Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Morirse es cosa de católicos

Vimes | Así habló Cicerón | 30/07/2013

Dice la Constitución que ninguna religión tendrá carácter estatal. También dice otras cosas sobre la interacción entre confesiones y Estado, pero quiero centrarme en esa primera frase, fundamento de la neutralidad religiosa de los poderes públicos. Es una bonita oración, que permitió establecer la laicidad del Estado evitando la palabra “laico” (¡la bicha! ¡la bicha!) pero que consagra el principio democrático básico de que las instituciones públicas no se pronuncian en cuestiones religiosas.

Y luego miro la realidad y me descorazono. Lo digo por el funeral de hoy en memoria de las víctimas del accidente de tren de Santiago. No ha podido ser un acto laico, no. Ha habido que llamar al arzobispo para que oficie una misa católica en memoria de todos los muertos, sin importar su religión o creencias. Y, por supuesto, al tratarse de un acto oficial ha desfilado por él todo el politiquerío nacional y regional. Otra vez la laicidad del Estado pisoteada; otra vez un acto oficial de recuerdo y despedida de las víctimas de un accidente convertido en un funeral católico.

Aunque la totalidad de las víctimas profesaran la religión católica, aunque hubiera prueba fehaciente de ello (nadie está obligado a declarar sobre su religión) el acto no tendría sentido, porque vivimos en un país aconfesional. Pero además se han filtrado datos de alguna de las víctimas que hacen todo el tinglado aún más irrespetuoso: hablo en especial de Mohamed Chiad, un vendedor de kebab de procedencia argelina, cuya religión no consta pero que de todas maneras me parece difícil creer que sea el catolicismo romano. La misa en memoria de los muertos, ¿se ha hecho también en memoria de Mohamed Chiad?

En realidad el problema de fondo es otro: es la presunción de catolicidad que hay en este país cuando alguien enferma y muere. Me explico: fuera de hospitales y tanatorios, la ilusión de pluralidad religiosa y laicidad del Estado se mantiene aunque de forma titubeante. Sin embargo, es entrar por la puerta de uno de estos establecimientos y derrumbarse: ¿por qué hay que presumir que el enfermo o el muerto son católicos? Esa presunción existe y negarla es de imbéciles. ¿Por qué en los hospitales hay curas? ¿Por qué en las habitaciones de hospital hay crucifijos? ¿Por qué apenas hay ataúdes sin Cristos pegados y hay que pelear para que te dejen poner una esquela sin simbología? ¿Por qué casi todos los ateos que conozco tienen una historia sobre curas metiéndose donde nadie les ha llamado o sobre peleas absurdas para eliminar símbolos religiosos de velatorios y entierros?

Por supuesto, si lo dices y lo pides amablemente los símbolos religiosos terminarán por desaparecer. Pero ¿por qué hay que decirlo? ¿Por qué las habitaciones de hospital no pueden ser lugares neutros, y las funerarias ofertar ataúdes con o sin símbolos? En definitiva, ¿por qué la catolicidad se presume y queda en manos de unos familiares cansados, dolidos y hartos probar en contrario?

La razón no es sociológica. En España no hay ya católicos: la religión mayoritaria es el pasotismo disfrazado de “catolicismo no practicante”. A la mayoría les da igual que haya o que no haya símbolos religiosos. La fuerza que mantiene este statu quo es la inercia: el “no molesta”, la costumbre, el hecho de que la mayoría de personas ni se planteen que se podría no hacer un funeral católico, no enterrar siguiendo los ritos religiosos y, en definitiva, prescindir de todo eso.

Cada persona tiene una forma de enfrentarse al dolor, pero hay algo común a la mayoría: cuando un ser querido está agonizando o acaba de fallecer no es momento para empezar a derribar obstáculos. Simplemente no tienes ganas de pelear. Es esta ausencia de discusión la que conserva a los buitres católicos en el lugar donde están. Por ello es importante que, en actos como los de hoy, los ateos nos plantemos y señalemos el sinsentido que tiene hacer un funeral de Estado en un país aconfesional. Sí, aunque nos acusen de politizar la tragedia.

8 Comments

  1. Carlos
    Carlos 30 julio, 2013

    Desoladoramente cierto. Con algo similar te encuentras cuando se habla de bautizar bebés. Eso de «mal no le va a hacer» lo tengo muy oído.

  2. Mandarina
    Mandarina 30 julio, 2013

    Cuando murió mi padre, tuve que «convencer» a un cura, en el mismo tanatorio, para que se oficiara una ceremonia de despedida laica en la que se hablaría de quién fue mi padre, cuál fue su motivo de vida más importante después de su familia, y le solicité que retirara cualquier símbolo religioso que existiera en la sala donde se iba a realizar el oficio. Me dijo que no podía retirar los símbolos religiosos de la sala y que no tenían otra sala donde se pudiera despedir a mi padre. Solicité su no presencia… y tampoco la pude evitar; finalmente se ofreció a leer el escrito que yo había preparado, un poema de un poeta argentino que me pareció el más idóneo para dedicárselo a mi madre y que no pude leer yo misma por las emociones del momento. Es cierto, en esos momentos, acabamos aceptando como mal menor y por falta de fuerzas para seguir negándonos, la absurda imposición de la simbología en actos tan íntimos y dolorosos como la despedida de un ser querido. Como consuelo, me quedó el haber podido conseguir que no se oficiara un acto religioso por una persona que nunca fue creyente y que siempre lucho, como militante anarquista y sindicalista de la CNT, contra cualquier forma de imposición religiosa, ideológica o social durante toda su vida. Este accidente me trae recuerdos muy amargos, y también felices de mi infancia. Mi padre fue toda su vida un trabajador de Renfe.

  3. Bruna
    Bruna 30 julio, 2013

    Completamente de acuerdo con la postura crítica del artículo.
    Pensé lo mismo y me pareció una más de las vejaciones a las que nos someten diariamente. No nos respetan ni en los momentos más tristes.
    Todos los «poderes» creen qué nos representan y qué necesitamos de su «apoyo moral» y se equivocan.
    Solo queremos y les exigimos una buena gestión de lo público, por lo demás :Por favor NO molesten!
    Por favor, NO vengan a besarme si un día tengo una pena (como vi que hacían con los familiares de las víctimas)
    La representación democrática es una cosa y la amistad es otra.

    • Bruna
      Bruna 30 julio, 2013

      Lo que aparece como un «emoticón» era simplemente :
      una coma y una letra p
      la frase era :
      «por lo demás, por favor NO molesten!»

  4. PresuntoSupuesto
    PresuntoSupuesto 1 agosto, 2013

    No se, hace poco fui a visitar a un amigo al hospital y no vi ningún crucifijo y al menos en el tanatorio de mi localidad si lo deseas no te lo ponen. En cuanto al funeral creo que es un asunto más que nada de representación y de que es su obligación. porque lo cierto es que muchos si creen….así qué también es una cuestión de respeto. Si no te interesan ese tipo de actos no los veas ni les des audiencia. Creo que hay que darle la importancia que tiene….por eso yo no hablaría de politizar sino de desnaturalizar y darle una trascendencia a algo que no la tiene. ¿Qué querías que los llevasen a un polideportivo o a un centro comercial? Una catedral es un sitio de respeto y no debería molestar a nadie porque muchos si Son creyentes y que conste que yo soy ateo y ni estoy bautizado ni hice la primera comunión.

    • PresuntoSupuesto
      PresuntoSupuesto 1 agosto, 2013

      En cuanto a Mohamed no creo que tenga que ofenderse porque oficien una misa por las víctimas ,y si la familia no quería que figurase seguro Luque lo respetaron. igual que cualquier español que muriese en una catástrofe similar en Estambul , por poner un ejemplo, no debería ofenderse porque en una mezquita diesen un homenaje a las víctimas pues no deja de ser un sitio » sagrado» otra cosa sería que le hiciesen un homenaje en un estercolero. De hecho el enemigo principal en la guerra santa son los ateos porque los católicos son más fáciles de convertir ,es decir, lo último que querría un musulmán es que lo representase ,o hablase en su nombre o en de su religion un ateo…..

  5. Suscribo plenamente el contenido de este artículo.
    Lamento tener que reiterar que, efectivamente, se aprovechan de que los ateos somos mucho menos agresivos que los creyentes, de una u otra fe. Nuestros principios humanísticos no parten de distinción alguna entre los seres humanos, pero ese respeto que SIEMPRE manifestamos con nuestro actuar, les sirve de argumento y coartada para imponer sus criterios, convencidos de que no dejaremos de expresarnos, pero no iremos mas allá.
    No como ellos, los creyentes, que critican, odian, matan, lo que haga falta por imponer su fe, SIEMPRE, en nuestras vidas. En la alegría o el dolor, en nuestra intimidad o nuestra socialización. Les resultamos indiferentes.
    No, no cabe pasar de todo. Ellos nunca pasan de nada, pasan por encima de los principios y las decisiones de los que somos distintos. Aprovechan nuestro pudor en momentos que entendemos de extremo respeto para el «otro», sea quien sea, como sea, etc.
    Soy un militante activo y permanente en la defensa de ese «derecho» que se recoge en el papel y se obvia en la realidad. No me importa que me tachen de reiterativo, de belicoso, de lo que quieran, siempre para callarme y/o descalificarme. !Respeten al distinto! o llegará el día en que nos veremos obligados a hacernos respetar, en la forma que puntualmente entendamos necesaria para que nos escuchen. Salud y República.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.