¿Change.org o en la boca del lobo?

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La Marea

 

Change.org es un sitio web operado por Change.org Inc., una corporación estadounidense con fines lucrativos, certificada como una Corporación B y constituida en el estado de Delaware (uno de los tres estados norteamericanos, junto a Wyoming y Nevada, que de facto permiten una exención de impuestos para sociedades limitadas), cuyos negocios incluyen el alojamiento de campañas patrocinadas y el envío de e-mails. Organizaciones como Amnistía Internacional -y otras 300 más, según la propia compañía- pagan por alojar y poder patrocinar sus peticiones y campañas. Con algo menos de 100 trabajadores, la empresa facturó más de 15 millones de dólares en 2012.

¿Es change.org la web de una entidad sin ánimo de lucro?

La respuesta es sencilla, no, pues la web está gestionada por una corporación con ánimo de lucro.

Certificado B Corporation  y certificado Benefit Corporation

¿Qué significa que está certificada como una Corporación B (B Corporation)? Que Change Inc. ha pagado a una entidad sin ánimo de lucro, llamada B-Lab, que emite unos certificados llamados Certified B Corporation, sin base legal alguna. Según estos, “las empresas certificadas B han sido certificadas así por tener un alto nivel de rendimiento general, social y ambiental”.

Este certificado nada tiene que ver – aunque puede confundirse fácilmente – con un certificado que otorgan algunos estados norteamericanos, llamado Benefit Corporación, que sí tiene base legal y validez jurídica, y que actualmente está vigente sólo en Hawaii, Virginia, Maryland, Vermont, Nueva Jersey, California y Nueva York. Cuatro estados más están en proceso de hacerlo. Change Inc, no tiene certificado Benefit Corporation, ni tan siquiera está en ninguno de los estados mencionados.

Asimismo, B-Lab, la entidad sin ánimo de lucro que emitió el certificado a Change Inc., también se nutre de aportaciones privadas, el 80% de ellas de carácter anónimo, según consta en su memoria anual. La primera empresa a la que B-Lab otorgó el certificado fue a un banco de inversión privada.

Change.org hace gala del certificado otorgado por B-Lab como prueba irrefutable del tipo de entidad que es, cuando Change Inc. no es otra cosa que una empresa privada con ánimo de lucro y una facturación astronómica para los nulos servicios que presta: Change.org, según consta en su página web, no se hace responsable absolutamente de nada, ni tan siquiera de que los datos recogidos en la base de datos sean correctos o se encuentren duplicados por miles, como se ha demostrado más de una vez.

Change.org en España

No existe una Change España como tal, simplemente se trata de una página web traducida al castellano, cuya legislación aplicable de competencia y cuya jurisdicción se basan en la aceptación de las leyes del Estado de Delaware (<>).

Empresa social en España

En la página web de Change.org/es se hace gala de ser una empresa social (“Tenemos el orgullo de ser una empresa social, utilizando lo mejor de una empresa para promover el bien social”) y aquí la posible confusión es mayor, dado que Change Inc., una empresa pura y dura, no puede entrar en el marco legal vigente en España. En España las empresas sociales se regulan por la  Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social, según la cual forman parte de este conjunto empresarial y diverso que es la Economía Social, las siguientes entidades: cooperativas, sociedades laborales, mutualidades, Centros Especiales de Trabajo, empresas de inserción, cofradías de pescadores, asociaciones y, finalmente, las fundaciones.  Ninguna de estas entidades tiene nada que ver con una empresa privada y con ánimo de lucro afincada en Delaware, aunque sus fines teóricos o publicitarios sean el “empoderar a las personas para crear los cambios que quieren ver”.

Activismo de sofá y en la boca del lobo

La situación actual de la política española, con un grado de corrupción política y económica galopante que ha derivado en un estado de indignación de campaña permanente, unido a nuestra incultura digital, nos ha llevado – con la mejor de las intenciones – a utilizar plataformas digitales que cubiertas de piel de oveja esconden a más de un lobo. Si el mal uso de muchas cajas de ahorros – entidades sin ánimo de lucro con fines sociales – ha llevado al país a la banca rota (banca y rota, pero salvada con nuestro dinero), tiempo es ya de estar alerta y exigir a las entidades que presumen de ser de carácter social que cumplan de forma escrupulosa con la ley española. En caso contrario, se daría la paradoja de estar echando en saco roto legítimas reclamaciones que, además, llenan los bolsillos de corporaciones multinacionales que venden – en una sublimación del capitalismo más salvaje – en forma de humo nuestro deseo de rescatar al país de la podredumbre y pobreza en el que se encuentra.

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12 Comentarios

  1. Se me confirman mis sospechas y/o intuicionres, más, ¿qué hay en este mundo a lo que se pueda dar crédito?yo inicié una junta de firmas por mi hijo y los jijos/as con autismo adultos. Es una franja de la sociedad sin contenedores ni lugares sociales y/o físicos. En fin, junté 134 firmas! de todas maneras me sirve para algo, una pizca de difusión. Gracias por recordarnos que todo en este sistema es nunca lo que parece.

  2. Tiempo atrás, nos enteramos de críticas severas a los posibles orígenes de «Facebook» y a los orígenes de otras redes sociales, lo cual puede hacernos desistir de su uso.

    Más adelante, nos enteramos también de una interpretación crítica a los orígenes de «Avaaz». Ahora, nos enteramos de posibles irregularidades en «Change.org».

    Hay que aclarar, en primer lugar, que firmar dentro de una lista en favor de una causa más o menos justa para, a continuación, ofrecer esta misma lista a las mismas personas o entidades que se oponen a la misma causa es simplemente un sistema de autodelación, el cual puede acarrear posibles problemas, en un primer momento desconocidos, a las mismas personas que han firmado.

    Debería existir un colectivo, con un respaldo informático adecuado, que se dedicara a la recogida de firmas en favor de una causa justa, pero no para ser entregada a las mismas personas o organizaciones que se oponen a ella, ni para ser utilizadas para fines comerciales o partidistas, sino para ser procesadas legalmente dentro de un procedimiento de iniciativa legislativa popular o bien para alojar una base de datos resguardada por una entidad neutral, capaz de garantizar la privacidad de todos los signatarios que desearan mantener esta misma privacidad, y que solamente pudiese ser utilizada por las mismas organizaciones o colectivos que realizan el llamamiento.

    Parece ser que el pastel de las listas de adhesiones es demasiado apetecible para no caer en manos dudosas, con el riesgo para los inocentes incautos que terminan adhiriéndose.

    Se ve que la labor correcta de recaudación y mantenimiento de firmas de protesta para cambiar ciertas cosas está aún por construir. Sin embargo, el colectivo o los colectivos que la lleven a cabo sin duda realizarán una labor muy útil.

  3. No seamos más papistas que el Papa.
    Change.org es una plataforma que esta ayudando mucho al cambio. Los que incian las campañas de firmas son ciudadanos concienciados. Firmar no garantiza nada, pero ayuda en muchos casos, después es el propio ciudadano que ha iniciado la campaña el que tiene que promover esas firmas o enviar los e-mail correspondientes.
    Change.org es una herramienta muy útil, que se está utilizando muy bien.
    Es la manera que gente que sale, o no, de casa a ayudar, colabore también de una manera sencilla. Hay que poner facilidades, no trabas.
    Tened cuidado que este tipo de campañas difamatorias suelen salir de los que empiezan a ver que se hace fuerte y va contra sus propios interesas. Vamos, contra los que luchamos.

  4. La ciberprotesta o la conciencia calmada. Boltaña7marzo2013
    Antes de la existencia de Change.org y de esa forma cómoda de sofá que proporcionar para participar en protestas sin mover el culo ni tampoco demasiadas neuronas ya existían formas de recogidas de firmas para apoyar una u otra campaña. Recuerdo que el primer paro fabril más que huelga en el que participé (en una empresa llamada Ignis que fabricaba frigoríficos) empezó recogiendo las firmas de unos cientos de obreros para reivindicar algunas mejoras simples. Estampar el nombre debajo de un documento reivindicativo aunque no tengo el menor peso legal la mayoría de veces sí tiene el peso psicológico del compromiso personal para la causa que fuere que mencione.
    Como que un documento firmado no tiene mayor fuerza que la testimonial, en cuanto no sirve para negociar se va al paro, que se traduce en las calculadoras del poder, como la de aquel empresario, en pérdidas monéticas y entonces se aviene a “entrar en razón”. ¿Cuántos documentos se han escrito y se han subscrito durante décadas para elevarlos al poder y que en el mejor de los casos han dejado el facsímil de una copia para el archivo histórico nacional? ¿cuantas veces se han pedido formalmente cosas que no han sido concedidas ni tampoco han sido reconocidas? Mas allá del testimonio el documento reivindicativo si no es apoyado consecuentemente con un acto radical de fuerza, la cosa no irá más allá de la noticia. Los paros y huelgas laborales son medidas de fuerza comparativamente más efectivas, así como los boicots a determinados productos y determinados fabricantes, que no las protestas callejeras.
    Como parte de la sensibilización general las recogidas de firmas tienen su interés episódico y su seguimiento estadístico.
    Con Change.org hubo que vigilar desde el principio, ya que apareció de pronto como la seta que no teníamos clasificada y que se metía en los berenjenales de la lucha política sin que hubiera una tradición de ella. Henos aquí con una empresa de corte capitalista que utiliza las campañas para la denuncia de determinados hechos terribles para atajarlos. Hasta aquí todo parecía correcto, lo que llevaba a sospecha era la poca por no decir nula información de los resultados de estas campañas salvo algunos.
    Como instrumento estadístico no era/no es fiable porque no cumple con los rigores de verificación de los firmantes ni exige sus datos completos pero proporciona una referencia del peso de cada campaña. Su peor problema no es el de que hay una empresa atrás que factures beneficios millonarios cada año sino que dé una coartada psicológica a sus firmantes creyéndose que ya han cumplido estampando su nombre (es un decir, porque hay nombres que o son los de pila o son Nicks). Resumiendo, los instrumentos de recogida de firmas (eso incluye las ILP que permiten los parlamentos) si no van acompañados de algo más son cifras estadísticas que tampoco por si mismas representan mucho, ya que no representan a la totalidad de las militancias o voluntarismos sociales.
    Se precisa de un estudio comparativo de todas las campañas que han recabado firmas de esta manera y permitir el seguimiento posterior que se haya hecho de cada tema.
    Desde el punto de vista del poder, recibir –si lo recibe- las firmas, mejor dicho los nombres, de un millón o más de gentes, en cualquier caso verificable por el arco de variabilidad de todas las huellas digitales que hayan dejado, no es necesariamente asustadizo. El Poder ya sabe que no tiene el beneplácito de si no la mayoría de una buena parte de la sociedad, pero se sostiene precisamente porque es disconformidad no se traduce en un movimiento fuerte.
    En una situación hipotética, toda la sociedad en peso podría firmar en contra de la gubernamentalidad y no por eso precipitar la caída del gobierno. Las propuestas de recoger un millón o mas de firmas para que dimita un presidente, tal como se está haciendo recientemente con el español, mete en una cajonera una forma protestaria, tan cómoda como inútil. Para la percepción del poder sigue teniendo mas influencia las sondoscopias de mercado con extractos poblacionales que no esos coleccionables de firmas.
    No es posible creer que haya habido un solo gobernante a lo largo de la historia que hay tenido el beneplácito de la totalidad social, aunque sus adeptos hayan llenado las plazas públicas vitoreándolos o les den soporte económico e ideológico. A menudo los disidentes se tuvieron que esconder para no ser linchados y las minorías críticas fueron reprimidas.
    A efectos prácticos, en la actualidad un ciudadano dispuesto a informarse puede estar solicitado para que firme docenas de documentos de protesta cada mes. A quien haga ciberprotesta así como quien la haga en mesas petitorias de firmas, propongo que haga su propio inventario de las cosas que firma y luego haga averiguaciones de lo que ha pasado con aquella reivindicación. En todo caso, cada protesta en la que se firma es también la micronoticia de un tema que se da a conocer (la de los perros utilizados para entrenos militares de los soldados bolivianos es la ultima que he firmado).
    La ciberprotesta no es en si misma una medida de fuerza si no va acompañada de gestos más radicales, pero no deja de ser un referente mas de todos los datos a tener en cuenta que configuran una realidad.
    Desde el punto de vista de la empresa inversora en este negocio, volviendo a Change.org, no hay que desestimar la fleixibilidad del sistema en sacarle rendimiento a todo. Como muestra, basta observar en el campo de la publicidad como cada vez mayor número de marcas y de productos utilizan spots en los que el factor colectivo-rebelde es tomado como una imago de seducción. El detalle no es banal ya que indica que el sistema se renueva a si mismo reciclando también actitudes antisistema.
    Este mecanismo cuesta de entender, pero el móvil de lucro es el principal de la mayoría de empresas y Change.org parece que lo ha encontrado apadrinando en principio buenas causas. Por encima de las cifras que se trasieguen de adherentes o firmantes por ellas, la valoración más importante por hacer es en que medida contribuyen a la sensibilización y la concienciación general. Por ahora, no se puede decir cuanta gente se está empezando a enterar de las miserias del mundo por esas campañas cibernáuticas. A su debido momento ya evolucionarán al advertir que una protesta firmada por si sola sirve de poco o de nada.

  5. Y no hay en españa informáticos o tecnología para suplir a estos????? la verdad es que me muero de la bronca!!!!
    Encima parece que los rusos tienen razón en decir que ONG están penetradas por los servicios…… además que se quedan con nuestros datos dni y todo…..-Pregunto cual es la FUENTE DE ÉSTA INFORMACIÓN???????????????

  6. Yo soy de los que he puesto en mis comentarios enlaces que yo he firmado, lo único que no he hecho es donar dinero. Que haya gente que se aproveche del altruismo de la gente y de sus sentimientos, son casos que se dan, por ejemplo en Valencia un diputado está imputado por quedarse el dinero de una asociación sin animo de lucro, en concreto de una ONG.
    También pongo enlaces de AVAAz, que por cierto hay muchos casos en los que se ha conseguido el éxito esperado.
    Habrá que mirar con lupa lo que se firma, pues no es de extrañar que en el mundo en que vivimos, hay gente que se aproveche de la desgracia de los demás.

  7. Si???. Pues no entiendo nada, ya que todas las firmas que que se han recogido en muchas campañas aquí en este país ha sido a través de Change.org. Ya que somos tan ingenuos citen alguna otra organización a través de la cual podamos apoyar y respaldar tantas peticiones en este país.

    • Ninguna. No hay ninguna organización que pueda hacer nada por ti. Sal a la calle y manifiestate, y haz lo que haga falta hasta que las cosas cambien.

  8. Qué bien que tenemos gente que nos informa con fidelidad! No sabía de este entramado, aunque siempre me dio que pensar que estuviera inscrita en el estado de Delaware. A veces, es bueno dar crédito a las intuiciones. El problema es que ya no se sabe quién es quién. Tampoco me gusta demasiado Avaaz… alguien me dijo que también es un entramado raro, pero también he leído que es una organización formada por intelectuales y gente que se preocupa por temas humanos y sociales… claro, eso también lo decía Amnistía Internacional, y otras cuantas más… a quién podemos creer?

    Saludos.

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