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Despejando la incógnita del Partido “X”

Paco Bello | Iniciativa Debate | 14/01/2013

Quizá el titular sea demasiado pretencioso, pues desconozco quiénes son sus promotores e integrantes, aunque debo decir que tampoco me importa demasiado por el momento. Lo que sí quisiera significar previamente, es que soy partidario de cualquier acción ciudadana que aspire a mejorar la situación con el objetivo puesto en las mayorías, simplemente por haberse comprometido a ello. Pero en este caso quiero exponer algunas reflexiones sobre el modelo que plantean desde esta nueva formación, y desde la información de la que se dispone en este momento.

Un apunte más. Me permito hacer las siguientes consideraciones, entre otras cosas, porque en 2011 participé en la creación de un partido político similar, y sé lo que nos costó elaborar unos estatutos pensados para evitar que la propuesta pudiera, precisamente, convertirse en un arma ideal para los que queríamos combatir. En el transcurso de su redacción hubieron algunos debates tensos organizando y estructurando la regulación que conjugara ese riesgo, intentando al mismo tiempo conceder todo el poder a las Asambleas. Pienso, aunque ya no crea en su viabilidad, que lo hicimos bien y fuimos transparentes y metódicos, publicando toda la información y dando la oportunidad de que cualquiera pudiera presidir aquella coordinadora inicial (cosa que hasta el último momento nadie quiso afrontar, y se hizo por descarte, tocándole a un reticente Carlos Delgado), o para que nos pudieran suceder (cosa que anhelábamos) en el menor tiempo posible.

Empecemos por el asunto del anonimato.

Personalmente, y en general, a mí me interesan las ideas y no los nombres, excepto por hacer un seguimiento de alguien que me haya resultado interesante (esto con un seudónimo puede resolverse). He apoyado y apoyo movimientos activistas que no tienen nombres públicos ni caras públicas, y he entendido y compartido sus motivos para afrontarlo así.

Pero en este caso es diferente, porque hablamos de un partido político como centro de gravedad y llamamiento de toda una propuesta, y en algún momento deberá existir una lista de candidatos. Precisamente por esto, no acabo de entender el motivo de tanta precaución (pese a que lo intentan explicar en su página). Y debo decir que no me produce más que alguna desconfianza, porque existen muchos métodos abiertos, para aún dando la cara, no ser vistos como una amenaza.

Pese a todo, insisto: ya digo que a mí me preocupa bien poco quién figure en ese grupo inicial, para empezar, porque aún no conocemos ni sus motivos, ni sus intenciones al respecto, ni la fórmula electiva que pretenden aplicar (aunque quizá sea llamativo el éxito de difusión pese a ello). Y para acabar, porque sin mayor transparencia, no creo que tengan ninguna posibilidad real de cambiar nada, aunque en este país nunca se sabe (y el que tiene padrino se casa). Lo que me preocupa algo más, es no saber quién está al frente de su aparato de propaganda primario. Como ya hemos aprendido: si quieres saber quién decide, busca al del megáfono (o página web, o al creador del perfil de las redes sociales, o…). En cualquier caso, si lo menciono es porque han sido muy profesionales a la hora de ocultar cualquier dato (contratando ese anonimato), y dónde no se lo han podido saltar, como ocurre con los dominios “.es”, han hecho que figure su persona de paja. Aunque ya digo que esto no me parece en sí, necesariamente, un argumento para la crítica, siempre que decidan explicar en algún momento, y con claridad, los motivos de tanta discreción.

Dejemos ya lo del anonimato, y pasemos a hablar de lo importante: el programa.

Superficialmente el programa del nuevo partido es extraordinariamente atractivo, no hay duda. Se tocan todos los palos que parecen mover los anhelos de la mayor parte de la ciudadanía. Grosso modo, y una vez bien definidos para evitar que fueran en realidad un arma arrojadiza, o una herramienta para desviar votos indecisos, u otro (como dice Manuel Castells con satisfacción en La Vanguardia) «canalizador de la rabia popular»: los firmaría con sangre. Pero a mí me gusta leer la letra pequeña de los contratos. Y lo malo es que esa letra en este caso, siendo imprescindible, es tan pequeña que no existe.

No he visto que se pongan límites a la decisión popular. Someterse, por ejemplo, a la Declaración Universal de DDHH ya sería un principio.

No he visto nada referido al control ciudadano sobre los medios de comunicación del capital (todos los que pintan algo), públicos o privados. Y estos son los que, seamos conscientes o no, y lo queramos o no, crean la opinión pública que se traduce en nuestra realidad.

No he visto ninguna reivindicación concreta sobre educación, sobre protección social, sobre derechos laborales, sobre la propiedad privada o pública de las infraestructuras e industrias básicas, sobre… casi nada. Está claro que plantean solo un modelo, pero que de momento, y como mínimo, a la vista de lo hecho, está en pañales.

Sí he visto sus declaraciones sobre que “nadie opinará de lo que no sepa”, y me pregunto ¿quién decidirá quién sabe y quién no?

Sí he visto que en La Vanguardia, ABC, Onda Cero, La Razón, Rtve, Intereconomía, y otros medios presuntamente menos reaccionarios, tratan con una cortesía nada habitual al nuevo proyecto. Y me hago cruces todavía por la repercusión que ha tenido la noticia en todos ellos, cuando muchos partidos con mayor masa social inicial, y un ideario similar, no la han tenido en absoluto. Y las casualidades no existen a esos niveles.

No tengo derecho tampoco a embestir contra un proyecto que acaba de nacer, y no tengo elementos de juicio suficientes para posicionarme inequívocamente, aunque sí demasiados indicios para saber que acabará no gustándome. Y aunque es muy cierto que, superficialmente, me sumaría a muchas de sus propuestas, las mismas carecen una profundidad más que necesaria, sin la cual, no me dicen nada, o demasiado.

Lo que sí haré, como aviso a navegantes, es recordar la fórmula de Henri Dominique Lacordaire (que podíamos leer en esta entrevista):

“Entre el fuerte y el débil, entre el rico y el pobre, entre el amo y el siervo, es la libertad la que oprime y la ley la que redime”

Y más importante si cabe, de esa misma entrevista, esta otra reflexión:

En efecto, siempre hemos sostenido la aspiración “a una revolución económica, social y política digna de ese nombre”. Esta aspiración se deriva inmediatamente de considerar que el estado actual de distribución de la propiedad y las leyes económicas de producción y reproducción, además de implicar una injusticia escandalosa, son una estrategia suicida que amenaza gravemente las condiciones de sostenibilidad del planeta. Es intolerable (por razones morales) que una generación se despreocupe de en qué estado va a dejar el planeta para las generaciones siguientes, pero despreocuparse de que la posible insostenibilidad afecte a la propia generación es ya un problema casi psiquiátrico.

Por otro lado, también es inadmisible que una minoría acapare recursos de un modo que atente contra las condiciones mínimas de existencia de la mayoría de la población. A este respecto, los ejemplos más dramáticos nos parecen la especulación con el precio de los alimentos (especialmente impulsada por el lucro con los biocombustibles) o situaciones como la de la vivienda en España, donde la banca, que acapara un parque inmobiliario de alrededor de 3.000.000 de viviendas vacías, está desalojando a cientos de familias cada día de sus casas al tiempo que recibe fondos públicos (pagados con los impuestos de los desahuciados que, además, tienen que seguir pagando la hipoteca después de perder la casa). Realmente no sabemos qué hay que tener en la cabeza para no defender “una revolución económica, social y política digna de ese nombre”.

Ahora bien, respecto al tipo de “ley” y “juridicidad” que defendemos para el tránsito, la verdad es que lo que más nos gustaría es poder ser reformistas, es decir, que existiesen efectivamente canales legales por los que corregir este estado de cosas. En efecto, si pensásemos que el actual marco jurídico, tal como pretende, permite tomar decisiones democráticas capaces de modificar el orden económico, sin duda defenderíamos, sin más, la ley y la juridicidad que corresponde al diseño formal, si se quiere llamar así, del “Estado burgués realmente existente”.

