Pulsa "Enter" para saltar al contenido

La inquietante evolución de la guerra civil en Siria

Marc Vandepitte /Rebelión

Lo que empezó como una protesta pacífica por reivindicaciones democráticas evoluciona muy rápidamente en una mortífera guerra civil con características cada vez más próximas al yihadismo, un alto contenido propagandístico y dimensiones geopolíticas. Marc Vandepitte analiza la situación.

1. Militarización

Después de Túnez, Egipto, Libia. Bahréin,… la Primavera Árabe sopla lentamente desde febrero hacia Siria. Comenzó con ciberactivistas y ya a partir de marzo hay marchas pacíficas en diversas ciudades del país. Las protestas apuntan sobre todo contra la represión y por una mayor democracia. En segundo plano juegan también un papel las exigencias sociales. Desde el comienzo, el gobierno ha actuado duramente. Un grupo de jóvenes fueron detenidos y brutalmente torturados. También ha habido muertos. La represión no ha hecho más que aumentar las protestas. Assad mismo es, entonces, en gran parte responsable de la situación actual.

Algunos meses más tarde la resistencia adquiere un componente militar, tal como ocurrió en Libia. En un principio se trataba solo de desertores del ejército gubernamental (el llamado Ejército Libre de Siria), quienes rápidamente reciben apoyo de milicias extranjeras (véase más adelante). Se estima que en este momento los rebeldes son alrededor de 50.000 y deben enfrentarse a un ejército gubernamental de 300.000 hombres y a una cantidad desconocida de paramilitares que integran las milicias Shabihas.

Paulatinamente se impone la lógica militar. En palabras de Kofi Annan: “A partir de marzo de 2011 surge en Siria un movimiento de masas nacido de la demanda de derechos civiles y políticos y de un clamor por cambios. Sin embargo, a pesar del extraordinario coraje de los manifestantes, necesario para marchar cada día en medio de una creciente violencia gubernamental, esto no logró salvar la división de la sociedad siria. Las posibilidades de superarla se esfumaron en medio de la violencia”.

A lo anterior siguen atentados militares contra las tropas de gobierno y atentados mortales contra oficiales. El ejército responde. La violencia aumenta en ambos lados y desemboca en una auténtica guerra civil. Las milicias intentan conquistar ciudades y controlar regiones enteras. Por su parte, el ejército echa mano de recursos mayores para recuperar los territorios ocupados, en lo que obtiene un éxito parcial. Las milicias, por su parte, están cada vez mejor armadas. Disponen de fusiles automáticos, granadas, misiles antitanques, artillería antiaérea y probablemente también algunos misiles tierra-aire portátiles. Estas armas son proporcionadas por los Países del Golfo Pérsico, Libia, Turquía y los Estados Unidos. Tal como en Libia, también operan en territorio sirio Unidades Especiales provenientes de los Estados Unidos, el Reino Unido y Qatar. El Pentágono, entretanto, acusa a Irán de entrenar milicias sirias.

La escalada de violencia exige un alto precio. A comienzos de julio ya habrían muerto 17.000 personas, de las cuales entre 3.000 y 7.000 soldados de gobierno, unos 1000 rebeldes y 12.000 civiles. Al inicio de octubre los muertos superan los 30.000. Las cifras hay que manejarlas con mucha precaución (véase más adelante), pero indican que se trata de un verdadero enfrentamiento militar. El carácter de la guerra es cada vez más furioso. Se alternan masacres y atentados terroristas. Ejecuciones, raptos y torturas ocurren en ambos bandos. Las dos partes se encuentran en un callejón sin salida. Ninguna está en condiciones de infligir a la otra una derrota definitiva. Las milicias rebeldes logran éxitos conquistando ciudades y territorios, pero no están en condiciones de conservarlos. Muchísimos militares, sobre todo de rangos inferiores, desertan, pero hasta hoy, a diferencia de lo ocurrido en Libia, ninguna unidad militar completa se ha pasado al bando contrario. Las estructuras superiores de mando, tanto militares como civiles, siguen prácticamente intactas. No es posible presumir un colapso del ejército y del gobierno en una perspectiva cercana. Dicho con otras palabras: el conflicto armado puede arrastrase por tiempo indefinido. No es arriesgado pensar en la posibilidad de una larga y devastadora guerra civil tal como en Líbano (1985-1990).

Diversas causas han llevado a la militarización del conflicto: la exorbitante represión de las protestas, las represalias por parte de los rebeldes, atentados terroristas y masacres espectaculares, el armamento desde el exterior del país, y la llegada de yihadistas extranjeros y de Unidades Especiales. Y además de todo esto, tenemos aún el premeditado sabotaje del plan de paz de Kofi Annan. Desde el principio, Occidente no tenía grandes expectativas de dicho plan de paz. Ya en agosto de 2011 Obama decía que Assad debía irse, algo que no estaba previsto en el plan de paz de Annan. La desaparición de Assad es una conditio sine qua non para Occidente, con o sin resolución de las Naciones Unidas. El plan de Annan fue considerado como una ganancia de tiempo para Assad. Diversos protagonistas occidentales han llevado a cabo un doble juego; acataban el plan de la ONU, mientras continuaban financiando y armando a los rebeldes.

2. ‘Religiozación

Siria es un estado secular y pluralista. Los musulmanes constituyen la gran mayoría de la población, pero las minorías religiosas gozan de una gran libertad. Hay más o menos un 74% de sunitas, 13% de chiitas, 10% de cristianos y 3% de drusos. Desde siempre han vivido las diversas religiones en bastante armonía. Después de la invasión de Irak por los Estados Unidos, decenas de miles de cristianos huyeron a Siria y durante la guerra de Israel contra Hezbolá, miles de cristianos libaneses se refugiaron en el país. En Siria, los partidos políticos religiosos están prohibidos.

Sin embargo, la tolerancia no era evidente. Desde finales de los años setenta, los Hermanos Musulmanes cometieron diversos atentados terroristas en el país. Su blanco eran los alauitas (chiitas del grupo al que pertenece Assad), el Partido Baaz Árabe Socialista, los nacionalistas y los comunistas. Esto desembocó en una sangrienta rebelión en la ciudad de Hama en 1982. Los Hermanos Musulmanes mataron decenas de miembros de Baaz, pero la rebelión fue reprimida violentamente por Hafez-Al-Assad, padre del presidente actual. 20.000 personas perdieron allí la vida.

Después siguió una relativa calma hasta la retirada de las tropas sirias de Líbano en 2005. A partir de ese momento, los islamitas tenían las manos libres en Libia, lo que trajo como resultado que tuvieran lugar en Siria atentados con bombas y la infiltración de personas a partir de Trípoli. Estos combatientes islamistas aspiran a la reconstrucción de un califato en la región, para lo que cuentan con importantísimos medios financieros, provenientes de Saad Hariri, el hijo multimillonario del asesinado presidente de Líbano y del príncipe saudí Bandar Ben Sultan. Estos yihadistas encuentran en los Estados Unidos e Israel unos aliados objetivos. Luego de la derrota israelí a manos de Hezbolá en 2006, los Estados Unidos e Israel hacen planes para un cambio de régimen que apunta a un gobierno con un ex-vicepresidente y los Hermanos Musulmanes, asunto que ha sido confirmado por la divulgación de un archivo de Wikileaks.

Los islamistas nunca lograron obtener una posición preponderante. La Primavera Árabe les vino como un regalo divino. En el recrudecimiento de la guerra civil ven, por fin, una posibilidad de hacer su agosto. Tal como Irak después del 2003, Siria se convierte en un imán para yihadistas y un campo de ensayo para Al Qaeda. Los combatientes sagrados vienen de Irak, Líbano, Jordania, y Libia, pero también de países occidentales. Según The Economist, el Ejército Libre de Siria controla un 60% de los rebeldes, lo que significa más o menos 30.000 personas. Los restantes 20.000 están constituidos por combatientes sunitas, salafistas y de Al Qaeda. De Libia hay un comando de por lo menos 600 hombres, bajo las órdenes de Abdelhakim Belhadj, el gobernador militar de Trípoli. Belhadj era uno, si no el más importante, de los cabecillas de Al Qaeda, y estaba detrás del atentado en Madrid en 2004. Los yihadistas desarrollan un papel creciente en el terreno y son los que reciben más armas y financiación. Según la CIA, la dirección de los rebeldes está fuertemente infiltrada por islamistas radicales.

Es sobre todo la presencia de Al Qaeda la que causa preocupación. Ayman al-Zawahiri, el sucesor de Osama Bin Laden, ha hecho un llamamiento a sus seguidores para derrocar al “gobierno anti-islámico” de Damasco. Hoshyar Zebari, ministro de asuntos exteriores de Irak, dice que los señores de la guerra del grupo terrorista se infiltran en Siria desde su país. Según el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, Al Qaeda está detrás de diversos atentados en Damasco. Las banderas negras de la red terrorista flamean tranquilamente desde hace tiempo en diferentes lugares de Siria. Los Estados Unidos son conscientes de la fuerte presencia de Al Qaeda, pero en el pasado, más de una vez, han luchado hombro con hombro con esta red terrorista. Así ha sido en Bosnia, Kosovo y recientemente en Libia. Israel contempla el panorama con inquietud.

