La mecha y el poema

715

Paco Roda | Rebelión | 29/01/2013

Cada día que pasa uno siente que no puede ser peor, que más allá de estos límites imprecisos entre el miedo y el desasosiego, solo queda la revuelta que no llega, porque la sedición interna está ya saciada de descontentos. Pero uno mira más allá de sus límites más inmediatos y se avergüenza del tedio reinante revestido de compasión y hasta de nueva piedad solidaria. La vida, las vidas empeoran sin pedir permiso, las biografías cortocircuitadas enferman y se desplazan plomizas cabizbajo por la calle. Los relatos entristecen y se someten a la más brutal resignación, se doblegan al inmerecimiento de unos guardianes del Estado en estado de corrupción permanente. Cada día la vida se retuerce más y más. Por sus aristas más finas, por sus demarcaciones menos consistentes. Las familias, la ciudadanía y las personas ya no son las mismas. No se reconocen en el pasado perfecto porque el futuro se ha volatizado mientras otros hacen el agosto en pleno invierno. Y éstos, con nombres y apellidos, famosos, reconocidos, con poder, caminan impunes ante tanta matanza. Nunca un Estado había estado tan secuestrado por la ignominia, el descrédito, la vergüenza, la corrupción, la mentira, la falsedad, la degradación y la infamia. Y todo ello santificado por un gobierno que vive y desea vivir lejos de sus votantes y no votantes. Un Estado secuestrado por la implacable ceguera de su propia incapacidad para corregir el rumbo hacia una bancarrota social inminente.

Y mientras, la gente que uno observa por la calle pareciera que, sabiendo esto, aceptando esta inevitabilidad alguna sin compasión, vuelve al refugio tangible de sus seguridades más inmediatas, a su casa, su hogar, su familia, sus pasiones, sus amores, sus ocios y sus socios inmediatos, los amigos, las compañeras de trabajo o hasta sus coadjutores. En ese territorio privado encuentra el sosiego ante tanto desosiego. Por eso Rajoy nos quiere en casa. No solo para contabilizarnos inactivos ante el frente social que tanto teme, sino para dominarnos desde la reclusión invicta del dominio privado. Porque aquí nos sometemos a la implacable venganza contra nosotros mismos. Aquí, entre las paredes atestadas de deslices, nos culpabilizamos ante nuestro propio destino. La calle se ha quedado vaciada de poder. Sí, hay 37.000 manifestaciones al año, una prueba técnica de la movilización, pero aún así parece que eso no garantiza la revuelta. Porque ésta necesita otros territorios aún por explorar. No me digan ni hablen de nuevos líderes, de nuevos discursos ni de nuevas estrategias. Todo está dicho. Parece que lo nuevo o por inventar no llega. O si llega, no encuentra eco ni recoveco donde depositar tamaña esperanza.

Nunca como en estos días las diatribas y sentencias verbales contra la política del PP y el actual estado de malestar social que nos invade, han sido tan duras, tan claras, tan incisivas. Si ustedes quieren pueden ver por activa y pasiva dónde está el núcleo duro, la médula infecciosa de tanto cáncer social, el agujero apestoso de las cloacas que nos esperan, de los sepultureros que esperan su turno. Y también pueden saber los nombres de los escualos que esperan ahí, a nuestro lado, para afilar sus mandíbulas protráctiles.  Todo está a la vista. Y lo que no está tampoco afecta al estado de rotación de esta España a la deriva. Porque actúa sí o sí. Sin pudor, sin decencia. Y aún así, navegando a sotavento, resulta difícil llegar a puerto. Porque la navegación es de altura. Volver a casa no es un buen consejo, pero en la calle, a diario, pareciera que el título del libro de José Luis Pardo, Nunca fue tan hermosa la basura , adquiriera sentido y saciara nuestro desconcierto.

No es fácil, y quizás no sea ni siquiera justo nombrar el desastre y escapar por la tangente del nihilismo crítico. Lo sé. Pero creo que lo que está por llegar se está fraguando en algún lugar intangible. Aún es pronto para sentirlo. Pero está en la rotación incesante de los agujeros negros de millones de desesperados. En esos espacios que cuesta identificar, en lugares todavía sin nombre pero reconocidos. En los efectos secundarios de tanto trabajo precario, de la pobreza soterrada y contenida, de la precariedad contada y cantada, de la exclusión estigmatizada, de la estabilidad incierta, del desempleo inmediato, del ERE amenazante, de la vida contingente, del miedo al presente. En esos lugares en construcción que la historia luego reconoce como procesos revolucionarios. Solo falta una mecha. Y ésta puede ser hasta un poema.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162976&titular=la-mecha-y-el-poema-

 

Comentar con Facebook ()

Comentar (6)

6 Comentarios

  1. No se quien le pondra el cascabel al gato, pero tengo la snsación o tal vez la ilución, de que se le ponga y YA.
    Porque entre Luis el Cabrón, El Duque Em-Palma-Do, el Tonto que no se entera de nada, la Lista que es la mas Inconmobible, etc, esta Corte de los Milagros, acaba con la paciencia del mas resignado. El pudor por que ya la ética se borro del diccionario, esperemos que nos de un bofetón en todala cara y despertemos de este sinsentido lo mas pronto posible, o las bragas salen a subasta.

  2. Me ha gustado muchísimo el artículo. Es bastante desesperante pensar que es real como la vida que vivimos todos los días. Pero yo también opino que debe de estar fraguándose algo grande, de lo que todavía no somos conscientes, pero que pasará a la historia. Este pensamiento me ayuda a seguir. Debe de ser el equivalente a la fé de los que creen en algo o alguién.

  3. Felicidades a Paco Roda por su magnífico escrito, que termina con un atisbo de esperanza, basada en que la suma de desdichas personales acabará por llenar el vaso de la paciencia ciudadana. ¿Cuántas gotas de miseria, de vidas destrozadas y de esperanzas perdidas harán falta para eso? ¿Será la reacción general y organizada, o más bien individual y a medida de cada situación? ¿Tendremos que ir emigrando tod@s para que en el país sólo queden los vampiros y esos mueran de inanición al quedarse sin víctimas? Sólo el futuro nos lo dirá porque en el presente no se vislumbran soluciones, o al menos yo no las sé ver.

    ¡Un abrazo para tod@s!

  4. La sociedad española está atravesando unas circunstancias verdaderamente humillantes, ofensivas, vejatorias, dolorosas, de vergüenza, diría. Es inconcebible lo que está ocurriendo en la vida de una comunidad que presume de ilustrada y culta; que se dice pertenecer a Europa; integrante de los países más avanzados del mundo civilizado.
    ¿Cómo pueden darse situaciones como las que aquí suceden?:
    Por un lado, en aumento el paro; dramático el panorama de muchas familias; a la ‘espera’ las necesidades más básicas de la gente (salud, alimento, vivienda, educación…-¿hasta cuándo?). Salarios que bajan, los precios que suben. El dinero que no alcanza, …cuando lo tienes. Los desahucios que se multiplican y sabe dios cuántos vituperios más están teniendo que soportar un gran sector de la población que se hace cada día más visible y más inhumano.
    Por otro lado, la insolencia, desfachatez, frescura, cinismo, desvergüenza de unos cuantos que muestran su ofensiva e insultante riqueza a diestro y siniestro. Tanto en el ámbito privado como público se producen estos ejemplares, si bien tienen mayor delito los cargos públicos, porque, les está pagando el ciudadano con sus impuestos para que resuelvan sus problemas.
    Ladrones por todos lados. Salteadores de camino. Arribistas aprovechados llegados a medrar, a hacer el ‘agosto’. Es como si, de repente, se haya decidido poner a cuidar al ganado a una manada de chacales, buitres y otros carroñeros de la más variada ralea.
    ¡Cuánta vergüenza y sonrojo se percibe en las personas de bien – que son mayoría – que han de convivir con especímenes de biografías tan edificantes!
    A alguien se le ocurrió la feliz idea de programar un ‘ministerio’, o algo por el estilo, para pasear por el mundo una imagen de España menos vergonzosa, más atractiva. Hasta para esto son tontos e inútiles; como si la gente que nos visita fuera ciega. En tiempos no lejanos, con ocasión de la visita del meaplatos de turno a un lugar determinado, tenían por lo menos la grosería de ocultar las miserias para que la sonrisa del tunante pareciera más fresca y natural; los de hoy, se quedan en chupatintas despiadados, que les importa un carajo lo que vean aquí; lo que piensen los demás de la afrenta que cada día ha de sobrellevar el ciudadano por la incuria de una Administración obscena.

    • Totalmente de acuerdo Braulio. Añadir simplemente que la palabra clave está en “ganado”. Mientras el ganado se conforme con ser eso y nada más, todo está perdido. Aquí sólo queda una solución: tomar el poder por la fuerza, crear nuestros propios Tribunales de Nürenberg y sentar ante ellos a los vampiros destrozadores de vidas. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

      ¡Un abrazo para tod@s!

      • Esa es nuestra miseria, nuestra desgracia, nuestro talón de Aquiles. Ellos lo saben. En cualquier circunstancia de enfrentamiento (por ejemplo empresarios-trabajadores, pueblo-Administración), llevamos las de perder los trabajadores, el pueblo, ¿por qué?: Es muy difícil, casi imposible, organizar a las masas adecuadamente, por múltiples razones. Siempre esperamos que alguien dé el primer paso o, peor aún, que un grupo entable la batalla que los demás nos apuntaremos al carro de las ganancias.
        Mientras tanto, los buitres revolotean en torno a la carnaza sacando buenas tajadas.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here