Franco, nazis y judíos

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Dioscórides Ortuño | Iniciativa Debate | 24/09/2012

En la última revista magazine , se relata parte de las investigaciones del periodista Eduardo Martin Pozuelo, gracias a los documentos secretos desclasificados, encontrados en los archivos de Estados Unidos, Reino Unido y Holanda. Documentos que afloran como la Alemania nazi deportaba y asesinaba a millones de judíos y otras minorías, y muestra que Franco pudo salvar a decenas de miles de judíos sefardís españoles y prefirió dejarlos morir a pesar de los reiterados ultimátums alemanes que le advertían de las medidas extremas (léase exterminio), de que serían objeto si su España no aceptaba acogerlos.

Con permiso de quien corresponda, me permito diseccionar y resumir el artículo que avanza la el información que se detalla en su nuevo libro “El franquismo cómplice del holocausto”, publicado por Librosdevanguardia.

Lo subrayado en negrita es mío.

“ Durante toda su vida, Francisco Franco se refirió a un abstracto peligro judío-masónico, como el mayor enemigo de la España construida tras su victoria en la guerra civil de 1936-1939. Obsesionado con esta idea hasta el fin de sus días, el Caudillo se refirió una vez más a los judíos en su último discurso de 1 de octubre de 1975, poco antes de morir. Tan insistente fue Franco con su ofuscación acerca de un “contubernio judeo-masónico” que todo lo destruía, que la frase quedó impresa en la mente de los españoles.

Hasta ahora nadie pensaba en Franco cuando se hablaba del holocausto… El corolario de la investigación documental que se recoge en el libro, tiene varios puntos esenciales; uno de los cuales es que apenas quedan dudas de que los nazis alentaron el golpe de Estado de julio de 1936, al que no dejarían de apoyar hasta la victoria en 1939.

Como consecuencia de ello, los alemanes influyeron en toda la política y la economía española, prensa incluida, y una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial las relaciones entre la cúpula del nazismo y Franco y sus ministros fue muy estrecha, y la nueva Alemania, cuyo imperio tenía que durar mil años, tuvo un exquisito trato de favor hacia el Generalísimo. Esta deferencia se tradujo en la oferta nazi de hacerse cargo de los judíos españoles esparcidos por Europa a los que tenían previsto asesinar industrialmente. Pero Franco no los salvó, a sabiendas de lo que les iba a suceder, muy bien informado por los embajadores españoles testigos de excepción de las deportaciones. De esta forma, la dictadura española se convirtió en cómplice activo del holocausto.

El ofrecimiento nazi de enviar a España a los spanischer Juden (judíos españoles), como designan los nazis a los judíos en todos sus documentos, no se produjo en una ocasión anecdótica que pasó rápidamente al olvido. Al contrario. Se trató de un tema de gran calado que generó cientos de documentos, telegramas, órdenes y contraórdenes procedentes del departamento de asuntos judíos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, de la embajada de Alemania en Madrid y del Ministerio de Asuntos Exteriores español.

Quizás otra de las preguntas que sugieren estos acontecimientos es ¿a cuento de qué Franco se mostró tan insensible y tan antisemita? Los documentos hallados sólo dan una respuesta parcial a esta cuestión. Hay decenas de papeles que tratan de este asunto y hasta lo analizan, y alguno de ellos desliza alguna explicación para este interrogante. Por ejemplo, el telegrama cifrado de 22 febrero de 1943 escrito por el embajador Hans von Moltke, que acababa de insistir una vez más ante el gobierno español e informaba a Berlín: “… el gobierno español ha decidido no permitir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza judía que viven en territorios bajo jurisdicción alemana” y añadía más adelante que “el gobierno español abandonará los judíos de nacionalidad española a su destino”.

El régimen sintonizaba totalmente con Berlín y, a pesar de los reiterados ultimátums alemanes –obviamente secretos– que advirtieron explícitamente al gobierno español de las medidas extremas de que sería objeto el colectivo judío, Franco se opuso a salvarlo, pero no olvidó reclamar las propiedades y el dinero de los aniquilados, considerados, por tanto, ciudadanos españoles en toda regla. Se diría que es el documento que delata a un régimen. Es de la embajada española en Berlín, y el párrafo en cuestión es el siguiente: “(…) La embajada española solicita al Ministerio de Asuntos Exteriores (alemán) que intervenga ante las autoridades correspondientes para explicarles que los bienes de los judíos españoles dejados atrás al salir de Francia, Bélgica y Países Bajos serán administrados por los cónsules españoles o representantes de España y que tienen que quedarse en su posesión por tratarse de bienes de súbditos españoles y por tanto ser bien nacional de España. Berlín, 25 de febrero 1943”.

Esta historia tiene otra cara trágica, pero muy honrosa. Mientras se producían las deportaciones y España negaba el pan y la sal a miles de seres humanos, unos horrorizados diplomáticos españoles actuaban por su cuenta y en contra de las órdenes emanadas de Madrid. Falsificaron documentos y lograron salvar a cientos de personas. Todos alertaron a Madrid del genocidio en telegramas secretos, y dos de ellos, Ángel Sanz Briz, desde Budapest (Hungría), y Julio Palencia, de la legación de España en Sofía (Bulgaria), fueron crudamente explícitos en sus mensajes.

Julio Palencia redactó, con el respeto de un funcionario en una dictadura, varias cartas que envió a su ministro y cuya lectura emociona al más endurecido “… por si acaso VE considera digna de ser tomada en consideración mi sugerencia… tenga a bien concederme cierta elasticidad para… conceder visados a israelitas de no importa qué nacionalidad o condición… pues los judíos están siendo víctimas de una persecución tan cruel y encarnizada que a la persona más ponderada y fría pone espanto en el ánimo el contemplar las injusticias y horrores que estas autoridades vienen cometiendo…”, rezaba una carta de Palencia de 14 de septiembre de 1942. El ministro no autorizó los visados que solicitó Palencia, que, desesperado, llegó a adoptar a dos jóvenes judíos para salvarlos de la muerte. Tres años después, cuando la guerra mundial cambió de curso y los aliados presionaron a Franco, éste se apropió de los actos heroicos de estos diplomáticos para ganarse la benevolencia de los vencedores.

Juan Carlos maniobró en secreto… Con sus maniobras, muchas en connivencia con Adolfo Suárez, consta en la documentación hallada que Juan Carlos jugó hasta el límite de lo posible para dejar atrás aquel pasado tan oscuro del que aquí se ha dado una pincelada. Era la transición, el cambio.

Al igual que Franco, los aliados sabían perfectamente lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio. La pregunta es obvia: ¿qué hicieron para evitarlo? “. Fuente: http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/cnt_id/8416
En honor a la Memoria Histórica.

A los herederos del “alzamiento nacional” que hasta hoy día todavía defienden su necesidad por el bien de ”dios y España”, a todos aquellos que sin haberlo vivido y que ni siquiera quieren reconocer el genocidio(+ de 100.000 ) cometido por el dictador, después de acabar la contienda, contra los vencidos civiles y sin delitos de sangre (la inmensa mayoría), solo por defender sus ideas, a que tengan la valentía y la decencia de cuestionarse procesando dignamente la información recibida por unos hechos (aprobados por un sanguinario) deleznables y anticristianos (según manda la santa madre iglesia y su puta madre).

Si no es así, ya nos veremos en el infierno, vosotros por incumplir los sagrados preceptos religiosos y yo, como nieto de un fusilado por el artículo 25 sin juicio, por ateo y republicano.

Y es que todavía queda por ahí mucho demócrata de PPaco tilla.

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