Los peligros de la lectura

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Santiago Alba Rico | Revista Minerva | 03/05/2013

De los peligros de la lectura nos habla el canto V del Infierno de La Divina Comedia. Allí Dante se encuentra con Paolo y Francesca, los dos amantes condenados en la ciudad doliente por su pasión adúltera; y el poeta indaga compasivo por el origen de este «peligroso deseo» que los ha conducido a la muerte y a la aflicción eterna. Francesca, pálida y lacrimosa, rememora el día en que, por puro entretenimiento y sin «la menor sospecha», leía junto a Paolo los amores de Lanzarote y la reina Ginebra. Absortos en el libro, un poco ya sin color el rostro, aliento contra aliento, se sorprendieron a sí mismos al llegar al pasaje en el que «la deseada sonrisa fue besada por tal amante»; entonces Paolo, tembloroso, besó a su vez la boca de Francesca y «ya no leyeron más desde aquel día».

Francesca se justifica ante Dante acusando al libro y a su autor como testigos y alcahuetes de su abrazo («Galeotto fu’l libro e chi lo scrisse»). ¿Será tanto el poder de los relatos? Pongámoslo en duda. Resulta difícil creer que a Paolo y Francesca no se les hubiera pasado nunca por la cabeza la existencia de las bocas y los besos antes de leer juntos la frase; y que, más bien al contrario, no fueran llevados a esta lectura común precisamente por su deseo de besarse. Los libros determinan poco la realidad; más bien la secundan, la subrayan, la legalizan. Más allá de su potencia afrodisíaca, los amores adúlteros de Lanzarote y Ginebra estaban investidos de una incontestable autoridad literaria que convertía su emulación, entre las clases letradas, en un acto al mismo tiempo prestigioso y aceptable. El libro no era una orden; ni siquiera una tentación. Era algo así como un certificado de buena conducta mitológica o literaria. Lo que prohibía la Iglesia lo permitía la Literatura. Incluso en una cultura aherrojada por la represión moral, puede ser socialmente más prestigioso imitar a Lanzarote o a Ginebra que a Cristo o a la Virgen María. Paolo y Francesca se dejaron llevar por el deseo, no por la lectura, y el libro lo único que hizo –si algo hizo– fue intensificar literariamente el placer de su abrazo prohibido.

Nadie puede acusar tampoco a Goethe de provocar la epidemia de suicidios juveniles que siguieron a la publicación en Alemania, en 1774, de Las cuitas del joven Werther. Uno puede quitarse la vida por una tontería, incluso por un libro, pero es más sensato decir que el libro de Goethe recogía el «espíritu» de una época en la que el suicidio, reprobado por la moral y por la religión, era percibido, entre las clases letradas, como una prestigiosa protesta cósmica contra el Todo. Hoy, suprimida la «época», podemos leer las penas de Werther con interés, pero sin peligro alguno.

Digo todo esto porque me da un poco de vergüenza confesar que admiro locamente a Tintín, contra cuyo creador, el belga Hergé, se han escrito hace poco tantas y tan certeras críticas. Recientemente incluso se ha interpuesto en Bruselas una demanda para que los tribunales prohíban la reedición y difusión de Tintín en el Congo. No cabe la menor duda de que, incluso en sus mejores álbumes, el asexuado periodista de Hergé transporta esa visión colonial del blanco moralmente superior del que dependen los otros pueblos incluso para tomar conciencia de su igualdad, incluso para librarse del poder de los blancos. En los peores, Hergé es francamente racista y reaccionario; basta pensar, sobre todo, en los tres primeros: Tíntin en el país de los sovietsTintín en América y el citado Tintín en el Congo. Pero como quiera que existe sin duda una relación kantiana y platónica entre la justicia y la belleza, hay que decir que la evolución artística de Hergé es siempre hacia un nivel mayor de justicia y que sus libros más bellos no se agotan en su ideología católico-scoutiana. Ya El loto azul –siempre un poco paternalista– es un álbum inquietante y provechosamente etno-descentrado; y a medida que aprende a dibujar, que complica sus historias, que enreda a sus personajes, Hergé va desprendiendo mundos que no sabe que lleva dentro y que se pueden mirar y explorar desde otros moldes humanos e ideológicos.

Confieso que toda mi formación ha girado en torno a Tintín y Marx. De niño leí todos los álbumes un mínimo de setenta veces cada uno y, cuando ya no era posible, soñaba –literalmente soñaba– que Hergé había dibujado un nuevo cómic después de muerto. Tintín no me impidió leer luego El Capital ni enredarme en una relación promiscua con el mundo árabe, donde vivo desde hace veinte años. Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Leído desde la Inglaterra victoriana, elKim de Kipling es una de las más fraudulentas exaltaciones del imperio británico, pero leído al mismo tiempo desde la juventud y desde Polanyi o Chesterton, es una emocionante defensa de la antropología elemental y una experiencia fuerte de cosmopolitismo empírico. En el contexto de la Rusia pre-revolucionaria, dominada por la lucha entre eslavófilos y europeístas, Los demonios de Dostoievsky es un estridente panfleto reaccionario que incluso alerta, con fanatismo delirante, de la imparable colusión entre el comunismo y el Papa; pero su atmósfera, su estructura, su pulso psicológico, lo ponen en relación con Nieve de Pamuk o con Salto Mortal de Oé, dos autores claramente de izquierdas. Lo mismo puede decirse de Hergé. A la espera de que el racismo desaparezca del mundo y cuando Europa, en todo caso, se ha venido definitivamente abajo como «proyecto universal», queda el hecho de que Las joyas de la Castafiore, con sus falsos suspenses y su asfixiante atmósfera claustral, es el equivalente en cómic de Las reglas del juego de Renoir; y que Tintín en el Tíbet, con ese blanco impulso contra la felicidad y la lógica, podría utilizarlo el plan Bolonia para explicar a Kant en la Universidad.

Lo que importa de un libro es desde dónde se lee. Lo normal es que un libro se lea desde otro libro y lleve a su vez a un libro nuevo. Si Tintín en el Congo fuese el único libro del mundo, habría que prohibir sin duda su lectura. Pero eso sucede con todos los Únicos Libros, incluidos la Biblia, el Corán y El Capital de Marx, de los que aprendemos siempre algo porque no estamos encerrados en ellos. Lo que nos defiende de los libros son otros libros como lo que nos defiende de nuestro cuerpo son los otros cuerpos. No acusemos a la lectura de los besos que damos o de los que no hemos dado. No arrojemos al fuego ni a los enamorados ni las novelas. Contra las malas, están las buenas; y contra la legalización literaria del racismo o del imperialismo o del fanatismo, habrá que encontrar o construir esa combinación platónica de justicia y de belleza desde la cual podamos despreciar Tintín en el Congo y disfrutar de Las joyas de la Castafiore; y extraer de Kim y de Los demonios las armas imprescindibles para combatir la arrogancia de Kipling y el integrismo de Dostoievski.

Fuente: http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=558

Tomado de: Rebelión

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2 Comentarios

  1. PARA MÍ, DESDE QUE TUVE USO DE RAZÓN, LA LECTURA, ME HIZO VER LAS COSAS DESDE MUCHOS PUNTOS DE VISTA, Y LA VERDAD, DESDE EL MÍO. PERO TUVE QUE CONTRASTAR MUCHO, PORQUE TODO ES RELATIVO, Y CADA CÚAL, VE LAS COSAS DE DISTINTA FORMA. LO QUE PARA UNO, ES LA VERDAD, PARA OTRO NO LO ES, YA QUE NO TODOS ESTAMOS HECHO DE LA MISMA PASTA. ESTO ES, IGUAL QUE LAS HUELLAS DACTILARES,O EL ADN QUE NO HAY NI UNA IGUAL EN EL MUNDO. POR ESO, HAY QUE RESPETAR MUCHAS VECES LO LO QUE OTROS OPINAN, Y CÓMO EN UN TALLER DE ESCULTURA O PINTURA, EL MISMO MODELO, ESTÁ PINTADO O ESCULPIDO DESDE EL SITIO QUE CADA UNO LO HACE, Y NO SE VE IGUAL. Y RESPETAR LO QUE SE PUEDA, LA DIFERENCIA, Y LAS DESIGUALDADES DE UN TODO. SIEMPRE QUE ESE TODO, NO DEFORME AL ORIGINAL.YO CREO, QUE ESO ES LO PRINCIPAL.Y LA LECTURA, ME ENSEÑO, A DIFERENCIAR MUCHAS COSAS. PERO SIGO LEYENDO, PORQUE CREO, QUE HE APRENDIDO MUCHAS COSAS POSITIVAS, Y SOBRE TODO, A DIFERENCIARME, DE MUCHAS PERSONAS, Y LEER, ENTRE LA PAJA, Y A SACAR MIS PROPIAS CONCLUSIONES.PORQUE SOBRE TODO, PIENSO. Y NO ME DEJO LLEVAR POR NADIE, QUE QUIERA LLEVARME A SU TERRENO, PORQUE SE CREA MUY LISTO. DIGO LISTO, NO INTELIGENTE.CREO, QUE VENIMOS A DECIR LO MISMO. CADA PRSONAJE, TIENE SUS PROS Y SUS CONTRAS. DEPENDE DE QUIEN LO LEE. Y SI ESTÁ DE ACUERDO O EN CONTRA.YO, LEI A STEFAN ZWEIG, Y TIENE UN MODO MUY PECULIAR DE ESCRIBIR. A MI ME GUSTÓ MUCHO.SE SUICIDÓ. NO SÉ SI SERÍA DE NO ESTAR DE ACUERDO EN MUCHAS COSAS. O DE VER, QUE ESTE MUNDO, SÓLO LO PODEMOS HACER HABITABLE LAS `PERSONAS QUE AMAN.PERO LEÍ, LA PIEDAD PELIGROSA, Y ME CONVENCIÓ. OTROS NO LO HAN CONSEGUIDO. EN FIN, LO BUENO DE LEER,ES QUE PUEDES CONTRASTAR, PORQUE QUIEN ES CAPAZ DE ENTENDER, TANTO ABSURDO CÓMO EL QUE VIVIMOS, ES UN PRIVILEGIADO. CADA UNO PIENSA QUE ESTÁ EN POSESIÓN DE LA VERDAD, Y ESO, PRODUCE MUCHOS EQUÍVOCOS. PIDO PERDÓN POR LO DICHO. PERO CREO, QUE PARA QUE LA GENTE ENTIENDA, HAY QUE SER SENCILLO AL EXPLICAR. TODO EL MUNDO, NO ES ACADÉMICO.

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