Los combatientes musulmanes radicales tienen en su punto de mira a los cristianos y a otras minorías, sobre todo los chiitas. Quieren acabar con la sociedad pluralista y secular. Se habla de ataques sistemáticos contra estas minorías, que son expulsadas cada vez más frecuentemente de barrios o ciudades controlados por yihadistas. Los sunitas, por el contrario, son expulsados de sus propios barrios. Es el comienzo de una purificación religiosa del país. Ban Ki-moon teme que nos encaminemos a una verdadera guerra religiosa.

3. Geopolitización

Para poder observar el amplio panorama de lo que ocurre en Siria es adecuado que nos refiramos a quien fuera el principal consejero del presidente Carter: Zbigniew Brzezinski. Sus libros sirven de indicadores de la política exterior de Washington en este momento. Según Brzezinski, el control del continente eurasiático por los Estados Unidos es para estos últimos de vital importancia para seguir siendo el líder mundial. En Eurasia viven en estos momentos tres cuartos de la población mundial, se produce el 60% de las riquezas mundiales y en él se encuentran tres cuartos de las reservas energéticas del planeta.

Brzezinski describe esta zona como los ‘New Global Balkans’  (Los Nuevos Balcanes Globalizados). Su territorio se extiende desde el Canal de Suez hasta la frontera oriental de China y desde el centro de Rusia hasta el Océano Indico. Es aquí donde los Estados Unidos temen empantanarse. Perdieron la guerra en Afganistán, no logran controlar Irak, su influencia disminuye incesantemente en Paquistán e Irán se manifiesta como una potencia regional enemiga. Hace 35 años podían contar con el sólido apoyo de los cuatro países más importantes de la región: Irán, Arabia Saudí, Egipto y Turquía, apoyo que hoy día se ha reducido fuertemente.

Dicho con otras palabras: el equilibrio de fuerzas en esta importantísima región ya no es favorable para los Estados Unidos y es de vital importancia para ellos que esta situación cambie. Aquí puede jugar un papel clave la caída de Siria, hecho que puede ser fundamental para hacer entrar en vereda a Líbano e Irán. Efraim Halevy, ex director del Mossad dice: “Todo el equilibrio de fuerzas en la región puede cambiar en cuanto se produzca la caída de Assad”. Sin el apoyo sirio y sin las rutas de aprovisionamiento de Irán a Líbano, Hezbolá no podrá seguir desempeñando un papel dominante en Líbano y la influencia de Irán en la región disminuirá sensiblemente, según el ministro de asuntos exteriores de Israel, Liberman. La caída de Siria significa también que Rusia pierde un aliado importante y su única base militar en el extranjero. Rusia desea, además, evitar que una guerra religiosa similar a la siria pueda, de nuevo, declararse en el  interior de la federación rusa.

Desde un punto de vista geopolítico, Siria se encuentra no sólo en una zona central y crucial. Dentro de su territorio encontramos también enfrentamientos de fuerte influencia geopolítica: uno religioso, entre chiitas y sunitas, y dos étnicos, entre turcos y kurdos y entre turcos y alauitas. Turquía, los países del Golfo Pérsico y Al Qaeda son mayoritariamente sunitas. Irán es chiita y en Siria, la minoría alauita, donde pertenece Assad, también es chiita. No es casualidad entonces que las regiones controladas por los rebeldes sean territorios sunitas. Los países del Golfo Pérsico perdieron mucho poder cuando éste cayó en manos de los chiitas después de la invasión de Irak. Qatar y Arabia Saudí quieren revertir esta situación a todo precio y convertir a Siria en país marioneta y entonces dar el golpe de gracia a Irán.

Tal como en Turquía, Irán e Irak, también en Siria existe una importante minoría kurda. En Turquía se trata de 14 millones de personas (18% de la población), en Siria de 1 millón cuatrocientas mil (7%). Una parte importante de los kurdos sirios pertenece al muy bien organizado Partido Unión Democrática (PUD), que apoya a Assad y está relacionado con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, PKK, que desde hace treinta años lucha en Turquía por obtener una mayor autonomía, empresa que ya ha costado 40.000 vidas. Los otros kurdos sirios se alinean en el Consejo Nacional Kurdo (CNK), coalición heterogénea de grupos más pequeños que se oponen tanto a Siria como al PKK. Entretanto, Assad ha concedido la autonomía de facto a los kurdos del norte de Siria con lo que se convierten en una nueva base de ataque para el PKK. Para mayor desgracia de Turquía, el presidente del Kurdistán iraquí ha establecido un acuerdo entre el PUD y el CNK. Si los kurdos sirios e iraquíes logran unir sus fuerzas, es posible que dentro de poco tengamos un embrionario Estado kurdo. Razón de más para Turquía para provocar la caída de Assad y, sobre todo, parar la evolución de dicho embrión. Por otro lado, sin embargo, una aventura militar turca podría justamente provocar la explosión de la cuestión kurda.

Otro grupo de población turca con afinidades sirias lo constituyen los alevitas. Se población se estima entre 15 y 20 millones (19 a 25% de la población total de Turquía). Son chiitas estrechamente relacionados con los alauitas de Siria y partidarios de Assad. Si sumamos este grupo a los kurdos significa que alrededor de 40% de los habitantes de Turquía apoyan a Assad. Esto explica la reserva mostrada hasta hoy por el primer ministro turco, Erdogan. Sirva como ejemplo su matizadísima reacción después que Siria derribara un avión de combate turco.

Volvamos al gran tablero geopolítico. Después del derrumbe de la Unión Soviética, los políticos de Washington pensaron que podrían dominar solos el continente eurasiático y, por ende, el resto del mundo. Las recientes guerras de Afganistán e Irak y otros cambios geopolíticos, han demostrado con claridad que una sola gran potencia ya no está en condiciones de controlar Eurasia. Una intervención terrestre en Siria podría inflamar toda la región y, según Brzezinski, los Estados Unidos ya no están en condiciones de hacerlo. De ahí la preferencia por una intervención ‘light’. Se trabaja entonces con subcontratistas: milicias locales, ejércitos amigos y firmas privadas. Esto ya fue probado exitosamente por primera vez en Libia. La intervención de tropas propias se redujo a ‘Unidades Especiales’, operaciones clandestinas y la utilización de drones, aviones pilotados remotamente. Si es necesario se impone una zona de exclusión aérea (no-fly zone) y se instala una especia de ‘refugio seguro’ (safe haven). Pero esto lo llevan a cabo, de preferencia, ejércitos regionales. Círculos de defensa occidentales ven esta versión ‘light’ como un método eficiente y seguro en tiempos de crisis económica para llevar a cabo cambios de regímenes políticos.

Brzezinski habla de ‘gran tablero de ajedrez’. La metáfora es correcta y graciosa, pero significa también que los grupos de población local no son más que peones del juego de las grandes potencias (regionales). Una solución del conflicto de Siria sólo puede provenir de los sirios mismos, por divididos y desgarrados que se encuentren en estos momentos. Las intervenciones extranjeras sólo han avivado la militarización y la religiozación del conflicto y han dificultado una solución pacífica. Con razón se llama la atención a Ruanda por su intervención en Congo Oriental. Lo mismo debe hacerse con los países del Golfo Pérsico, Turquía, los Estados Unidos, Reino Unido,… (Rusia e Irán ya han recibido sendos rapapolvos). La intervención militar en Siria se halla en pleno desarrollo: suministro de armas, entrenamiento de milicias, combatientes yihadistas extranjeros, Unidades Especiales de los Estados Unidos, del Reino Unido y de Qatar. Esto debe cesar inmediatamente. La intervención extranjera no sólo agudiza el conflicto sino amenaza también con hacer desaparecer completamente las exigencias políticas originales y convertir a Siria en un Estado fracasado. Además, aumenta las posibilidades de incendiar la región. Quienes abogan por aumentar aún más la intervención (más presión diplomática, más zonas de exclusión aérea, más ‘safe haven’) no han aprendido nada de las trágicas debacles de Afganistán e Irak.

4. Simplificación

La verdad es siempre la primera víctima de la guerra y la propaganda una de sus más importantes armas. La primera Guerra del Golfo (1991) fue legitimada por el presunto asesinato de bebés en incubadoras en Kuwait; la segunda por la posesión de las llamadas “armas de destrucción masiva”. Eran flagrantes mentiras que costaron la vida a cientos de miles de personas. Prudencia y sobre todo desconfianza, son imperativos permanentes para las noticias sobre guerra.

El sangriento conflicto sirio no ha sido una excepción. En relación con el baño de sangre en Alepo, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung advierte, en un notable artículo, sobre el engaño y la manipulación de la información. La divulgación de imágenes a través de YouTube, o de fotos vía teléfonos móviles nos (mundo occidental) llegan muy bien, pero no hay la más mínima garantía de su autenticidad. El diario da como ejemplo una supuesta matanza a manos de soldados del gobierno. Los hombres visten uniformes, pero si observamos bien, vemos que calzan zapatos deportivos. También se manipulan fotografías para echarle una manita a la verdad. Según el diario alemán, hay que preguntarse siempre; ¿quién saca partido de la divulgación de imágenes y fotos? También hay que preguntarse quién twittea, quién filma, etc. Con motivo de los baños de sangre de Houla y Mazraat al-Qubair, el redactor feje del programa inglés BBC World News confirma que, en realidad, no sabemos absolutamente nada de lo que ocurre en el terreno.

También al hablar del número de víctimas se debe ser extremadamente cauteloso. Las cifras entregadas, incluidas las de la ONU, provienen solamente de una fuente de información que se puede calificar de cualquier manera menos de neutral. Se trata del ‘Syrian Human Rights Observatory’, que a su vez la obtiene del ‘Strategic Resource and Communications Center’, dirigido por un cierto Monajed, quien, entre otras cosas, trabajaba para el Servicio de Inteligencia Británico, el MI6. Sobre esta fuente de información hay desavenencias incluso entre los círculos de oposición sirios.

El hecho de que a los periodistas extranjeros no se les admita prácticamente en el país, entorpece aún más la información. Hay que señalar que esta situación la han provocado en gran parte los medios de comunicación mismos. Ha salido a la luz, por ejemplo, que Al Jazeera ha entregado a los rebeldes aparatos de comunicación que son imprescindibles para hacer entrar en acción los drones y para establecer zonas no-fly. Aquí son los militares quienes se han infiltrado (‘embedded’) en el periodismo y no al revés. Y esto es una evolución muy perjudicial.

Razones suficientes para que debamos actuar con la mayor prudencia posible al informar sobre este conflicto. Prudencia casi absolutamente ausente en la prensa corriente, con la excepción quizás de la prensa alemana. Damos un ejemplo: cuando en enero, un periodista francés murió alcanzado por un obús, se culpó inmediatamente de ello al ejército gubernamental. Sin embargo, para el gobierno sirio este incidente carecía de utilidad, muy por el contrario. Pero esta consideración fue simplemente no tomada en cuenta. Más tarde resultó que el proyectil mortal había sido disparado por rebeldes. Esto aparece en el informe oficial de la Liga Árabe y fue también confirmado por el periódico francés Le Figaro. La corriente principal de los medios de comunicación, la ‘mainstream’ no dice una palabra al respecto (la excepción confirma la regla). Hay muchísimos ejemplos como el anteriormente dado.

Desde el comienzo Occidente ha tomado partido por los rebeldes. Los ex presidentes de Túnez, Egipto y Yemen pudieron contar con el apoyo de Occidente un tiempo relativamente largo durante la Primavera Árabe. Tres días antes de que Ben Alí abandonara el país, Francia aún consideraba la posibilidad de enviar tropas de asalto a Túnez para ayudar al pobre hombre… Pero el presidente Assad fue desde el comienzo, tal como Gadafi, cabeza de turco y debía desaparecer tan pronto como fuera posible. La información occidental está completamente en función de esta opción. Todo lo que puede servir a sus fines se aumenta y lo que no, se rechaza o minimiza. Cualquier matanza, aunque no se sepa verdaderamente qué ha pasado o quién es responsable, es amplificada y se le carga a Assad. De las ya señaladas purificaciones religiosas, de las ejecuciones sistemáticas y de las violaciones de los derechos humanos por parte de los rebeldes, de la fuerte presencia de yihadistas y de Al Qaeda, de los intereses geopolíticos que allí se juegan, de la presencia de Unidades Especiales, etc., etc., se escucha muy poco o nada.

De esta manera se ha creado una imagen parcial, una especie de versión hollywoodiana que enfrenta los buenos contra los malos. Jef Lambrecht, periodista y gran conocedor de la región, ha dicho: “Con conocimiento y deliberación, a sabiendas, persisten en entregar el relato simplista de un pueblo pacífico que masivamente y con auténtico desprecio por la muerte se rebela contra un tirano que responde masacrándolos. Lo que no coincide con este punto vista se ignora”. Esta versión simplista de los acontecimientos es necesaria para poder justificar frente al gran público una eventual intervención militar. Es lamentable que los medios de comunicación que siguen el ‘mainstream’ – por enésima vez – no logren superar esta versión hollywoodiana. De allí que insistamos una vez más en la extraordinaria importancia de la prensa alternativa.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=157082

Foto tomada de Google.

 

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *