Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Ruman: "Salgo a jugar cuando se va la luz en la fábrica"

Melissa Silva Franco | La Vanguardia | 30/04/2013

Sin zapatos. Sin guantes. Ni cascos, ni lentes de protección. Así cada día se enfrenta Ruman a su jornada de trabajo. Él ya es uno de los trabajadores más veteranos del galpón 2, donde comenzó hace 5 años, cuando apenas alcanzaba los 7.

Al escuchar la sirena a la siete de la mañana, Ruman corre cada día hasta la puerta de la fábrica, que no es más que un galpón improvisado de tres pisos, en el que se reporta una temperatura promedio de 40 grados, combatida por dos ventiladores huérfanos de la mitad de sus aspas. La luz natural suele colarse con timidez por las cuatro ventanas dibujadas en las paredes y que han sido tapadas por grandes carteles de distinta publicidad electoral.

Esta improvisada empresa es una de las 600 que funcionan en la capital de Bangladesh, donde los niños entre 5 y 12 años representan la mano de obra más barata del mercado. El Ministerio del Trabajo asegura que sus sueldos equivalen al 30% del presupuesto familiar.

-¿Cómo es tu día a día?
Mi mamá nos despierta a mi hermano y a mí a las seis de la mañana para que podamos ducharnos y salir a trabajar. Y así estoy hasta que se hace de noche y salimos corriendo a cenar a nuestra casa.

– ¿En qué consiste tu trabajo?
Soy el encargado de hacer ollas pequeñas. Los trabajadores más grandes nos pasan las láminas y nosotros las moldeamos. Nos sentamos en el suelo y vamos dando con un martillo a las piezas para que alcancen la forma que nos pide el jefe.

-¿Cuándo comenzaste a trabajar?
A los 4 años ya  iba al mercado a vender. Luego cumplí 5 y ya pude venir a la fábrica.

-¿Se gana más?
Claro, antes no llegaba ni a los 4 dólares.

– ¿Te dan uniforme para venir a trabajar?
No, nunca. A ninguno. Venimos solo con la ropa de casa, nos quitamos los zapatos cuando entramos a trabajar.

– ¿Por qué?
Porque aquí hay mucho polvo y se me ensucian para ir a la escuela.

– Cuéntanos, ¿En qué momento vas a estudiar?
Una señora de Intervida convenció a mi mamá para que me dejara ir a la escuela que acababan de hacer aquí al lado de la fábrica. Así que esa misma señora habló con el dueño de la empresa para que me dieran permiso y a la 1 de la tarde voy durante una hora y media.

– ¿Y cuando juegas?
Salgo a jugar cuando se va la luz en la fábrica. En ese momento salimos todos a la calle a jugar a la pelota.

– ¿Te gusta?
Sí, mucho. Pero me gusta también ir a la escuela, ahí comemos y aprendemos a través de canciones.

– ¿Qué te gustaría ser de mayor?
Dueño de una empresa, así como en la que trabajo. El dueño fue trabajador desde niño como yo, y quiero seguir su ejemplo. A él le tuvieron que cortar un dedo por un accidente que sufrió cuando tenía 12 años.

– ¿Y tú has sufrido alguna vez algún accidente?
No, pero casi. Una vez se incendió una fábrica aquí al lado y debimos salir corriendo todos. Yo era más pequeño y por eso me caía de los empujones de los otros, pero pude salvarme.

– ¿En la fábrica trabajas tranquilo?
No, una vez mi amigo sufrió un accidente en el pie, desde ese día me da miedo que me pase a mí.

– ¿Cuántos niños trabajan contigo?
Dicen que como 300.

– ¿La fábrica te da comida?
No, no. Yo como lo que traigo de la casa. Tampoco hay baños, ni agua.

– ¿Cómo lo haces?
Salgo a la calle, tenemos mucha tierra afuera (risas)

– ¿Y qué haces con el sueldo que ganas?
Se lo doy a mi mamá. Con eso comemos y compramos ropa para todos.

-Los domingos no trabajas en la fábrica, ¿Qué haces?
Duermo. Duermo mucho. Casi siempre estoy cansado.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/internacional/20130430/54371657150/entrevista-ruman-nino-trabajador-bangladesh.html#ixzz2RyhhjxMg 

2 Comments

  1. Mandarina
    Mandarina Abril 30, 2013

    ¡Estremecedor…! Cruel y duro, salvaje e inhumano. Conozco esas historias donde los niños pierden si infancia a causa del trabajo para poder comer; viven casi siempre entre la miseria de la nada y la mayoría sucumbe a las enfermedades oportunistas que se cuelan en sus organismos por la desnutrición y las terribles condiciones de sus trabajos. ¡Qué salvajada! Y no importa si son de Asia, de África o de América, o de la “nueva Europa” porque, al paso que vamos, también acabaremos por verlo aquí.

  2. BRAULIO
    BRAULIO Mayo 1, 2013

    Sin duda alguna, el hombre es el depredador más salvaje que pisa la faz de la Tierra.
    ¿Cómo están confabuladas las fuerzas de las instituciones que detentan el poder? Estoy hablando de instituciones políticas, religiosas, etc, que ven lo monstruoso de las cosas que ocurren en el mundo y no mueven un dedo. Sólo se reúnen para discutir el precio del petróleo, los yates que se van a comprar, el dinero que se debe pagar al ejecutivo de turno o qué gran hotel eligen para sus orgías mientras estudian la próxima barbaridad a que van a someter al ser humano. Piensan que aún no han llegado al nivel más bajo de tortura al que pueden reducir al hombre.
    Leemos, por ejemplo, las atrocidades que cometían los egipcios con sus esclavos y se nos ponen los pelos de punta; lo mismo que, andando el tiempo, los señores de la Edad Media nos revuelven el estómago con las brutalidades ejercidas sobre las personas a su servicio. Continúa avanzando la Historia Humana a lo largo de los siglos y persiste parejo el progreso de la maldad del poderoso opresor sobre las masas oprimidas.
    Hoy,en el tercer milenio, cuando cabría esperar algo de racional moderación, los que tienen la capacidad de modificar estos comportamientos insisten en radicalizarlos hasta conseguir que sean más inhumanos.
    ¿Habrá que seguir soportando a estas alimañas por otros tantos períodos de la Historia, aún?

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: