo hacen con una simple anotacion en cuenta. Lógicamente a enormes corporaciones les interesa que este mecanismo se perpetúe. De ahí que busquen todas las posibilidades de manipulación, para que piquemos en su anzuelo. Nuestros principios y nuestro sentido común son nuestra única defensa. Y muchas personas, en los últimos años no lo han puesto demasiado en práctica.

Quizás sea el momento de usar el sentido común ahora. Quizás sea el momento de apostar por economías más cercanas y locales. Quizás debamos darle al dinero su verdadero valor: NINGUNO, ya que es una simple convención. Quizás valga la pena que nos prestemos entre los vecinos en base a nuestra confianza. O incluso que hagamos nuestros “pinitos” con intercambios de prestaciones. El “yo por tí, y tú por mí” o el “yo te doy y tú me das”. Este sistema se ha construido íntegramente sobre el principio de que cada uno, buscando su propio interés, generaría unos procesos de oferta y demanda, que acabarían equilibrándose automáticamente en beneficio de todos. Parece que el cuento no ha acabado con “y comieron perdices”. Quizás haya que volver a contarlo.

http://familiade3hijos.blogspot.com.es/2012/05/endeudarse-o-no-esa-parece-ser-la.html

@familiade3hijos

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