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¿Hablamos de soluciones?

Paco Bello | Iniciativa Debate | 03/10/2013

Aunque sea una perogrullada, lo primero que hay que decir, si lo que queremos es hablar de soluciones, es que para que podamos construir una sociedad mejor, más solidaria, más humana, más cómoda y justa, debe haber voluntad de crearla. Si lo comento es porque hay mucho en contra como para creer que vamos en esa dirección, y muchos de los damnificados del actual modelo ponen palos en las ruedas de la creación de uno mejor.

Los sentidos se ponen en alerta ante ciertos parámetros tan imaginarios como imbuidos, y no lo hacen ante otros que son tan reales como directos, y esto pese a ser mucho más nocivos estos últimos. Por poner esta afirmación en contexto…

A propuesta de un individuo que convocó a referéndum a sus conciudadanos en marzo de este año (pues es una de esas cosas que se pueden hacer los suizos desde hace casi dos siglos, y que aquí los políticos previenen con desprecio u omisión), se aprobó en Suiza por una preceptiva mayoría doble, y por un porcentaje próximo al 70% de los votos, la conocida como Iniciativa Minder. En concreto, la propuesta era limitar los salarios de los directivos haciendo que fueran los accionistas y no los propios directivos quienes determinasen su cuantía. Por otro lado también se aprobó acabar con las desmesuradas indemnizaciones y “colchones” que tan bien conocemos aquí. En Suiza ya nadie se “jubilará” con una millonada. Se acabó. Antes de marzo de 2014 la Ley estará funcionando (el Estado tiene un año para redactar lo que han decidido los ciudadanos). ¿Lo sabíais? ¿Creéis que merece ser noticia?

Hay que decir que el gran empresariado invirtió un dineral en publicidad negativa para evitar que se aprobara la propuesta, además de poner en marcha el rodillo de sus medios de comunicación e incluso con la amenaza de abandonar las inversiones en el país (ahora, por paralelismos argumentales, es cuando parece oportuna una sonrisa). Con todo, esta vez no les sirvió.

Una parte de los suizos (las juventudes socialistas suizas), afortunadamente no contentos con esto, porque en realidad, aunque lo aprobado es mejor que nada, sigue teniendo muchas fisuras; han convocado para el 24 de este mes a la población para decidir algo mucho más estable: que ningún empresario o directivo cobre más al mes que el peor pagado de sus trabajadores en un año. ¿Y esta noticia la conocíais? ¿Parece importante, no?

Aunque parezca mentira (en un país considerado capitalista y ultraliberal), los sondeos indican mucha igualdad y serán los indecisos los que decanten el futuro de esta propuesta. Y retomo ahora lo que afirmaba en un principio.

¿Qué sentiríais ante la posibilidad de que se limitasen los salarios máximos?

Evidentemente habrá una buena parte de los y las que leáis esto a la que le parecería estupendo que aquí se aprobase algo así, sin más. Por otro lado, habrá quien aunque ni cobre mensualmente doce veces el salario mínimo (y mucho menos. más), ni tenga alguna posibilidad realista de hacerlo jamás, hablará de injerencia del Estado para ocultar el verdadero motivo de su incomodidad: la esperanza de formar parte de ese selecto club del poder. Y es que son muchos años de capitalismo hasta en la sopa para librarse de ciertos complejos adquiridos e inculcados.

Injerencia del Estado

Esta expresión es una curiosa forma de revelar involuntariamente que no se ha entendido nada, o que no se quiere entender aunque se disimule. Los amantes de la propiedad privada y la libertad de lucro olvidan a veces que el Estado, en su forma más digna, somos todos, aunque finalmente los ciudadanos no seamos nuestra auto-imagen idílica y sí algo más cercano a lo Dorian Grey (el paradigma de ello es Suiza). Y si todos decidimos algo en sociedad (por mayorías, no hay otra fórmula mejor), y en igualdad de condiciones (ni en Suiza se logra esto), pues ya no hay injerencias. El Estado no es algo aparte, o que pueda considerarse ajeno.

Por seguir contextualizando. Si hablamos de política “profesional” (cobrar por una dedicación exclusiva en servicio a los demás), en general el asunto de limitar los salarios ya no nos parece conflictivo, o al menos no tanto. Volvemos a sentir que Estado y sociedad son cosas distintas. Pero no quisiera volver a este asunto, sino complicarlo todavía más.

Para avanzar hacia una sociedad mejor “para la mayoría” (destaco esto porque es fundamental recordarlo: “para la mayoría”), hay que hacer equilibrios entre la libertad individual y la estabilidad social, y para ello debemos reconocer nuestros defectos, e impedir la acción egoísta individual y desmesurada cuando perjudique al resto. Y reconozco que esto es complicado, porque limitar libertades nos parece muy grave casi siempre, y eso está bien. Pero vivimos en la sociedad que más libertades limita y que peor lo hace, y quizá esto nos haya confundido, porque no parece que salgamos a protestar de forma mayoritaria o que hayamos dejado de participar en el teatro de este régimen por tener el Código Penal más duro de Europa y con la mayor población reclusa en uno de los países con menor delincuencia (puntualizo: menor entre las capas vulnerables de la sociedad). Aquí, siendo aberrante hasta un punto que parece que no comprendamos, se permiten las puertas giratorias en la política (es casi norma ser cargo político de un sector económico y acabar muy bien empleado en una empresa de ese sector al finalizar la “labor” pública), y se criminaliza la protesta social que lucha contra esos y otros excesos corruptos, o se sanciona por escándalo público a una persona que se desnuda harta de que la registren en un aeropuerto.

Una sociedad mejor, debe plantearse quitar las puertas que se le ponen al campo (que nunca son giratorias excepto para acabar en prisión), y ponerlas en el lugar que impedirá que alguien pueda siquiera intentarlo.

No regulemos el decoro en el vestuario, pues aunque no venga a cuento, no hay nada más decoroso que un cuerpo desnudo; cualquier cuerpo desnudo (sin ser imprescindible, si se hiciera moda la desnudez de paso acabaríamos con perversiones levantadas sobre traumas generados por los escaparates de ciertas morales pudorosas). Y regulemos el límite de poder que concedemos a personas (físicas y jurídicas) e instituciones. A la política se va a servir, y para evitar tentaciones hay que regular su práctica para que nadie pretenda otra cosa.

Resumiendo. No exigimos igualdad, no exigimos dignidad, incluso nos ponemos nerviosos ante la posibilidad del derecho a decidir propio o ajeno. Y seguimos empeñados en hallar la cuadratura del círculo, pero usando las herramientas que nos fuerzan a utilizar desde tiempos inmemoriales, y que son las únicas que reconocemos como válidas pese a haber demostrado tanta inutilidad como esa cuadratura.

No consideramos los efectos que la “libertad de mercado” y el derecho a ser multimillonario tienen sobre las mayorías porque serían injerencias (obviando la enorme injerencia que supone la desigualdad), pero aceptamos, por poner algún ejemplo, que se regule o criminalice el aborto, que en educación se imponga la oferta de la asignatura de religión, o siendo más baladí pero igualmente sintomático, que se penalice el cultivo de marihuana para autoconsumo, que se cobre una tasa por la independencia energética, que… podríamos seguir hasta mañana, aunque siempre tendrá relación con nuestro infundido avatar de cangrejos de río en un cubo.

Para hablar de alternativas y hojas de ruta, hay que dejar de hablar de proyectos ideológicos y de programas de mínimos o máximos que no llevan a ningún lugar, excepto a confundir y legitimar lo que existe. Para poder hacer algo hay que conseguir que la gente se quiera más, y se respete a sí misma (y no digo “más” en este caso porque con empezar ya sería mucho) para poder querer y respetar a los demás. Hay que estudiar cómo podemos hacer que una gran parte de la sociedad comprenda que hay otro mundo posible pero que nada tiene que ver con lo que ven en esta obra mediática a la que llamamos entorno, y ni tan siquiera con lo que viven o han vivido. Para lograr algo hay que perder el miedo a regular para evitar injusticias, y sobre todo para poder desregular lo que las provoca.

La solución no está en unas urnas dominadas por los medios de comunicación hegemónicos y a las que nunca accederá un partido transgresor con posibilidad de gobierno (quitando a los cuatro o cuarenta mini-medios independientes que mantenemos el equivalente número de frikis, todos los que llegan al gran público pertenecen al poder o están sometidos a él). Esos mismos grandes medios que ahora están poniendo en juego a partidos como UPyD y Ciudadanos, las copias baratas del populista falangismo en versión new age, pero que serán muy útiles para recoger el voto perdido de los desencantados con el bipartidismo y que permitirán mantener la estabilidad mercenaria de la verdadera Casta.

La solución no pasa por el corto plazo, ni hay bálsamos de Fierabrás para nuestras dolencias. Esto, para lo que a largo plazo sí veo alguna posible esperanza, pasa por ir dando pequeños pasos de concienciación cada día, y pasa por ir transmitiéndola a los más cercanos. Pasa por procurar ir siendo consecuentes, poco a poco y sin grandes metas personales. Y pasa por apoyar todo lo que, siendo sensato, pueda suponer una pequeña o gran ruptura con el actual modelo, y sin dejarnos atrapar por las modas y las divisiones que intentarán colarnos.

Tenemos mucho trabajo por delante, pero por elegir una única foto fija de nuestros brotes verdes; el día en que nadie exhiba a su servicio doméstico interno como una muestra de su estatus (“es como si fuera de la familia, lleva toda la vida con nosotros”), y el día en que el servicio no sonría por la necesidad de su condición de esclavo ante la cámara; ese será el día en que estaremos dando el primer paso importante. Y esto es extrapolable a casos menos extremos de sometimiento.

¿Soluciones? No. Mejor voluntad. Y podemos empezar por querer sentirnos democráticamente adultos, como los suizos, exigiendo a cualquiera que pretenda ser elegido como gestor de nuestra voluntad, que lo fundamental en su programa sea precisamente considerarnos seres soberanos, para así devolvernos el poder que nos corresponde (todo).

