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Constitucionalismo

Jesús Díaz Formoso | 31/12/2009

Ni el derecho, ni las Constituciones, poseen otro significado que el de definir un marco de convivencia social. Y no podemos pretender que esa convivencia social permanezca estática. Es siempre DINÁMICA; se construye cada día, se innova y adapta en cada momento a la realidad social.

De la misma manera, el contenido de los Derechos Fundamentales tampoco es estático, sino que se encuentra siempre en movimiento; movimiento generado por la tensión entre fuerzas contrapuestas.

Cuando esas fuerzas apuntan, cada una, en su propia dirección, el Derecho impide -o eso intenta- que la sociedad se hunda en el caos. Y, en cada
momento, predominará la fuerza dotada de mayor organización. Es la realidad.

En un mundo de ficción, regido por el “deber ser”, parecería sencillo (o al menos factible) alcanzar una convivencia social “estática”, regida por principios inmutables de orden constitucional. Sin embargo, en el mundo real, el “deber ser” no puede resultar ajeno a las tensiones creadoras de ese dinamismo constructor de la realidad inmediata.

El Derecho es acción. Es la acción del aplicador del derecho. Es la acción del ciudadano, sujeto/objeto de Derecho. Es una obra inmensa, siempre en construcción.

Por ello, el estudio del Derecho vigente, requiere el análisis de la realidad del momento histórico vivido. Será esa realidad la que, en cada instante, determine el estado de la convivencia social, y consecuentemente, el campo de actuación del Derecho y su dinámica.

A muchos no nos complace la realidad que nos ha tocado vivir. Por eso hemos de actuar para cambiarla, para mejorarla. Pero para ello, no podemos colocarnos en un plano ideal, abstracto, intangible. Al contrario, hay que situarse dentro de la realidad. Hay que enfrentarse a ella. Por duro que
sea.

Y la realidad, muestra la decadencia de los Derechos Humanos. Muestra la vigencia/emergencia de nuevos valores. Valores individuales, insolidarios y egoístas. Nuevos valores sobre los que esta siendo construida la realidad. Y, consecuentemente, el Derecho, organizador de la convivencia social.

Son esos nuevos valores individuales, egoístas e insolidarios, los que están siendo incorporados a nuestra esfera jurídica. Y el Derecho los reconoce y hace suyos, “estatalizándolos”. Por medio de la acción legislativa, ejecutiva y judicial.

Percibo que, en nuestra lucha por los Derechos Fundamentales, nos centramos en lo “individual”, en un egoísta “que hay de lo mío”. Esa dispersión genera la desactivación de la fuerza que es propia de todo grupo cohesionado. La dispersa y debilita.

No construiremos un mundo mejor centrándonos en nuestros propios intereses. Al contrario, profundizaremos en la consolidación del egoísmo
individualista como director de la organización de la convivencia, siempre “en movimiento”, siempre dinámica.

No se trata de defender nuestros derechos fundamentales, sino de defender Los Derechos Fundamentales. Con abstracción de nuestros propios problemas. Con solidaridad, que siempre es para con los demás. De otra forma, confundiremos solidaridad con egoísmo.

Y eso lo ha percibido magníficamente la Opinión Pública. Aunque a muchos nos duela reconocerlo. Por eso, la respuesta de los ciudadanos ante las agresiones de que son objeto los Derechos de “otros”, es de inhibición (“no es mi problema”).

La jurisprudencia de nuestros Tribunales de Justicia, como no podía ser de otra manera, ha venido haciendo suyos los postulados de esta nueva organización social, basada, insisto, en el egoísmo individualista, en la insolidaridad; en la feroz competencia entre individuos, que buscan, cada uno, la satisfacción de sus propios intereses.

Y es esta situación la que impide la unión, de la que habría de surgir la fuerza, la potencia constructora de una realidad “justa”.

En efecto, tal unión, basada en la individualidad de sus miembros, no puede tener como resultado una mayor potencia del grupo. Para ello es necesario que esa unión sea coincidente en su dirección, pues solo así las fuerzas individuales se suman para alcanzar una superior potencia.

Cuando, como es el caso, las fuerzas individuales tienen distintas direcciones, en lugar de sumarse unas a otras, se anulan entre sí; se disminuyen mutuamente. ¿Cual es la acción que puede dar coherencia, unidad y potencia a nuestros intereses individuales? Evidentemente, solo puede serlo la acción
Solidaria.

Pero, ¿somos capaces de emprender esa acción solidaria? ¿Somos capaces de sacrificar a ella nuestros intereses individuales? Si no lo somos, nuestros esfuerzos, por grandes que puedan llegar a ser, están destinados al fracaso. Y ese fracaso, nos lleva a la decepción. Y nos hace impotentes.
Infelices.

¿Queremos construir ese mundo basado en valores solidarios? Y, si es así, ¿que estamos dispuestos a sacrificar a tan noble causa? ¿Tenemos la humildad que la consecución de tan elevados fines exige? ¿O, en realidad nuestros deseos de una sociedad más justa solo son fruto de la vanidad?

¿Estamos dispuestos a poner nuestra potencia al servicio de todos, renunciando a dar satisfacción a nuestros deseos individuales? Si no es así, todos los esfuerzos serán inútiles. El Derecho seguirá construyéndose sobre la insolidaridad y el egoísmo.

Podemos culpar a otros de ello, pero ¿que de bueno lograremos así? Solo más infelicidad, solo mayores sentimientos de impotencia y frustración. No somos mejores que aquéllos a quienes criticamos. La única diferencia será el que esos otros habrían tenido más éxito al imponer su individualidad.

6 Comments

  1. Jesús Díaz Formoso
    Jesús Díaz Formoso 20 diciembre, 2012

    Acabo de releerme. No pensaba que me pudiese afectar tanto. Pero lo ha hecho.

    Originalmente no fue un artículo, sino la felicitación para el año 2010 que envié a todos mis clientes (industriales, multinacionales, institucionales). Ya me había despedido del mundo. Estaba en la playa; vivía allí.

    No terminaba así, tenía un último párrafo; este:

    “Entramos en un nuevo año. Os deseo éxito al responderos a estas preguntas. Y, una vez respondidas, deseo que podáis ser coherentes con vuestras respuestas. O lo que es lo mismo, recibid mis mejores deseos de felicidad”.

    Daba por descontado que sería el fin de mi relación con los clientes “importantes”. Pero no lo fue. Les gustó. Sorprendentemente, las personas que dirigen multinacionales seguían siendo gente, humanos como yo. Imperfectos como todos; humanos en definitiva. Hoy, en estos tiempos, lo puedo dar por comprobado.

    Tuve que esperar a acabar los asuntos pendientes para dejarlos definitivamente. Algunos asuntos de entonces aún coletean, pero ya casi me he desvinculado de todo aquéllo.

    No me arrepiento, aunque me he puesto sentimental al releerlo. Al recordar. No hace tanto, pero parece una eternidad.

    Por favor, entender que hablo de mi. No achaco nada a nadie. Hablo de mi; solo de mi. No es mi ientención ofender a nadie. Nuestra lucha es ya de por si muy desigual; no nos peleemos entre nosotros.

    Me faltaba despedirme. Lo hago ahora. Con todo mi cariño para con todos.

    Feliz año. Feliz futuro. Sigamos luchando por él. No entre nosotros, no por nuestro futuro, sino por el de todos. Juntos.

    Un fuerte abrazo.

    Chus

  2. BRAULIO
    BRAULIO 20 diciembre, 2012

    Creo, Jesús, que ese debe ser el objetivo último: Unirnos a la fuerza de gente de bien que viene presionando por conseguir un mundo más justo, más h u m a n o.
    En definitiva, transcender nuestra individualidad, nuestra visión egoísta, nuestro problema particular para conseguir una distribución más equitativa de los recursos del Planeta; a cada uno según su capacidad y necesidad.
    Gran deseo el tuyo

  3. Indignado
    Indignado 21 diciembre, 2012

    Es, no se puede decir exactamente pues la realidad es cambiante y muy complicada, como debe ser, se habla mucho de la constitución estos días, y lo hacen como algo pétreo inamovible, y no es así, el trabajo de los legisladores debería ser ajustarlas a la realidad y eso exige trabajo, trabajo para analizar, trabajo para consensuar, trabajo para estudiar las posible repercusiones, trabajo de político, q

    • Indignado
      Indignado 21 diciembre, 2012

      …que no se está realizando, ser político no es precisamente el trabajo que realizan, lo más parecido es como una cuestión de status, el ganar unas elecciones es como ganar la lotería, solo tenemos que ver sus sonrisas con la que está cayendo, han ganado y pueden hacer lo que quieran siempre amparados por una constitución hecha a medida, y modelada por sus intereses a golpe de decreto, que es lo mismo que un golpe de estado encubierto, no se gobierna para la mayoría, se gobierna desde la mayoría concedida gracias a unas falsas promesas apoyadas por una campaña publicitaría diseñada par atrapar el voto de los incautos, del miedo, de la hipocresía. ¿Quien puede saltar de alegría cuando le toca gobernar un país con tantos problemas, si no es porque esa victoria la va a proporcionar privilegios y buenos beneficios por no hacer nada?. Solo a un irresponsable se le puede ocurrir votar en un balcón por la alegría de haber ganado los mandos que van a determinar el rumbo y el destino de todo un país.

  4. JesRICART
    JesRICART 23 diciembre, 2012

    La dicotomía entre individualismo y colectivismo no es de fácil resolución, en todo caso no se resuelve diciéndonos que estamos a favor de lo segundo y en contra de lo primero. Quien se crea no ser individualista y no reproducirse como tal en infinidad de comentarios y actos de su vida que levante el dedo meñique. En un estudio de comparaciones son mas actos individualistas los que caracterizan al ser humano particularmente el urbanita que no actos societarios o colectivistas. De otro lado, los ensayos sociales de una cierta magnitud de colectividades y comunidades cooperativistas terminaron en rotundos fiascos (vale recordar a vuelapluma los kibbutz israelíes y las comunas chinas). La sociedad individualista existe no solamente porque al sistema capitalista le interesa que se perpetúe sino porque hay algo del orden individual humano que le lleva una y otra vez a pugnar por “lo suyo”. Ser centro de su mismidad y sus pugnas por privatizar sus recursos o anteponer su yo, al tú del otro, es una experiencia preexistente a la verbal y a las influencias culturales. En las escuelas, en los recreos, los críos no pueden llevar sus propios juguetes como profilaxis contra las malas historias que se producen al tender a privatizarlos y las dificultades que tienen en compartir, algo que en la educación básica no se logra aun resolver del todo. (Cuando pasas por delante de un cole en horas de patio por poco que observes a la criaturaza verás grupos y subgrupos, gérmenes de clanes, particularismos, grupos de niños y otros de niñas,…). Al tratar de distinguir lo natural de lo cultural nos encontramos con que la cultura trata de enfrentarse al bios y no siempre con éxito. Por otra parte, la autonomía personal (la del pensamiento, la de la creatividad, la de ser uno mismo,…) es posible a partir de reconocerse y autodecretarse como individuo. La individuación consciente en todos sus extremos es un proceso de conciencia y no hay libertad sin concienciación. Del otro lado las propuestas colectivistas que lleven las supeditaciones de las minorías a las mayorías generan escenarios de tiranías de esas mayorías. ¿Qué hace el individuo en minoría con su particularismo o su distinción ante la mayoría? ¿Renunciar a lo que cree para formar parte del grupo?
    En un novoconstitucionalismo donde intentar marcar las pautas de civismo y coexistencia social co-creativa, en la que se reenlisten derechos y deberes, la elaboración de cada enunciado para que sea duradero en el máximo grado de imprescriptibilidad requerirá una negociación entre el sentido de lo social y la sacralidad práctica de la persona individual. Para conjugar ambos registros ni se puede pensar en que los individuos solo son unidades de un agregado mayor ni que la sociedad como concepto es más importante que el individuo como sede del ser.

  5. justicia-real-ya
    justicia-real-ya 25 enero, 2013

    Muy bello Jesus, y totalmente de acuerdo, pero ahora la realidad nos muestra mas, porque todos los españoles la sufrimos, la cruel realidad de los habitantes de los subfondos que algunos, como cabezas de turco, estan siendo expuestos para nuestro desfogue. Esta tactica de los poderes maquiavelicos, no creo que pueda funcionar ahora, aunque parte de ella sea como tu bien dices el desarrollo de la individualidad, de mirar para otro lado cuando vemos una injusticia de un conciudadano, de las pajas mentales (así llamabamos los antiguos a la costumbre del debate, sin la accion consecuente con las conclusiones. Esto tambien es suicidio. Creo que no podemos escaparnos a la accion colectiva utilizando las leyes que aunque ocultas tenemos, leyes que son nuestras aunque vengan de una legislacion europea o ONU, porque éstas son de obligado cumplimiento, de rango superior y de directa aplicación que nunca se aplico. Si ya sabemos que no nos podemos fiar porque corrupcion existe en esos organismos tambien, pero OJO está lo que se llama LA APARIENCIA DE ESTADO DE DERECHO que esos organismos no desdeñan tan DESCARADAMENTE como nosotros, ¿a qué esperamos? Tambien tendríamos QUE COMPRENDER y obligatoriamente DEBATIR, aunque SEA TABU oculto que un SISTEMA POLITICO no puede ESTAR CORRUPTO TAN GENERALIZADAMENTE, sin que en regla de tres directa y proporcional, no lo esté SU VIGILANTE EL SISTEMA JUDICIAL, y que para que se corrompa NO solo se necesita LA COACCION DE LA NO SEPARACION DE LOS PODERES, SINO TAMBIEN presuntamente LA IMPUNIDAD Y presuntamente las OPORTUNIDADES DE UNTE Y ENGORDE DEL SISTEMA JUDICIAL, QUE LOS CONFLICTOS judiciales DE CANTIDAD PROVOCAN. Son conflictos diarios (quizas facilitados al drede con lagunas y no implementacion de las leyes europeas e internacionales)conflictos judiciales de cantidad, entre victimas y estafadores de guante blanco, con paraisos fiscales (!que facilidad señores de cuenta de sobornador a cuenta de receptor, sin que nadie se de cuenta) SOLO NOS DAMOS CUENTA de cómo esta la raiz POR LOS FRUTOS PODRIDOS QUE DA EL ARBOL

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