Si no lo defendemos (y no lo hacemos) no es porque tengamos gran cosa que objetar a ese diseño formal, sino porque, de un modo recurrente y sin excepciones a lo largo de todo el siglo XX, se ha demostrado ese margen formal para la reforma era una completa ficción. No se trata solo de que las dificultades para acceder a las instituciones resulten casi imposibles de salvar (dado el control de los medios de comunicación, en manos de un reducido grupo de corporaciones, dado el control y la opacidad del sistema de partidos, dado el control de la banca sobre la financiación de las campañas, etc.). El problema realmente grave es que cuando, pese a todos los obstáculos, se ha logrado por vía democrática obtener una mayoría legislativa dispuesta a modificar el orden económico, con una precisión casi matemática, un golpe de Estado ha venido a corregir la situación. No ha habido ni una sola ocasión en que no se haya dado al trate con las instituciones de derecho y el orden constitucional y se haya recordado así que las aventuras transformadoras son insolencias que se pagan muy caras. No paramos de repetir casi obsesivamente la lista de golpes de Estado (con las subsiguientes dictaduras militares) que han sucedido a cada intento democrático de realizar transformaciones económicas. Pero es que la regularidad es tan implacable, y la exhaustividad tan esclarecedora, que se impone el deber de no perderla nunca de vista.

Es en este sentido en el que unos reformistas vocacionales como nosotros no podemos dejar de considerarnos revolucionarios: cualquier reformista honesto puede saber de antemano (y debe prever) que no le va a quedar más opción que gestionar una interrupción violenta del orden constitucional. Quien pretenda intervenir en el actual sistema de distribución de la renta o intente tomar medidas que afecten a grandes intereses económicos (por ejemplo para garantizar la sostenibilidad del planeta), debe saber que va a toparse con una reacción violenta capaz de dar al traste con todo el ordenamiento jurídico y recordar a sangre y fuego que el margen para la reforma era una ficción que más valía no tomarse en serio.

El tiempo desvelará el propósito del Partido X. Pero habrá que estar atentos.

26 Comments

  1. Mandarina (luz)
    Mandarina (luz) 14 enero, 2013

    Precisamente por la cita de arriba… el aroma que desprende (hasta ahora) me aleja más que me acerca. Seguiremos buscando, a ver si un día de estos les podemos ver el perfil.

    • Mandarina (luz)
      Mandarina (luz) 14 enero, 2013

      La cita no salió (soy muy ignorante en el manejo de los códigos):

      «Sí he visto que en La Vanguardia, ABC, Onda Cero, La Razón, Rtve, Intereconomía, y otros medios presuntamente menos reaccionarios, tratan con una cortesía nada habitual al nuevo proyecto. Y me hago cruces todavía por la repercusión que ha tenido la noticia en todos ellos, cuando muchos partidos con mayor masa social inicial, y un ideario similar, no la han tenido en absoluto. Y las casualidades no existen a esos niveles.»

  2. Di fusa
    Di fusa 14 enero, 2013

    A mí lo del anonimato sí me preocupa. En este país la cultura de la corrupción, no se puede tener un Gobierno que maneja los presupuestos de todo un estado, sin saber nada de los miembros de eses gobierno. Esto presta a que cuatro despabilados se lleven, como ya es costumbre que así lo hagan, lo que no les corresponde. Si ya con nombres y apellidos es complicado que nadie reponga nada de lo que se lleva, desde el anonimato de los políticos sería casi imposible. No me extraña que todos estos medios que se citan sean tan benóvolos con estas iniciativas, parecen creadas e ideadas para dar más facilidades de delinquir desde la política.

  3. rorito
    rorito 14 enero, 2013

    Sigo las opiniones de esta pagina y las suyas en concreto (Paco) con interés, principalmente porque en general quiero estar informado de medios alternativos al regimen, y más en particular porque aprecio y respeto mucho a la gente comprometida con cambiarlo.

    De hecho, me encantó su critica hacia Juan Torres (al que tambien respeto mucho) cuando se posicionó contra el 25S, como renegando de esa lucha que tanto defiende.

    Con esto lo que quiero decir es que hay mucha gente luchando contra el sistema desde fuera porque piensa que está tan podrido que no hay otra forma; pero tambien creo que hay tambien mucha gente que no sabe luchar desde fuera y creo necesario articular opciones «electorales». No sólo el Partido X lo es, creo que hay otras (se me ocurre escaños en blanco) que tambien van en esa linea; y todas ellas, al menos por el momento, me parece que suman y que merece que les demos la oportunidad.

    • Paco Bello
      Paco Bello 14 enero, 2013

      He procurado no hacer sangre, Rorito, precisamente por eso que comenta. Pero uno ya empieza a tener callo a base de sustos, y creo que al final, algo voy aprendiendo.

      Hay que darle una oportunidad a cualquier luchador, pero son demasiados casos de estafa como para que no estemos alerta. Y le digo una cosa: los que mejor manejan incluso el activismo, son precisamente los que nos han llevado hasta aquí.

      Le agradezco sus amables consideraciones. Y estoy básicamente de acuerdo con Ud. Solo digo que en este caso tengo serias dudas, incluso de que todos los integrantes de la nueva plataforma, sean conscientes de lo que están haciendo.

      Un cordial saludo.

  4. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 14 enero, 2013

    TENER MUCHO CUIDADO, SI ESTÁ INTERECONOMÍA ABC O EL MUNDO. DICEN, QUE EL GATO ESCALDADO DEL AGUA FRÍA HUYE. Y YO, DESPUES DE LO QUE HE VIVIDO, Y LO QUE ESTOY VIVIENDO, YA, NO SÉ NI QUIEN SOY. Y ME VUELVO PARANÓICA, POR MOMENTOS. PACO, ME PARECEN BIEN TUS RECELOS.DE TÍ, ME FÍO.

    • MaríaDinamita
      MaríaDinamita 14 enero, 2013

      Este tema me recuerda al partido político «Vota en Blanco» que se presentó en las pasadas elecciones gallegas. Repartían papeletas informativas favoreciendo el voto a este partido. Mayormente eran chicos de entre 20-30 años. Con eso del desencanto de mucha gente se llevó un buen puñado de votos. Un par de días antes de las elecciones se destapó que era un partido creado por el PP creado para arrancar posibles votos al PSOE, BNG Y la coalición IU-Anova. Pero ya era demasiado tarde… el bulo no consiguió llegar a aquellos que firmemente ya habían tomado la determinación de votar a ese partido pepero. Por supuesto, de esto nos fuimos enterando en círculos reducidos y ya pasadas las elecciones llegó a la red, demasiado tarde… Mucho me temo que esto es algo por el estilo, un partido creado por los pp-ajarracos porque saben que de aquí a poco menos de 3 años no tienen nada que hacer y se pretenden camuflar detrás de una X. Así de perspicaz soy, qué le vamos hacer…!!

      • Omoloc
        Omoloc 20 enero, 2013

        Respecto a lo de Maria Dinamita, ¿Podría explicarme exactamente qué es eso de que se descubrió el partido «Vota en Blanco» (que ni siquiera se llama así) era «un partido creado por el PP»?

        Porque decir eso es, o no tener ni idea, o querer desinformar a la gente.

        Hay mucho militante de Izquierda Unida convencida de que la gente que vota a Escaños en Blanco es gente de izquierda «cabreada» y por ese motivo arremeten contra ese partido. Se sorprenderían la cantidad de gente de derechas que se está posicionando a favor de que el voto en blanco se transforme en sillas vacias para escarmiento de los políticos. De todos.

  5. Manuel Harto
    Manuel Harto 14 enero, 2013

    Yo también tengo mis recelos y además no me gusta lo de la «X». No puedo imaginarme a alguien dando un mitin con una máscara. No obstante necesito, o quiero, imponerme una buena dosis de objetividad y esperar, concediéndome algún tiempo antes de posicionarme. Tiempo habrá para manifestar mi opinión cuando tenga bases concretas en las que apoyarme, mientras tanto creo que debo mantenerme a la espectativa y no juzgar a priori. Desgraciadamente apenas si nos queda ingenuidad, esperanza -y tenemos más que razones para ello-, pero eso, sin lugar a dudas, es una carencia que nos puede llevar a ser arbitrarios.
    Voy a esperar (un ratito) a ver si se despejan las incógnitas.