4 Comments

  1. indiodignado
    indiodignado 3 noviembre, 2013

    Curioso si cambio el nik puedo acceder. Haberlas aquíhaylas.
    Tienes razón, no podemos cambiar de la nocha a la mañana el gran problema mundial en que se ha convertido el Capitalismo Salvaje, desregulado y neoliiberal. Es tanto el poder que tiene y a tantos personajes atrapado en su red, que el primer paso es reconocerlo, osea que la gebnte sea consciente de a lo que nos enfrentamos.
    Primero a la dogmatica creencia de que esto que estamos viviendo es lo normal, o que vivimos en una normalidad con unos defectos a los que hay que remediar. Quitar de nuestras mente todo este mundo virtual apoyado en la fuerza del lenguaje, sabiamente utilizado por los que estan en el poder, que crea palabras que forman entes. Si añadimos el poder de la imagen, que tambien es manipulado por el mismo poder, la mente pensante está inundada de conceptos y creencias falsas y que hacen que percibamos una realidad que no es.
    Una de las formas es retroceder y mirar desde una prespectiva lejana, como la de salir del entorno donde los edificios o estructuras artificiales que te impiden ver más allá, y subir a una montaña para ver toda la ciudad y comprender donde y que es lo que te rodea, y así poder evitar los obstaculos y trampas que te han estado rodeando. O me viene a la mente la Caberna de Platón.
    De forma que se borre todo lo creado para poder empezar desde cero y así no caer en los mismos errores, e imaginar el mundo que todos queremos y construirlo sin tener que tropezar con obstaculos absurdos o perjudiciales.
    En el mundo globalizado del poder sin fronteras, no creo que se pueda hacer borrón y cuenta nueva desde solo una Ciudad, Provincia o Nación. Al igual que el poder los ciudadanos libres del mundo debemos actuar todos coordinados, teniendo en cuenta que un paso dado por los ciudadanos de un País, sirvan de ejemplo para otros, tanto si son buenos, como si son malos, para sumar aciertos e impedir reiterativos errores.
    Mi forma de alejarme es la del estudio de la historia antigua, esa donde no habia fronteras, esa donde por necesidad los humanos nos desplazmos por el los territorios más fertiles y de los encuentros con otros, como los compartimos, como nacierón los primeros pueblos, qué reglas de convivencia tubieron que adoptar, esa donde se confunden los aborigenes con los nuevos desplazados, esa linea indefinida en la que los origenes de la civilización enpezo a dar los primeros pasos, la importancia de la navegación como medio de transporte en un principio de cabotaje. Todo esto me sirve para borrar todo lo que actualmente existe y ver los puntos de inflexión que de tomar otros caminos, que diferente sería el mundo del humano egoísta de hoy. Si estamos aquí es sobretodo por que el ser humano ha sabido ser generoso, el ser humano de la empatía, del ponerse en la piel del otro, de la comprensión, del perdón, del espiritu humano, del amor…. Si fueramos Homoegoísta ya nos habríamos aniquilado. Pero en la actualidad parece que se ha impuesto ese homoegoísta, ese que en realidad no és.

    • Serafín Iglesias Morcillo
      Serafín Iglesias Morcillo 4 noviembre, 2013

      En muchas discusiones sobre lo que se da por denominar “democracia” en España, me hace pensar en algo que leí hace muchos años y de lo que tengo solo el recuerdo de algunos pasajes y en uno de ellos se refería a los esclavos en la Guerra de Secesión en EEUU donde relataba varios casos de personas esclavas, que dieron su vida por defender a sus dueños. Muchas de estas personas que defienden el capitalismo, sin argumentos simplemente con prejuicios, son personas que están supeditadas a ello y en precaria situación, y que para mi no tiene explicación, esa defensa a ultranza de sus propios explotadores.

      • Paco Bello
        Paco Bello 5 noviembre, 2013

        Debe ser la fuerza de la costumbre, el síndrome de Estocolmo o simple miedo a la libertad. Hoy, en otra medida, sigue ocurriendo lo mismo.

  2. Ana Varela
    Ana Varela 3 noviembre, 2013

    En este país falta buena formación que abra la mente y permita retirar el velo de la ilusion infantil, la fantasía sobre la cual se pretende construir personas.

    Hay estudios sociales que demuestran lo dicho, nadie quiere que se frene el lucro por si algún día les llega el turno, fantasía e ilusión.

    Como si nada hubiesemos aprendido. El lujo es una pura carencia en la persona. Y de eso se nutren los manipuladores de carencias, de ilusión vacía, de fantasía sin realidad.

    Este país es actualmente una pura chanza, gente con talento haciendo el gamba en TV para comer, temas de trascendencia en clave de humor, periodistas pasándolo estupendamente, alegría por doquier y futbol para descargar la agresividad.

    Sindicatos diciendo que el dinero público puede convertirse en ganancia, un país que se vende a precios de saldo, ciudadanos que permiten todo esto, que han sido alienados para no comprender que les roban.

    Si la administración no funciona, se vende. Y cambiar la administración? Quien puede vender lo que no es suyo?

    Que malo es no enseñar a pensar, que malo, y peor aún no querer pensar lo que no es fantasía, no querer perder la falsa alegría, falsa y dañina. Chanza continua.

    Mientras no se afronte con seriedad lo que es un problema, y se termine la chanza, no seremos adultos para comprender que el estado somos nosotros.

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