Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Sobre el uso de la violencia

Joséluis V. Doménech | Iniciativa Debate | 20/05/2013

En toda forma de Estado, se define a éste como única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma. Esta teoría ha de contemplar la legitimidad necesaria, otorgada lógicamente por los habitantes que se integran en dicho territorio.

Ello significa que el monopolio de la violencia recae en manos del Estado; y por tanto, nadie más podrá hacer uso de él sin que sea penado o criminalizado. La excepción vendría de la promulgación de leyes autorizadas para tal fin, es decir, de la posibilidad de utilizar la violencia para defenderse uno mismo o para defender sus propios bienes (entendiendo siempre que dicha autoridad es ofrecida, claro está, por el propio Estado).

Esta construcción sociopolítica se extiende a todos los países de nuestro entorno. El interrogante sería, por un lado, determinar dónde están los límites de este ordenamiento y, por otro, cómo constatar la falta de legitimidad.

Si algo hay que revelar sobre el modo del pronunciamiento de nuestras democracias, es, sin duda alguna, el excesivo uso de legislaciones ad hoc para minimizar la respuesta ciudadana, y con ello, la apropiación desde los respectivos gobiernos de licencias más poderosas para consagrar sus modos de articulación del poder. Dicha estrategia, inmediatamente manifiesta una ruptura importante entre las estructuras estatales y la ciudadanía.

Si tenemos en consideración las diferentes arquitecturas empleadas por los diferentes gobiernos, nos daremos cuenta que estamos en frente de modos de organización social dirigidos magistralmente para que estemos imposibilitados para el ejercicio de una legítima defensa frente a los atropellos de nuestros derechos y nuestras libertades.

El funcionamiento de los sistemas de partidos, la regulación de las representatividades políticas, las licencias de comunicación y libertad de radio y prensa, las construcciones de mayorías irrelevantes con las cuales poder gobernar, el fraude de la separación de poderes, o la implantación del miedo como elemento propulsor de nuevos estatutos que nos coaccionan, son solo algunas de la infinidad de perturbaciones a las que nos obligan a someternos “en nombre del bien común”. La existencia y ejecución de estas medidas excepcionales, tiene un respaldo que contribuye a poder evitar su deterioro. A este respaldo, lo llaman La Ley…

Llegados a este punto, tenemos ya los dos primeros puntos fundamentales que no debemos olvidar. Los Estados perviven a través de mecanismos insuficientes de legitimación. Por tanto, o bien realizan una profunda transformación, o bien debemos de derrocarlos. Y la ley, no responde a los parámetros de la justicia, sino a los intereses manifiestos del poder. Es decir, uno de los mayores males de nuestras democracias reside en haberse implantado la creencia de que las leyes son el fundamento de las causas justas.

Este análisis responde a través de la ciencia política a la necesidad de transformar los principios por los que se regulan nuestros Estados. Pero aun con todo lo expuesto, me parece hasta irrelevante. Queda exponer el último punto, básico y primordial.

La Historia es probablemente la ciencia de la que más se puede aprender, y aquella que menos consideración recibe. Sus trabajos esconden una espléndida biblioteca donde podemos analizar todo aquello que ha acontecido desde hace miles de años. Y estos acontecimientos, nos dan innumerables respuestas. Hoy, la respuesta se hace inevitable.

Todas las libertades, sociales y políticas, todas las mejoras económicas, y todas las transformaciones que han dado lugar al derrocamiento de poderes, élites, imperios, o gobiernos absolutistas, se han producido siempre, bien a través de revoluciones sociales, o bien con la inestimable ayuda de innumerables revueltas.

Último punto, y recordatorio. Quien nos domina, no nos va a conceder el privilegio de escaparnos de sus lindes. Toda salida de la opresión y el secuestro, es violenta.

Esta pequeña alusión puede sonar contundente, y para muchos, irreverente. Sobre todo en estos tiempos de indignación de manos blancas y de silencios cómplices. Pero el cambio, si se desea, ha de corroborarse a través de la postura que se defiende. Es imposible la transformación sin la exigencia del cambio radical de los acontecimientos. O lo que es lo mismo, no es posible indignarse para pedir dicho cambio, si no contribuimos a la ruptura del sistema.

El sistema, el Estado, los gobiernos, nuestras democracias, están muy bien diseñadas para asustarnos, para disuadirnos, para hacernos ver aquello que no existe, para aprender a distinguir entre el mal, y su justicia. Todas las herramientas están a su alcance. De ese modo, que alguien pueda mirarse, y declararse antisistema, es no solo extraño, sino hasta delictivo. Cuando realmente, las mismas palabras nos protegen de nuestros pensamientos y nuestra actitud. Y les tenemos miedo. Miedo al significado desnudo de las palabras…

Electores, pobladores, habitantes y vecinos, saben que ha de haber responsables, saben que la política no funciona, que su país se tambalea, que las finanzas nos ahorcan, que las multinacionales nos violan. Millones de personas saben, que este sistema no solo no nos ayuda, sino que nos estrangula, y están en contra de su mecanismo, de su puesta en escena. Saben que es necesario ir contra él, y que hay que derribarlo, para construir uno nuevo. Y casi nadie, se atreve a creerse antisitema…

Es como intentar ganar la batalla refugiándote en casa del enemigo.

Y la conciencia del uso de la violencia, no es la misma en la confrontación de la lucha por la dignidad y por los derechos. Cuando los nuevos pobladores exterminaron a los indios, éstos necesitaron hacer uso de ella, para sobrevivir en sus montañas. Cuando los europeos colonizaron África, sus esclavos enfundaron las armas, para impedir el exterminio. Cuando los turcos decidieron batallar contra el pueblo armenio desarmado, los aniquilaron, y un millón y medio de habitantes fueron forzados a marchas kilométricas, atravesando zonas desérticas, para morir de hambre, de sed, de robos y violaciones. Cuando la maldad te mira de frente, y quiere borrar tus pisadas, puedes rebelarte o no, pero no hay ética que respalde tu caída, ni razón que ampare o defienda tus heridas. No hay cobijo para la barbarie, y a veces, hay que hacerla frente.

¿Tiene el amenazado que legitimar su derecho a la defensa?. Estamos bajo las órdenes de terceros que degradan nuestra moral y nuestra ética. Las leyes de nuestros gobiernos socavan la dignidad de los ciudadanos, y nos someten a penurias que anulan hasta nuestra voluntad. La inmoralidad, el engaño y la perversión son los colaboradores represivos desde Bruselas.

La Historia. No nos cubre los ojos, sino que nos abre la mirada. Y lo dejó escrito un alemán, Max Stirner, hace muchos años; “”El estado llama a su propia violencia ley, pero a la del individuo crimen.””

Joséluis V. Doménech
Sociólogo
www.undominiopropio.com

11 Comments

  1. Paco Bello
    Paco Bello 20 mayo, 2013

    Tan cierto y de tan amarga impotencia que se nos hace incómodo.

    Hemos aprendido a ser súbditos por medio de una violencia difusa, y que siempre queda tan alejada de la objetividad, que nos incapacita para la respuesta.

    Somos demasiado inocentes para valorar adecuadamente cierto tipo de agresiones y perversiones. Y esa es su arma y nuestra debilidad.

  2. Fernandosegundo
    Fernandosegundo 20 mayo, 2013

    Sabias palabras. El problema es saber cómo las hacemos llegar a la gente. Porque enfrentar el poder del pueblo, el poder justo y legítimo, al poder de un partido traidor a su propio programa de gobierno, vendepatrias, sumiso a todas las exigencias del capital internacional aun a costa del bienestar y de la dignidad del pueblo una tercera parte del cual gracias a la Ley de Hont y creyendo en sus promesas le dió su voto obligandonos a todos a aceptar esta dictadura que para serlo sólo necesita el nombre (El eufemismo de “Democracia Representativa” ya no me sirve) solo es posible si la inmensa mayoría de ese pueblo, a pecho descubierto y armado solamente con la fuerza de la razón, pero con la firme decisión de no dar un paso atrás, impide su funcionamiento. Porque hoy por hoy, otra forma de arrebatar el poder a esa casta criadora de sinvergüenzas y corruptos no la hay.

    Por lo tanto, redoblemos nuestros esfuerzos en informar. Contrarestemos el enorme poder de desinformación que ellos tienen. No tenemos otra.

  3. Indignado
    Indignado 20 mayo, 2013

    Este artículo me ha aclarado el problema que desde que empezo esté ataque llamado “crisis”, me tiene atrapado en el problema de como resolverlo.
    Lo que más se le acerca o ha lo que se asemeja, es para mí la guerra de Vietnam, desde el punto de vista de los americanos, una guerra ásimetrica en la que no ves al enemigo y a la vez sabes que esta ahí, estás fuera de sitio, no coneces el territorio, la selva te rodea, mueren e hieren a tus compañeros y no eres capaz de parar el ataque. Está analogía la veo por la inpotencia en la que nos encontramos, y la verdad es que solucionar el problema de forma pacífica reqiere de una estrategía que por el momento encuentro, pues soy consciente de que hay personas que no pueden esperar más, y cuando veo los deshacios y como son arrastrados a empujones o dando porrazos, me vienen a la mente las imagenes de las palizas y detenciones de los negros por parte de los polícias de algunos de los estados de EEUU en los tiempos de Martin Luter King.
    Pero si veo imprescindibles las constantes manifestaciones, foros de internet y el intento de concienciar cuanta más gente mejor.
    A veces veo en bajar las caras de los agentes que están impidiendo el acercamiento o la entrada a una sede de un partido político, porque dentro de ue deberían darse la vuelta y detener al que están protegiendo.

  4. Aurora Figuero Yustas
    Aurora Figuero Yustas 23 mayo, 2013

    ME HE ATIBORRADO DE HISTORIA, PORQUE SIEMPRE ME HA GUSTADO SABER DE DONDE VENIMOS Y ADONDE VAMOS. PORQUE PIENSO QUE EL QUE NO LEE LA HISTORIA, NO PUEDE OPINAR SOBRE MUCHAS COSAS, NI COMPRENDER EL PASADO PRESENTE Y FUTURO.CÓMO TAMPOCO PUEDE HACER NADA, PARA ENMENDAR LOS ERRORES. QUE PUEDAS HACERLO O NO, ESO YA ES OTRA COSA. PERO DEBES SABER.E INTENTAR COMPRENDER, LOS ENTRESIJOS DE ESA HISTORIA.A MÍ, ME GUSTA, DIGERIRLA, PARA ENTENDER UN POCO, PORQUE HAY COSAS QUE NO SE COMPRENDEN NUNCA, PORQUE EL MUNDO Y SUS HABITANTES, CAMBIAMOS CONTÍNUAMENTE. DESDE EL PASO DEL TIEMPO, SE ANALIZAN MUCHAS COSAS, Y JAMÁS SE LLEGAN A COMPRENDER. CREEDME.YO, AÚN, NO PUEDO ENTENDER, LA ACTITUD DE LOS ESPARTANOS, QUE EN SU ÉPOCA ERAN MARAVILLOSOS, PERO A MÍ, ME SUENA SIN PODERLO EViTAR, A NACIONALSOCIALISMO, CUANDO NACÍA UN NIÑO, QUE NO ERA PERFECTO, Y SIN PENSARLO, LO TIRABAN POR UA MONTAÑA ABAJO, LLAMADA LA ROCA TARPEYA, O LOS TIRABAN EN UNA CESTA AL TÍBER, CON LA AQUIESCENCIA DEL PADRE. VEREIS QUE LA MADRE, NO PINTABA NADA. O LA QUEMA DE BRUJAS EN LA INQUISICIÓN, POR UN QUÍTAME ALLÁ ESAS PAJAS. Y SIEMPRE LA HISTORIA ENSEÑANDO SU CARA DE FIERA, POR DERECHOS ADQUIRIDOS O IMPUESTOS. YO NO SOY QUIEN PARA JUZGAR NADA, PERO YA, QUE PERTENEZCO A IDP, ME PERMITO, DECIR, QUE LO DE ETA, NO TIENE NINGUNA EXPLICACIÓN, CÓMO SI AHORA, NOSOTROS, EMPEZAMOS A PONER BOMBAS Y MATAR GENTE INDISCRIMINADAMENTE, PARA ACABAR CON ESTE RÉGIMEN MALDITO Y ABUSÓN, LADRON, Y OPRESOR, QUE NOS ESTÁ MATANDO POCO A POCO, MIENTRAS ÉLLOS VIVEN CÓMO SULTANES, DELANTE DE NUESTRAS NARICES. PERO LO DE LA INDEPENDENCIA DEL PAÍS VASCO, ES OTRA COSA. ETA, ENMASCARADA, YA DE POR SÍ, ME DA MIEDO. Y NO VEO, QUE PARA PEDIR SU INDEPENDENCIA, HAYA TENIDO QUE ASESINAR CON UN TIRO EN LA NUCA A UNA PERSONA INDEFENSA, PONER UNA BOMBA EN UNA CASA CUARTEL CON NIÑOS, O EN EL HIPERCOR DE BARCELONA, QUE TAMBIUEN LUCHA POR LA SUYA, CARGÁNDOSE A PERSONAS DE TODA ÍNDOLE QUE ESTABAN ALLÍ, CÓMO EN EL BAR DE LA CALLE CORREO DE MADID, EN PLENA PUERTA DEL SOL A MEDIODÍA, EN LA CAFETERÍA CALIFORNIA 47, DONDE CASI ME MATAN A MÍ, O DISPARAR A QUEMARROPA, A UN MILITAR, DELANTE DE SUS HIJOS CUANDO LOS LLEVABA AL COLEGIO, O AL LADO DEL TEATRO REAL DE MADRID, PARA MATAR A UN MILITAR SE CARGARON A UN MOMTÓN DE GENTE, Y UNO, QUE LLEVABA LOS TRAJES DE LOS ARTISTAS, DE LA EXPLOSIÓN, QUEDÓ COLGADO DE UN BALCÓN, DE LA CALLE DE SANTIAGO, CÓMO UNA PILTRAFA, A LA HORA QUE MI MARIDO PASABA POR ALLÍ, EN EL MICROBÚS QUE LE LLEVABA AL TRABAJO. SUERTE QUE ACABABA DE PASAR. A MÍ ESO, NO ME PARECE DIGNO, SI NO CRIMINAL, NO PORQUE NO TENGAN DERECHO A PEDIRLO, PERO NO, A EJERCER EL CRÍMEN PORQUE SÍ, PARA COACCIONAR. QUE SE SIENTEN A HABLAR, SIN CAPUCHONES, O DESTRUYAN OTRAS COSAS. PERO NO A MATAR TODO LO QUE SE PONGA A TIRO. ESA ES MI OPINIÓN. HABRÁ QUE BUSCAR OTRAS FORMAS, PORQUE MÁS DERECHO QUE TENEMOS NOSOTROS A QUE NOS DEN LO NUESTRO, NO LO TIENE NADIE. PERO NO USAMOS ESOS MÉTODOS, GANGSTERIANOS. ES LO QUE PIENSO, Y CÓMO OS CONSIDERO ALGO MÍO, OS LO DIGO. ESO ES TODO.

    • Joséluis
      Joséluis 24 mayo, 2013

      Tus palabras me han hecho retroceder, al 20 de octubre de 2011; declaración de la tregua. Al día siguiente, escribí sobre la necesidad de sobrepasar esta etapa. Te dejo mis palabras…, y un saludo, a ti, y a todos quienes siguen buscando, compartiendo, y debatiendo por un futuro mejor.

      CARTA ABIERTA

      21 de octubre de 2011. Llevaba tiempo esperando esta fecha. El día después; para poder dirigirme a quienes deseen construir este futuro incierto, con la certeza de que atrás quedó el incandescente estallido de la violencia.

      Pero quiero dirigirme especialmente a las víctimas, a todas aquellas personas que han sufrido por una u otra causa, los azotes y las consecuencias de estos inacabables años, donde tantas y tantas personas han sentido en su interior el embate de la bárbara acción de los hombres.

      Solucionar la muerte es lamentablemente un sueño imposible. Desprenderse del terror, de la tortura, del miedo, y de imágenes que han quedado grabadas con sangre y fuego, es también una misión de extrema dificultad. Y querer comprender cada uno de los acontecimientos que han llevado a que una persona sufra, una labor inabarcable, porque inabarcable es la miseria donde podemos llegar a descender.

      Atrás, vientos que parecían imperceptibles para algunos, dejaron tras de sí paisajes desolados dibujados por huracanes escondidos. Y donde el mar debía de traer el sonido de las olas, a veces arrastraba el quejido impotente ante la muerte. Adelante, la mirada perdida ante la impotencia de tanto destino mutilado.

      Pero adelante, también, queda el futuro. Caminar sin tropezar de nuevo, poder girar en el camino sin que lo recorrido hasta ahora sea quien determine cada paso. Descansar sin fortalecer la rabia, a pesar de lo sucedido, y proseguir procurando observar solo el destello. La confrontación y la imposición no pueden mitigar ninguna llaga, ni podrán nunca resolver cuestión alguna.

      No se constata ningún triunfo por el olvido, la retirada, o el silencio. El verdadero valor está en la conciencia de lo ocurrido, y superarlo dejando de lado el odio. Toda búsqueda hacia la comprensión y la solidaridad no necesita de ese sentimiento, porque ni la venganza ni revancha alguna pueden solventar nada de lo sucedido y, lo que es peor, no pueden participar de nada nuevo que ilumine el camino.

      El odio, lo encauzamos generalmente a través de un rostro, de un enemigo que nos arrebató una vida, o sesgó un sueño. Pero en la vida, nos sumergimos en todos los rincones de la sociedad, en los amplios espacios de la existencia, acompañados de infinidad de personas, y de múltiples usos y razones. Nos diluimos en los demás, y ahí radica el pequeño triunfo.

      Cultivar el rencor es seguir rodeado de fantasmas. Es enquistar la irreconocible razón del sufrimiento y postergarlo. Anteponer la razón al odio abre la vía del comienzo de una nueva etapa. Razonemos juntos, para buscar otros instrumentos, y diseñemos el respaldo de la justicia necesaria. Cuanto mayor cobertura demos a esa búsqueda, menos dolor se sufrirá a través de los sentimientos irreconciliables. Es imposible que la víctima pueda olvidar, pero es posible que su indefensión quede a refugio de una sociedad que no respalde la injusticia, de una sociedad que contemple la posibilidad de abrazar el dolor de todas y cada una de las calamidades cometidas.

      El horror no necesita ningún espejo para reflejarnos en él; necesita buscar urgentemente al hombre que hemos de llevar todos dentro.

  5. Deepy
    Deepy 3 junio, 2013

    La violencia que, a mi forma de ver, está y estará siempre legitimada es la ejercida en legítima defensa.

    El cuento del monopolio de la violencia por parte del estado es jocoso al extremo. La violencia es externa a cualquier estado y no tiene nada que ver con la ley o tan siquiera la justicia porque la violencia la ejerce quien puede y porque puede.

    La ley es una herramienta para garantizar la justícia y la equidad. Cuando la ley no es justa ni equitativa es una herramienta inutil y quien ejerce la violencia en su nombre no debería ser considerado legitimado. Para mi, desde luego, no tiene ninguna.

    Aun así, pongamos que un día, porque sí, llega un tipo y se pone a repartir a todo el mundo sin que nadie consiga detenerlo. Moralmente puede ser todo lo reprobable que se quiera, pero lo hace porque puede y mientras nadie consiga detenerlo no ve motivo para cesar en su actitud.

    Normalmente, a tipos así se le echa la sociedad encima y acaba apaleado por multitud, pero si por alguna de aquellas tuviera tanta capacidad como para repelerlo todo…¿Quien tiene poder entonces para detenerlo, para juzgarlo, para condenarlo, para ejecutarlo? Es como si acabo con una colonia de hormigas y ellas me juzgaran y condenaran a muerte. Ridículo.

    Lo que quiero decir es que la fuerza no se puede monopolizar. Cada uno tiene la que tiene y funciona poniendola sobre la mesa a ver quien la tiene más grande. Puedes aliarte con otros y sumar fuerzas, dividir las del enemigo, lo que quieras… pero es pura y simple matemática y no hay ley que la pare.

    Por otra parte, la ley es un papel con directrices que no necesariamente van enfocadas a mejorar la vida de la gente ni a hacer justícia, que la gente puede aceptar o no.

    Se suele respetar por dos motivos. O porque se está de acuerdo con ella y se acepta tácitamente, o por miedo. Cuando la aceptas es porque te parece justa, necesaria, útil, por conveniencia… el motivo es indiferente, pero también puedes no aceptarla. Cuando no la aceptas sueles respetarla por miedo a las consecuencias que se limitan todas a la aplicación de fuerza. Si te multan y no pagas, vendrán a embargarte y si te resistes lo harán por la fuerza. Si te condenan a carcel y no entras, te obligarán a entrar por la fuerza. Si te ordenan dispersarte y no lo haces, te obligarán por la fuerza… pero eso no funciona si eres más fuerte que quien te aplica la fuerza.

    Leyes y violencia son herramientas. Valores, convicciones y creencias son lo que nos mueven a todos, tanto las justas como las injustas, y todos estamos capacitados para aceptar o no la ley y para ejercer o no la violencia.

    Según mis convicciones morales, la violencia es el último recurso. Sin embargo, cuando te están apaleando, defenderte es el único recurso que te queda (o eso o doblegarte y huir, haciendo fracasar la iniciativa pacífica que hubieras emprendido) y por supuesto que estoy complétamente a favor de que los manifestantes se defiendan con todos los medios a su alcance de quienes intentan reprimirlos.

    Otra cosa es las posibilidades de defendernos con éxito. Ahí es donde nos aplican a nosotros la táctica de la división, pero sabiendo como se nos está perjudicando a más del 90% de la población, creo yo que fuerzas tenemos de sobra para imponernos. Como siempre, lo que falta es acabar con la división.

  6. pablosteinberg1
    pablosteinberg1 8 julio, 2014

    la violencia por parte del estado considerada legitima proviene desde los tiempo de la constituciòn de este organismo de dominación ya que se asume a si mismo como representante del pueblo . el problema es que estas nociones ya estan un poco perimidas.
    pero si lo miramos como una especialización dentro de la sociedad estaria cumpliendo una funcion de restituir el orden preexistente.
    por supesto que esto no lo califica para ejercer cualquier tipo de violencia ya que la legitimidad no es absoluta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *