Pulsa "Enter" para saltar al contenido

La esclavitud industrial

José Manuel Lechado | Iniciativa Debate | 11/02/2013

En su origen la palabra española «trabajo» remite a un instrumento de tortura, el tripalium. Y en alemán y ruso la etimología para «trabajo» (arbeit, rabot), de origen indoeuropeo, pertenece a la misma raíz que da lugar a la palabra «robot», que significa «esclavo». Si seguimos buscando en otras lenguas encontramos ejemplos parecidos que, como mínimo, nos dejan claro que el trabajo nunca fue plato de gusto.

Al menos ciertos trabajos: griegos y romanos distinguían entre «labor» y «trabajo» y usaban diferentes palabras para referirse a cada cosa. La labor era la tarea del hombre libre: la política, el debate filosófico, la caza, la guerra… Lo demás, la actividad productiva cotidiana, era casi todo cosa de esclavos. Una idea que, con o sin distinta terminología, se ha dado en todas las civilizaciones de la Historia hasta fechas bien recientes. En la Edad Media, el Renacimiento y en realidad hasta el advenimiento de la doctrina capitalista liberal, el trabajo manual no sólo era cosa de siervos o castas inferiores: es que estaba mal considerado. Ser artesano, maestro, agricultor o lo que fuere se consideraba una mancha en el currículum social del individuo. En la literatura española del Siglo de Oro se hace alarde de la vagancia del hidalgo, que no da un palo al agua en su vida y presume de ello, dejando por rústico y poca cosa al que se gana el pan con el sudor de su frente.

Esta mentalidad se mantuvo durante siglos, hasta que el auge de las naciones protestantes y el triunfo de la burguesía establecieron una nueva mitología en torno al trabajo como indicador de éxito, garante de la Gracia Divina y signo de salvación. Poco a poco, y no sin resistencias, esta filosofía ha ido extendiéndose por toda la Tierra y en la actualidad incluso naciones tenidas por perezosas, como la española, enarbolan la bandera del trabajo como virtud máxima del ciudadano.

Sin duda el ser humano disfruta manteniéndose ocupado y quizá sea excesivo considerar, como hacían los antiguos, que el trabajo sea una mancha. No obstante, cabe preguntarse también si el desplazamiento hacia el lado contrario del péndulo es tan bueno como nos dicen: ¿hasta qué punto el trabajo es una bendición tan fantástica como nos quieren hacer creer?

Ante todo hay que tener en cuenta que la historia del trabajo que nos venden los grandes medios de desinformación es falsa: el esclavo antiguo no era libre, pero su vida no era necesariamente tan horrible como nos pintan en las películas. De hecho, la mayor parte de los esclavos antiguos llevaba una vida que, desde nuestra perspectiva, nos parecería bastante normal, incluso más que aceptable. El cine y la literatura contemporáneos nos ha mostrado una imagen de la esclavitud antigua por completo siniestra, pero eso es porque Hollywood, el gran generador de propaganda del capitalismo, deforma la historia para hacernos creer, deliberadamente o no (quizá sea sólo porque la maldad resulta más efectiva en pantalla), que todos los pueblos han tratado a los esclavos tan mal como lo hacían los puritanos estadounidenses y los civilizados europeos que, durante el siglo XIX, extendieron su miserable concepción de las cosas por todo el planeta.

Que la esclavitud, a la antigua o a la moderna, es detestable, no hay quien lo niegue. Sin embargo, cabe preguntarse si las cosas han mejorado para el trabajador actual. El fin de la esclavitud no vino, pese a lo que se suele creer, por el resultado de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Este episodio local sirvió ante todo para liquidar la lucha entre dos concepciones económicas muy diferentes con la victoria del capitalismo industrial tal y como lo conocemos. Se culminaba de este modo, durante la segunda mitad del siglo XIX, un proceso que había empezado mucho antes, a principios de ese mismo siglo, con las primeras leyes británicas contra la trata y crianza de esclavos.

Curiosamente los británicos habían sido los mayores negreros y los que más beneficio habían sacado de la trata. ¿Por qué este interés más o menos repentino en acabar con un negocio tan boyante? Porque la industrialización, que comenzó en Inglaterra partiendo de los inmensos beneficios obtenidos precisamente del trabajo servil y de la venta de esclavos, puso de manifiesto una serie de realidades por completo nuevas en el universo del trabajo y el comercio.

La principal y más importante, la constatación, hecha en las fábricas del Reino Unido, de que un obrero asalariado trabaja mejor, es más fiable y sale más barato que un esclavo. Por otra parte, la firme determinación británica de acabar con la competencia «desleal» que para su comercio en expansión representaba el trabajo esclavo en otras naciones. Había que convencer al mundo de las bondades de la economía capitalista, con su mercado de trabajadores libres. Libres, aunque explotados más allá de toda medida, como nunca jamás lo había sido esclavo alguno.