  6. Es cierto, Paco. Cuando el viento viene de abajo, siempre ha sido el tiempo de los paracaidistas. Y, sin prejuzgar, pero hasta que alguien y con fundamento me demuestre lo contrario, yo a esto le veo más presunción de culpabilidad que de inocencia. Y el apoyo de los medios concentrados, obviamente me lleva a parafrasear a Hamlet «algo huele a podrido» y no precisamente en Dinamarca.

  7. juan josé díaz sánchez
    juan josé díaz sánchez 14 enero, 2013

    Respecto a a la necesidad de una revolución social, que por supuesto comparto, llama la atención la insistencia del partido x por dejar coaro que ellos no son «de izquierdas ni de derechas», que es algo que hay que superar.
    Pero muchas veces olvidamos que la lucha de clases existe y que si hay y ha habido una idea común y querida. por todos los fascismos es precisamente esa, y enunciada precisamente de esa manera: la aspiración a superar la lucha de clases y la división de la sociedad entre derecha e izquierda. Eso ya lo dijeron Hitler, Mussolini y José Antonio Primo de Rivera, casi con las mismas palabras que no hace mucho Rosa Díez y ahora el «partido X».
    Y lo más terible de todo esto es que al final vas a tener razón y va a resultar que esta vez la paz no podrá ser el camino.
    Me ha gustado mucho tu artículo.

    • olito
      olito 15 enero, 2013

      Que razón tienes. Aunque me quedo con Rosa Diez que por lo menos sé quién es y conocemos sus obras y milagros.

  8. Indignado
    Indignado 14 enero, 2013

    Me suena a divide y vence, para despistar en ese sentido que mejor que el signo de multiplicación. Y en alusión a lo que bien comenta María Dinamita, después del bulo del papel en blanco el paso siguiente poner una X. Y que los aduladores mediáticos lo den por bueno e incluso lo aplaudan… y sabiendo que creen que somos tontos….

  9. Fernandosegundo
    Fernandosegundo 14 enero, 2013

    A mi, a bote pronto ya me dió mala espina hace unos días cuando leí la noticia del dichoso partido X en una intervención de Mandarina en el Foro. (Por cierto, ¿Cómo se puede volver a buscar un artículo en el Foro?) Lo que mas me chocó es que decían que ellos se controlan a si mismos. Menos mal. Esperemos que si roban se castiguen a si mismos y se metan en la cárcel.

    Yo, por si acaso, SOLO VOTARÉ A UN PARTIDO QUE SE COMPROMETA A LUCHAR POR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN.

    (Y quiero ver sus caras, conocer sus nombres y a ser posible su ADN)

  10. olito
    olito 15 enero, 2013

    La estetica, el nombre del partido, la aparente «desideologización», los lugares comunes y argumentos fáciles, el rechazo deliberado hacia el socialismo: Todo huele a neofacismo. Ellos no saben que lo son pero el sustrato ideologico que les mueven es el mismo que el de los que incubaron la bestia en los años 30.

  11. GILDA
    GILDA 15 enero, 2013

    Creo que las personas todavía tienen dudas de todo, del marxismo, del anarquismo, del troskismo, del humanismo, de los evangelista, de los católicos de los paracidistas, de los franquiestas, de los carlistas de la izquierda sindical y de los partidos republicanos etc etc etc, ya pasaron 35 años dosnde el bipartidismo dio mustras de que lado está, y es el momento propicio para el oportunismo politico, algunos caen y otros no. Bueno que pasa que no se discute politica, que pasa??? cual es el miedo???? creo que eso es lo único que nos puede hacer crecer, y es lo que hay que hacer y determinar en que carajo coincidimos!!!me gustaría que me respondan, basta de miedos y destapar la olla.

  12. fran
    fran 15 enero, 2013

    Viejos cuentos con nuevos nombres. La obsesión por las cuestiones procedimentales alrededor de la «democracia» hace mal favor a la propia Democracia, pues ésta última se vuelve fetiche, le da la apariencia de que sólo y sólo abocándose a la lucha por la democracia los problemas, la desigualdad, etc., desaparecerán. ¿No os dáis cuenta de que hoy tenemos más derechos (conquistados) que nunca y no por ello somos más libres ni tenemos mejor nivel de vida? ¿Por qué? porque a menudo se nos olvida que los derechos y los procedimientos democráticos serán papel mojado si no tienen una materialidad sustancial, es decir, si no son forman parte de un cambio en la producción social del propio sistema al cual aspiramos. Los autonomistas, esos que piensasn que «se puede cambiar el mundo sin tomar el poder» son los primeros despistados al respecto. Olvidan que aunque ellos se olviden del poder, el poder no se olvidará nunca de ellos. La democracia igual, no basta con tener más democracia en tanto procedimientos, sino en cuanto control de la producción del trabajo, en un sentido íntegro del concepto: en el ámbito de lo económico, del hogar, de lo político, etc. Aunque tengamos muchos mecanismos de participación ciudadana o parlamentaria, esto se quedará en nada cuando queramos decidir «cómo queremos vivir», «qué queremos producir» y «cómo y por qué lo queremos producir», porque aquí la clave es el eje económico, la base material del cual el sistema capitalista es capaz de controlar el resto de instituciones sociales. Si no golpeamos los pilares del sistema (trabajo asalariado, control de producción, expplotación laboral, apropiación privada de los recursos naturales, etc.) la democracia será un mero simulacro.

    Salu2

  13. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 15 enero, 2013

    TIENES RAZÓN, MANDARINA, Y TÚ TAMBIEN MARÍA. ODIO LA AMBIGÜEDAD, PORQUE CREO, QUE DETRÁS SIEMPRE HAY TRAICIÓN. POR ESO NUNCA, HE USADO SEUDÓNIMO, Y A LO PEOR DEBERÍA. PERO YO, SOY ASÍ. Y NO CRITICO A QUIEN LO USA, SI NO INSULTA, AMPARADO EN ÉL.

  14. Walkiria Sumionda
    Walkiria Sumionda 15 enero, 2013

    Ante la hipótesis de un partido X.
    En la lupa sociológica tiene más interés por el Factor X que por despejar la incógnita de un nuevo Partido X. Para éste sea cual fuere su sigla habrá que entrecomillar lo de “nuevo” según sus contenidos y praxis. Si comparativamente es mas importante el Factor X es porque este seguirá reuniendo la mayor parte de la sociedad con todas sus incógnitas y que es la que en cada momento coyuntural culminante es el que decide la inclinación de las balanzas. Es cierto que los partidos repartidos en todo el constelacionario político participan de los guiones públicos y de los escenarios, pero en sus recursos humanos no dejan de ser pequeñas minorías que puntualmente recogen votos o adhesiones de partes de la sociedad. El foco de la discusión no pasa tanto por evaluar las posibilidades de un nuevo partido sino por medir la temporalidad de las políticas partidistas.
    Si hubo una lección desprendida de las concentraciones de primavera 2011 en las plazas españolas fue el hartazgo de una política o de una manera de hacer política. Antes de que pasara un año ya propusimos interpretar lo que se dio en llamar 15eme como la denominación referencial a falta de otra de un nuevo grupo del panorama corpusculario del país.
    Eso no significa(ba) que las reuniones periódicas y organizadas autoproclamadas a si mismas de asamblearias no esperen volver a las masificaciones de las plazas pero su forma de funcionamiento y la necesidad de una estructura garantista las ha llevado inevitablemente a formas tan clásicas y tópicas como las de cualquier otro grupo tradicional. ¿Dónde están las novedades pues de la rebeldía impugnacionista del sistema capitalista?
    El problema de las dignas aspiraciones por cambiar de sistema es que esto no es posible sin cambiar de actitudes., sin cambiar pues de sociedad.
    El sistema en su modalidad parlamentarista lleva implícita una pluralidad partidista consiguiendo que incluso los partidos que se le oponen le ayuden a su credibilidad. Esto ha sido sumamente evidente con la socialdemocracia pero también lo fue con el PCIaliano en el poder. Otros partidos de izquierda que han chupado cuotas de poder (como ERC , IC ) dejaron una estela de malos recuerdos.
    Si los movimientos de multitudes en su destilación de quienes más directamente militan por su defensa y preservación es la decisión de crear un nuevo partido es que los movimientos no dan más talla y sus dirigentes se apresuran a repetir protocolos históricos que en el pasado ya demostraron sus errores.
    ¿Qué es un partido político? Se puede definir como una minúscula parte de personal que se especializa en ocuparse de los intereses colectivos a cambio de algunas ventajas en el ranking del prestigio social (los partidos con corruptos en sus filas llevan esta “contraprestación” a buscar ventajas económicas fraudulentas para ingresar en sus cajas de caudales).
    Ciertamente se pueden crear nuevos partidos como voluntades asociativas existan para hacerlo, lo mismo que se pueden crear clubes de todo tipo. Los partidos políticos que aspiran por definición al poder, sea para si o sea como intermediarios para entregárselo a la sociedad, no podrán contribuir a la filosofía de la historia ni a la filosofía política si en su praxis concreta no superar formas y espíritus que ya se han venido dando a lo largo de generaciones. Un partido abanderado de las causas más justas no tiene el antídoto para no caer en las praxis más injustas a nivel interno en sus formas de debatir y tratar los temas. Por si fuera poco los partidos llegan estrellados a una realidad post partidista más que con una estrella en su carpeta programática. Y es que es difícil añadir nuevos análisis y nuevos deseos a los que se vienen presentando desde hace decenas de años. Puntualmente se crean partidos (Ciutadans, es un caso) que consiguen glutinar sectores españolistas pero no alineados con la derecha tradicional y otros quedan por suerte en grado de tentativa (iniciativa de Nebrera o la de Ernest Maragall).
    Hay razones múltiples para proponer nuevos partidos pero ninguna tiene tanto peso como la de la perpetuación de unos nombres en la galería o una arrogancia protagonista de quienes necesitan subjetivamente propulsar los suyos. ¿Objetivamente hay razones para crear un nuevo partido? Ninguna, aunque podemos inventarlas todas. Si la realidad político-espectacionista está repartida en dos grandes partidos ¿por qué no crear unas cuantas docenas más a añadir a los mas minoritarios? Si efectivamente la pluralidad es mas que dos la lógica consecuencial seria distintas formas organizativas para participar en los escenarios públicos de la política o políticas de un país. Pero estas formas organizativas no tienen que pasar por la formación de un nuevo partido sino por .la creación de una nueva manera de hacer política libre. Si la intencionalidad de un partido es el de ganar cuota de poder a través de competiciones electoral ¿Por qué no cambiar la ley electoral e instrumentar una que permita votar candidatos y candidaturas con programas de compromiso fuera de partidos estable?
    Conceptualmente pare incompatible la existencia de un partido con la libertad de crítica fluida en su seno. Este solo principio generaría tendencias desde el primer momento con lo cual Daria lugar a subgrupos o nuevas siglas. La historia es conocida. Lo que mantiene la unidad de los partidos es su centralismo y una forma de actuación parecida a la que tiene el sistema que se pretende cambiar.
    Hay otras formas de asociacionismo potente que pueda ser alternativo aunque no esté dejando por el momento el saldo de referencia de nueva fuerza por la que apostar. El factor X, el de la sociedad diluida en todos sus anonimatos, puede encumbrar partidos o barrer totalmente a otros (SI en los últimos comicios catalanes) dándole la espalda a lo que de útil tengan sus contenidos. No, el partidismo no es la vía para cambiar las cosas, no lo ha sido el clásico pero tampoco lo podría ser nuevas siglas por ideales muy fantásticos con los que entrara en escena. Su propia existencia organizativa iría en contra de lo que pretendiera.
    El primer problema que se enfrentar una organización de cualquier tipo pero más en el diseño de un partido político es, efectivamente, el de los estatutos que regulen su funcionamiento interno y el de su programa con metas estratégicas y una táctica responsable. Cada articulo que por definición ha de ser vinculante de los unos significa una lucha intelectual durísima ya que en esa discusión lo que se está haciendo es repartir cuotas de poder a órganos y cargos dentro de la misma estructura. Por lo que hace a un programa estratégico no basta la repetición de los deseos ideales de un mundo a compartir sino las relaciones a tener con todas las fuerzas y sectores que comparten una realidad. En cuanto la táctica, hay que decidir alianzas y técnicas de lucha con quiénes y para que cosas no olvidando que todo acuerdo con un aliado provisional por razones tácticas es estar jugando ya a la política de “ellos”, los de siempre, en la forma tradicional de hacer política para ganar a cualquier precio. Excepcionalmente hay estructuras organizativas con representación parlamentaria como Compromís que intentan expresar otra forma de intervención en las instituciones, con otro look de refresco y con una estructura asamblearia en su funcionamiento interno. Podemos aprender de su gesta así como de Bildu en sus gestiones con cargos públicos.

  15. Ante un nuevo partido X o Z, a los españolea nos debiera dar lo mismo y considerarlos en principio como un partido más entre los que hay, cuando un partido nuevo, quisiera aglutinar la inmensa mayoría de los que no soportamos más, 1º tendría que presentar un programa que recogiera cada una de las injusticias que se están realizando hasta ahora, 2º abordar una nueva constitución a refrendar cada articulo por una mayoría de españoles, 3º que los españoles fueran coautores de la legislación de las leyes y cuando el gobierno tuviera que hacer una ley por decreto, que esta fuera votada por los españoles ante de 90 días días de su legislación como se hace en otros países democráticos. Y lo más importante. Si ese partido no cumpliera todo esto en un tiempo diseñado por el partido y el pueblo, tuviera inexorablemente que presentar su dimisión y que el pueblo tuviera herramientas jurídicas para obligarlo a ello.

  16. carapalida
    carapalida 16 enero, 2013

    No se porqué, pero en mi caso, y después de haberme asomado al tema asambleario del 15M y haber salido huyendo, y después de tener contacto con gente del mundo real (que no nos equivoquemos, no somos los que leemos estas páginas, sino los que ven gandia shore), el tema de una democracia absoluta, de la elección directa y el control absoluto del gobierno por el las masas no hace más que ponerme los pelos de punta.
    No se que sistema es el que puede verdaderamente funcionar (supongo que una democracia, si, pero una vez que la población ha tenido una educación en la misma, y esto es como lo del huevo y la gallina…), pero el dejar que la demagogía gobierne nos llevaría a una situación todavía más ridícula que, por ejemplo, el berlusconismo.
    Me gustaría pensar de otra forma, pero ahora mismo, creo que si dejasemos en manos de la mayoría las decisiones de gobierno, el desastre sería todavía mayor que lo que tenemos, si es que eso fuese posible. O cuanto tiempo creeis que tardaría esa mayoría en legalizar la expulsión absoluta de todos los inmigrantes? O en sacrificar cultura o ciencia por subvenciones al fútbol o a la televisión?… Por que no nos olvidemos, el gobierno actual está ahí por una mayoría absoluta.

    • Paco Bello
      Paco Bello 16 enero, 2013

      Pienso que los derechos no son discutibles. Pese a todo, es muy cierto lo que dices, y quizá el periodo de aprendizaje sería muy doloroso siempre que no se siga un proceso bien equilibrado.

  17. Antonio
    Antonio 19 septiembre, 2013

    En este país los chorizos nos roban a cara descubierta protegidos por la impunidad que le ofrece el poder legislativo y político. Quiero creer que el anonimato de esas personas que se encuentren detrás de la X corresponda a conservar su integridad física y que no sean machacados por la mafia, donde digo mafia son los medios de comunicación que pertenecen a los dos grandes partidos que han gobernado en este país.
    Personalmente y por ahora, tengo interés en conocer su estrategia, su forma de actuar y pensar, asignar la cautela correspondiente para después tomar la correspondiente decisión.

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