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España y otras dictaduras árabes

Santiago Alba | Cuarto Poder | 27/02/2013

Vista desde Túnez, dos años después de la revolución que derrocó a Ben Ali, España resulta inquietantemente familiar. En el año 2010, el 55% de los jóvenes diplomados tunecinos estaba en paro y esa es también la cifra hoy en nuestro país. En el año 2010, la aplicación de políticas neoliberales en Túnez, con la privatización de más de 400 empresas públicas, había agravado la pobreza en las regiones y las desigualdades en las ciudades, y esa misma política de “reformas”, “ajustes” y “recortes” ha condenado ya a miles de españoles a la muerte civil. En el año 2010, un sistema tentacular de corrupción mafiosa, como una garrapata nacional, extraía riqueza en Túnez de cada cuerpo y cada institución, y hoy en España sale a la luz la normalidad subterránea de una clase política y empresarial que -desde la Corona a los partidos- se ha dedicado durante años a la doble contabilidad, la desviación de fondos, el fraude fiscal y la succión vampírica del dinero público.

En el año 2010, miles de jóvenes tunecinos emigraban o intentaban emigrar al extranjero para ganarse la vida y hoy son miles también, todos los días, los jóvenes que abandonan España para tratar de encontrar trabajo en Alemania, Suiza, Brasil o Argentina. A finales del año 2010, cuando estallaron las revueltas en Sidi Bouzid, el dictador tunecino que había empobrecido y humillado a su pueblo declaró a los pacíficos manifestantes “terroristas contra la legalidad” y “enemigos del Estado” y mandó a su policía a reprimirlos; y hoy en España, de forma muy parecida, los mismos que han desnudado  a los ciudadanos, vaciando para ello de sentido las elecciones y el Parlamento, acusan  de “golpistas” y “antisistema” -birlibirloque freudiano- a los cientos de miles de personas que salen a la calle, con sus pechos y sus  carteles, a defender la sanidad y la enseñanza públicas y mandan contra ellos sus policías y sus leyes de excepción. A finales del año 2010, la inmolación de Mohamed Bouazizi en un pueblo de Túnez levantó una trágica acta de acusación contra el régimen de Ben Ali y hoy, en España, tras decenas de suicidios inducidos de víctimas de desahucios, la inmolación por el fuego de una mujer de 47 años en una sucursal bancaria -socialización extrema del dolor individual- cose con una puntada atroz, a la vista de todos, la muerte y la política. El que se cuelga de una soga en su habitación, tenga o no razones, está impugnando el cosmos; el que se prende fuego en un espacio público, con fundamento o no, está reclamando justicia. Ninguna ley puede condenar al gobierno por una muerte inferida con la propia mano, pero sí debería haber una que pudiese condenarlo por prevaricación, fraude electoral, denegación de auxilio y violación de la constitución.

Muchas de las causas que llevaron a la revolución tunecina se mantienen desgraciadamente vivas, pero sirva este paralelismo apenas forzado para iluminar la situación en nuestro país. Nuestras mareas de indignados denuncian una “dictadura de los mercados”; pero podríamos decir también, sin perder la moderación, que España se ha convertido en “otra dictadura árabe”: paro, corrupción, criminalización de las protestas, desprestigio de las instituciones del Estado, colapso de la democracia. ¿Es lo mismo? No, no lo es. Más allá de la violencia mortal directa -que no hay que descartar si la marea no baja- encontramos al menos dos diferencias.

La segunda diferencia -empecemos por ella- está relacionada con la velocidad de la crisis y la composición sociológica de la población. En Túnez, la dificultad para acceder a bienes de consumo y la lucha -cuando no la supervivencia- clandestina transformaron la sumisión, apenas estalló la revuelta, en una inmediata aprehensión de los peligros y las oportunidades. En España, el rapidísimo descenso al Tercer Mundo desde una posición de consumo privilegiada y desde un Estado del bienestar relativamente bien asentado vuelve casi “increíble” la crisis, impide interiorizar su carácter estructural y entorpece en parte la asunción subjetiva de la necesidad de resistencia ciudadana.

En cuanto a la primera diferencia, tiene que ver con la composición misma de las élites gobernantes. En Túnez el poder estaba concentrado en un dictador y en una familia y frente a ellas la chispa de la rebelión convocó enseguida una especie de unanimidad nacional de la que formaban parte también sectores empresariales y élites reprimidas. No es sólo una cuestión de que en Túnez el poder estuviese más localizado y menos legitimado (que también); se trata de que en España la ciudadanía está mucho más sola. La “dictadura de los mercados”, en efecto, ha cooptado y corrompido al conjunto de las instituciones y ha implicado a casi todos los partidos y sindicatos, alimentando un desprestigio de la política que, además de fecundar el terreno para las alternativas neo-populistas y neo-fascistas, dificulta la legitimación social y la organización política de las protestas. Digamos la verdad: si la mayor parte de la población apoya virtualmente las reivindicaciones, ninguna fuerza política organizada -salvo grupos muy pequeños o por razones tácticas muy interesadas- está dispuesta a acompañar a las mareas ciudadanas hasta el final. La marea puede evaporarse como una rambla fugaz si no choca y derriba los obstáculos; y su fuerza misma depende de que encuentre canales para aumentar la presión y, llegado el caso, proponerse como alternativa de poder.

Como en Túnez en 2010, en España el malestar es vago e intenso; y la demanda de democracia y dignidad vagas e intensas también. La derecha, consciente de los peligros, ha comprendido que la crisis económica y política conduce sin remedio a la necesidad de un nuevo proceso constituyente y una “segunda transición”. Ante el derrumbe del PSOE y el desgaste del PP, preparan los recambios e incluso aceleran de manera controlada el fin de régimen para poder seguir sosteniendo las bridas en medio de la tormenta e inclinar el malestar ciudadano una vez más a su favor. ¿Y las izquierdas? Las izquierdas deberían comprender que, si ese malestar y esa demanda son potencialmente anticapitalistas, no son ellas las que están en mejor posición para gestionarlas; sus sensatísimos programas son “inaudibles” porque sus partidos y sus sindicatos, sus líderes y sus símbolos, han quedado también impugnados por la irrumpiente subjetividad de la crisis. Cuando los peligros son pequeños y las posibilidades de intervención nulas, uno puede enorgullecerse de ser una minoría y dedicarse a conservar los propios himnos y las propias banderas. Cuando los peligros son gigantescos y el margen de maniobra mucho mayor -porque hay gente en la calle o dispuesta a salir a la calle- no se puede renunciar a ser mayoría, porque el más pequeño parche, en estas condiciones, sólo se puede poner desde el gobierno y porque, en estas condiciones, el más pequeño parche tiene ya una dimensión revolucionaria.

Que esta “vaga intensidad negativa” conduzca a un nuevo proceso constituyente democrático o a una “segunda transición” hacia un capitalismo aún más duro dependerá en parte de la capacidad de la izquierda para volcar su programa en el molde de un programa común; es decir, el de esa “gente común” que ha tomado conciencia del fraude y aspira, como en Túnez, a una verdadera democracia basada en la dignidad, la libertad y la justicia social.

(*) Santiago Alba Rico es escritor y filósofo.

7 Comments

  1. Mandarina
    Mandarina Febrero 28, 2013

    Se podrá decir más alto, pero no más claro. A esto, amigo Paco, hay que sumar la marea soterrada que quiere resurgir desde el estamento militar, como deja ver el artículo publicado por Lamareenoire. Es preocupante, y hasta temible, el eco de esos tambores lejanos que pretenden acercarse.

    Saludos.

  2. Indignado
    Indignado Febrero 28, 2013

    Acertada comparación hasta el final. Ahora falta saber donde está la izquierda, en la calle seguro pero en el parlamento lo dudo. Habrá que crear esa izquierda, si es coherente no le faltara el apoyo, la necesidad de concretar en algo toda la indignación y el descontento se hace cada vez más necesaria.
    Lo que llama la atención es que con la falta de representación en el parlamento que de salida al descontento, la cómoda gobernanza del partido en el poder, y la ausencia de un fuerte oposición, es ver como esos dos partidos que han dominado la política desde la transitraición, con su bi-partidismo excluyente y acosador a cualquier nuevo partido que pudiera romper el matrimonio de conveniencia, solo ha bastado dejarlos solos para que desde dentro se empiecen a devorar, y de paso sacar a la luz sus chanchullos, sus puñaladas traperas y hacer que comprendamos, por si había alguna duda, el porque y el para que de su existencia, los verdaderos intereses y lo poco que les importan los ciudadanos más allá de sus votos legitimadores.
    Tanto traje, tanta colonia cara, tanta distancia con el pueblo para que no nos llegue su miserable olor a rancio y cuerpos en descomposición, han llevado tan alta la infamia que cualquier persona decente se lo tiene que pensar más de tres veces, y aun así, no dar el paso para entrar en el lodazal en que han convertido la política, las instituciones y todo lo que haya nacido de la avaricia de unos muchos, para vivir a costa de un pueblo castigado, engañado, sacrificado y apaleado.

  3. Walkiria SUMIONDA
    Walkiria SUMIONDA Febrero 28, 2013

    O el volumen de protestas y de energías reivindicativas se concretan en un proceso unificado hacia unos retos muy precisos o quien va a tomar la iniciativa para el rescate del capitalismo van a ser los sectores rancios de la sociedad. Como que no hay una izquierda acreditada ni un proceso de coordinación que levante un bloque social unitario o una alianza ciudadana, el peligro del populismo y el de surgimiento de grupos extremistas no se puede descartar. Los movimientos en si mismos cargan de furia el ambiente y abonan la realidad para subscribir una iniciativa radical en cuanto surja. Los movimientos populares no están tan definidos como para que se pueda hablar de una conciencia revolucionaria generalizada que quiera cambiar de sistema. Transformar la sociedad al gusto de todos es un imposible categórico. Solo se construirá un futuro depurando los errores del pasado y a sus actores. Probablemente las medidas sociales más claves para la alternativa económico-social pasarán o pasarían por su impopularidad (desde cuestionar el prurito de propiedad privada para todos a empleo seguro en la misma empresa para toda la vida laboral). Los movimientos de protesta con todo su valor histórico (por aquello del gran valor de cada paso real de dichos movimientos) pueden ser paseos en círculo (como así manifiestan las manifestaciones ritualizando los mismos itinerarios) y constituirse en carne de cañón para secundar un nuevo partidismo que pudiera surgir. Tan pronto surja un grupo organizado que decida un programa de leyes políticas y económicas minima y haga campaña (megafonía en mano en todos los foros y espacios de reuniones) los movimientos podrían posicionarse. Si en su lugar pesa la inhibición es porque hay un temor a liderar ese proceso para una conquista legal parlamentaria.
    El escenario político encuentra a faltar un nuevo discurso. Nuevos nombres y nuevas caras que persuadan a la sociedad de la necesidad de su re-nacimiento. Lo que va de esta segunda década la multitud de movimientos en todas partes demuestran que se pueden derrocar regimenes pero no necesariamente reconstruir sociedades y aun menos empezar a superar las leyes del mercado. Posiblemente el sistema capitalista no caerá hasta que no caiga con un efecto dominó, a partir de un país clave que lo haga tambalear a escala mundial, algo sumamente improbable con la emergencia de capitalismos de reestreno como nuevas potencias de países apartados de los privilegios de las potencias de primera línea.

    • Paco Bello
      Paco Bello Febrero 28, 2013

      No hace muchas horas he utilizado exactamente el mismo discurso. Pero aquí nos enfrentamos a muchas variables, y creo que nombras algunas de las fundamentales.

      Algo habrá que hacer porque no podemos escondernos de nuestra conciencia indefinidamente, y puede que logremos hacerlo entre todos.

  4. BRAULIO
    BRAULIO Marzo 1, 2013

    Se me ocurre que se tienen que ir señalando senderos y marcando vías que deben recorrerse para lograr los objetivos.
    Está muy bien aclarar los peligros que supone tomar los atajos equivocados. Pero se necesita, además de desechar el camino erróneo, tener claro cuál es el correcto.
    Los que no alcanzamos a comprender los entresijos de la política rogamos a los entendidos que nos echen una mano para no cometer torpezas que lamentaríamos.

  5. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas Marzo 1, 2013

    QUERIDO BRAULIO: NO HAY QUE METERSE EN DISQUISICIONES, SOBRE CUAL ES EL CAMINO PERFECTO, PARA LLEGAR AL OBJETIVO, SI ES RECTO U OBLÍCUO. PORQUE NOSOTROS TENEMOS LA INTELIGENCIA SUFICIENTE, PARA BUSCARLO Y ELUDIR EL INCORRECTO.LO QUE ESTAMOS SUFRIENDO, NOS LO SEÑALA, Y DESVIADO O NO, TODOS SON EL JUSTO. OS VENGO ADVIRTIENDO, DE ESTO , PORQUE CUANDO EL EJÉRCIOTO, QUE CASI SIEMPRE SUELE SER DE DERECHAS, SOBRE TODO QUIEN LOS MANDA, PORQUE LOS SOLDADOS, NO CREO QUE QUIERAN MORIR POR CAUSAS PERDIDAS. LOS OBLIGAN, LOS PERSIGUEN POR PRÓFUGOS, O LOS FUSILAN POR INSUBORDINACIUÓN, CUANDO ESTALLA UNA GUERRA. PERO LOS MILITARES, SIEMPRE HAN PREFERIDO, USAR LAS ARMAS, QUE LA PALABRA. SI NO HA SIDO CON SABLES, CON FUSILES BOMBAS, MISSILES O GASES ASFIXIANTES. CÓMO SEA, PERO SIEMPRE CON LA FUERZA. NO DEIS LUGAR A QUE SE ORGANICEN. LO SÉ POR PROPIA EXPERIENCIA. CREEDME. HACER CASO A MANDARINA QUE ES JOVEN, PERO SABE MUCHO.Y WALQUIRIA. DA IGUAL, QUE EN EL CONGRESO, HAYA O NO IZQUIERDA DERECHA O CENTRO. ALLÍ NO HAY NADIE EN QUIEN CONFIAR, PORQUE YA, HASTA TONY CANTÓ, DICE TONTERÍAS. PERO NO DEJÉIS QUE SE ORGANICEN, YA QUE SE NOS ACABARÍA EL CONTACTO, Y VENDRÍA LA OPRESIÓN Y CENSURA, MÁS IMPLACABLE, AL VERSE PERDIDOS. TODO SON DISQUISICIONES. PERO SON ACCIONES, SOBRE TODO, LOS QUE TENEIS HIJOS.O NIETOS. ESTO, ESTÁ DERRUMBADO DIGA RAJOY COSPEDAL O QUIEN SEA LO QUE SE LE OCURRA. Y LUEGO, VAIS A SALIR MANDADOS, O SACADOS. ES UN AVISO.EL DE UNA MUJER, QUE SE HA PASADO TODA SU VIDA, OBSERVANDO, EN VEZ DE JUGAR CON LAS MUÑECAS, O SALIR CON AMIGUITAS, Y QUE TODO ESTO, LO HA SUFRIDO EN SUS CARNES, LOS JUNKERS, LOS OBUSES, Y LOS CAÑONAZOS DEL ACORAZADO BALEARES, DE FRENTE A LAS BATERÍAS DE COSTA, QUE ESTABAN A NUESTRO LADO. Y LO QUE VINO DESPUÉS. Y CLARO, LO DE AHORA. GRACIAS POR AGUANTARME. ABRAZOS.

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