A lo largo del siglo XIX se va estableciendo el cambio necesario de mentalidad para adaptar la producción, la economía y toda la sociedad a estas nuevas reglas del juego que perduran hasta hoy. El concepto de trabajo fue elevado a la categoría de virtud y al mismo tiempo se acababa con la lacra de la esclavitud que, por supuesto, tenía sus detractores entonces, como los había tenido en todas las épocas. Ciertas interpretaciones del socialismo también contribuyeron a este proceso, con su mitología del trabajador como héroe de la sociedad. Así se fueron poniendo los cimientos del mundo contemporáneo.

El proceso fue rápido y en cierto sentido fácil pero, por supuesto, no dejó de haber resistencias. Los propietarios de esclavos, por ejemplo, no vieron con buenos ojos esta nueva filosofía social, e incluso en España llegó a haber un partido negrero. Además, los nuevos trabajadores (los proletarios) serían libres, pero en realidad vivían bajo un régimen de explotación inhumano y, por si fuera poco, su extrema pobreza los mantenía atados a las fábricas y talleres con más solidez que las viejas cadenas. El sufrimiento del trabajador durante la Revolución Industrial constituye la base del movimiento obrero, una forma organizada y persistente de resistencia que, curiosamente, no había estallado (salvo casos esporádicos como el protagonizado por Espartaco) en los largos siglos de la esclavitud.

El proceso siguió adelante durante los siglos XIX y XX, en parte porque no carecía de fundamentos morales: la esclavitud era insostenible no sólo económicamente, sino desde el punto de vista social y humano. Por otro lado, el cambio de régimen de la masa trabajadora vino acompañado de ciertas «mejoras» que en parte fueron resultado de la propia lucha social, pero también aportación interesada de los grandes capitalistas.

La educación obligatoria, la sanidad universal, el servicio militar no clasista, los impuestos progresivos, los transportes públicos, la policía civil… Toda la batería de derechos y servicios públicos que fueron conformando, con gran lentitud y esfuerzo, el denominado Estado del Bienestar, tenían y tienen no obstante un lado oscuro: formar una masa trabajadora no ya eficiente, sino troquelada desde la cuna para ser piezas sanas, controladas y productivas de la gran cadena de montaje en que se fue convirtiendo toda la sociedad.

Una sociedad concebida como máquina, en la que cada ser humano no es más que un elemento intercambiable, prescindible, con una vida útil y un precio calculados de antemano. Este es el gran resultado del capitalismo: la deshumanización de Todo. No es extraño que sea el mundo capitalista, el abanderado de la democracia y los derechos humanos, el que haya engendrado las peores dictaduras y acometido las guerras más salvajes de toda la historia. Pero incluso después de estos procesos que sacudieron el siglo XX y pusieron a nuestra especie al borde la extinción, el proceso no ha parado.

A pesar de las proclamas de la I Internacional a favor de la emancipación del obrero, de su lucha por liberarse de las cadenas del trabajo, y de las brillantes argumentaciones acerca del carácter alienante del trabajo asalariado por parte de conocidos autores como Proudhon, Marx o Paul Lafargue, tras la defección de la socialdemocracia y la victoria de la revolución bolchevique casi nadie mantuvo la propuesta inicial del socialismo, es decir, la definitiva liberación del ser humano: la del trabajo. Por el contrario, a lo largo del siglo XX y también en lo que llevamos del XXI persiste la maligna idolatría de ese concepto y es llevada a extremos tan delirantes que hoy incluso los ricos trabajan, lo cual es el colmo de la estupidez. Una masa de trabajo inagotable, absorbente y alienante con el único objetivo de mantener la máquina en funcionamiento, sin una finalidad clara y sin un progreso definido (más allá de las invenciones técnicas). El resultado: una humanidad cada vez más desquiciada.

Hoy, en el apogeo de la tecnología, proponer el fin de la civilización del trabajo para sustituirla por una cultura del ocio y la creación, mucho más humana y productiva, sigue siendo cosa rara y hasta mal vista. Por el contrario, se han acentuado todos los vicios del capitalismo hasta extremos de locura. Si la educación pública tuvo en sus orígenes una intención humanista, hoy, con o sin planes Bolonia, no se intenta siquiera disimular que el fin determinante del sistema educativo no es otro que disciplinar a los hijos de los trabajadores y generar «profesionales» entre los vástagos de las clases acomodadas, como corresponde a una sociedad cada vez más desigual y clasista. Del mismo modo, la sanidad parece orientada más como un taller de reparaciones que como un sistema que garantice la salud del común. El transporte público fomenta la expansión urbana y aleja a las personas más que acercarlas. La policía, que históricamente surgió como parte de la protección del procomún y el ordenamiento administrativo de la res pública, bajo el concepto de protección al ciudadano, ya no disimula su función pretoriana y represora en favor de los más ricos y de la propiedad privada. Y así la deseada sociedad global se ha transformado en una pesadilla obsesiva de control, producción y consumo.

En los últimos años el fenómeno del desclasamiento en las sociedades desarrolladas ha fomentado esta situación. La clase trabajadora, que constituye la mayoría de la humanidad, creyó ser clase media y adoptó los vicios tontos de esta casta grisácea que sólo destaca, como su nombre indica, por la más completa mediocridad. El esclavo o el obrero tenían al menos la esperanza en la revolución y el orgullo del luchador, pero el homo urbano contemporáneo sólo aspira a consumir más y más y no tiene otra bandera que el dinero. Dinero del que nunca dispondrá en cantidad suficiente, pero al cual adora —y en esto todas las clases comparten la fe— como al único dios verdadero.

El servum romano y medieval, el trabajador antiguo, fuera o no esclavo, no siempre estaba encadenado, no vivía sujeto a horarios rígidos, y su calendario laboral estaba repleto de fiestas y días de asueto. El trabajador actual no conoce el descanso. Su mal pagada jornada se prolonga lo indecible en horas extraordinarias que regala al patrón a cambio del privilegio de poder trabajar. Y en sus ratos libres se somete a una rutina agotadora de ocio-consumo que le ata aún más, vía deuda, a esas cadenas invisibles que la mayoría no lograrán quitarse en toda la vida. Charlie Chaplin yalo reflejó magistralmente en la película Tiempos modernos: el trabajador de la sociedad industrial es el esclavo más esclavo de todas las eras, pues ya ni siquiera se le considera humano. No es más que un engranaje y, como tal, cambiable, prescindible.

La esclavitud industrial es el gran regalo cotidiano que nos hace a todos el capitalismo. Bajo el esplendor de una sociedad tecnificada, llena de luz y de conceptos hermosos, se esconde (pero no demasiado) el peor momento de toda la historia (de por sí triste) de la civilización. El miedo lo domina todo. Miedo al Estado y a sus fuerzas represivas, miedo al paro, a la miseria (o al no-consumo), a la delincuencia, a las enfermedades, al clima…

La etimología de tripalium quizá sea falsa, pero la sociedad idólatra del trabajo ha convertido la vida del ser urbano en un tormento peor y más duradero que el de Sísifo: ansiedad, obsesiones, angustia producida por una precariedad eterna que frena a todos el acceso al falso paraíso del consumo. Y ahora el amo ni siquiera está obligado a dar cobijo y comida al esclavo. En los viejos tiempos los amos más despreciables hacían horro (libre) al esclavo viejo. De aquí viene el término «ahorrar», pues de este modo, cuando el siervo ya no podía trabajar más, los amos se evitaban pagar la manutención y cobijo del que les había servido.

El amo actual es mucho más miserable que aquellos canallas, pues al tiempo que acumula riquezas más allá de toda capacidad de gasto, el rico contemporáneo, el «triunfador», «ahorra» continuamente de sus nuevos esclavos. Esclavos que ni siquiera saben que lo son y que ansían trabajar más y más, incluso gratis, porque el trabajo se ha convertido en el gran valor social.

Una sociedad sana debería aspirar a la abolición del trabajo, como se sugirió por última vez durante el Mayo del 68. Para eso inventamos máquinas: para trabajar lo menos posible. Pero lo cierto es que nunca ha habido tantos trabajadores, ni trabajando tanto, como ahora. ¿Qué es lo que falla? Pues por abajo el miedo de los pobres a ser más pobres aún. Y por arriba, el miedo de los poderosos a una sociedad liberada de la mayor de las prisiones: el propio trabajo.

Una humanidad libre de esta carga, dedicado cada cual a su «labor», a una actividad creativa y satisfactoria, sería también una sociedad equilibrada, formada por personas pensantes y reflexivas. Y en un ambiente así el rico, insolidario y avaricioso, no tiene cabida. Por eso se procura mantener a la gente cada vez más ocupada, bien en el tajo, bien en un ocio que muchas veces resulta más embrutecedor y cansino que el propio trabajo.

El trabajo no es una virtud, no ennoblece ni engrandece ni, utilizando el palabro de moda, «realiza». El trabajo, como se sabe, no es más que una maldición de Dios. Pero esto, en una sociedad que ha perdido todos los valores, tampoco tiene mayor importancia. En otras épocas, no tan lejanas, se reivindicó el valor del ocio, del tiempo libre, de un reparto de la riqueza que nos permitiera a todos trabajar menos y vivir más. Hoy nos batimos por conseguir un trabajo peor que el de un esclavo, que nos permita malvivir con las sobras de la sociedad de consumo.

12 Comments

  1. Paco Bello
    Paco Bello Febrero 11, 2013

    Aunque algunos no crean ver conspiraciones de largo plazo, la moral calvinista que con distintos disfraces y métodos logró imponerse (nunca sabremos si con la religión como herramienta, como coparticipe o como núcleo), llegó para quedarse incluso si para ello tenía que someter a la razón singular.

    Por eso hoy es de valientes decir que al agua moja, que la sanidad no puede ser un negocio, o que en esta sociedad se han creado necesidades absurdas para no afrontar que nuestra realidad tecnológica debiera haber creado un nuevo mundo que nunca se ha dado (incluso allá donde se vive con relativa dignidad).

    Hoy, si dices que todo está del revés por el interés de unos pocos (los mismos pocos de siempre), eres solo un tonto idealista que pretende enfrentarse al shock constante con intangibles inalcanzables. Y quizá tengan razón.

    La tengan o no, a mí solo me interesan hoy este tipo de artículos, y por eso, por la parte que me toca, te lo agradezco.

    Un abrazo.

  2. José Manuel Lechado
    José Manuel Lechado Febrero 11, 2013

    Muchas gracias, Paco. Creo que en los tiempos que corren es imprescindible hablar, entre otras cosas, de lo obvio.
    En un mundo que produce alimentos y bienes en exceso, gran parte de la población sufre privaciones. Es evidente que hay algo que está muy mal organizado. Y entre este algo, sin duda el mundo del trabajo: millones de horas de esfuerzo desperdiciadas inútilmente, tan sólo para enriquecer a esos, a “los de siempre”.
    Así que, adelantándome a las previsibles críticas de los que leen a medias, no estoy haciendo aquí un elogio de la vagancia, sino un llamamiento a una nueva organización social. Cosa que hago aquí, y en mis demás artículos.
    Un abrazo.

    • lamareenoire
      lamareenoire Febrero 11, 2013

      Precisamente porque la desigualdad, la corrupción, la explotación y otras tantas lacras forman parte de “lo obvio”, es por lo que debemos continuar hablando de ellas… Digamos bien alto que NO HAY NINGUNA NORMALIDAD EN LA DESIGUALDAD, EN LA EXPLOTACIÓN, EN LA CORRUPCIÓN, EN EL ABUSO NI EN LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL…

      Salud Jose Manuel

  3. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas Febrero 11, 2013

    HOY HE VISTO DOS NOTICIAS, QUE NO ME DEJAN INDIFERENTE, Y ESO, QUE TODOS LOS DÍAS, ES UN BOMBARDEO DE NOTICIAS DE TODOS LOS TIPOS, QUE NO SÉ, CÓMO PODEMOS RETENER EN LA MENTE, PUES SON ASFIXIANTES,Y DESALENTADORAS PARA CUALQUIER PERSONA NORMAL. UNA, LA DE UN PRESTAMISTA, CON AIRES DE COSTELLO, O CORLEONE, QUE PRESTABA DINERO, Y SI NO SE LO DEVOLVÍAN, ACTUABA CÓMO TAL. CON AMENAZAS Y AGRESIONES, Y LES COBRABA RÉDITOS GRANDES, POR EL RETRASO, POR LO QUE SE DEDUCE, QUE LOS ABUSOS YA SE EXTIENDEN, DE LOS BANCOS A LOS PARTICULARES, Y QUE PRONTO VEREMOS EXTENDERSE LOS SUICIDIOS, O LOS ATAQUES TIPO AL CAPONE, AL QUE NO PAGUE, POR LA PROTECCIÓN, DEL QUE LOS ROBA. LA HISTORIA SE REPITE, EN VERSIONES, 2013. Y LA OTRA, ES, LA DIMISIÓN DEL PAPA. NUNCA PENSÉ, QUE BENEDICTO XVI, LO HICIESE, ANTES DE RAJOY, Y SU BANDA ORGANIZADA. ME GUSTARÍA SER INVISIBLE Y ESTAR EN LA ALCOBA DEL PAPA, Y CHARLAR CON ÉL HACIENDO YO, DE CURA Y ÉL, DE CONFESADO, Y ME EXPLICASE LA VERDAD, DE SU DIMISIÓN. YO, NO CREO QUE TENGA ALZHEIMER. TIENE QUE SER OTRA COSA, PUES SON TANTAS LAS DENUNCIAS A LA IGLESIA, (QUE SIGUE, CÓMO SI NO HUBIESEN PASADO MILENIOS, YO CREO, QUE SIGUEN CREYENDO QUE LA TIERRA ES PLANA)POR SU FORMA DE ACTUAR DE MANDATARIOS, OBISPOS, CARDENALES Y CURIA ENTERA, EXTÁTICOS, DIFERENCIADORES DE SEXOS, AMPARÁNDOSE EN SU PODER OMNÍMODO, DE JUECES DE TODO LO QUE ÉLLOS CONSIDERAN PECADO, Y EJERCIÉNDOLO ELLOS CON FANTASÍASA INIMAGINABLES, CON LA PEDOFILIA, EL MARTIRIO O LA QUEMA DE HEREJES QUE NO LES INTERESA QUE VIVAN, INCLUÍDOS PAPAS QUE QUIEREN CAMBIAR CON LOS TIEMPOS, CÓMO LO HIZO JUAN XXIII, CON MUCHÍSIMAS COSAS, Y MÁS QUE PENSABA HACER, CON TRAJES, TOCAS, MISAS EN EL IDIOMA QUE LOS REZABA, COMUNIONES DESDE QUE EL NIÑO AUNQUE NO TENGA LA EDAD, SI ÉL LO PIDE, ETC, ETC, Y LA MUERTE DE PABO VI, ENVENENADO EN SU ALCOBA A LOS POCOS MESES, DEL PAPADO, PORQUE QUERÍA CAMBIARLO TODO, Y ESO, NO LE CONVENÍA, A LA CURIA. Y YENDO CONTR NATURA, CON EL CELIBATO OBLIGATORIO, QUE A LA LARGA LES OBLIGA, A CONVERTIRSE EN UNOS FALSOS CÉLIBES. Y DESPRECIANDO LA CALIDAD Y LOS DERECHOS DE LA MUJER, DICIENDO, QUE ESTÁ HECHA DE LA COSTILLA DEL HOMBRE.NO SABRÉ NUNCA PORQUÉ, HA DADO ESTA CAMPANADA, PERO LE APLAUDO, POR HABER TENIDO EL CORAJE DE IRSE, Y QUE NO LE PASEEN MUERTO POR LAS CALLES DE ROMA. AHORA, QUEDA LA INCÓGNITA DE CONOCER, AL NUEVO, A VER POR DONDE TIRA. SI ES CAPAZ DE MODERNIZAR, (YA QUE NO QUITAR ESE NEGOCIO REDONDO, QUE ES LA IGLESIA)Y SER UN PAPA JOVEN CON IDEAS CLARAS….SI LE DEJAN, CLARO. Y TE ENTIENDO PACO, CON CALVINO.¡¡QUE DIOS NOS ASISTA!!.PERO, LO PEOR DE TODO, ES LA GENTE DE TODO EL ORBE, QUE VA, CÓMO POSESA A ROMA A POR SU BENDICIÓN.SALUD Y SUERTE.

    • BRAULIO
      BRAULIO Febrero 12, 2013

      Al que asesinaron fue al papa Juan Pablo I, que ejerció aproximadamente un mes.
      Ha sido un error de cálculo, seguro.

  4. Mandarina
    Mandarina Febrero 11, 2013

    Se agradece enormemente leer tantas verdades juntas, y tan bien dichas. Creo que mucha gente tenemos esas ideas en la cabeza, pero nos cuesta expresarlas. Tu discurso me ha recordado lo que sobre el trabajo pusieron los nazis en los campos de concentración: “El trabajo dignifica”. Sigo sintiendo un escalofrío cada vez que lo pienso.

    Puede que seamos utópicos si expresamos ese tipo de ideas en una sociedad como la que tenemos hoy, pero puede también que sea la manera de retomar unos valores que escasean demasiado. Habrá que insistir mucho para que los conceptos “desigualdad”, “abuso”, “corrupción”, violencia institucional”, “terrorismo de estado”… vuelvan a ser lo que realmente son. Esos conceptos están ahora desfigurados y ensombrecidos por una ideología consumista que solo elabora forma distintas de producción y acumulación para beneficio de unos pocos y en detrimento de una mayoría de la población.

    Salud.

  5. WalkiriaSUMIONDA
    WalkiriaSUMIONDA Febrero 11, 2013

    La característica principal de la condición humana no es la de su pertenencia a una clase u otra o al lugar que ocupe en el reparto del gran pastel social sino de si está y vive dentro de la lógica o fuera de ella. Pues bien, al ser humano le compete el sospechoso honor de ser la bestia animal más ilógica de las conocidas. Vivir fuera de toda lógica es el común denominador de aristócratas y plebeyos, de ricos y pobres, de los que tienen y de los que no tienen. Las esclavitudes campesina e industrial de otras épocas ha dado lugar a una alienación si cabe mucho peor: el no control en absoluto no ya de lo que se hace con las plusvalías de los productos producidos sino con la dirección histórica que se imprime a toda una economía estatal.
    La reivindicación al trabajo o de más trabajo previsto como derecho constitucional es una demanda para confirmar una forma de vida un tanto supeditada a un guión no libremente elegido. ¿Trabajar? desde luego, pero trabajar dentro de una lógica tanto particular como general. Esa lógica llevaría a fusionar trabajar y placer, algo bastante distante de los empleos vigentes y de los que se vayan a crear.
    Trabajar para otro solo por razones económicas y sin medir las consecuencias desastrosas para el medio ambiente y para la propia especie, no.
    Es un misterio como todas las reivindicaciones acerca del trabajo y las polémicas generadas en distintas épocas acerca de las fluctuaciones del empleo de lo que menos hablan es de la ética de sus actividades. Contratistas y contratados se ponen de acuerdo tácitamente en una relación interlaboral en lo que menos se habla es del ethos de lo que se vaya hacer priorizando y exclusivizando prácticamente su oportunidad y los beneficios repartir que produzca. El del asalariado puede ser la menor parte pero su responsabilidad en el impacto general no es mayor.
    Al cuño de las servidumbres históricas ahora hay una servidumbre a la prevalencia aunque esta sea a costa de los demás.

  6. David Sempau
    David Sempau Febrero 12, 2013

    “El miedo lo domina todo,” dice el autor, y sigue “Miedo al Estado y a sus fuerzas represivas, miedo al paro, a la miseria (o al no-consumo), a la delincuencia, a las enfermedades, al clima…” Se olvidó del miedo al terrorismo, sabiamente generado con los autoatentados de las Torres Gemelas y el Pentágono, cuyo miedo genera además miedo al diferente, al otro, al de otra cultura o religión. Miedos que lo justifican todo, desde el espionaje ciudadano a la proliferación de empresas (negocios) de “seguridad”, desde la identificación biométrica obligatoria hasta el semiestriptís forzado en la fila de espera del aeropuerto.
    La etimología del instrumento de tortura tripalium no tiene nada de falsa, como podréis comprobar aquí: http://etimologias.dechile.net/?trabajo; http://en.wikipedia.org/wiki/Tripalium, como también en la página 686 del “Breve diccionario de la lengua española” del Dr. Guido López Da Silva.
    ¿Dónde quedaron las promesas de Jean-Jacques Servan-Schreiber, que pronosticaba una era de horarios reducidos de trabajo gracias a la tecnología? Ahora cada vez menos personas trabajan cada vez más por menos, mientras que los demás quedan fuera del sistema, a merced de la precariedad y la miseria. Ni los unos ni los otros gozan de la tierra prometida por el escritor francés. Lo explicó clarito Itamar Rogovsky, experto en gestión empresarial, licenciado en Psicología Organizacional y presidente del Instituto para el Desarrollo Organizacional de Israel, en su entrevista con Ima Sanchís en “La contra” de La Vanguardia (Barcelona, 28 de Noviembre del 2001): “Hoy, las empresas nos compran el alma… Hay otra forma de definir la globalización: Vas a trabajar más, vas a ganar menos y tienes que ser feliz con eso”
    Los propios sindicatos, verdaderos cómlices necesarios del delito capitalista, contribuyen a deformar la mentalidad colectiva al insistir en reivindicar “trabajo para todos”, en lugar de un justo reparto de la riqueza y una vida digna para tod@s. El gran éxito del capitalismo, su victoria final, consiste en que, como muy bien señala José Manuel Lechado, nos hayamos dejado degradar hasta el extremo de suplicar “un trabajo peor que el de un esclavo, que nos permita malvivir con las sobras de la sociedad de consumo.” ¿Para cuándo la gran revolución de las mentes, que de paso a la gran revolución de la sociedad? El poder está en nuestras manos, somos nosotr@s quienes pagamos la fiesta y los desmanes de una elite de sinvergüenzas sin escrúpulos. Basta con dejar de pagar para que su juego siniestro se acabe para siempre.
    ¡Un abrazo para tod@s!

  7. El Papagayo-Cacatúa
    El Papagayo-Cacatúa Febrero 12, 2013

    Sr. Lechado totalmente de acuerdo con todo lo que dice.
    De lo mejor que he leído en los últimos tiempos por Internet.
    … y al valor/prestigio social del trabajo que le vayan dando mucho por matarile.
    Antes, y sobre todo, nuestra formación/realización como personas; después, todo lo demás. O sea, LABORAR, PERO NO TRABAJAR.
    Un saludo y mi felicitación por el artículo.

    • El Papagayo-Cacatúa
      El Papagayo-Cacatúa Febrero 12, 2013

      Intentaré explicarme un poco mejor.
      – La sociedad se halla esclavizada por el consumismo que nos han inculcado. De ahí que la mayoría sólo piense en Don Dinero y la forma de conseguirlo, sin ser conscientes de su propia esclavitud (((para quien no lo conozca: Documental, “La servidumbre moderna”))).
      – Uno de los cometidos de la escuela es el “fabricar” ciudadanos dóciles/maleables que sean buenos/obedientes productores y consumidores y, a ser posible, carentes de sentidos crítico.
      – Por supuesto que lo deseable sería la cultura del ocio,donde el ser humano tuviese el tiempo y oportunidad de desarrollarse en toda su plenitud (mediante el desarrollo de todas sus potencialidades), pero… ¡oh, amigo!, la insaciabilidad del capitalismo no lo va a permitir nunca.
      – Por último: la Policía y el Ejercito, ¿qué decir de estas instituciones?: No están para proteger al ciudadano, sino para salvaguardar los privilegios del Poder.
      Así lo veo y así lo expongo.
      Saludos libertarios. Y de nuevo, gracias por tu artículo.

  8. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas Febrero 12, 2013

    DESDE LUEGO, EL ARTÍCULO, ES MARAVILLOSO Y VERAZ, CÓMO LA VIDA MISMA. AUNQUE SIEMPRE HAY MATICES. NO TODO ES ABSOLUTO, PORQUE SOMOS HUMANOS, Y NUESTRA VIDA ES CORTA, COMPARADA CON EL MUNDO, Y SUS DIFERENTES ETAPAS DE DIFERENTES CLASES DE GOBERNAR, DE CONCEPTOS DE LA VIDA DE LOS DIFERENTES CONTINENTES COLORES Y RELIGIONES, FORMAS DE GOBIERNOS, Y VALORES DE CADA GENERACIÓN, Y ESO, LO CAMBIA TODO. NO SE PUEDE COMPARAR LAS GUERRAS DE HOMBRE A HOMBRE, CON LA DE MÁQUINAS, CADA VEZ MÁS INFERNALES, Y ASESINAS. PERO LA MENTALIDAD, O ESENCIA DEL SER HUMANO, CABEZA Y CORAZÓN ADENTRO, ES LA QUE DEFINE AL INDIVIDUO, EN CUALQUIER ERA DE NUESTRO MUNDO, Y LO QUE ES BUENO PARA HOY, MAÑANA, YA NO SIRVE. ASÍ SOMOS. LA ESCLAVITUD DE UN SER VIVO, SIN DERECHO A PROTESTAR CONTRA SU AMO, YN A HACER TODO LO QUE ESTE LE ORDENE SIN RECHISTAR, SIEMPRE SERÁ ESCLAVITUD, Y EL QUE LA DESOBEDIENCIA SEGÚN EN QUE TIEMPO SE PRODUCE, LO MISMO TE ENVÍA A GALERAS, QUE A SING SING, O ALCALÁ MECO.Y EL ESCLAVO, ES IGUAL QUE SEA, TRABAJANDO EL ALGODÓN, SACADO DE SUS RAÍCES, QUE LA DE APRETAR TUERCAS, CÓMO CHAPLIN, O LA DE LOS CAMPESINOS, DE SOL A SOL, PASANDO POR LIBRES, PERO SUFRIENDO LOS RIGORES METEOROLÓGICOS, PENDIENTES A TODAS HORAS, DE SU COSECHA, PARA QUE CUANDO LLEGA AL CONSUMIDOR, HAYA PASADO POR VARIAS MANOS QUE NO HAN HECHO NADA, EN LAS QUE VAN QUEDANDO TODAS LAS GANANCIAS, PARA ELLOS, QUE LO HAN SUDADO CON SANGRE, COBRAR DOS PERRAS GORDAS (SI NO LES CAE UN GRANIZO QUE LES ARRASA), Y LOS INTERMEDIARIOS, GANAN, Y LOS CONSUMIDORES PAGAMOS. YO, NO PUEDO CREER, QUE SI HAY UN DIOS, DIJESE, QUE GANÁSEMOS EL PAN CON EL SUDOR DE NUESTRA FRENTE, Y HAYA PUESTO TANTAS COSAS BELLAS PARA CONTEMPLAR, Y GOZAR, Y EN DUWAIT, VIVAN, SIN DAR GOLPE, CON UN MONTÓN DE MARAVILLAS, PORQUE TIENEN PETÓLEO, Y EN ÁFRICA, LA GENTE NO TIENE QUE LLEVARSE A LA BOCA, NI AUNQUE QUIERA SER ESCLAVO. YO, NUNCA HE TENIDO NADA DE RIQUEZA, NI GRANDES COMODIDADES, Y HE SIDO FELIZ, CON MUCHAS PEQUEÑAS COSAS, Y NO NECESITO NADA MÁS. EN AMOR, SOY MILLONARIA, SIEMPRE LO HE SIDO A TODOS LOS NIVELES. Y JAMÁS HE SOÑADO CON LA RIQUEZA. PERO MI PADRE, ESTUVO EN LA GUERRA DE CUBA, Y ME CONTABA COSAS, QUE HARÍAN EXTREMECER, A CUALQUIERA, Y LA ESCLAVITUD ES UN HECHO, ANTES DE SER AMÉRICA LA DUEÑA DEL PODER MODERNO. LEÍ, UNA NOVELA QUE ME DIO, QUE SE LLAMABA “VENGANZA AFRICANA”, Y DA PAVOR, VER LO QUE HACÍAN LOS SEÑORES DEL SUR. Y “LA CABAÑA DEL TÍO TOM”, DE HARRIET BECHER STOWE, REFLEJA AQUEL TIEMPO DE UNA FORMA, QUE A MÍ ME MARCÓ.Y LA ESCLAVITUD DE AHORA, Y FORMA DE VIDA, ACCELERADA Y SIN PODER GOZAR, DE NADA, PENSANDO EN LAS FACTURAS , LOS RECORTES, LOS POLÍTICOS CORRUPTOS, Y EL TRABAJO, PARA PODER SOBREVIVIR. PARA MÍ, ESO NO ES VIVIR. Y MIENTRAS SIGAMOS CON EL CONSUMO DE TODA LA TECNOLOGÍA, QUE SE QUEDA OBSOLETA DE UN DÍA PARA OTRO, NO TENDREMOS UN MOMENTRO DE PAZ. PORQUE DA LA CASUALIDAD, DE QUE LOS GOBERNANTES SIENTEN LA MISMA ATRACCIÓN, POR LO NUEVO MODERNO, LUJOSO Y CARO. Y ALGUIEN TIENE QUE PAGARLO. Y ESE ALGUEN, NO SON ÉLLOS, QUE NO PUEDEN VER, SUS ARCAS VACÍAS. Y SIGO, APLAUDIENDO AL PAPA, QUE SE HA CANSADO, DE TANTA INTRIGA ECLESIÁSTICA.SALUD Y SUERTE.

  9. Zíngano
    Zíngano Febrero 12, 2013

    Ninguna demanda de privilegio, o derecho alguno tiene sentido, pues cada cual siempre es libre para actuar con libertad. Actuar libremente, es hacerlo sin supeditación a la persona, cuya forma, adherida al contexto dentro del que es considerada según un cierto sistema de valores, queda evidenciada en su limitada, aunque persistente vigencia operativa.
    La libertad, no se halla en la dispersión funcional que mantiene, el acto libre, escindido de una conciencia liberada, sino en el punto de rendición de las razones, y las emociones, que recíprocamente se alimentan una de otra, dentro de un proceso cerrado, cuya mecánica permite que la voluntad sea expresada como propia desde un proceso alienador inductivo previo.
    La conciencia de la liberación, no es semejante siquiera, a la conciencia liberada. Decir,”Soy libre”, es no entender en que consiste la libertad, pues ésta, no es sino la noción holística, interactiva, y dinámica, de la potencialidad pura. He ahí el porqué de que lo verdaderamente liberador sea cobrar conciencia del esclavo propio, pues resulta el único mecanismo que permite recuperar el uso de la voluntad, para enfocarla hacia la comprensión de lo ontológicamente verdadero.
    Hacer lo que a uno le viene en gana, no es actuar libremente, pues la libertad no se halla en el acto, sino en la dinámica en la que se integra. Cuando a través de un acto, o no acto, la potencialidad permanece no distorsionada, manteniendo respecto de la dinámica generadora, un equilibrio indistinto de la conciencia liberada, puede hablarse de impecabilidad. Así, no es que ocurra porque lo digan los sabios, sino porque es como funcionan las cosas: Si uno da lo que recibe, recibe lo que da.
    Son cosas bien sencillas, que cualquiera podría contemplar, y algunas de las opciones más interesantes propiciadas, en gran medida, por la crisis.
    La pulsión de nuestro tiempo, tiene que ver con la poca atención que brindamos a la potencialidad pura. Creemos que todo es filón del que arrancar a pico su rica beta, cuando la riqueza está básicamente en la contemplación del Omniverso que implica. Al ser incapaces de tal, ese vacío diferencial clama por ser llenado con algún tipo de sucedáneo, y ahí comienza a establecerse el interés propio que da origen a la persona. Es ese contexto de rentabilidad, y necesidad de ganancia, el establecido con respecto al olvido, que siendo ya subsumido a nivel de conciencia, ignora respecto de qué. La alienación básica, se produce en ese lugar del sujeto especular en que uno se convierte, y de tal modo, sin saber de donde procede, concibe la magnífica idea de “ganancia”, sepultando toda posible comprensión verdadera de la potencialidad pura.
    Así es que la Libertad queda secuestrada en el proceso de consecución de “las libertades”. Estas son el origen de la esclavitud de nuestros días, por ello son refrendadas por constituciones nacionales que obran como contrato de arrendamiento de nuestras existencias. Qué nefastos contratos inventan los humanos para hipotecar sus vidas.
    Existe la granja, y ésta es creada en sinergia entre pastores y ganado. Los pastores, simplemente lo son, pues saben como convertir en ganado a todos quienes para ello precisan; a saber: Cuantos quepan. Saben como hacerlo, porque se conocen a si mismos hasta tal punto, que el olvido no es completo. Por ello, contemplan el poder, e incapaces de mantener su conciencia en sintonía con la Alegría verdadera, ante la Potencialidad pura, admiten corromper su esencia en ellos. Así es que no actuando impecablemente, e impidiendo las vías de acceso del ganado a su propia conciencia liberada, solamente les queda aplazar la muerte, y disfrutar de las ventajas que su podredumbre les otorga. Pobres abominaciones, que han aprendido a huír de su propio juicio moral, sabiendo, como en verdad es, que lo único moral que cabe en cada universo posible, proviene de esa sencilla decisión de que la impecabilidad sea acto al que brindar la existencia, rindiendo la vida en ello. ¿Es acaso comparable? Lo que cada cual decide, es su propio castigo o recompensa. Las consecuencias de los actos, se escenifican como mecanismo de control. Así se va componiendo el muro invisible, dentro del cual nuestra única opción viable es convertirnos en ganado.
    Cuanto más alto nos jactamos de ser humanos, y no bestias, más arrastramos la potencialidad del ser humano por los lodos de la ignorancia ciega de si msma.
    No hay solución.
    Tampoco problema.
    No hay dilema, y si lo hay, ese habrá de ser el lugar desde donde partir.
    Lo que hay, es una conciencia que liberar.
    Podemos actuar impecablemente.
    Podemos ser la Potencialidad pura abriéndose paso a través del olvido primigenio.
    Podemos tomar el Poder, y dejarlo SER.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: